martes, 29 de septiembre de 2015

El drama de cobrar en negro en la España del paro

En España, recibir un sueldo en negro es un secreto a voces, pero nadie hace nada para erradicar esa práctica ilegal. Los políticos no tocan el tema. ¿Quién le pone el cascabel al gato?

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Si el paro es un problema gigantesco para España, la solución parece estar en aceptar que existan trabajos donde se contrata personal bajo la modalidad de Trabajo en Negro o Sueldo en Negro. Esto no es exclusivo de la hostelería o de los meses de verano. Es una práctica habitual en todo tipo de empresa. Las excepciones son contadas. Todo el mundo sabe que este tipo de trabajo -ilegal a todas luces- existe y nadie hace nada para erradicarlo. 
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El problema es político porque disfraza al paro. Si lo eliminan, el paro se hace  mucho más visible de lo que ya es.
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¿A qué le temen los políticos?
El trabajo en negro no está contemplado en la agenda electoral de ningún candidato político. Prefieren voltear la cara para no ver la realidad. Posiblemente les resta votos o pone en riesgo el apoyo económico.

Seguimos con la sempiterna historia de que los empresarios son intocables y los trabajadores, los perjudicados de toda la vida.

El pago en negro se divide en dos partes
1- Una parte legal, donde quedan recibos y constancia de trabajo por un sueldo inferior -o muy inferior- al que, en realidad, devenga el trabajador.

2- Otra parte, cancelada en efectivo, para no dejar rastro del verdadero sueldo, perjudicando al trabajador y beneficiando, con creces, al empleador.

Con esta práctica, el empleador está estafando a la Seguridad Social y está estafando a Hacienda.

Desigualdad acomodaticia
El trabajador es la cara de la empresa a la hora de generar beneficios, pero no lo es a la hora de repartir ganancias. Esta desigualdad se da porque en España hay pocas ofertas de trabajo. Hay paro por doquier y el desempleo genera miedo. De ese miedo se benefician todo tipo de empresarios, acostumbrados a emplear gente por el menor sueldo posible y sin otros beneficios.

El trabajo en negro es, sin duda, un drama enclavado en la España del paro, de esa España de la economía sumergida. Es esclavitud del siglo XXI en la vieja Europa.

Los empresarios necesitan de estos trabajadores pagados en negro
Sin ellos, no existiría la empresa. Pero cuando los trabajadores reclaman, amenazan con cerrar, mas no hay tal cierre porque sin empresa, no ganan. Es solo un método para generar miedo. Ante un problema con estos empleados (los pagados en negro) contratan a un nuevo personal mientras se deshacen de los antiguos. Cuando logran que los 'problemáticos' renuncien (gracias a la presión que se ejerce en contra de ellos) comienza -de nuevo- el mismo modus operandi con los nuevos empleados, sin que hasta ahora exista una solución a este problema.

¿Reclamar?
Los trabajadores no pueden reclamar porque, si lo hacen, les quitan horas de trabajo o los maltratan psicológicamente con el único fin de que se vayan y no tengan necesidad de despedirlos. El trabajador está indefenso. No importa el grado de preparación que tenga, el trato es igual de malo y torturante para con todos.

A nadie parece importarle el grado de estrés y de angustia a los que están sometidos los trabajadores que se revelan. Es obvio que la salud se resiente.

Redes sociales
Es necesario sensibilizar a la gente para que no haga uso de los servicios de aquellas empresas que pagan en negro. Para eso habría que denunciarlas con el nombre de su marca comercial. Las redes sociales podrían jugar un gran papel a la hora de identificar a estas firmas.

El castigo
¿Quién castiga a estos empleadores?

Hasta ahora, no conozco ningún caso de empresas a las que se les haya prohibido seguir operando después de una denuncia por pago en negro. Lo lógico, lo humano, lo correcto es que se les castigue con grandes multas o suspensión del permiso para operar en territorio español.

Mientras el gobierno sigue indiferente, son millones de empleados, en toda España, perjudicados por esta forma ilegal de contratar personal. Son muchas las desventajas para el trabajador que recibe un sueldo en negro.

Post que orienta muy bien sobre el cobro de dinero en negro
Se titula Cobrar dinero negro: qué hacer. Guía práctica. No agrego nada más porque ese post -publicado en el blog de la Tía Maruja- es muy claro y va a orientar muy bien a quién lo lea. Recomiendo leerlo porque dice cosas que no aparecen es este post  y habla de cómo recabar pruebas para denunciar. Trata, además, el tema de Hacienda en el caso del empleado que cobra en negro.

Mientras espero por alguien que le ponga fin a los empleadores que pagan con dinero dentro de un sobre, me pregunto, ¿qué político le pone el cascabel al gato en este año electoral?

@TintaIndeleble



miércoles, 23 de septiembre de 2015

El libro de la vida nos obliga a pasar la página



Hace pocos días me conseguí con una amiga  que  -por razones totalmente ajenas a mí-  tendría que estar muy molesta y muy ofendida conmigo. Apenas la vi, la saludé. Lo hice sin pensar en si debía, o no, hacerlo. Ella me devolvió el saludo con una sonrisa, como si nada hubiera pasado. Y es que nada pasó porque todo se debió a un cotilleo de esos que generan los humanos, no sé con qué intensiones. Tampoco importa saberlo, mucho menos reclamar por ello. Invertimos mucho tiempo en asuntos que no lo merecen.

