domingo, 9 de marzo de 2014

Sigo viva y aprendí a vivir

La pobreza del ser humano no está en la carencia de lo material. Está en su pobreza de espíritu, en su mezquindad, en su sed de venganza y en su ignorancia. Carmen Guédez.

Mi cerebro no para de pensar. Reflexiono todo el tiempo. Supongo que es como orar. Mis reflexiones (o como las queráis llamar) las escribo para mi libro basado en mis crónicas como paciente oncológica. En estos cuatro años -desde que apareció el tumor sin que yo me enterara- he aprendido más que en todos los años en que celebré mi llegada al mundo.

Un aprendizaje hecho por etapas
A veces se me antoja que es como una colcha de retazos porque cada etapa ha sido diferente. En cierta forma, esas etapas las he vivido sola, pero hay una persona que me ha hecho compañía y me ha enseñado mucho. Ella es Palmira Ric, mi psicóloga de A Coruña durante mi tratamiento para el cáncer. Geográficamente estamos muy lejos. En sentimientos de amistad y en la relación profesional de psicóloga-paciente, estamos muy cerca. Palmira está dedicada al paciente oncológico y trabaja para la Asociación Española Contra el Cáncer (aecc) en A Coruña. Su trabajo conmigo debió terminar cuando finalicé el tratamiento y me trasladé a vivir a Barcelona. Lo hermoso de Palmira es que todavía me acompaña a través de e-mails. Mis problemas solo se los cuento a ella. Sus respuestas calman mis tormentas cuando se ahogan en un vaso de agua. ¡Qué mujer tan especial! ¡La quiero tanto! Es sabia y entregada al paciente. Para mí es única. No conozco a alguien como ella.

Lo que el cáncer me dejó
No dejó una borrasca. He hecho, del cáncer, la mejor etapa de mi vida. El cáncer me dio paz y me hizo mirar al mundo de otra manera. No parto de una religión porque las considero hipócritas, o el problema está en que muchos de los practicantes me han decepcionado con su falta de humanidad y su doble discurso. Van a mi misa, pero ignoran el dolor del prójimo. Sólo les interesa su propio dolor y el de los suyos. ¡No lo acepto! No soy así. Estoy con el que sufre, sea quien sea.

Lo mío es un cambio de estilo de vida decidido a consciencia, un cambio filosófico que se gestó en una condición límite como lo es una enfermedad grave. Cuando me dieron el diagnóstico de cáncer de mama, no sabía cuánto tiempo viviría. No me interesó saberlo. Mi prioridad era intentar salir, con vida, de ese tumor que era grande y doloroso. Dicen que el tumor de mama no duele. El mío me dolió desde el principio.

Ya no hay dolor y sigo viva. Esa es mi riqueza, mi gran éxito. Mi único premio porque no quiero otro.

Mis reflexiones
La envidia es como la tos: no se puede esconder.

Le tengo miedo a la envidia y al egoísmo porque socavan la vía por donde viaja la bondad.

Cada día, un envidioso me da una lección y no se entera.

El que le teme al cáncer y a la muerte, le recomiendo que no nazca.

Mojada por las olas (Domingo 09-03-14)
Veo a la vida desde arriba,
desde una nube.
¡Qué privilegio!
Es distinta a lo que me enseñaron
¡Muy distinta!
Ahora la descubro en su verdad,
verdad sonora.
Hay niños en medio de una guerra,
Hay niños jugando con un perro.
Unos buscan paz, otros la guerra
No lo entiendo.
Canta un pájaro en soledad absoluta,
arrulla ese sonido
Vuelan gaviotas en mi Coruña,
vuelan siempre.
.
Foto: Fran Martínez
Me hace falta su mar enfurecido.
Las olas son como sábanas desordenadas
en las que quiero mojarme acompañada
.
Carmen Guédez
@TintaIndeleble
.
Socia activa de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (SACVEN) Caracas-Venezuela
Carnet Nº 3.974
SACVEN: http://www.sacven.org/

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