martes, 18 de agosto de 2015

Los mea culpa y los reclamos son para el presente

Los pacientes oncológicos estamos en el corredor de la muerte. Por lo tanto, disculparnos y reclamar es asunto del presente, mañana puede ser imposible.

Por estar en ese corredor, no puedo postergar escribir sobre lo que siento y lo que pienso. Va este post porque quiero hacer -necesito hacer- un ejercicio de exorcismo. No sé si moriré antes que ustedes o si me quedo para apagar la luz, como decía el escritor y periodista gallego, José Luís Alvite. ¡Qué humor mantuvo Alvite durante su cáncer! Es que la vida da sorpresas. Sin estar enfermas, Candela y Amaia (4 y 9 años), Laura y Marina (24 y 26 años), murieron antes que yo. Destino, siempre impredecible y retorcido, ¿por qué ellas y no yo?

A solas
Tal vez, con este post, les esté dejando, a solas, con sus conciencias. Si es así, no les dejo nada fácil. Y lo que es peor: los dejo desnudos -indefensos- con ustedes mismos.

Volver a nacer
Escuché, hace pocos días, una entrevista que le hicieron a Víctor Valdés, ex portero del Barça, actualmente en el Manchester United. “La única forma de enderezar todo (aquello) con lo que no estás conforme, es volviendo a nacer”. Hablaba, así, un Víctor Valdés de una gran dimensión humana, desconocida para mí que lo creía frívolo. Casi creo que el éxito le pesa.

En esa entrevista -que resulta mejor escucharla que leerla- lo percibí como un hombre que, con humildad, corregía su propia plana. Escuchándolo, pensé, que si yo volviera a nacer, también corregiría la mía. A mucha de la gente que estuvo en mi vida, no la volvería a tener a mi lado por nada del mundo, porque no resultaron personas gratas. Porque elegí equivocadamente. Porque algunos, en los que confíe, me defraudaron. Porque la magnitud de mi cáncer se pudo evitar (en Venezuela) y, sin embargo, no es mi deseo reclamar por semejante despropósito. Porque muchas de esas personas, que un día fueron cercanas a mí, hoy son un mal recuerdo, un gran error. Por eso y por más.

Los imprescindibles
Luché para ser parte de los afectos de algunas personas, pero es indigno intentar estar en la vida de quién no nos quiere y/o no nos agradece algún detalle, pequeño o grande. Cuando me di cuenta -bastante tarde- de que jamás debí insistir, opté por desaparecer de sus vidas, sin más ni más. Si volviera a nacer, huiría de mucha gente y me quedaría con los imprescindibles. Con los que no hacen daño. Con los menos glamurosos. Con los que han estado conmigo en las buenas y en las malas. Con los que me aman. Con los que me han tendido la mano. Con los que perdonan. Con los que se disculpan cuando es de justicia hacerlo. Con los que no me dan miedo.

Santa, no soy
A pesar de los pesares, no siento odio hacia nadie. Indiferencia, sí. Paso de ellos y de sus éxitos o fracasos. Que sigan por su empolvado camino, que el polvo es bueno para cerrar los ojos y obstruir los oídos cada vez que conviene.

Yo también herí a mucha gente y esa culpa la cargaré toda mi vida, porque hoy me resulta más doloroso herir, que ser herido. Si se tiene un mínimo de humanidad, en quien agrede debe aflorar la culpa y ésta no es una pegatina de quita y pon. Se adhiere a la memoria y se convierte en una pesadilla dolorosa y culpabilizante que no deja dormir en paz.

No voy, por la vida, haciendo solo de víctima; también he hecho daño, no lo niego. Santa, no soy, ¿ustedes, sí? Que alguien tire la primera piedra.

La ausencia de estado de culpa
No entiendo a los que no sienten un asomo de culpabilidad por inflingir dolor. Lo digo por los me hicieron daño o se lo hicieron a mis seres más queridos. Por los que se fueron sin más ni más, sin un adiós ni un hasta pronto. Por los que me engañaron. Por los que no estuvieron a mi lado cuando el cáncer y después del cáncer. Me dolió mucho ese desdén en un momento de infortunio, cuando más indefensa estuve (a veces, sigo estándolo). Por los que me acusaron por algo que yo jamás haría. No entiendo a los que me robaron y mucho menos entiendo a los que me quitaron el derecho de estar, cerca de un ser querido, en el momento de su muerte.

