lunes, 12 de octubre de 2015

¿Triste, deprimida o con mucha rabia?

Me deprimió mucho la muerte de Andrea. Demasiadas cosas, en común, hay entre esa niña y yo.

Me deprimió confirmar lo fácil y rápido que es morir cuando se retiran los soportes artificiales para dar  paso a la sedación. Ahora entiendo por qué mi padre murió tan rápido a partir de que le administraron el sedante, que creo que fue lo que el médico hizo con él, a petición mía, acatando una tardía solicitud de mi padre. Otro día hablaré de esto. En otros post creo haberlo mencionado. Andrea -de 12 años- murió cuatro días después de que le retiraran la sonda nasogástrica -a petición de sus padres- y ser sedada. Mi padre murió dos días después de la sedación.

Me deprimió mucho la soberbia de los médicos (pediatras) del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (CHUS) al no querer retirarle, a Andrea, la sonda nasogástrica y empeñarse en una alimentación artificial que el juez -que llevaba el caso- iba a cuestionar -dijo que la perjudicó- y si no lo hizo fue porque Andrea murió antes de su pronunciamiento.

Me gustaría saber si a un hijo o a un nieto -en estado terminal, como Andrea- esos médicos lo harían sufrir tanto solo por el maldito código de ética, que de ética, ¡nada!

Me deprimió mucho la falta de empatía de muchísima gente. Pero especialmente me deprimió la falta de empatía de los que, por tener hijos sanos, no se sintieron conmovidos por el caso de Andrea. Que sepan esos padres, que la salud es un préstamo con fecha de caducidad -no hay excepciones- y que cualquier niño -al igual que cualquier adulto- puede caer enfermo cuando menos se espera. Muy triste y nada deseable pero es así.

Por último, me deprimió mucho la muerte -el mismo día que murió la niña- del Dr. Miguel Blanco. Él fue el neurólogo que le diagnosticó el síndrome que ella sufría. Ese médico solo tenía 41 años. ¡Qué ironías tiene la vida!
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No sé si estoy triste, si estoy deprimida o si tengo mucha rabia. O todo a la vez. Como escribí varias veces la palabra 'deprimió', aceptaré depresión a manera de Acto Fallido. Me sigue gustando Freud para comprenderme a mí misma.

Desde la muerte de Andrea, estoy de duelo
Agradezco que entiendan que no es mi deseo hablar con nadie hasta tanto no salga de este dolor. Sé que la vida sigue, pero por unos días quiero estar a solas y llorar a solas. No paro de llorar. Estoy muy conmovida, más de lo que imaginé que podría estar.

Seguí el caso día a día, gracias a toda la prensa española. El estar tan pendiente, tan preocupada por la cría -como si fuera mi hija, como si fuera mi nieta-  me hizo pensar que estaría preparada, pero la muerte llegó más rápido de lo que pensé. Es un acto cruel, de la Dama de la Guadaña, el llevarse a una niña. Cierto que es un alivio porque Andrea había sufrido mucho. Sin embargo, me ha dolido muchísimo. Hay demasiadas coincidencias entre ella y yo. El solo hecho de que esto haya ocurrido en el CHUS me remueve muchas cosas.

Quiero agradecer a mis médicos y enfermeras de A Coruña
Al Dr Manuel Juaneda, mi cirujano -un hombre de un trato especial- y a la Dra Lourdes Calvo, mi oncóloga en el Hospital Materno Infantil 'Teresa Herrera'. Estoy viva gracias a estos médicos. Me siento especialmente agradecida con el Dr. Juaneda (Hospital 'Abente y Lago') por quitar tanto tejido -en el acto operatorio- ya que mi tumor no se redujo con la quimioterapia. Fue un tumor que resistió los antineoplásicos sin variar de tamaño o variar muy poco. El Dr Juaneda me operó con esmero. Quitó todo el tejido que tenía que quitar. Le debo mi sobrevivencia. Gracias, también, a la doctora que se encargó de mi radioterapia (Hospital Oncológico 'José Antonio Quiroga y Piñeyro) ) y al personal de enfermería de radioterapia que me cuidó con esmero la quemadura que me produjo la radiación. Mil gracias a todos. Los quiero mucho.

Me falta nombrar a muchos, a quien tanto tengo que agradecerles. En otro post intentaré nombrarlos, pero en este post no quiero dejar pasar tres nombres entre el personal de enfermería: Carmen Cereijo, tan humana como brillante profesional. Magda (nunca supe su apellido) y María Vilares Calvete, una enfermera muy joven, con un futuro prometedor por esa cercanía que tanto necesitamos los pacientes oncológicos. Ojalá que María siga en los servicios de oncología. Lo último que supe de ella, era que estaba es Cuidados Paliativos de un hospital de A Coruña.

Un ser especial para mí, en A Coruña
Sin duda es Palmira Ric, psicóloga de la Asociación Española contra el Cáncer (aecc). Palmira es mi psicóloga, es mi amiga, es mi ángel. Palmira es todo y más.

Una médico de A Coruña
Sin pensarlo dos veces: Rosalba, mi hija. Junto con Eva -mi hija menor-  mi razón de vivir. Con esmero me cuidó. Se encargó de poner la alimentación adecuada durante el tratamiento, especialmente durante la quimioterapia. Supo ser médico e hija a la vez, algo muy difícil de llevar. Nunca olvidaré el momento en el que el Dr Juaneda le mostró la herida de mi operación. Miré su carita porque creí que se iba a horrorizar. Y Rosalba, miró tranquila, con cara de médico, no de hija. Igual miró la quemadura -grado III, me dijo- que me produjo la radiación.

Lo que me sucedió en el CHUS jamás me sucedió en A Coruña
En los hospitales de A Coruña, la calidez y el profesionalismo fue una constante, tanto en mis médicos como en mis enfermeras. Lo mismo digo de quienes me han tratado en el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Patrimonio de la Humanidad) de Barcelona. En algunos casos me conseguí con gente que poco hablaba castellano y hacían el esfuerzo de entenderme. El catalán que leo y que hablo, lo aprendí en el hermoso recinto de mi querido Sant Pau.

De las excepciones del CHUS
Otra aclaratoria que deseo hacer: durante los 26 días que estuve hospitalizada en el CHUS -entre octubre y noviembre del 2005- el trato de quienes hicieron los estudios necesarios o analizaron las tantas analíticas que necesité, fue inmejorable y rápido. Con paciencia y amor me trataron. Recuerdo que había huelga en RX, tomografías y resonancias, pero jamás dejaron de practicármelas.

Para los que no entienden de qué hablo, o no saben quién es Andrea Lago Ordóñez, lean mi post anterior, titulado La sonda nasogástrica solo fue una tortura más para Andrea

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

#PacienteOncológica
#Buen Morir
#ActivistaPorElBuenMorir

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