sábado, 7 de noviembre de 2015

En el país de los ciegos


En Venezuela, cualquiera es doctor, cualquiera es poeta, cualquiera es dramaturgo, cualquiera es político y, a ese paso, cualquiera es presidente. 


Venezuela es permisiva y poco, o nada, exigente. De ese facilismo para hacerse de un título, de un reconocimiento o de una profesión, nace tanta mediocridad. Después de un logro, esos seres miran al resto de la humanidad como si fuesen insectos.

El porqué de los 'cualquiera'
Lo anterior viene a cuento porque después de hacer contacto con un amigo -teatrero, él, a quien no veo desde hace muchísimos años- me enteré de que otro amigo, común, estaba escribiendo obras de teatro con un 'gran éxito'. No sabía, yo, que ese hombre escribía. Lo conocí como actor secundario. Llamé, al 'exitoso', para felicitarlo y para saludarlo después de tantos años. Al fin y al cabo, varias veces estuvo en mi casa y hasta participó, en performance, en compañía de nuestro amigo común, en la época en que yo recibía a mucha gente en mi piso de Caracas -expiso, ya casi- para dicha mía. 

El tonto y efímero efecto del éxito
En los minutos que duró la conversación, lo noté frío y lejano. Posteriormente, le envié dos correos que nunca respondió. En uno, le dije, para vernos los tres. Me percaté, enseguida, de que mi amigo (examigo, ahora) sufría el tonto y efímero efecto del éxito. Como en mi mucho recorrer el mundo, he conocido al mismísimo duque de Anjou -Luís Alfonso de Borbón o Louis Alphonse de Bourbon- pretendiente de la corona de Francia, que hasta su tarjeta me dio después de una conversación sobre el Pazo de Meirás, comprenderán que, el supuesto éxito del 'dramaturgo', no me impresionó en lo absoluto. Si es por famosos, tengo al esposo de mi hija -Cardopusher- sin ir muy lejos.

A mí no me intimidan ni los famosos ni los millonarios. No suelo sentir asombro ante nadie porque, para mí, ha sido muy natural conocer a eso que llaman 'personalidades'. En ese mundo me he movido por razones de trabajo. Ni me hago fotos con famosos ni les pido autógrafos. De la tarjeta del duque, no sé dónde la dejé. Soy anti monárquica. Vaya usted a saber para qué sirve un duque como no sea para beberlo en forma de brandy, y que sea de Alba.

Por curiosidad, coloqué el nombre de mi (ex)amigo, en Google
Y, cierto, aparecía con el rimbombante titulo de 'dramaturgo' en alguna publicación on line de Venezuela. Busqué su obra publicada y, lo que yo suponía, que eran sus muchas obras de teatro traducidas a veinte mil idiomas y a cinco mil lenguas; pero de traducciones o notas de críticos internacionales, ¡nada de nada! En papel, solo un libro de una editorial pequeña y local. Visible -en Internet- una obra que, a juzgar por lo que vi, no me daba a entender que el dramaturgo, en cuestión, fuera la encarnación de Shakespeare, de Isaac Chocrón, de José Ignacio Cabrujas o de Gustavo Ott que, además de ser un excelente dramaturgo, su obra sí ha sido traducida a varios idiomas. 

Ott tiene una larga trayectoria escribiendo obras de teatro, trayectoria que este recién inaugurado 'dramaturgo', no tiene. Admiro la obra de Gustavo Ott. No he tenido el placer de conocerlo, pero sí de ver y leer su obra. Volviendo con el recién estrenado dramaturgo, bien mal que le queda esa pose de divo. Es que en el país de los ciegos...

Recordé que, un día, un director venezolano me llamó 'dramaturga' delante de mi hija mayor. Ella, que es culta y no es tonta, me dijo: 'Mamá, tú no eres una dramaturga'. ¡Cuánta razón tenía la niña! El inolvidable Carlos Giménez, en una dedicatoria, me llamo 'dramaturga' y mucho más. ¡Qué vergüenza! Todavía tengo esa nota. Creo que fue, la única oportunidad, en la que Carlos se equivocó. Es la primera vez que cuento esto. Ni siquiera a mis hijas les mostré esa nota que está firmada por Carlos.

Como eso de los títulos y los doctorados, son muy engañosos, yo -muy responsablemente- jamás diría que soy una dramaturga. De milagro soy una blogger. Solo soy una madre, una activista en Violencia Sexual y una paciente oncológica que escribe sobre la experiencia de padecer un cáncer y que lucha por el derecho al Buen Morir y al Suicidio Asistido en pacientes con enfermedades graves, de muy mal pronóstico en la etapa terminal. Puedo llegar a ser yo esa paciente; por lo tanto, me curo en salud.

He sido muy mala escribiendo para teatro. Casi se monta una obra mía en España y, el día anterior, obligué al director -ya ni recuerdo el nombre- a cancelar el estreno porque 'yo no trabajo gratis'. Si estrenó o no, jamás lo supe. Creo que no se atrevió después del problema que tuvo conmigo por pretender montar una obra mía sin pagarme derechos de autor. Para mí, fue debut y despedida, nada que me traumatizara. Lo mío son los post en los blog y los artículos de prensa. Tengo más de un blog. Si esa obra de teatro (de mi autoría) no se montó, el público no se perdió nada interesante. Yo, de dramaturga, paso. No sé si vuelva a intentar escribir para actores, no lo sé.

El 26 de octubre resumí, en un tuit, lo que el 'dramaturgo' me transmitió
SI LA FAMA Y EL ÉXITO TE HAN CAMBIADO
Es porque, como ser humano, has fracasado.

Así como Hugo Chávez se hizo presidente, sin tener méritos para serlo, este examigo se califica de dramaturgo solo porque en Venezuela le dieron un premio -o dos, da igual- y en Europa -pero en una casa de cultura de Venezuela- le dieron otro. Y pensar que para ser fontanero en España, y en Catalunya, hay que tener estudios hasta de la historia de la fontanería. ¡Válgame Dios!

El viajar y el vivir en otros países, nos da la verdadera dimensión del éxito. Son miles de personas -todas muy preparadas- luchando, en el primer mundo, por ser el mejor sin tener como intermediario el lobby de los bautizos de libros, de los vernissage y de todo todo tipo de vida social que sirva para ver y dejarse ver, como ocurre en un país -Venezuela- en donde aplica muy bien aquello de 'En el país de los ciegos, el tuerto es rey'.

No sé por qué, pero viene a mi memoria El Diente roto, de Pedro Emilio Coll. ¡Ay, Venezuela! Tanto monta, monta tanto. No aprenden de las experiencias y, a la humildad, la enviaron de paseo.

Proverbio italiano
Una vez terminado el juego, el rey y el peón vuelven a la misma caja”

Y digo yo, cuando pienso en los soberbios
En la enfermedad y en la muerte, nos igualamos”.

Carmen Guédez
@TintaIndeleble