La sonrisa, de mi amiga, no era una sonrisa hipócrita. La conozco muy bien como para jurar que no lo era. Ella es una de las pocas personas que tienen una inocencia envidiable. Es de esas personas que no conocen la malicia, mucho menos el rencor. De la maldad de la gente, ella no se ha enterado. Con excesiva franqueza -casi como una niña muy pequeñita- asume lo que desconoce con un dejo de ingenuidad.

Cuando le dije que para leer mi blog, entrara en Google y colocara 'tinta indeleble blog', me respondió, sin avergonzarse -sin sentirse menos que los demás- que ella no lo sabía hacer, pero que una vecina la ayudaba con Internet. Me conmovió. Tal y como antaño, cuando alguien no sabía leer y le pedía a un vecino que le leyera la correspondencia. A veces, el ignorar algo, hace más felices a los pocos seres que, de pie, pueblan al planeta tierra. Otros reptan y otros van en cuatro patas y, sin embargo, todos pertenecen a la especie humana. No lo entiendo. Los que reptan y los que van en cuatro patas, no deberían llamarse seres humanos. Mi amiga sí, porque va con la cabeza erguida.

Después de ese encuentro, me quedé pensando. Reflexionando. Entendí, gracias a ella, que el perdón solo parece existir en la edad de la inocencia, de la que los adultos nos hemos alejado tanto, tanto, tanto. Por ese distanciamiento, somos rencorosos, como si con eso fuéramos más sabios, más listillos, mejores personas. El no perdonar -y el no pedir perdón- es uno de los grandes errores del hombre. He insistido mucho en esto, en post anteriores.

Mi amiga nunca podrá saber si yo hice algo en su contra o si soy inocente de lo que le han dicho; pero eso no le importa, ni es un obstáculo para que, al verme, sonría y me salude. Ni siquiera estoy segura de que leerá este post. Es más joven que yo, pero no es mujer de navegar en la red.

En una actitud mía, propia de tiempos pasados -época de grandes errores, lo admito- había ensayado varias escenas para defenderme en cuanto viera a esa buena señora. Unas cuantas explicaciones, las tenía listas, bien preparadas, perfectamente bordadas. Tenía de dónde agarrarme para defenderme. Existía un contexto -un motivo- para justificar lo que le dijeron que yo había dicho pero que no dije,  tal y como se lo contaron. Sin embargo, todo se quedó en planes porque ella no exigió explicaciones y, al verla, tampoco sentí la necesidad de dárselas. No le importaban. Pasó la página. Olvidó. Yo, también.

No pesqué el anzuelo de la confrontación y, de eso, me siento orgullosa. Ella, tampoco lo pescó. En las cosas personales, no acepto peleas. La guerrera que hay en mí, solo emerge cuando se trata de algo no personal. Algo por lo que crea que debo luchar y gastar energías. Algo que no me involucre directamente. Algo que sea público y sea noticia. Mi vida personal, ni es pública ni es noticia. Voy de muy bajo perfil.

No acostumbro defenderme. De un tiempo para acá, me quedo callada -calladísima- ante cualquier agresión, ante cualquier injusticia. Pienso, que si me defiendo, estoy aceptando los hechos por los que me acusan. “El que me busca, no me encuentra”, escribí la semana pasada para decir que no me agradan las confrontaciones. Paso de ellas. No soy yo la que debo defenderme, que sean los que me acusan los que aporten la carga de las pruebas.

Si de los más inocentes, como mi amiga, pudiéramos aprender un poco, el mundo sería distinto. El libro de la vida no tiene límites en el número de páginas. Si nos detenemos en una (página), nunca podremos leer las mil y tantas otras páginas de ese libro sabio. Nos las perderemos. Es de esa lectura mía -sobre todo lo que me acontece y cómo lo interpreto- que AlmudenaTimón  (filósofa y concejal salmantina)  tendrá que hacerse eco para darla a conocer cuando llegue el momento de mi punto final. Ella es la destinataria de lo que escribo -Almudena ha creído en mí y me está conociendo muy bien, tanto como Palmira Ric- porque sé que hará buen uso de estos textos que irán en mi libro, ahora en construcción.¡Qué suerte y qué orgullo es tenerla a mi lado, mientras escribo! Un verdadero privilegio, un lujo. Una razón para invertir bien mi tiempo.

A Almudena le he pedido que sea ella la que ponga el punto final, además de escribir el prólogo. Como los poemas de mi abuelo Víctor, quiero que mi libro quede inconcluso. Soy una rara avis que no desea bautizar mi propio libro. Me avergüenza presumir de mí misma. Supongo que se bautizará en Salamanca. Que lo bauticen mis hijas, junto con Almudena y Palmira Ric. Me encantaría -desde la distancia- ver las fotos de esa ceremonia. Sería la mar de divertido.

