martes, 17 de noviembre de 2015

Un SOS a mis amigos, desde la lucidez del dolor


Entre lunes, 16-11-2015 y martes, 17-11-2015
Finalicé -este e-mail- a las 07:38, hora peninsular

Amigos:
Mientras hay vida, hay millones de esperanzas. Eso creo. Yo estoy segura de que Guillermo -mi exesposo- sale de su gravedad porque, entiendo, que está estable en medio de lo fuerte del accidente que sufrió. No sé rezar, pero creo que hay un Dios y a él le pido, a mi manera. Los que saben rezar, recen, porque Guillermo es creyente. Él no merece estar en una UCI, donde llegó, no sabemos con exactitud, por qué. ¿Caída, golpe, arrollamiento? ¿Quién lo sabe? Al día de hoy, yo no lo sé. Eva -mi hija menor- tampoco lo sabe. Rosalba -la mayor- tampoco. Al parecer, lo sabe su familia (hermano, sobrino) pero, a mí, no me han informado nada. Sucedió en la ciudad de Maracaibo-capital del estado Zulia, Venezuela.

Guillermo, en el aeropuerto de El Prat - Fotografía: Carmen Guédez
Desgraciadamente, cuando la palabra nos abandona, nos quedamos sin historia. Guillermo, ahora, no puede hablar. Pero tengo la esperanza de volver a escuchar su eterno, "Hola, Carmen, ¿cómo estás?". Así comienza, él, cada llamada telefónica, en tono muy alegre. Hoy (por ayer), hace una semana de la última vez que hablamos. Al dia siguiente -martes 10-11-2015- sufrió el accidente. Hay edema cerebral. Sigue sedado, por orden de su médico. Hay una fractura. Lo poco que sé, porque no lo he visto. Padece Esclerosis Múltiple y tuvo un cáncer de piel que no fue de gran magnitud, como sí lo fue el mío.

Los guerreros también nos agotamos. Ahí está Teodoro Petkoff -periodista director del periódico 'Tal Cual'- devastado por la muerte de su hija. Del Teodoro guerrillero y, posteriormente, ministro, poco queda. Hoy nos hermanamos en el dolor por un ser querido. Él, por Rayna, su hija mayor; yo, por Guillermo, mi exmarido y padre de mis dos hijas. ¡Excelente padre y buen amigo! Junto con mis hijas, mi familia, mi pequeña familia. Cuando tenga ánimos, le escribiré a Teodoro. Esta noche, no, porque sería verter lágrimas sobre lágrimas.

Estoy agotada. Me di cuenta de que no podía más y decidí escribirle a los amigos. Hay que pedir auxilio cuando la carga pesa en exceso.

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Hay tres personas con las que, especialmente, quiero hablar en los próximos días
Ellos son, Rafael Muci Mendoza, Luís Enrique Palacios y Palmira Ric.

Esperen mis letras, esperen mis lágrimas.

De Luís Enrique, quiero un abrazo. Con eso me basta. No sería la primera vez que me ve llorando por Guillermo. Conoce su historia médica. Cree en Dios, tanto como Guillermo. Me sentía tan segura cuando Guillermo estaba en sus manos. Cuando se le hospitalizó, la primera vez, por la Esclerosis Múltiple, recuerdo perfectamente que le dije a Luís Enrique: "Si Dios existe, tú eres mi Dios". Él era su internista, para entonces, hasta que Guillermo se marchó de Caracas.

Del Dr. Muci, quiero su sabiduría. Sus conocimientos como neuro oftalmólogo. En sus archivos médicos está la historia de Guillermo. Alguna vez lo vio en su consulta. Nunca se lo he dicho. Sabe el Dr Muci que lo respeto y lo admiro. En las palabras, somos colegas. Los dos fuimos articulistas en el periódico El Universal. Y los dos tenemos nuestra propia página. Sé que Guillermo no va a recuperar la visión perdida, pero algo positivo me dirá el Dr Muci. Debido a la Esclerosis Múltiple, tiene disminuido el campo visual en un ojo.

De Palmira (aecc) quiero todo. Ella ha sido una bondadosa y fiel compañera que me ha ayudado a transitar el camino del cáncer. ¡Cuánto la quiero! ¡Cuánto la necesito!

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Rosalba -mi hija mayor, médico- es, hoy, una niña asustada. La médico que es, solo sabe ser hija en este instante. Siente el miedo, normal, de los que no somos médicos. En la lejana España (lejana desde Venezuela, donde está su padre) las hermanas se consuelan de oeste a este -A Coruña y Barcelona- porque ni siquiera viven en la misma ciudad para llorar juntas. Sí, son dos niñitas asustadas por el padre enfermo. Aquí aparece la palabra exilio. Voluntario, pero exilio, al fin. Si no las hubieran obligado a marcharse, hoy estarían junto a su padre, como era antes, cuando los hijos se independizaban, pero no se iban de su país, no emigraban. ¿Para que se iban a ir si Venezuela era un país rico y democrático? Nos cambiaron las reglas del juego y hoy, las familias están dispersas. ¡Muy triste! Tal vez no habíamos reparado en ese detalle, el de la enfermedad de los seres queridos, vivido en la distancia.

