sábado, 17 de octubre de 2015

A Nacho Mirás Fole, el periodista y escritor gallego, que convirtió su cáncer en humor negro


Nacho Mirás Fole (1971) fue un periodista y escritor gallego que acaba de morir. Narró, su cáncer de cerebro, en textos repletos de humor negro.

Me despido de Nacho sin ceremonia ni texto triste. Intento ser fiel a su irreverencia.
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Nacho, porfiado que eres. Testarudo, como pocos. Te has ido antes que yo y eso que te cedí el puesto para que fueras tú el que apagara la luz. Creo que fue José Luís Alvite el que dijo: 'El último que salga, que apague la luz'. Te lo recordé varias veces. Ahora me dejas esa tarea a mí, que no quiero apagarla. Menuda cuenta (por gasto de electricidad) voy a dejar si no me muero prontito. Qué pena que contigo nunca pude hablar de la muerte. Qué miedo que le tenías y por eso al cáncer lo convertiste en chiste, en humor del bueno.

Nunca he podido reírme -como tú- de mi cáncer. Que no es de risa, Nacho, que es cosa seria. Que no lo llames 'el bicho' que el cáncer tiene nombre y apellido: cáncer de cerebro, el tuyo; cáncer de mama, el mío. Pero no olvides que, como la mama está cerca del cabello, los bichitos viajan y se pueden alojar en mi cerebro. Y a mí, eso de tener un cerebro malo, no es de mi agrado. En ese caso, creo que mi cuerpo, se convertiría en el estuche de todos los órganos que llevo dentro. ¡Malo, malo!

No tengo tanta suerte como tú que, con el cerebro algo estropeado por el 'bicho', escribiste ese manual del cáncer -en clave de humor- que será leído por los siglos de los siglos. A lo mejor tú resultaste más inteligente que yo, o más listillo; pero ni tan listillo, digo yo, porque te fuiste a reunir con el viejo Alvite antes de lo acordado. Que apagabas tú la luz, que sí, que sí. ¡Qué gentileza el cederme el puesto! Todavía quedan caballeros... o quedaban.

El mejor peor momento de mi vida. Como el título de tu libro, también el cáncer ha sido el mejor (peor) momento de mi vida. Me ha enseñado muchas cosas que desconocía.

Sinopsis del libro
Este libro es mucho más que la narración diaria de la lucha del autor contra la enfermedad tabú. Es una historia llena de humor irreverente de alguien que no se rinde. Es la celebración de las pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena y que, como siempre, no vemos hasta que el destino nos hace una mala jugada”.

Nunca entendí tu cáncer -tampoco el mío- ya que esos tecnicismos que usan los médicos, para describir al tumor, no me hacen gracia. Te admiré por el valor que tuviste al enfrentar un cáncer, que es de los peores. Hoy, alguien, te describe muy bien, pero que muy bien. Fuiste escritor y periodista con un cerebro a media marcha los últimos dos años y, sin embargo, ¡cuán lúcido estabas! No entiendo cómo hacías para escribir en esa situación. Eres admirable y nunca te lo dije. Como bien decías, “Solo un paciente con cáncer, entiende a otro paciente oncológico”. Éramos 'colegas' (de enfermedad) como tú decías. Sin embargo, contigo eso fue siempre una barrera. Me daba miedo decirte las cosas, no quería herirte. Siempre pensé que tu cáncer era peor que el mío. ¡Qué chiquillada! Cosa de nenos eso de 'Lo tuyo es peor que lo mío'. Lero, lero.