El mensaje de este post es que pasemos la página para vivir en paz. La vida es corta. No nos enganchemos en lo que no merece la pena.

Carmen Guédez
@TintaIndeleble




Ni mediocres ni fanáticos

Muy duras las palabras, de Mario Vargas Llosa, de cara a las elecciones catalanas: "Una Cataluña independiente sería un país marginado, gobernado por mediocres fanáticos”.
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En libertad y en democracia, es de obligado cumplimiento el respetar la forma de pensar y de actuar de los demás. Entrometerse en la decisión de los catalanes, es tanto como entrar en casa ajena a decir cómo deben actuar los dueños de la casa. Se puede ser muy Nobel, pero eso no le da derecho, a Mario Vargas Llosa, de ofender con palabras tan despectivas como mediocres fanáticos.

Los catalanes, ni son mediocres ni son fanáticos
Decir eso, es de ignorantes. Por razones culturales -que todos conocemos- y que datan de muchísimos años, los catalanes no se sienten españoles; al menos, no todos. Tienen su propia lengua y sus propias costumbres. Los obligan a pertenecer a una España que les es ajena. Nos guste, o no; estemos de acuerdo, o no, los que no hemos nacido en Catalunya, no tenemos derecho a opinar. Yo me abstengo de decir lo que pienso porque respeto, profundamente, la libertad de los pueblos y de las personas. En este post, solo defiendo los derechos de los catalanes, no lo que yo preferiría para Catalunya si fuera catalana por nacimiento. Mis preferencias, me las guardo por respeto.

Los demás, sobramos
Vargas Llosa, como uno de los abanderados de la lucha por la libertad de pueblos oprimidos por dictaduras latinoamericanas -como Venezuela- mal puede hablar para cuestionar el derecho a la independencia que tienen los catalanes. Ellos, y solo ellos, tienen derecho a decidir. Los demás, sobramos. Que Vargas Llosa no olvide que existió un hombre llamado Simón Bolívar que le dio la libertad al Perú. ¿Qué tal si alguien hubiera llamado, a Bolívar, mediocre fanático?

Cuando los intelectuales se equivocan
Hay la mala costumbre de aceptar, lo que dicen los intelectuales, como si fuera santa palabra. En mi caso, no lo acepto. Los intelectuales también se equivocan y también se prestan para apoyar acciones en contra de lo que predican. Un señor que dice y se contradice, no tiene derecho a opinar sobre el derecho de los catalanes a separarse de España o seguir con España. Es que nadie tiene ese derecho. Lo considero un irrespeto para un pueblo que tiene la suficiente madurez para decidir su destino, que bueno o malo, siempre será mejor que vivir acatando lo que les imponen.

Que hablen las urnas, que decidan los catalanes
Lo que ellos dispongan, debemos respetarlo. Basta ya de la campaña de miedo que se está haciendo ante la inminente elección en Catalunya. La decisión -cualquiera que sea- se está tomando apegada a las leyes, por la vía del voto. Que nadie olvide que la soberanía, reside en el pueblo. En este caso, reside en el pueblo catalán.

Señor Nobel, querer independizarse no es un fanatismo ni un desafío. Es un derecho.

Carmen Guédez
@TintaIndeleble


lunes, 21 de septiembre de 2015

La muerte de Carmen Balcells en medio de la civilización del espectáculo

Acabo de leer la noticia que conmueve al mundo de la literatura: Carmen Balcells ha muerto. La gran agente literaria se ha marchado, justo, en medio del huracán Vargas-Preysler. 
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Carmen Balcells ha fallecido en el mejor momento para la civilización del espectáculo. Qué cosas tiene la vida para que sea, precisamente Carmen Balcells, la fallecida en medio de ese huracán. Ella, que tenía a la discreción como bandera. Solo cinco o seis entrevistas dio en su larga vida inmersa en el mundo de la literatura.

Balcells representaba a cinco premios Nobel: Neruda, Aleixandre, García Márquez, Cela y Varguitas (Vargas Llosa)

Lamentando su muerte, me asalta el temor de que ¡Hola! se esté frotando las manos -de nuevo- con su fallecimiento, porque el Rey del Baldosín (Vargas Llosa) era uno de sus clientes y Patricia Llosa -su todavía esposa- era amiga de la Balcells, de ir a su casa en Barcelona. Tengo entendido que Patricia está fuera de España, pero si no lo está y se le antoja -con justicia- ir al velatorio -o a cualquier ceremonia posterior en recuerdo de la Mamá Grande- es muy probable que coincida con Varguitas, por primera vez, después de la sonada separación. Sería una situación muy incómoda para los dos. Una foto de la ex pareja, juntos, vendería millones de euros. Los medios de comunicación lo saben. Quien logre la instantánea, en exclusiva, tendrá un puesto en el Olimpo de eso que llaman 'famosos'. 
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De espaldas, Patricia Llosa en casa de Carmen Balcells
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Por otro lado, cabe la posibilidad de que Varguitas acuda, a rendirle honores a su agente literaria, acompañado de la Reina del Baldosín, lo que sería una inmensa imprudencia por parte del Nobel peruano. Pero de él, es de tontos esperar cordura. Si a Preysler -que es la que manda- se le antoja -aprovechando la ocasión del óbito- presentar su relación (con el Nobel) en el mundo de la literatura, ésta sería una oportunidad de oro para su puesta de largo en la sociedad de los escritores más glamurosos. Ni en la mejor novela podríamos soñar con un momento tan especial para decirle a los literatos: “Somos novios".

