martes, 20 de octubre de 2015

¡Olé por los tanatorios!


A mí, la muerte de Nacho Mirás, me ha dejado un poquito tocada. Fue un campanazo. ¡Un jodido campanazo! Mientras él vivía, yo podía decir: 'Éramos tres, quedamos dos' (en enero, se fue José Luís Alvite). La ruleta rusa seguía rodando y todo en calma; pero con la muerte de Nacho, las cosas dan un giro que me obliga a ir preparando maleta. ¡Y con lo mala que soy haciendo equipaje!

La vida se ve rarita desde la silla donde estoy sentada. La certeza de que la muerte llega y que, cada día es uno menos, no es una sensación grata. Pero hay que vivir el resto, tomarse el contenido de la copa sin dejar nada. A fondo. 'Para morrer non fai falta máis que estar vivo', decía el padre de Nacho. Totalmente de acuerdo.

Morirme no me da miedo, el incordio está en la pre muerte, porque hay un antes. O me echo a morir ya ya, o termino de dejar todo atado para que no queden flecos sueltos cuando me vaya. 'La casa debe estar pulcra porque una se puede morir cualquier día', decía mi tía Sinforiana desde su casa con olor a limpio y sábanas blancas y almidonadas, para esperar a la señora de la guadaña. Ella había velado a sus muertos en casa, cuando los tanatorios no existían. Que lo diga Georges Brassens con el cuento de '¿Qué se hicieron los velorios del ayer?'
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Pues nada, llegó alguien que se dio cuenta de que la muerte era un buen negocio y fundó los tanatorios porque 'es un negocio que nunca va a morir y deja millones de millones'. ¡Negocio redondo, pues!

Me pregunto: ¿qué puede pasar si un muerto es velado en su casa? Es que ni el perro se va a infectar -con el perdón de Olivia, la perrita andaluza que acaban de adoptar mi hija y su esposo- pero negocio es negocio y el muerto, ¡al tanatorio! A ver si a La Moncloa llega el anticapitalismo -en el genio y figura de El Coletas, el podemito- para que fije día y hora para que desaparezcan los tanatorios y que cada muertito se quede en casa -o se vaya a casa, según sea el caso- para que se despida de aquel jarrón vintage que tanto le gustaba, ¡qué los objetos también tienen sentimientos!

Éramos tres, quedo yo sola -en casa- para recibir a las visitas de la despedida final;  con chocolate y café, o con el té de las cinco. Me van a disculpar por no sentarme en mi silla mariposa para sumarme a la charla de 'tan buena persona que era, tan estilosa ella, tan buena madre, tan bonito que escribía, tan buena vecina'. La caja -de madera de pino sin pulir- estará sellada. Imposible levantarme. Desde ahí, prometo que -calladita y sin pestañear- escucharé todo.

Sin embargo, mi optimismo de ser velada en casa, fallece de entrada, porque el gremio de los Tanatorios tiene mucho dinero y con invitar, a El Coletas, a un almuerzo en el Ritz -¡cuánto le gusta el hotel donde al pueblo se le echa a la calle!- adiós anticapitalismo y adiós velorios del ayer.

¡Olé por los tanatorios!

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

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#BuenMorir
#SuicidioAsistido
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sábado, 17 de octubre de 2015

A Nacho Mirás Fole, el periodista y escritor gallego, que convirtió su cáncer en humor negro


Nacho Mirás Fole (1971) fue un periodista y escritor gallego que acaba de morir. Narró, su cáncer de cerebro, en textos repletos de humor negro.

Me despido de Nacho sin ceremonia ni texto triste. Intento ser fiel a su irreverencia.
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Nacho, porfiado que eres. Testarudo, como pocos. Te has ido antes que yo y eso que te cedí el puesto para que fueras tú el que apagara la luz. Creo que fue José Luís Alvite el que dijo: 'El último que salga, que apague la luz'. Te lo recordé varias veces. Ahora me dejas esa tarea a mí, que no quiero apagarla. Menuda cuenta (por gasto de electricidad) voy a dejar si no me muero prontito. Qué pena que contigo nunca pude hablar de la muerte. Qué miedo que le tenías y por eso al cáncer lo convertiste en chiste, en humor del bueno.

