martes, 1 de septiembre de 2015

El espíritu de superación de los pacientes oncológicos

Somos sobrevivientes y, como tal, nos superamos día a día. Dudo que existan otras personas que utilicen tan bien el tiempo, como nosotros, los oncológicos.

En mí se ha producido un cambio. No creo que mucha gente se percate de ello ya que el ser humano no es muy de ver hacia adentro. La imagen que proyectamos, es lo más fácil de mirar. Con eso se conforman. Suelo ir muy fashion, muy de tendencia (como dirían las blogger de moda) y perfectamente maquillada. Me niego a ir de mujer con cáncer, si es que de los oncológicos -así me gusta llamar a los pacientes con cáncer- hay una imagen predeterminada. Eso confunde a los que solo miran mi primera piel. Soy más que lo que, exteriormente, proyecto. Soy densa, como estas líneas.

Mujer de batallas y un mea culpa
En otro aspecto, hay mucha gente que me recuerda por ser mujer de batallas fuertes, de enfrentarme -sin miedo- a la injusticia y a quienes la cometen. Me recuerdan como luchadora. Pero reconozco que no todas mis luchas las libré correctamente. Durante muchos años, no supe qué era lo correcto y qué no. Algunas de esas luchas fueron muy justas y bien llevadas; pero en otras, no actué como debía, aunque la razón estuviera de mi parte. De eso y más, he hecho un mea culpa en un post que titulé Los mea culpa y los reclamos son para el presente. Ojalá lo lean quienes no lo leyeron.

No quiero que se me recuerde por esas luchas
Muchísimo menos por mis ofensas o por mis palabras duras. Nada justifica esa dureza, que se transformó en violencia. De mis palabras duras, preferiría no haberlas pronunciado y, mucho menos, haberlas dejado por escrito.

Quiero que me recuerden por mi silencio
Por cuando, en lugar de decir algo, no alcé mi voz para defenderme o para dar mi opinión. Ya no deseo decir nada. Mucho menos deseo usar palabras -dichas o escritas- para defenderme de algo o de alguien, salvo que se traté de un hecho no personal. Con esto no estoy dejando de lado a quien me necesite. Muchísimo menos dejo de lado a mis hijas (a quienes un día me tocó defender, como leona, en terrenos donde jamás hubiera querido estar) y a otros seres queridos. Solo que mi actual forma de luchar, es otra, y no aplica a casos que me involucren solo a mí.

Sigo siendo activista de varias causas (Violencia de Género, Violencia Sexual Infantil, Derecho al Buen Morir, Eutanasia Activa y Pasiva, etc.) y eso me obliga a pronunciarme en algún momento.

El remordimiento
Supongo que existe -o existirá- remordimiento -aunque sea tardío- en quien me ha ofendido, me ha agredido, me ha olvidado, me ha mentido, me ha malinterpretado, me ha humillado, me ha acusado injustamente, me ha negado ayuda humanitaria, me ha ignorado o no me ha pedido disculpas por un mal acto, o en quien -sin nada que lo justifique- me ha echado de su vida o/y de su casa.

El remordimiento es una forma de justicia. Porque tengo muchos remordimientos, les aseguro que no es fácil vivir con ellos. Por eso sé, que la justicia llega en formas insospechadas y, por esa razón, he enterrado mi arma de guerra.

El porqué de mi cambio
El cambio, que hay en mí, se ha generado por un cáncer aceptado y bien vivido (el cáncer se puede aceptar y hasta se logra vivir bien con él). Se generó, ese cambio de actitud, con la aceptación de la muerte -imprescindible-  que es la aceptación de que soy una simple mortal. Bendigo, cada día, el cáncer que padezco. Sin él, yo seguiría siendo esa Carmen que no me gusta y que me da vergüenza, incluso asco. Asco, sí. De ahí, que esté deseosa por cerrar este blog y partir de cero con mis textos. No me gusta -casi nada- lo que escribí en el pasado. Esa pluma "fuerte" sirvió para hacer mucho dañó.

El enfrentarse a sí mismos
No soy yo la que debió -o debe- hacer justicia. Que cada persona sea su propio juez y que se enfrente -a solas- con sus malos actos. Eso es más duro que enfrentarse a la justicia de otros. Tarde o temprano, los seres humanos nos vemos obligados a desnudarnos en la Hora de la Verdad, y en esta tierra. Esa hora llega. ¿Qué más justicia que esa? El hombre no tolera enfrentarse a sí mismo porque es muy doloroso.