Resulta inimaginable lo que ¡Hola! le pagaría, a esta pareja de otoño, por las fotos, en exclusiva, de los dos juntos en el lugar donde se realice la ceremonia de despedida de Carmen Balcells o en el recinto literario donde se le haga un homenaje en los próximos días. Espero, que si van, no se agarren de las manos que es, sin duda, la toma -casi cerrada- que Preysler ha calculado como la más vendible. La que le asegura el mensaje subliminal de “Es mío y no lo suelto”. Quienes la conocen, dicen, que todo lo que ella hace está muy calculado. Que no da puntada sin hilo. Que su modus operandi lo borda muy bien. Preysler cuenta, además, con la complicidad de Varguitas, aunque él lo niegue y haga desmentidos.

Si la familia Balcells se percata del riesgo de convertir la triste despedida en un espectáculo, la ceremonia será absolutamente privada -como parece que va a ser- lo que sería muy injusto, tanto para con el recuerdo de la gran agente literaria, como para con los escritores a quienes ella representaba, 'sus clientes', como los llamaba. Entre otros, está Isabel Allende. Recordemos el apoyo que le dio Balcells, a Isabel, cuando su hija Paula enfermó. No es de extrañar que Isabel Allende atraviese el charco para estar en la ceremonia, de despedida final, de quien fue su amiga y agente literaria.

No imagino a la Balcells en el mundillo de lo peor del cotilleo, aunque sea indirectamente, dada su estrecha relación con Varguitas. Ella merece ser leída en un trabajo serio que analice el alcance de su obra como agente literaria y lo que representó para el boom de la literatura latinoamericana. Carmen Balcells se ganó el derecho de estar en las páginas dirigidas a la gente pensante. La presencia de Vargas Llosa y Patricia Llosa o de Varguitas e Isabel Preysler no son prudentes en tan triste ocasión. O va el Nobel o va Patricia, pero no los dos, para no dar de qué hablar. O no va ninguno, a pedido de la familia y de la misma Balcells a quien los velatorios no le gustaban. 
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El escritor peruano ya se despidió de su amiga y agente con un hasta pronto. Por razones de edad (79, del Rey del Baldosín) es un 'hasta pronto' más que seguro y más que cercano.

Como desconfío de los paparazzi de la revista ¡Hola! y de la Reina del Baldosín, espero que prive la cordura en Varguitas para que la muerte de la gran Carmen Balcells no se convierta en parte de ese espectáculo que, alguna vez, el Nobel peruano rechazó. 
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Y ahora, que la Mamá Grande descanse en paz. 

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

viernes, 11 de septiembre de 2015

Hay noches de noches

Algunas son traicioneras. En Caracas, cuando las agujas del reloj apenas comenzaban a dar la curva que las llevaría a las 22:00 y tanto, una sentencia atravesó la noche del 10 de septiembre: Leopoldo López sentenciado a 13 años de cárcel, más 9 meses -el tiempo de gestación de un ser humano- y no sé cuántas horas.


Desolación absoluta, pero un recuerdo fijo a manera de esperanza: Nelson Mandela

 
No tengo más nada que decir. Con ese recuerdo, con ese nombre, lo he dicho todo.

Carmen Guédez
@TintaIndeleble 

jueves, 10 de septiembre de 2015

Normas a seguir para intentar que los e-mails, que enviamos, no sean alterados o divulgados

A pesar de que el correo electrónico (e-mail) es de uso común, todavía hay gente que no entiende que sigue siendo correspondencia privada y que, como tal, no se puede divulgar. Al enviar un e-mail, es de obligatorio cumplimiento el intentar protegerse de todas las maneras posibles en vista de que, una vez que se envía, se corre el riesgo de que éste (el e-mail) sea alterado y/o divulgado, sin autorización del remitente.

Desgraciadamente, no todos los destinatarios respetan la privacidad
De esa gente, hay que intentar protegerse. Intentar, porque siempre habrá alguien que, a pesar de las medidas de protección que se tomen, hará caso omiso. Pero la idea es hacérselo más difícil ya que el mal uso que alguien le dé a los correos electrónicos, es denunciable en las instancias que cada persona considere oportunas. La denuncia puede prosperar o no, pero hay que hacerla en determinados casos.

Conocer el nivel de riesgo que hay con los destinatarios, es imposible
Si nada garantiza la confiabilidad, es preferible tomar medidas para cubrirse en caso de violación a la privacidad de lo enviado vía e-mail.

Un simple e-mail no vale casi nada como prueba (si se impugna)
Pero siempre será más difícil alterar un correo electrónico protegido que uno sin protección. Lo que no se puede olvidar, es que un e-mail se puede alterar y lo mismo puede suceder con un Archivo Adjunto.

