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martes, 4 de enero de 2011

“O SE VIVE COMO UNO DESEA, O ES MEJOR NO SEGUIR VIVIENDO”

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En la introducción del libro “Antes que anochezca” -del escritor cubano Reinaldo Arenas- leí algo que me impactó y me llegó al alma porque su contenido es totalmente lógico:

“Siempre he considerado un acto miserable mendigar la vida como un favor. O se vive como uno desea, o es mejor no seguir viviendo”

Cuando por razones ajenas a la voluntad de una persona que ha vivido la vida a su antojo, vivir como le apetezca se convierte en un imposible, la muerte es la única salida a lo que, sin duda alguna, se convierte en la pérdida de la libertad y la autonomía. Esto le puede ocurrir a alguien autosuficiente si un día cae enfermo y pasa a ser dependiente que es -para mí- una forma más de discapacidad. En estos casos, la situación de dependencia se convierte en humillación (aunque no sea intencional) y ésta, poco a poco, mata tanto o más que una enfermedad. Aclaro que la situación económica del enfermo nada tiene que ver. Tenga o no tenga dinero, su condición de dependiente no varía. Se puede sobrellevar un tiempo, pero al alargarse comienza esa especie de desesperación que hace que ese ser se sienta prisionero de su cuerpo y de sus cuidadores (médicos, paramédicos y familiares).

Desgraciadamente cuando se trata a un enfermo grave (hablemos de un cáncer avanzado sólo por poner un ejemplo) no se toma en cuenta, para nada, su vida privada. Ésta queda anulada por la salud física y ni siquiera existe en la historia médica. El paso de persona sana a paciente muy enfermo -o medianamente enfermo- es algo degradante que la medicina ni se ocupa de estudiar. No se percatan los médicos -y los familiares- que la quimioterapia, la radioterapia y las intervenciones quirúrgicas pueden ayudar a curar la enfermedad, pero sólo si el paciente es visto globalmente, como ser humano que ha tenido una vida que no puede ni debe cambiar para hacer un trueque: “doy mi libertad a cambio de mi salud”. ¡Por Dios! Eso puede funcionar con alguien muy pasivo, pero jamás con alguien acostumbrado a tomar decisiones y no a que otros decidan por él. Quitarle a alguien su poder de disponer, es quitarle vida. Ya la palabra “paciente” produce rechazo porque los autosuficientes lo último que quieren es estar a merced de médicos y paramédicos, por muy bien que los traten. Este tipo de personas pueden sufrir traumas posteriores a una situación de dependencia.

Considero que vivir bajo ciertas condiciones adversas no es un deber ni una obligación. Cuando digo “Condiciones adversas” me refiero al tema que toco en este post: vivir de una manera que no es acorde con el estilo de vida de quien ha vivido sin que otros decidan su forma de vida. No importa si esta nueva vida está llena de confort, amor y lo que familiares y médicos consideren lo mejor, todo con la mejor voluntad, que eso no lo dudo. Sin embargo, lo mejor siempre será lo que se desea y cómo se desea. El deseo es algo absolutamente personal, nunca es algo inherente a dos, tres o más personas.

Cuidado con estos enfermos porque el trato que reciban puede ser más agresivo que un tumor, aunque ese trato sea por sobreprotección amorosa. Es muy cierto el planteamiento que hizo Reinaldo Arenas en su libro "Antes que anochezca" porque él sabía muy bien de lo que hablaba ya que estaba gravemente enfermo, tanto que terminó suicidándose. O se vive y se hace lo que a cada persona le apetece o, de lo contrario, la muerte es un alivio. Lamentablemente médicos y parientes olvidan que la psiquis existe y siente y padece. A ver si se enteran antes de convertir a un ser vivo infeliz en cadáver feliz.

Título y cita en negrillas tomado del libro “Antes que anochezca”, de Reinaldo Arenas. Tusquets Editores, S.A. Pagina 9.

Carmen Guédez