Nunca he podido reírme -como tú- de mi cáncer. Que no es de risa, Nacho, que es cosa seria. Que no lo llames 'el bicho' que el cáncer tiene nombre y apellido: cáncer de cerebro, el tuyo; cáncer de mama, el mío. Pero no olvides que, como la mama está cerca del cabello, los bichitos viajan y se pueden alojar en mi cerebro. Y a mí, eso de tener un cerebro malo, no es de mi agrado. En ese caso, creo que mi cuerpo, se convertiría en el estuche de todos los órganos que llevo dentro. ¡Malo, malo!

No tengo tanta suerte como tú que, con el cerebro algo estropeado por el 'bicho', escribiste ese manual del cáncer -en clave de humor- que será leído por los siglos de los siglos. A lo mejor tú resultaste más inteligente que yo, o más listillo; pero ni tan listillo, digo yo, porque te fuiste a reunir con el viejo Alvite antes de lo acordado. Que apagabas tú la luz, que sí, que sí. ¡Qué gentileza el cederme el puesto! Todavía quedan caballeros... o quedaban.

El mejor peor momento de mi vida. Como el título de tu libro, también el cáncer ha sido el mejor (peor) momento de mi vida. Me ha enseñado muchas cosas que desconocía.

Sinopsis del libro
Este libro es mucho más que la narración diaria de la lucha del autor contra la enfermedad tabú. Es una historia llena de humor irreverente de alguien que no se rinde. Es la celebración de las pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena y que, como siempre, no vemos hasta que el destino nos hace una mala jugada”.

Nunca entendí tu cáncer -tampoco el mío- ya que esos tecnicismos que usan los médicos, para describir al tumor, no me hacen gracia. Te admiré por el valor que tuviste al enfrentar un cáncer, que es de los peores. Hoy, alguien, te describe muy bien, pero que muy bien. Fuiste escritor y periodista con un cerebro a media marcha los últimos dos años y, sin embargo, ¡cuán lúcido estabas! No entiendo cómo hacías para escribir en esa situación. Eres admirable y nunca te lo dije. Como bien decías, “Solo un paciente con cáncer, entiende a otro paciente oncológico”. Éramos 'colegas' (de enfermedad) como tú decías. Sin embargo, contigo eso fue siempre una barrera. Me daba miedo decirte las cosas, no quería herirte. Siempre pensé que tu cáncer era peor que el mío. ¡Qué chiquillada! Cosa de nenos eso de 'Lo tuyo es peor que lo mío'. Lero, lero.

Hoy tenía en agenda salir a comer con una amiga. Quería pasar página con el duelo por la muerte de Andrea Lago Ordóñez, una muerte que me dejó devastada. Creo que ni te enteraste del caso a pesar de que compartían ciudad y, tal vez, hospital. Entré en La Voz de Galicia a leer sobre el Caso Asunta y, ahí, estaba tu foto. Al principio no lo entendí. Yo no quería saberte muerto. Pero la noticia era esa: tu partida, tu viaje, como lo quieras llamar. ¿Salir o no salir sabiéndote de viaje, pero con el cuerpo presente en tu Santiago de Compostela? Mira que he dicho 'cuerpo presente' y ahora que leo unos de tus post, tú dijiste lo mismo refiriéndote a ti mismo. ¿Coincidencia o conexión extra no se qué? Decidí salir porque pensé que a ti no te hubiera gustado el duelo. Salí a celebrar el haber tenido el honor de cruzar palabras contigo y con Alvite. Te juro que te hubiera cedido mi puesto, pero la muerte no admite cambios. Intenté hablar de tu partida, pero la otra persona no me entendía. Lo dejé así y callé.

César Casal escribió sobre ti, uno de esos artículos que nadie quiere escribir. Al final mencionó una conversación entre tú y Alvite. Tan buena -tan Alvite, tan Nacho- que quiero reproducirla en este post que no es de despedida, es de hasta pronto, para que el recibo de la electricidad no salga tan caro.

Alvite- Nacho, ¿qué haces aquí si te di mal la dirección a propósito?

Nacho- Ya ves, maestro, la Vespa, que es tozuda, la muy cabrona.
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(Risas)
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Ustedes dos, juntos, eran una delicia. Humor e inteligencia a raudales.