En el ciberespacio, todo es posible y, por eso, toda medida de seguridad es necesaria.

Por si no quedo claro
Un e-mail, ni se puede reenviar ni se le puede mostrar a otra persona a quien no se le haya dirigido el correo en cuestión, porque es correspondencia privada entre dos partes: quien lo envía (remitente) y quien lo recibe (destinatario).

Sugerencias para intentar proteger los e-mails
1- Es de vital importancia dejar claro en qué contexto se ubica el e-mail que se está enviando. Sobre todo, en determinados correos -importantes y/o de carácter delicado- donde no se puede dejar paso a la libre interpretación o a la duda. El contexto vendría a ser como una pequeña (pero fundamental) introducción que va a evitar malentendidos o interpretaciones a conveniencia de otros.

2- A las recomendación de este punto (2) hay que prestarle atención:
Es aconsejable que ciertos e-mails -que se consideren importantes y/o delicados- vayan con copia oculta (Cco) para uno o varios destinatarios e, incluso, es conveniente tener una cuenta de correo auxiliar destinada a guardar copia de ciertos correos que una persona envía. De esa manera, en caso de alteración del e-mail, quedan copias del texto tal y como fue enviado originalmente. Esto puede evitar muchísimos problemas.

3- Es conveniente saber qué leyes protegen a la correspondencia privada -mails incluidos- en los distintos países. Las defensorías -y tal vez las fiscalías- pudieran ser un canal de protección o, al menos, pueden servir para orientar a quienes sean víctimas del mal uso de su correo privado. Cualquier persona tiene derecho de acudir, a estos organismos, si se le ha violado la privacidad de su correspondencia.

4- Es absolutamente necesario que haya una nota especial al final de cada e-mail que se envía. No se trata de escribirla cada vez que se vaya a enviar un correo electrónico. En la configuración de las cuentas de correos hay una modalidad para agregarla -Gmail la tiene- de manera que en cada correo enviado, automáticamente vaya esa nota.

Nota final -y automática- para la protección de e-mails
En letras más pequeñas que las usadas en el texto del correo electrónico -y en dos o tres tonos de color, a gusto del remitente-  debe ir lo siguiente al final de cada e-mail:
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Este correo electrónico se envía -con copia oculta- a otras direcciones para garantizar que su contenido no sea alterado, y/o divulgado, por el destinatario o los destinatarios. Por lo tanto, cumple con medidas de seguridad recomendadas para el envío de e-mails.
Este e-mail contiene información privada que puede estar legalmente protegida parcial o totalmente. Es sólo para el uso del destinatario o destinatarios a los que está dirigido. Si lo ha recibido por error de direccionamiento o transmisión, por favor, bórrelo y notifíqueselo a su autor respondiendo a este correo electrónico. Si Ud. no es el destinatario a quien va dirigido, no debe utilizarlo, revelarlo, distribuirlo, copiarlo, imprimirlo ni depender de la información contenida en él.
The information in this e-mail and any files transmitted with it is confidential, copyright protected and may be legally privileged. It is intended solely for the addressee and others authorised to receive it. If you are not the intended recipient, any disclosure, copying, distribution or action taken in reliance in its contents is prohibited and may be unlawful. If you have received this e-mail in error, please delete it and notify the sender.
Después de esta línea, no hay más nada escrito.

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

#NormasDeSeguridadParaElEnvíoDeMails
#CorreoElectrónico

domingo, 6 de septiembre de 2015

Carta a Varguitas, el nuevo Immanuel Rath

Señor:
Mario Vargas Llosa

Quiero empezar diciéndole que no soy nada impresionable y, por lo tanto, no caigo rendida ante su premio Nobel. Las personas -para mí- son un todo donde se une el talento con los sentimientos. No puedo verlo solo en su papel de escritor porque usted tiene un papel destacado en la sociedad y eso puede ser muy bueno, o muy malo, dependiendo de quién lo lea o quien lo escuche. Con eso hay que tener mucho cuidado.

Usted no me transmite ninguna empatía con las mujeres. Para usted, mujer es la que hace y deshace las maletas, pone orden en el caos y le hace la vida cómoda para que escriba. Eso se llama machismo y en mano de machistas se hunden muchas mujeres.

Lo suyo, con Patricia Llosa, ya no era amor, era costumbre e, incluso, comodidad. Por eso me parece muy bien que haya decidido romper con el aburrimiento y se haya empeñado en vivir un nuevo romance a sus 79 años. El problema está en el cómo lo ha hecho y de eso quiero hablarle. Es ese cómo lo que me indigna y me lleva a escribirle.

Debió separarse cuando se vio atrapado en una vida familiar que, a veces, se hace insoportable para hombres como usted, que solo desean estar en reuniones intelectuales, políticas o glamurosas, en lugar de estar escuchando las palabras de una nieta que felicita a sus abuelos por llegar a los 50 años de matrimonio. Esa fue, sin duda, la fiesta inolvidable. Aplaudió, usted, en su papel de abuelo y eso como que no combina con el glamour de un Nobel. En esa última celebración, en familia, su cabeza estaba pensando en cómo decirle a esa nieta -y al resto de los presentes- que su matrimonio había naufragado y que usted era un farsante que se prestaba para festejar una mentira. Hubiera sido menos doloroso contar -en ese momento- lo que estaba pasando en lugar de hacerlo desde un taxi, en declaraciones a un periodista de un programa de tele basura. Fue -en ese instante televisivo- cuando quedó claro que estaba separado de su esposa Patricia. Antes, nadie lo sabía.

