miércoles, 18 de noviembre de 2015

Despidiéndonos de ti


Guille, cielo mío, vete ya. Ahora estás en la nada. Abandona ese lugar y ve a uno mejor. Tus hijas y yo hemos aceptado tu partida, respetamos tu derecho a irte antes de que la Esclerosis hiciera mella en ti. Vete a ese espacio inmenso -infinito- donde podrás seguir construyendo edificios de cristal. Lleva tu regla T, la que usabas en la facultad de ingeniería. Tú nunca dejaste de ser ingeniero, ¡nunca! Sigue construyendo. Anoche soñé con tu regla T. Está guardada. Se la daré a tus hijas, nuestras niñas. Gracias por haber sido el padre que fuiste. Gracias por no haberte separado nunca de mí

Yo estoy segura de que te están esperando los que te quieren. Tu padre, el primero, de nuevo a tu lado. Tu abuelito tu tu tu. Mi madre, feliz de verte porque te adoraba. Mi padre, que tanto aprecio te tuvo y tanto te quiso.

Fuiste un hombre noble, un hombre bueno. Nos dejas lindos recuerdos. Nos duele a nuestras hijas -y a mí- no estar a tu lado; pero tú ya no estás en este mundo. Está tu cuerpo. Eva y yo hemos decidido pensar fuertemente en ti para despedirnos. Rosalbita hará otro tanto. Desde otro plano, nos comunicaremos. El amor, cielo mío, no tiene barreras. Con toda certeza nos escucharás, te escucharemos. En los sueños nos encontraremos. Estarás con nosotras en tantas cosas bellas. Nos citaremos en el campus del Sant Pau para volver a recorrer los lugares que tanto te gustaron. Caminaré por el Passeig de Gràcia, y ahí estarás, sentado en aquel banco donde esperábamos a Eva cuando salía del trabajo.

Guille, tú serás mi por siempre, mi hasta nunca. Mi futuro perfecto. Colocaré una rosa blanca en el Parque Los Caobos, aunque Eva no quiere flores para ti. Enfáticamente no las quiere. Se hará lo que ella diga. Solo una rosa, no más.

Haré cosas por ti, te lo prometo. Votaré el 06D porque tú soñabas con una nueva Venezuela. Ayúdanos a construirla. Ahora puedes porque eres inmortal, nunca más habrá final para ti. Transitas por tu futuro, una hermosa carretera que te llevará al sitio donde muy pronto nos encontraremos.

Tú y mis hijas eran mi anclaje a la vida. ¿Ahora qué hago? Tú eras mi brújula. Sin ti estoy perdida.

Vete ya, cielo mío, para que vuelvas a abrir tus ojos verdes, hoy cerrados. Yo te despido con nuestra canción de siempre.


Te amo, te amamos. No queremos decirte adiós, pero nos despedimos. Olvidarte, jamás. Siempre con tus niñas, siempre conmigo. Al llegar las 10, de cada noche, seguiré esperando tu llamada diaria. A esa hora hablaré contigo y sé que me escucharás y te escucharé.

Tienes nuestro permiso para irte en paz, porque tú fuiste un hombre de paz. Presentías que te ibas y por eso la conversación de nuestra última noche.

Hablamos de varias cosas en esa última vez, de ese lunes 09 de noviembre, de este cruel 2015. Al día siguiente, el accidente. En un momento empezamos a hablar del destino y de la muerte, no sé por qué. La conversación duró mucho más que otras veces. Me llamaste tú, con tu eterno "¡Hola, Carmen, ¿cómo estás?". Llamaste más tarde que otras veces y, aunque a esa hora no atiendo el teléfono, lo contesté.

La conversación, casi para finalizar lo que, sin imaginarlo, fue nuestra despedida

Yo - Nadie se muere el día anterior.

Tú - Cuando nacemos ya venimos con el destino marcado.

Yo -Y nadie lo puede cambiar.

No recuerdo más. Eso fue lo que me quedó grabado.

Me faltó hacerte una pregunta. Más de 40 años pasaron y nunca te la hice. 

Me queda la tranquilidad de habernos despedido bonito. Eso me tranquiliza en estos momentos de noche aciaga. No duermo para acompañar a tu cuerpo, extenuado en una UCI, pero tú ya no estás en ese cuerpo.

Hasta pronto, Guille, hasta pronto hombre de mi vida. Hasta pronto te dicen tus hijas porque la vida es breve. La muerte es la que nos lleva a la eternidad. Ya eres eterno. Mereces descansar. Fuiste feliz y lo serás más, de ahora en adelante, porque donde vas no hay penurias, no hay Esclerosis Múltiple, no hay cáncer. No hay coches que te atropellen.

Le ganaste la batalla a la esclerosis porque no pudo contigo. Te vas como vencedor.

Solo un sueño no viste cumplido y, yo te juro, que lucharé para que tu sueño se cumpla.

Te adoro, amor mío, esposo mío. Miles de besos te acompañen,
Carmen