Tengo muchos proyectos si es que aquella me permite realizarlos. Todos los años le hago trampa pidiéndole un año más de vida y me los ha concedido. Ya van cinco. Cuando se entere de que me he burlado de ella, se vengará de mí. Es tan bonito vivir, ¿verdad qué sí? Bonito a pesar de lo malo.

Nunca te lo dije, pero siempre he tenido muy claro que al cáncer es casi imposible vencerlo. A ti no te hubiera gustado saberlo. Creías en la lucha. Lo que sí es posible, es sobrellevarlo lo mejor que podamos, con dignidad. Hoy mi hija Eva, me ha dicho que estará a mi lado cuando llegue el final. No sabes cuánto me alegra saberlo. Hablo con mis hijas de la muerte, pero también nos deleitamos hablando de la vida. A veces estoy de mal humor. Me cansa lo que considero la espera, la maldita espera. Ante el más leve síntoma, estoy en alerta. ¡Qué diabólica es esta enfermedad! ¿Por qué no le da a algunos políticos? Mira que la cura del cáncer pasa por ser político. Haberlo sabido antes. ¡Anda ya, pero qué tonta que soy!

Compraré tu libro, para reírme cuando tenga sed de risa. Ya estás con tu maestro. ¡Cuánto admiraste a Alvite! A ver si los dos me reciben, porque estar con hombres brillantes es mi debilidad. No compro tu libro por aquello de que, un escritor muerto, vale más que uno vivo. Lo compro porque a mi ordenador le ha costado mucho abrir tu blog -qué extraño- y no sé si es una falla eterna o es puntual. Que el libro no esté firmado por ti, no me importa. No colecciono firmas. Colecciono textos inteligentes. Hoy, más que nunca, quiero leerte. Quiero recordarte. Altamente recomendable tu blog para reír un poco. Para reflexionar, también vale.
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¡Cuán presente ha estado Santiago de Compostela en todos estos últimos días! En mis tres últimos post -incluido éste- menciono a Santiago. Yo, que nací tan lejos de Santiago, y siempre lo tengo tan cerca. ¿Destino, Nacho?
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Morriña eterna.
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Olvidé mi último contacto contigo. Mi memoria está en blanco. Lo último que recuerdo de ti, fue la astenia. Me reí tanto con tu narración. Padezco astenia con frecuencia y no me lo tomo como tú. Me da rabia. Me sienta fatal estar malita y no puedo ocultarlo. Recuerdo tu episodio y me río. Lo bueno de hablar de ti, es poder sonreír. Falta que me hace una sonrisa. Anda, Nacho, ya no estarás fatigado. Estás en el Olimpo -eso creo- porque si después de vivir y padecer, no hay un lugar mejor, ¿qué sentido tiene morir?

Dejaste huella. ¡Chapeau, Nacho! 
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Moitos bicos.

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

#PacienteOncológica
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lunes, 12 de octubre de 2015

¿Triste, deprimida o con mucha rabia?

Me deprimió mucho la muerte de Andrea. Demasiadas cosas, en común, hay entre esa niña y yo.

Me deprimió confirmar lo fácil y rápido que es morir cuando se retiran los soportes artificiales para dar  paso a la sedación. Ahora entiendo por qué mi padre murió tan rápido a partir de que le administraron el sedante, que creo que fue lo que el médico hizo con él, a petición mía, acatando una tardía solicitud de mi padre. Otro día hablaré de esto. En otros post creo haberlo mencionado. Andrea -de 12 años- murió cuatro días después de que le retiraran la sonda nasogástrica -a petición de sus padres- y ser sedada. Mi padre murió dos días después de la sedación.

Me deprimió mucho la soberbia de los médicos (pediatras) del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS) al no querer retirarle, a Andrea, la sonda nasogástrica y empeñarse en una alimentación artificial que el juez -que llevaba el caso- iba a cuestionar -dijo que la perjudicó- y si no lo hizo fue porque Andrea murió antes de su pronunciamiento.

Me gustaría saber si a un hijo o a un nieto -en estado terminal, como Andrea- esos médicos lo harían sufrir tanto solo por el maldito código de ética, que de ética, ¡nada!

Me deprimió mucho la falta de empatía de muchísima gente. Pero especialmente me deprimió la falta de empatía de los que, por tener hijos sanos, no se sintieron conmovidos por el caso de Andrea. Que sepan esos padres, que la salud es un préstamo con fecha de caducidad -no hay excepciones- y que cualquier niño -al igual que cualquier adulto- puede caer enfermo cuando menos se espera. Muy triste y nada deseable pero es así.