Solicitó usted -en esas declaraciones- que “Respeten la vida privada”, ese respeto que su hija, Morgana, pide, a gritos, para su madre.

Me da mucho dolor ver a Morgana tan compungida, protegiendo a su madre de esa jauría de periodistas que usted ha permitido. Sí, usted lo ha permitido, porque debió exigirle a Preysler no ser exhibicionistas. Su hija, ha tenido que suplicar un “Por favor, dejen a mi madre en paz. La situación es muy complicada”. No había necesidad de hacerles las cosas tan difíciles. No, señor Nobel, la familia está primero y se les debe evitar el dolor y la humillación. Siempre se pueden hacer las cosas con elegancia, pero la prensa rosa pide sangre como en un circo romano. Y usted se ha prestado para que haya sangre. Es ridículo escucharle decir “Respeten la vida privada” cuando no le ha exigido a Preysler que pare la información sobre vuestra relación.

Si hay algo que le duele al ser humano, es ser abandonado por otro. Eso se convierte en una humillación insoportable, más si se es persona pública y, por lo tanto, se está más expuesta. Es de humanos que el desamor lastime a rabiar y quien diga que no es doloroso, no le corre sangre por las venas. Patricia es, con toda razón, una mujer herida. Será de naricita respingada, pero por encima de todo es mujer y, como tal, reacciona.

Patricia Llosa no merecía ser humillada de esa manera porque es la madre de sus hijos y la abuela de sus nietos. Como un vendaval, usted ha arrasado con su familia, los ha sacado de sitio -de raíz, como a los árboles- y ahora andan con un inmenso dolor a cuestas: el de su abandono. Si usted no fuera un Nobel, ya alguien le hubiera puesto un nombre a lo que usted le ha hecho a Patricia Llosa. Ese nombre es MALTRATO, el mismo maltrato con el que tanto daño le hizo a Julia Urquidi, pero eso es otro cuento, digno de un ensayo sobre la patología de la traición. El maltrato psicológico es tan reprochable como el maltrato físico. Le vuelvo a decir que usted está en todo su derecho de enamorarse de nuevo, pero no lo asiste ningún derecho para hacer las cosas con la torpeza y la falta de empatía de la que ha hecho gala. Usted no es el frutero de la esquina, usted está en la mira de la prensa. ¡Qué grave es su falta de empatía, de cara al referente que usted es!

Ha dicho,usted, que la revista ¡Hola! no le ha pagado por las fotos donde aparece junto a su nueva pareja, y mire que le creo, porque no lo imagino capaz de cobrar por semejante show. Eso sería bochornoso para un Nobel. Entonces, pregúntese el porqué de esas fotos donde aparece -junto a su actual pareja- en momentos muy íntimos, en los que los enamorados desean estar solos, como aquella instantánea donde usted baila, con Isabel Preysler, en una fiesta en Portugal. Esas fotos parecen posadas para ser publicadas. ¿Por qué las publicó esa revista si la fiesta era privada? ¿Cómo se tienen tantos detalles de sus vacaciones en la isla de Mustique? La respuesta la tiene a su lado: Isabel Preysler es quien permite que se filtren esas fotos y no lo hace de gratis. Ella está haciendo dinero con usted. Ella es la que cobra, pero usted se lo permite porque una de sus condiciones debió ser el no aceptar exponer su vida privada, como lo ha hecho, y como lo hará el próximo 09 de septiembre -en New York- sin importarle seguir hiriendo a su familia.

¡Hola! se frota las manos con la fiesta de Porcelanosa en New York. Cada accesorio que Preysler lleve ese día, se agotará enseguida. La ¡Hola! se va a vender en cosa de segundos. La misma buena suerte correrá la My Cream. Todo muy calculado. Mire, usted, cómo es el negocio en ese mundo del glamour donde todo tiene un precio. Y usted sin saber dónde se ha metido.

Cada paso que usted da con Isabel Preysler, es registrado por la llamada revista de cabecera de su pareja. Eso, tan inocente, como es salir con la novia a comer, es vendido por ¡Hola! a millones de lectores que disfrutan ese espectáculo que usted detesta. ¿O detestaba? Usted se ha convertido en la gallina de los huevos de oro del mundo de la prensa rosa. Isabel Preysler, sin usted, ya no vende.

Que ella (Preysler) no reparta sus ganancias con usted, eso también se lo creo. Ella hace su trabajo y por eso cobra. Es muy buena profesional en su campo (?) ¡Hola! paga bien a quien le sirve. También cobran sus hijas, Tamara y la que tuvo con el difunto Boyer -y su hijo- y todo aquel que sea testigo de vuestro romance y pueda pararse en un photocall a declarar. Ni una línea escrita, o dicha en un plató, es gratis, ¿o no lo sabía?

