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lunes, 6 de diciembre de 2010

CÁNCER DE SENO EN VENEZUELA Y SU RELACIÓN CON LA SEPARACIÓN DE LOS HIJOS

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Este es el monumento a "La madre del emigrante" de Ramón Muriedas. En Gijón se le conoce como La lloca'l Rinconin (La loca del Rinconín). Cuenta la leyenda que una madre despidió, en la bahía de Gijon, a su hijo que emigraba a América y su pena la llevó a esperarle -día a día- cerca del mar, hasta enloquecer.

La aparición, reciente, de cáncer de seno en dos madres venezolanas, cuyos hijos se fueron a vivir al exterior, me pone a reflexionar sobre la muy posible somatización que hacen algunas madres al separarse de los hijos ya que, al ellos partir, poco después estas mujeres desarrollaron la enfermedad. Una de ellas padece un cáncer de seno grado III. En la otra ignoro el grado. Nadie puede negar la estrecha relación que hay entre la psiquis y la enfermedad, hacerlo es ignorancia porque el ser humano es un todo en donde lo visible y lo no visible es igualmente importante.

En el cáncer de seno grado III, el pezón se retrae (se mete hacia adentro, desaparece) en un obvio mensaje de: "Como ya no tengo a quien amamantar, desaparezco". Esto ocurre -según José Luís Vethencourt, a quien he estado releyendo en su extraordinario libro “Lo psicológico y la enfermedad”- porque esas madres no encontraron otros mecanismos para expresar el sufrimiento por la separación de sus hijos. Entonces, somatizaron. Algo inevitable puesto que el sufrimiento de no tener al lado a los hijos es muy grande. El volver a estar con los hijos debería ayudar a la curación. Vethencourt no habla de la curación sino del proceso de somatización, pero yo creo que el reencontrarse con los hijos -siempre que eso sea posible- debería ayudar a curar este tipo de cáncer, unido al tratamiento, por supuesto.

Esto me lleva a la conclusión de que el cáncer de seno -en Venezuela- debe haber aumentado mucho durante el gobierno de Hugo Chávez ya que cada día son más y más los jóvenes que se marchan del país dejando atrás a madres -y padres- que no saben -ni pueden- expresar el dolor que sienten ante una especie de pérdida, porque inconscientemente quizá lo asumen como pérdida. Y aunque no fuera así, hay una separación real y las separaciones enferman a muchas personas. Hay estudios muy interesantes sobre cáncer y alejamiento. Los leí hace años.

Se ha dicho que la psiquis del venezolano cambió con este gobierno, pero no se ha hurgado en las enfermedades que han aparecido en estos años debido a que los médicos no hacen las preguntas que deberían hacer y descuidan la parte personal -que no humana- del paciente y porque Venezuela es un país sin estadísticas. El cáncer tiene relación con el fenómeno social y psicológico -de eso no tengo la menor duda- por lo tanto los médicos están obligados a hurgar más en la vida personal del paciente y no quedarse sólo con lo que muestra la clínica y los estudios pertinentes, que nunca dirán tanto como lo que está en el exquisito archivo de la psiquis del paciente.

Dice el doctor Vethencourt en la página 28 de su ensayo “Lo psicológico y la enfermedad”, un libro que fue Premio Municipal de Literatura en 1978: "Desconocer las implicaciones profundamente personales de la enfermedad es hacer una medicina que renuncia a uno de sus principales recursos. Todo reside esencialmente en saber captar la situación real de la persona por detrás de ciertas apariencias, no sólo ahora que está padeciendo, sino antes de enfermarse y en el futuro inmediato, en el caso de que se cure"
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A los interesados y estudiosos del tema, les informo que ese libro se agotó hace muchos años, pero debe conseguirse en bibliotecas importantes, entre ellas en la de la Universidad Central de Venezuela. También debe tenerlo la Sociedad Venezolana de Psiquiatría puesto que José Luís Vehencourt fue un eminente psiquiatra a quien tuve la suerte de conocer muy de cerca, un hombre que tuvo -y tiene- una gran influencia en mi vida.

Este post no debe hacer sentir culpables a los hijos que se marcharon porque al enfermar su madre -o su padre- el sufrimiento de ellos (los hijos) -en la distancia- es inmenso y puede tener consecuencias que ignoramos si no tienen los mecanismos para evitar somatizar. Ojalá y tengan la fortaleza para enfrentarse al sufrimiento y asumirlo. Sólo así sus cuerpos no enfermarán.

Concluyo diciendo que emigrar es algo doloroso que pasa factura por alguna vía, incluso en la mejor y más cómoda de las inmigraciones.
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Carmen Guédez