No tengo un Dios con nombre específico
Tampoco rezo (no sé hacerlo, no me gusta hacerlo). No voy a misa. Jamás ore para pedir por mi salud. Pero creo en algo a quien llamo Dios y no sé cómo es ni dónde está. Miro hacia las nubes en busca de su templo. Con ese Dios hablo (no conozco oraciones para dirigirme a él). Hablar me resulta más grato. A él le pido. En ese Dios, en el que creo, deposito mi confianza. 

Jamás maldeciré a mi cáncer
Porque él me ha dado los mejores momentos de mi vida. Están equivocados los que me compadecen por mi enfermedad. Si vuelvo a nacer, que el cáncer venga conmigo. Él (el cáncer) me está enseñando a ser mejor persona.

Casi todos los días, suelo crecer un poco más
Los pacientes oncológicos crecemos -en un día- lo que las personas sanas podrían demorar 50 años. Lo he dicho muchas veces. De ahí que nuestros cambios tal vez confundan y no sean creíbles. Sin embargo, son muy ciertos. Nuestra psicología es muy extraña.
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- ¿Por qué en la enfermedad se generan cambios positivos?
- ¿Por qué no somos, buenas personas, desde que nacemos?
- ¿Quién me responde? 

Tal vez la respuesta sea que debo estar agradecida por vivir esos cambios. O agradecida porque nunca es tarde para cambiar, pero no me conformo. Me cuestiono a diario. Es difícil que me comprendan. Solo créanme. Desde el corredor de la muerte, no se miente.

No todo se puede juzgar
Que juzgue Dios, que juzguen otros, que juzgue un jurado o que juzgue un juez, pero no yo. Tal vez me anime a juzgar algunas cosas. No en todo me pondré una mordaza, pero seré muy cuidadosa. No es tiempo para ligerezas.

El espíritu de superación de los oncológicos
Escribo esta crónica, sobre mi cáncer, porque la gente sana ve con horror al "canceroso". Sucede que la gente no se toma la molestia de indagar en nuestra parte más interna. Somos sobrevivientes y, como tal, nos superamos día a día y en eso hay un enorme disfrute. Dudo que existan otras personas con un nivel de superación como el de nosotros, los oncológicos, u otros enfermos con patologías tan graves como el cáncer. Dudo que otros valoren el tiempo, el esfuerzo y los pequeños, o grandes logros, como los valoramos nosotros, los oncológicos. Eso nos produce una gran alegría, capaz de eclipsar a la enfermedad. También nos genera angustia porque el tiempo se acorta.

Cierto es que no todo es color de rosa; pero tampoco, todo, es infelicidad. Por nuestra condición, hacemos una fiesta de los buenos momentos y eso no lo celebra quien está sano y cree que nunca va a enfermar. Apreciamos los detalles o sufrimos por ellos. Hay dualidad, en todo.

Sé que cada día es un regalo y que cada segundo que pasa, es tiempo menos de vida, tiempo irrecuperable. Tengo -¡por fin!- la fórmula para saber usar el tiempo. Eso es un tesoro.

Amo la vida más que quien no está enfermo o no tiene a un ser querido con una enfermedad grave.

No escribo para que todos me entiendan, mil veces lo he dicho
Pero si solo una persona me comprende, habrá valido la pena tomarme un buen rato para escribir en este primer día de septiembre del 2015; cercano, ya, el otoño, y el caer de las hojas que tanto me impresiona y, a veces, hasta disfruto por la paleta de ocres y naranjas. Enseguida, viene a mi memoria Santiago de Compostela, por el colorido otoñal que un día vi en su campus universitario. Octubre de 2005. Fueron 26 días hospitalizada en la ciudad a la que acuden miles de peregrinos, por sus distintos caminos. 
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El Camino de Santiago. Yo peregriné por aquel hospital, luchando por vivir. Gané esa batalla. Quisiera ganar ésta otra, pero no es fácil, lo sé. Por cinco años, he resistido. ¿Cuánto más podré vivir? No hay respuesta a esa pregunta y no me importa. No es bueno saberlo todo. ¡A vivir, que son dos días!

En poco tiempo, se desnudarán los árboles. ¡Fuera el traje verde! A veces se presenta estampado, con flores multicolores, ¡todo una fiesta! Un año más y aquí estoy. Espero disfrutar de otro verano para ver a mis hijas. Por ellas, ¡bien  vale la vida!

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

#PacienteOncológica
#BuenMorir

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