Usted terminará su vida metido en su nuevo papel de hombre-show. ¡Qué pena no ser leído en la página de cultura! Qué triste que muchos lo recuerden como el amante de Isabel Preysler y no como el escritor peruano que ganó un Nobel.

Le digo todo esto porque los hombres, como usted, son referentes para la sociedad y, en su caso, es inadmisible. Es, usted, un hombre tan maltratador y abandonante como ese padre al que tanto detesta por su abandono. Se repite la historia. Usted hace uso del verbo que aprendió a conjugar en su niñez: abandonar (yo abandono, tú abandonas, él abandona...)

Por cierto, cuántas tonterías se dicen cuando se recibe un premio de la envergadura de un Nobel. ¡Qué bonito habló usted de Patricia en esa ceremonia! Usted, todo un Nobel con la voz quebrada.

Resulta que usted, Mario, solo sirve para escribir porque como ser humano -esposo, padre, abuelo- ha resultado una farsa.

Usted, Varguitas, me recuerda al profesor Immanuel Rath, el de El Ángel Azul. ¡Cuidado y termina sus días como ese pobre hombre! No olvide que todo se paga. Que lo diga Patricia, su prima y todavía esposa.
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Carmen Guédez
@TintaIndeleble

martes, 1 de septiembre de 2015

El espíritu de superación de los pacientes oncológicos

Somos sobrevivientes y, como tal, nos superamos día a día. Dudo que existan otras personas que utilicen tan bien el tiempo, como nosotros, los oncológicos.

En mí se ha producido un cambio. No creo que mucha gente se percate de ello ya que el ser humano no es muy de ver hacia adentro. La imagen que proyectamos, es lo más fácil de mirar. Con eso se conforman. Suelo ir muy fashion, muy de tendencia (como dirían las blogger de moda) y perfectamente maquillada. Me niego a ir de mujer con cáncer, si es que de los oncológicos -así me gusta llamar a los pacientes con cáncer- hay una imagen predeterminada. Eso confunde a los que solo miran mi primera piel. Soy más que lo que, exteriormente, proyecto. Soy densa, como estas líneas.

Mujer de batallas y un mea culpa
En otro aspecto, hay mucha gente que me recuerda por ser mujer de batallas fuertes, de enfrentarme -sin miedo- a la injusticia y a quienes la cometen. Me recuerdan como luchadora. Pero reconozco que no todas mis luchas las libré correctamente. Durante muchos años, no supe qué era lo correcto y qué no. Algunas de esas luchas fueron muy justas y bien llevadas; pero en otras, no actué como debía, aunque la razón estuviera de mi parte. De eso y más, he hecho un mea culpa en un post que titulé Los mea culpa y los reclamos son para el presente. Ojalá lo lean quienes no lo leyeron.

No quiero que se me recuerde por esas luchas
Muchísimo menos por mis ofensas o por mis palabras duras. Nada justifica esa dureza, que se transformó en violencia. De mis palabras duras, preferiría no haberlas pronunciado y, mucho menos, haberlas dejado por escrito.

Quiero que me recuerden por mi silencio
Por cuando, en lugar de decir algo, no alcé mi voz para defenderme o para dar mi opinión. Ya no deseo decir nada. Mucho menos deseo usar palabras -dichas o escritas- para defenderme de algo o de alguien, salvo que se traté de un hecho no personal. Con esto no estoy dejando de lado a quien me necesite. Muchísimo menos dejo de lado a mis hijas (a quienes un día me tocó defender, como leona, en terrenos donde jamás hubiera querido estar) y a otros seres queridos. Solo que mi actual forma de luchar, es otra, y no aplica a casos que me involucren solo a mí.

Sigo siendo activista de varias causas (Violencia de Género, Violencia Sexual Infantil, Derecho al Buen Morir, Eutanasia Activa y Pasiva, etc.) y eso me obliga a pronunciarme en algún momento.

El remordimiento
Supongo que existe -o existirá- remordimiento -aunque sea tardío- en quien me ha ofendido, me ha agredido, me ha olvidado, me ha mentido, me ha malinterpretado, me ha humillado, me ha acusado injustamente, me ha negado ayuda humanitaria, me ha ignorado o no me ha pedido disculpas por un mal acto, o en quien -sin nada que lo justifique- me ha echado de su vida o/y de su casa.

El remordimiento es una forma de justicia. Porque tengo muchos remordimientos, les aseguro que no es fácil vivir con ellos. Por eso sé, que la justicia llega en formas insospechadas y, por esa razón, he enterrado mi arma de guerra.

El porqué de mi cambio
El cambio, que hay en mí, se ha generado por un cáncer aceptado y bien vivido (el cáncer se puede aceptar y hasta se logra vivir bien con él). Se generó, ese cambio de actitud, con la aceptación de la muerte -imprescindible-  que es la aceptación de que soy una simple mortal. Bendigo, cada día, el cáncer que padezco. Sin él, yo seguiría siendo esa Carmen que no me gusta y que me da vergüenza, incluso asco. Asco, sí. De ahí, que esté deseosa por cerrar este blog y partir de cero con mis textos. No me gusta -casi nada- lo que escribí en el pasado. Esa pluma "fuerte" sirvió para hacer mucho dañó.