Hoy tenía en agenda salir a comer con una amiga. Quería pasar página con el duelo por la muerte de Andrea Lago Ordóñez, una muerte que me dejó devastada. Creo que ni te enteraste del caso a pesar de que compartían ciudad y, tal vez, hospital. Entré en La Voz de Galicia a leer sobre el Caso Asunta y, ahí, estaba tu foto. Al principio no lo entendí. Yo no quería saberte muerto. Pero la noticia era esa: tu partida, tu viaje, como lo quieras llamar. ¿Salir o no salir sabiéndote de viaje, pero con el cuerpo presente en tu Santiago de Compostela? Mira que he dicho 'cuerpo presente' y ahora que leo unos de tus post, tú dijiste lo mismo refiriéndote a ti mismo. ¿Coincidencia o conexión extra no se qué? Decidí salir porque pensé que a ti no te hubiera gustado el duelo. Salí a celebrar el haber tenido el honor de cruzar palabras contigo y con Alvite. Te juro que te hubiera cedido mi puesto, pero la muerte no admite cambios. Intenté hablar de tu partida, pero la otra persona no me entendía. Lo dejé así y callé.

César Casal escribió sobre ti, uno de esos artículos que nadie quiere escribir. Al final mencionó una conversación entre tú y Alvite. Tan buena -tan Alvite, tan Nacho- que quiero reproducirla en este post que no es de despedida, es de hasta pronto, para que el recibo de la electricidad no salga tan caro.

Alvite- Nacho, ¿qué haces aquí si te di mal la dirección a propósito?

Nacho- Ya ves, maestro, la Vespa, que es tozuda, la muy cabrona.
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(Risas)
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Ustedes dos, juntos, eran una delicia. Humor e inteligencia a raudales.

Tengo muchos proyectos si es que aquella me permite realizarlos. Todos los años le hago trampa pidiéndole un año más de vida y me los ha concedido. Ya van cinco. Cuando se entere de que me he burlado de ella, se vengará de mí. Es tan bonito vivir, ¿verdad qué sí? Bonito a pesar de lo malo.

Nunca te lo dije, pero siempre he tenido muy claro que al cáncer es casi imposible vencerlo. A ti no te hubiera gustado saberlo. Creías en la lucha. Lo que sí es posible, es sobrellevarlo lo mejor que podamos, con dignidad. Hoy mi hija Eva, me ha dicho que estará a mi lado cuando llegue el final. No sabes cuánto me alegra saberlo. Hablo con mis hijas de la muerte, pero también nos deleitamos hablando de la vida. A veces estoy de mal humor. Me cansa lo que considero la espera, la maldita espera. Ante el más leve síntoma, estoy en alerta. ¡Qué diabólica es esta enfermedad! ¿Por qué no le da a algunos políticos? Mira que la cura del cáncer pasa por ser político. Haberlo sabido antes. ¡Anda ya, pero qué tonta que soy!

Compraré tu libro, para reírme cuando tenga sed de risa. Ya estás con tu maestro. ¡Cuánto admiraste a Alvite! A ver si los dos me reciben, porque estar con hombres brillantes es mi debilidad. No compro tu libro por aquello de que, un escritor muerto, vale más que uno vivo. Lo compro porque a mi ordenador le ha costado mucho abrir tu blog -qué extraño- y no sé si es una falla eterna o es puntual. Que el libro no esté firmado por ti, no me importa. No colecciono firmas. Colecciono textos inteligentes. Hoy, más que nunca, quiero leerte. Quiero recordarte. Altamente recomendable tu blog para reír un poco. Para reflexionar, también vale.
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¡Cuán presente ha estado Santiago de Compostela en todos estos últimos días! En mis tres últimos post -incluido éste- menciono a Santiago. Yo, que nací tan lejos de Santiago, y siempre lo tengo tan cerca. ¿Destino, Nacho?
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Morriña eterna.
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Olvidé mi último contacto contigo. Mi memoria está en blanco. Lo último que recuerdo de ti, fue la astenia. Me reí tanto con tu narración. Padezco astenia con frecuencia y no me lo tomo como tú. Me da rabia. Me sienta fatal estar malita y no puedo ocultarlo. Recuerdo tu episodio y me río. Lo bueno de hablar de ti, es poder sonreír. Falta que me hace una sonrisa. Anda, Nacho, ya no estarás fatigado. Estás en el Olimpo -eso creo- porque si después de vivir y padecer, no hay un lugar mejor, ¿qué sentido tiene morir?

Dejaste huella. ¡Chapeau, Nacho! 
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Moitos bicos.

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

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