Por último, me deprimió mucho la muerte -el mismo día que murió la niña- del Dr. Miguel Blanco. Él fue el neurólogo que le diagnosticó el síndrome que ella sufría. Ese médico solo tenía 41 años. ¡Qué ironías tiene la vida!
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No sé si estoy triste, si estoy deprimida o si tengo mucha rabia. O todo a la vez. Como escribí varias veces la palabra 'deprimió', aceptaré depresión a manera de Acto Fallido. Me sigue gustando Freud para comprenderme a mí misma.

Desde la muerte de Andrea, estoy de duelo
Agradezco que entiendan que no es mi deseo hablar con nadie hasta tanto no salga de este dolor. Sé que la vida sigue, pero por unos días quiero estar a solas y llorar a solas. No paro de llorar. Estoy muy conmovida, más de lo que imaginé que podría estar.

Seguí el caso día a día, gracias a toda la prensa española. El estar tan pendiente, tan preocupada por la cría -como si fuera mi hija, como si fuera mi nieta-  me hizo pensar que estaría preparada, pero la muerte llegó más rápido de lo que pensé. Es un acto cruel, de la Dama de la Guadaña, el llevarse a una niña. Cierto que es un alivio porque Andrea había sufrido mucho. Sin embargo, me ha dolido muchísimo. Hay demasiadas coincidencias entre ella y yo. El solo hecho de que esto haya ocurrido en el CHUS me remueve muchas cosas.

Quiero agradecer a mis médicos y enfermeras de A Coruña
Al Dr Manuel Juaneda, mi cirujano -un hombre de un trato especial- y a la Dra Lourdes Calvo, mi oncóloga en el Hospital Materno Infantil 'Teresa Herrera'. Estoy viva gracias a estos médicos. Me siento especialmente agradecida con el Dr. Juaneda (Hospital 'Abente y Lago') por quitar tanto tejido -en el acto operatorio- ya que mi tumor no se redujo con la quimioterapia. Fue un tumor que resistió los antineoplásicos sin variar de tamaño o variar muy poco. El Dr Juaneda me operó con esmero. Quitó todo el tejido que tenía que quitar. Le debo mi sobrevivencia. Gracias, también, a la doctora que se encargó de mi radioterapia (Hospital Oncológico 'José Antonio Quiroga y Piñeyro) ) y al personal de enfermería de radioterapia que me cuidó con esmero la quemadura que me produjo la radiación. Mil gracias a todos. Los quiero mucho.

Me falta nombrar a muchos, a quien tanto tengo que agradecerles. En otro post intentaré nombrarlos, pero en este post no quiero dejar pasar tres nombres entre el personal de enfermería: Carmen Cereijo, tan humana como brillante profesional. Magda (nunca supe su apellido) y María Vilares Calvete, una enfermera muy joven, con un futuro prometedor por esa cercanía que tanto necesitamos los pacientes oncológicos. Ojalá que María siga en los servicios de oncología. Lo último que supe de ella, era que estaba es Cuidados Paliativos de un hospital de A Coruña.

Un ser especial para mí, en A Coruña
Sin duda es Palmira Ric, psicóloga de la Asociación Española contra el Cáncer (aecc). Palmira es mi psicóloga, es mi amiga, es mi ángel. Palmira es todo y más.

Una médico de A Coruña
Sin pensarlo dos veces: Rosalba, mi hija. Junto con Eva -mi hija menor-  mi razón de vivir. Con esmero me cuidó. Se encargó de poner la alimentación adecuada durante el tratamiento, especialmente durante la quimioterapia. Supo ser médico e hija a la vez, algo muy difícil de llevar. Nunca olvidaré el momento en el que el Dr Juaneda le mostró la herida de mi operación. Miré su carita porque creí que se iba a horrorizar. Y Rosalba, miró tranquila, con cara de médico, no de hija. Igual miró la quemadura -grado III, me dijo- que me produjo la radiación.