El enfrentarse a sí mismos
No soy yo la que debió -o debe- hacer justicia. Que cada persona sea su propio juez y que se enfrente -a solas- con sus malos actos. Eso es más duro que enfrentarse a la justicia de otros. Tarde o temprano, los seres humanos nos vemos obligados a desnudarnos en la Hora de la Verdad, y en esta tierra. Esa hora llega. ¿Qué más justicia que esa? El hombre no tolera enfrentarse a sí mismo porque es muy doloroso.

No tengo un Dios con nombre específico
Tampoco rezo (no sé hacerlo, no me gusta hacerlo). No voy a misa. Jamás ore para pedir por mi salud. Pero creo en algo a quien llamo Dios y no sé cómo es ni dónde está. Miro hacia las nubes en busca de su templo. Con ese Dios hablo (no conozco oraciones para dirigirme a él). Hablar me resulta más grato. A él le pido. En ese Dios, en el que creo, deposito mi confianza. 

Jamás maldeciré a mi cáncer
Porque él me ha dado los mejores momentos de mi vida. Están equivocados los que me compadecen por mi enfermedad. Si vuelvo a nacer, que el cáncer venga conmigo. Él (el cáncer) me está enseñando a ser mejor persona.

Casi todos los días, suelo crecer un poco más
Los pacientes oncológicos crecemos -en un día- lo que las personas sanas podrían demorar 50 años. Lo he dicho muchas veces. De ahí que nuestros cambios tal vez confundan y no sean creíbles. Sin embargo, son muy ciertos. Nuestra psicología es muy extraña.
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- ¿Por qué en la enfermedad se generan cambios positivos?
- ¿Por qué no somos, buenas personas, desde que nacemos?
- ¿Quién me responde? 

Tal vez la respuesta sea que debo estar agradecida por vivir esos cambios. O agradecida porque nunca es tarde para cambiar, pero no me conformo. Me cuestiono a diario. Es difícil que me comprendan. Solo créanme. Desde el corredor de la muerte, no se miente.

No todo se puede juzgar
Que juzgue Dios, que juzguen otros, que juzgue un jurado o que juzgue un juez, pero no yo. Tal vez me anime a juzgar algunas cosas. No en todo me pondré una mordaza, pero seré muy cuidadosa. No es tiempo para ligerezas.

El espíritu de superación de los oncológicos
Escribo esta crónica, sobre mi cáncer, porque la gente sana ve con horror al "canceroso". Sucede que la gente no se toma la molestia de indagar en nuestra parte más interna. Somos sobrevivientes y, como tal, nos superamos día a día y en eso hay un enorme disfrute. Dudo que existan otras personas con un nivel de superación como el de nosotros, los oncológicos, u otros enfermos con patologías tan graves como el cáncer. Dudo que otros valoren el tiempo, el esfuerzo y los pequeños, o grandes logros, como los valoramos nosotros, los oncológicos. Eso nos produce una gran alegría, capaz de eclipsar a la enfermedad. También nos genera angustia porque el tiempo se acorta.

Cierto es que no todo es color de rosa; pero tampoco, todo, es infelicidad. Por nuestra condición, hacemos una fiesta de los buenos momentos y eso no lo celebra quien está sano y cree que nunca va a enfermar. Apreciamos los detalles o sufrimos por ellos. Hay dualidad, en todo.

Sé que cada día es un regalo y que cada segundo que pasa, es tiempo menos de vida, tiempo irrecuperable. Tengo -¡por fin!- la fórmula para saber usar el tiempo. Eso es un tesoro.

Amo la vida más que quien no está enfermo o no tiene a un ser querido con una enfermedad grave.

No escribo para que todos me entiendan, mil veces lo he dicho
Pero si solo una persona me comprende, habrá valido la pena tomarme un buen rato para escribir en este primer día de septiembre del 2015; cercano, ya, el otoño, y el caer de las hojas que tanto me impresiona y, a veces, hasta disfruto por la paleta de ocres y naranjas. Enseguida, viene a mi memoria Santiago de Compostela, por el colorido otoñal que un día vi en su campus universitario. Octubre de 2005. Fueron 26 días hospitalizada en la ciudad a la que acuden miles de peregrinos, por sus distintos caminos. 
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El Camino de Santiago. Yo peregriné por aquel hospital, luchando por vivir. Gané esa batalla. Quisiera ganar ésta otra, pero no es fácil, lo sé. Por cinco años, he resistido. ¿Cuánto más podré vivir? No hay respuesta a esa pregunta y no me importa. No es bueno saberlo todo. ¡A vivir, que son dos días!

En poco tiempo, se desnudarán los árboles. ¡Fuera el traje verde! A veces se presenta estampado, con flores multicolores, ¡todo una fiesta! Un año más y aquí estoy. Espero disfrutar de otro verano para ver a mis hijas. Por ellas, ¡bien  vale la vida!

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

#PacienteOncológica
#BuenMorir

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