No entendía a mis amigos cubanos, cuando me hablaban de la enfermedad de los que dejaron en Cuba y ellos sin poder hacerles compañía. A mi entrañable amigo, Jesús Mederos (falleció en el 2011), se le murió su madre y no la vio, ni fue a su entierro. Estuvo diez años preso, por órdenes de Fidel Castro. Le concedieron la libertad con la condición de que abandonara Cuba. Se fue a Miami, con su esposa e hijos, y nunca más pudo volver a ver a su país. El acento cubano, nunca lo perdió.

A Faitha Nahmens -mi amiga, periodista, excelente pluma- le digo: sí duele el exilio; pero te acostumbras a tener dos países, que son dos amores totalmente diferentes, pero son amores. No puedo decir a qué país amo más, porque en los dos he nacido. España me albergó en mis dos (re)nacimientos: obstrucción intestinal y cáncer de mama. Es mi otra patria grande y la adoro tanto como a mi país de origen: Venezuela.

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A Werner Gams, lo he recordado mucho hoy, tal vez porque guardo el recuerdo de una panera blanca, de peltre, que estaba en la cocina de su pent house de Caracas. Nada especial para un ojo no acostumbrado a ver recuerdos convertidos en objetos. Esa panera me recordaba a "Citizen Kane". Hubo un momento en el que, Werner, me la quiso regalar -quizás no lo recuerde- porque a mí, me encantó aquella pieza. Tal vez nadie había reparado en ella, como no se repara en la muñeca fea. No la acepte porque no podía arrebatarle un recuerdo. Era quitarle lo más preciado que tenía.

Esa panera, era un regalo de boda que le habían hecho a sus padres cuando se casaron, en Alemania, allá por los años 40. Después, los Gams, emigraron a Venezuela buscando un futuro mejor -el Dr. Muci me va a entender muy bien- y lo encontraron. Werner Gams (padre), fundó Textiles Gams (Ovejita), a finales de los años 40. Hicieron mucho dinero, lo han tenido todo -con esfuerzo y trabajo-, pero la vieja panera siguió ahí. La señora Gams, cuando dejó su Alemania natal, entre lo poco que metió en su equipaje, fue aquella panera que, con ellos, formó parte del exilio. Les cuento esta historia con las lágrimas de quienes conocemos esa palabra, grabada a sangre en nuestra mente.

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Guillermo tiene un único hermano, también médico. Vive en Miami, como tantos otros venezolanos. Sé que ha estado muy pendiente de Guillermo. El miércoles, llega a Maracaibo. Eso me tranquiliza mucho. Con toda seguridad, Guillermo se va a alegrar muchísimo. Hoy, lunes, empezaban a bajar la sedación. ¿Se dice así? Tal vez abra sus ojitos para mirar a su hermano. Qué dicha si lo logra porque, cuando enfermamos, lo cotidiano resulta un imposible. Sus sobrinos -Paola y Andrés Eduardo- han estado al lado del tío enfermo. Eva -mi niña pequeña- desde Barcelona -la catalana ciudad donde vive junto a su esposo y su perra andaluza, llamada Olivia- le grabó un mensaje -a través de whatsapp- para que su padre escuchara su voz. Su primo, Andrés, era el encargado de hacérselo llegar.

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Como ven, no ha sido fácil. No sé por qué, lo de Teodoro Petkoff, me sobrepasó. Ignoro cuál es la conexión que he hecho con él. ¿Su dolor por la hija muerta? ¿El hombre fuerte que está derrumbado? ¿La prohibición de salir del país por capricho del gobierno de Nicolás Maduro? 

Hay una palabra mágica: Bobures, pueblo zuliano (del occidente de Venezuela) donde nació Teodoro. Teodoro, el rubio, en un pueblo de raza negra. Teodoro, con ese apellido tan impronunciable en esa región. No sé la razón del arribo de los Petkoff a ese pueblo perdido en el mapa. Mi entrañable José Luís Vethencourt me enseñó el secreto de cómo interpretar al inconsciente. Con ese secreto, armo la relación que estoy estableciendo con Teodoro.

Cuando yo era niña, mi padre nos llevaba a Bobures porque era la playa más cercana a la ciudad donde yo vivía. Eso, sin duda, me lleva a la añoranza de la niñez. Estoy intentando refugiarme en esa etapa, cuando no conocía el dolor. Cuando, Teodoro, tampoco lo conocía. Eran los años 60 y él andaba en la guerrilla. Era guerrillero. Yo no sabía nada de política. En mi casa no se hablaba de eso, pero yo lo intuía. De adulta, me he dado cuenta de todo. Yo tenía un primo que era guerrillero -se llamaba Leonardo Sánchez, primo hermano del diseñador Ángel Sánchez- como Teodoro. Lo recuerdo, sentado en el comedor de mi casa, comiendo y charlando con papá. Y yo, ahí. Era muy educado y muy culto. Como guerrillero, participó en el secuestro del futbolista Alfredo Di Stefano y en el secuestro de cinco cuadros de la exposición 'Cien años de pintura francesa'. Cuadros de Vincent Van Gogh, Paul Cezanne Pablo Picasso, Georges Braque, y Paul Gauguin quedaron retenidos por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

No logro entender cómo ese chico tan educado -hijo de mi tía Rosita, una adorable mujer muy creyente- era un comunista que secuestraba a personas y a cuadros de firmas importantes. Era inimaginable.