Lo que me sucedió en el CHUS jamás me sucedió en A Coruña
En los hospitales de A Coruña, la calidez y el profesionalismo fue una constante, tanto en mis médicos como en mis enfermeras. Lo mismo digo de quienes me han tratado en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Patrimonio de la Humanidad) de Barcelona. En algunos casos me conseguí con gente que poco hablaba castellano y hacían el esfuerzo de entenderme. El catalán que leo y que hablo, lo aprendí en el hermoso recinto de mi querido Sant Pau.

De las excepciones del CHUS
Otra aclaratoria que deseo hacer: durante los 26 días que estuve hospitalizada en el CHUS -entre octubre y noviembre del 2005- el trato de quienes hicieron los estudios necesarios o analizaron las tantas analíticas que necesité, fue inmejorable y rápido. Con paciencia y amor me trataron. Recuerdo que había huelga en RX, tomografías y resonancias, pero jamás dejaron de practicármelas.

Para los que no entienden de qué hablo, o no saben quién es Andrea Lago Ordóñez, lean mi post anterior, titulado La sonda nasogástrica solo fue una tortura más para Andrea

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

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sábado, 10 de octubre de 2015

La sonda nasogástrica solo fue una tortura más para Andrea

Porque sé lo torturante que es una sonda nasogástrica, me indigna que se la hayan colocado a Andrea, una niña en estado terminal.

Andrea en brazos de su madre

Los medios de comunicación -de toda España- se han hecho eco del caso de la niña Andrea Lago Ordóñez (12 años) a quien los médicos del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS) hicieron sufrir demasiado. Ha quedado demostrado que al retirarle la alimentación artificial -que recibía a través de una sonda nasogástrica- pudo morir en cuatro días y terminar, así, su inmerecido calvario. Fue un inútil y agotador tour de force entre padres y médicos.

Andrea murió ayer, 9 de octubre de este otoño del 2015. Su caso marca un precedente y un antes y un después en la lucha por el Buen Morir. Ella y sus padres -Antonio Lago y Estela Ordóñez- son, desde ya, un referente a la hora de hablar del polémico tema.

Con Andrea comparto cosas que muchos nunca compartirán. Siento dolor porque la muerte de Andrea me confirma que, procurar una Muerte Digna, es una obligación para con nuestros seres queridos y para con nosotros mismos, pero ¡cuánto duele!

Las cuatro cosas que compartí con Andrea
1-También estuve hospitalizada (26 días) en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS). 2- Tuve una sonda nasogástrica durante varios días. 3- Padezco una enfermedad incurable: cáncer. 4- Al igual que los padres de Andrea, he dejado muy claro que, llegado el momento en el que vivir sea una tortura, exigiré una Muerte Digna, como la exigí para mi padre (en 1987) y la volvería a exigir para mis seres queridos -y para cualquier persona- porque soy Activista del Buen Morir desde antes de que me diagnosticaran el cáncer en el año 2010.
Andrea padecía el síndrome de Aicardi-Goutières, una enfermedad neurodegenerativa que tampoco tiene cura y es irreversible.
Los 'catedráticos' del CHUS
Andrea ingresó en junio (2015) al hospital y falleció luego de cuatro largos meses de haber sido ingresada, ¡demasiado tiempo para su delicado estado de salud! Califico de cruel lo que ha sucedido con Andrea. Inaceptable la desconsiderada actitud de los médicos tratantes. Conozco, muy bien, a los médicos del CHUS. A ellos se les conoce como los 'catedráticos'. Son soberbios y marcan distancia con el paciente y sus familiares. 
 
He sido paciente en el Hospital Materno Infantil 'Teresa Herrera' y en el 'Abente y Lago', ambos en A Coruña. Actualmente soy paciente del Hospital Sant Pau de Barcelona. En esos tres hospitales he tenido médicos amables con los que se puede dialogar. De las enfermeras, he recibido amor y cuidados. En cambio, en el CHUS me sentí maltratada -torturada- por médicos y enfermeras. Fueron 26 días ingresada entre octubre y noviembre del 2005. 26 días de lucha entre los médicos, mi hija (médico, también) y yo. El mismo malestar lo vi en otros pacientes.

Es justo decir que en el CHUS solo me sentí bien atendida por la Dra. Puri Parada, la cirujana que me operó de emergencia. Desgraciadamente, ella se fue de vacaciones y quedé en manos de un Dr. de apellido Beiras. Nunca fue posible saber su nombre. Las complicaciones que tuve, las padecí sin el apoyo médico que yo requería.