Creo en un Dios que todo lo ve y por eso ya no me preocupo en buscar justicia. Cuando la busqué, terminé más herida y más cansada. Me resulta muy triste saber que en ese saldar cuentas (con Dios, no conmigo) haya gente a la que quiero mucho. A ver cómo los trata Dios o cualquier otra deidad.

A mí sí me duele las veces que fui injusta con alguien
A uno de ellos ni siquiera le di la oportunidad de mostrarme cuán maravillosa persona es. Tampoco le tendí la mano cuando me necesitó y, aunque nunca me pidió ayuda, era mi deber dársela. No lo sabía, pero era mi obligación saberlo.

El tiempo me demostró que L.G. es una de las mejores personas que he conocido. Tiene dos hijas. A los que saben de quién hablo, díganle a esas niñas, que tienen al mejor padre y al mejor hijo. Díganle que su nacimiento fue una bendición para su madre.

Inolvidable es para mí G.G.N. A él casi le debo la vida porque fue una de las personas que más cerca estuvo de mí cuando el cáncer. Sin embargo, un mal momento -un no contar hasta diez- me hizo perderle y no me lo perdono. Es una de las culpas más grandes que arrastro conmigo. Lo he llorado mucho y lo seguiré llorando. No era justo que pagara por lo que él no escribió. Texto, inmerecido, que nubló mis sentidos. Me precipité -lo he reconocido mil veces- y reaccioné desproporcionadamente.

Por último, M.T y F.M, a los que todavía tengo la esperanza de recuperar. Les he pedido perdón, en privado, y ahora lo hago públicamente porque estamos a tiempo de recuperar una amistad que yo dañé con mi torpeza.

Mea culpa
Hago este mea culpa con estas cuatro personas a las que herí. Vale mi mea culpa para con aquellos cuyo nombre, sin querer, omito. Hay una persona, cuyas iniciales no coloco porque hay culpa de ambos lados. Yo reconozco mi parte. A todos ellos, no sería justo dejarles una carta para ser leída después de mi muerte. Prefiero disculparme en vida y que ellos decidan sobre mí actitud. En mi papel de humana, he cometido grandes errores. Acepto las consecuencias.

¿Que es de humanos equivocarse? No, porque se puede causar un daño irreparable.

Si volviera a nacer
Guardaría silencio en lugar de dejar que, irresponsablemente, salgan las palabras de cara al aire o vertidas en un texto que ya nadie podrá borrar. No siempre las palabras se las lleva el viento. Cuando éstas (las palabras) son como un arma letal que hiere o mata, nunca se olvidan. Me arrepiento de muchas cosas que -en el presente o en el pasado- dije o escribí, no importa si era merecido o no. Arrepentimiento tardío, cuando estoy cerca del final del camino. Pero arrepentimiento al fin. Algunos, ni eso.

Lo que me gustaría, si volviera a nacer
Estar cerca de personas honestas, de aquellas que anteponen la verdad, la solidaridad y la amistad -tres grandes virtudes- por encima de todo. Son mayoría, me consta. De volver a nacer, no quisiera equivocarme de nuevo.

Ojalá que aquellos que se alejaron de mí (en algunos casos, no conozco el porqué), también hagan su mea culpa a tiempo, aunque no lo publiquen, aunque no me lo digan. No es necesario. Pero que no me busquen cuando esté en mi lecho de muerte porque, en ese momento, no tendrá sentido su cercanía. Pídanse perdón a ustedes mismos. Yo estoy en camino de olvidarlos. Trabajo duro para borrar vuestro recuerdo. Lo digo sin odios, pero -por primera vez- me veo obligada a decirlo ya que mi salud pide paz y porque es mi derecho protegerme ante el dolor que infligen (infligimos) los humanos. El sosiego también depende del reclamo y la mea culpa. Ambos son liberadores.

No quiero señalar a nadie como justo o como injusto. Que cada cual se señale a sí mismo como lo considere conveniente.

En este texto, cumplo con asumir mis culpas, expongo mis logros, mis pesares y mis miserias, expreso mi dolor ante el abandono, mi gratitud por la compañía; digo mis verdades y no me miento a mí misma, tampoco a ustedes. Sé que no he sido -ni soy- el mejor ser humano, pero al menos lo intento y me cuestiono. Por eso, este mea culpa y este reclamo conjugado en absoluto presente, lo único seguro que tenemos.

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

#PacienteOncológica
#BuenMorir


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