Me gustó su firma -no sé donde la vi- y cuando firmé mi primer documento de identidad, coloque un trazo inspirado en la firma de mi primo, el guerrillero. Todavía, ese trazo, está en mi firma. Su padre era un perezjimenista un tanto chulesco que, a la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez -en 1958- dijo que nunca más trabajaría hasta que Marcos Pérez Jiménez volviera al poder. Murió en marzo de 1972 -en democracia- sin poder ver cumplido su sueño. Mi tía Rosita mantuvo casa, hijos y marido. Ella era un sol. La recuerdo con inmenso cariño.

A Leonardo Sánchez, lo mataron en la guerrilla, en las montañas del estado Yaracuy, en Venezuela. Algo de esa historia escuché en mi casa. Con esos recuerdos fui armando el rompecabezas porque jamás hablé con mi padre de ese episodio. Estoy segura de que mi padre sabía más, pero mantenía silencio. Leonardo era primo hermano de mi madre. Cuando lo mataron, yo estudiaba bachillerato y era más fácil entender lo que pasaba. Recuerdo estar sentada, en un banco de mi liceo, frente a una cancha de baloncesto, hablando de la muerte de Leonardo. No puedo recordar con quién hablaba.

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La panera de la madre de Werner Gams es la imagen que enlaza con el exilio. Pero es, también, el recuerdo de algo que presencié -entre Werner y Teodoro- y de lo que nunca he querido hablar. Teodoro no sé si lo recuerde y, Werner, no sé si percató de lo que sucedió. Yo lo recuerdo perfectamente. Teodoro conversaba con Sara Baras, la bailarina española que inauguró el Festival Internacional de Teatro de Caracas en el año 2004. La anécdota, entre Werner y Teodoro, fue la noche del 02 de abril, en el cóctel que se dio -en el Teatro Teresa Carreño- la noche que se inauguró el festival. Yo cubría el evento por el periódico El Universal -todavía conservo la credencial- junto a una periodista encantadora, cuyo nombre no recuerdo ahora porque, lo de Guillermo, me tiene mal. Mi cabeza no está en su lugar.

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Escribo este largo mail -para un grupo de amigos y conocidos- en muy malas condiciones anímicas. No haré correcciones (para este post las hice un poco). Cuando estoy así, cometo todo tipo de errores. Hace días escribí cedación por sedación. O no escribo la palabra -o palabras- que enlazan con otra(s). Mi cerebro deja de funcionar bien en estos casos. Me gustaría saber por qué, en situaciones como ésta, me da por cometer errores ortográficos que, en condiciones normales, no cometería.

Esta noche, mis manos me tiemblan y he llorado muchísimo mientras escribo este e-mail. Tecleo mal, obvio, si estoy mal. Pero escribir era necesario. Lo es para mí. He dormido muy poco. He comido mal. Me he olvidado de que soy una paciente oncológica. Tengo náuseas. Sé bien qué las produce. Solo me he refugiado en el facebook de la Asociación Española Contra el Cáncer (aecc) porque es es un espacio especial. Ahí, todos nos entendemos, todos nos mimamos. Apoyamos al que está malito, recibimos apoyo cuando lo necesitamos. Es gente genial. Muy, muy especial. Como decía Nacho Mirás Fole: somos colegas. Nacho nunca estuvo en ese grupo, que yo sepa. Él era de Twitter. Esa cuenta -en facebook- es un espacio solo nuestro. Nadie osa entrar ahí si no tiene cáncer o es el cuidador de un ser querido o ha sufrido la muerte de alguien muy cercano.

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Necesito estar fuerte para apoyar a mis hijas. Esto es un SOS por ellas. Físicamente me siento agotada. Tengo que reconocerlo.

Escribo esto a un mes de la muerte de Nacho y de la llegada de Olivia -la perrita andaluza que adoptaron Eva y Cardo- y que hoy, es la única que nos hace sonreír.

Los dejo, amigos. Los dejo con una mínima cuota de este doloroso peso. ¡Ayúdenme a llevarlo! O enséñenme a llevarlo. Por eso, a Teodoro, esta noche lo entiendo. Esta noche, más que nunca. El dolor por los seres queridos, desarma al más guerrero. Duele más que el dolor nuestro.

Olvide nombrar a Catrin Ramírez Minkert, un apoyo para Eva.

Un abrazo,
Carmen

Carmen Guédez
@TintaIndeleble


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