Entre las enfermeras, también hubo excepciones, pocas, pero las hubo. Todo lo narré en un post publicado, en este blog, el 20 de enero del 2006 y titulado Del camino de Santiago al penoso camino de un hospital

Los padres de Andrea, los 'catedráticos' del CHUS y los medios de comunicación de España
Supongo que para los padres de Andrea no fue fácil tratar con los 'catedráticos' del CHUS. Casualmente, tampoco lo fue para mi hija en su condición de médico y de familiar. El objetivo, de los pediatras, era salvar a Andrea para cumplir un código de ética que es todo, menos ético. 
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La insensatez, de los médicos, para aceptar que se suspendiera la alimentación artificial, obligó a los padres a acudir a los medios de comunicación para seguir luchando por el unico objetivo que era lograr que, a su hija, se le concediera el derecho al Buen Morir. El caso llegó a los tribunales y, mientras se discutía, Andrea seguía sufriendo. Se perdió mucho tiempo en trámites sin sentido. Esto le pesará a todos responsables del sufrimiento de una niña en fase terminal.

Si la cría murió en paz se le debe, primero a los padres y, luego, a los medios de comunicación -de toda España- que se volcaron con la noticia. Fue la presión mediática la que, finalmente, llevó a esos médicos -de pediatría- a suspender la alimentación forzada a una paciente, a todas luces, en fase terminal. Los médicos enarbolaron otra razón, pero no es de creerles porque nunca entendieron a los padres que, en un acto de amor y de generosidad, pocas veces visto -excepcional en unos padres- querían dejarla partir como, lo ha expresado, tan claro, José Ramón Amor Pan.

Yo sé lo que es tener una sonda nasogástrica
En la escuela de medicina, y en la de enfermería, enseñan a colocar una sonda nasogástrica. Lo que no se enseña es a tener idea del sufrimiento del paciente debido a esa sonda. Tampoco se aprende a tener el más leve conocimiento del espantoso dolor que se siente cuando la sonda se introduce por la nariz. Yo sí que lo sé y por eso afirmo -sin ninguna duda- que el colocársela a una niña de 12 años -con una enfermedad en fase terminal- equivale a torturarla más. Cuando se la retiraron, la madre dijo: 'Nuestra hija pasó una buena noche, la primera desde hace semanas'.

Cuidados paliativos
Álvaro Gándara -presidente de la sociedad española de paliativo- expresó que Andrea debió estar en Cuidados Paliativos y no en Pediatría. Pero Gándara agrega que en Galicia no hay paliativos para pediatría. Sí los hay para adultos.

Digo yo, en mi ignorancia por no ser médico: ¿qué más daba que fuera paliativos de niños o de adultos? Lo que había que considerar era el hecho de que, en paliativos, a Andrea no le hubieran dado el soporte que hizo que su sufrimiento se prolongara tanto tiempo. En paliativos, la niña hubiera tenido -desde el principio- la atención necesaria para lograr la muerte digna que solicitaban sus padres. En paliativos, se hubiera logrado lo que, finalmente, se logró: que Andrea muriera en paz. Ese es el principio básico del Buen Morir: morir en paz y sin sentir dolor físico y, de ser posible, aminorar el dolor moral tanto del paciente como de la familia.

Si la niña hubiera sido derivada a paliativos, se le hubiera evitado a los padres la lucha que tuvieron que emprender para que su hija no siguiera sufriendo. La muerte de Andrea, a cuatro días de haberle retirado la alimentación que recibía, a través de la sonda alimentaria, le da la razón a los padres. Una lección que nunca se olvidará porque la alimentación, en lugar de ayudar a la niña, empeoró su condición. Solo después de que se le retiró la sonda nasogástrica, Andrea pudo descansar, lo dijo su madre y las madres, señores 'catedráticos', saben más que los médicos.

Los padres de Andrea anunciaron, ayer, su muerte. “Se ha ido en paz y con tranquilidad”. Ellos deben sentirse satisfechos porque hicieron lo correcto, lo que cualquier padre, que ame a su hijo, haría por él. 
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  Antonio Lago y Estela Ordóñez, padres de Andrea, frente al CHUS

Andrea ya descansa en paz, gracias a sus padres coraje. Como Activista del Buen Morir, agradezco la lección de fortaleza y de amor que esos padres han dado.

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

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