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sábado, 4 de septiembre de 2010

FRANKLIN BRITO, EN BALADA

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Ya nadie puede sacar al Señor Franklin Brito de los libros de historia y de los sentimientos de muchos venezolanos. No hay poder que lo pueda secuestrar de esta inmensidad que es Internet -o de las páginas de un libro- como lo hicieron una oscura y aciaga noche cuando lo obligaron a dejar la entrada de la sede de la OEA -en Caracas- donde hacía su huelga de hambre. Señor Brito, así lo llamé siempre porque mi respeto hacia él era tal que nunca pude tutearlo. Ahora él posee la categoría de héroe y los verdaderos héroes -como me dijo mi hija mayor- tienen finales tristes. Revisen la historia y verán.

El Señor Brito ya es historia patria, como decía José Ignacio Cabrujas para referirse a un acontecimiento extraordinario. Ahora no hay manera de que nadie lo obligue a estar donde él no quiere, mucho menos preso en un hospital militar, donde murió. Ahora no lo pueden llamar loco sólo para descalificarlo. Y si Franklin Brito fue un loco, me resulta tan hermoso como el piantao (*loco) que salió de la pluma de Horacio Ferrer y cantó y recitó, magistralmente, Amelita Baltar con la música de Astor Piazzolla. Así cualquiera quiere ser loco, para convertirse en balada, porque éso es Franklin Brito ahora que, como el piantao, nos dice:

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Trepáte a esta ternura de locos que hay en mí,
pónete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao...
Abrite los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir...
¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!

..
Necesitaba un texto tan hermoso -y tan especial para mí- para acompañar mi homenaje al Señor Brito. Cada vez que escucho esa balada (que en realidad es tango a lo Piazzolla) -y mire usted que lo hago hace años y lloro al escucharla- imagino a un Quijote. Por esas excepciones de la vida, el Señor Brito tenía la estampa de un Quijote y una cabeza de soñador y sabio que lo iguala al hidalgo nacido en un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Nacen muy pocos Quijotes, pero cada vez que nace uno, divide la historia en antes y después.

Los muertos tienen por ventaja estar por encima de los mortales, aunque Franklin Brito -vivo- siempre estuvo por encima de los demás porque su valentía, su dignidad y su palabra -a la que nunca faltó durante su larga huelga de hambre- lo hizo superior a todos. Por eso es que muerto sigue siendo un incordio que no hallan cómo apartar. Y no podrán porque, en sinónimos, cuando se busca la palabra VALIENTE, enseguida aparece FRANKLIN BRITO.

Lo llevaré en mi alma por su amabilidad, por esa dulzura, porque era humilde, porque luchó por lo que consideró justo, porque nada ni nadie lo hizo desistir de sus ideas, porque no le tuvo miedo al dolor físico, porque no trató de huir de la dama de la guadaña, porque no me habló con rencor de sus enemigos. Sólo me contó el porqué de su lucha, sin usar adjetivos… Porque es alguien especial. He querido colocarlo en presente para finalizar.

Carmen Guédez

POEMA: Balada para un loco (dar clic para escucharlo en la voz de Amelita Baltar)

FOTOGRAFÍAS: Luís Brito (Fotógrafo venezolano - No es familia del Señor Brito)

E-mail: tintaindeleble@gmail.com
Link: http://tintaindeleble.blogspot.com
Skype: carmen.guedez (Galicia – España)
Facebook: Tinta Indeleble
Twitter: @TintaIndeleble