domingo, 23 de febrero de 2014

Crónicas de una paciente oncológica

La página en blanco es el terror de un escritor. Para mí no lo ha sido, pero esta vez sí que lo es porque me dispongo a empezar a narrar lo que, tal vez, sea mi última narración. Aquí volcaré las crónicas sobre mi cáncer de mama.
23-02-14

Cuando mi abuelo Víctor (abuelo materno) estaba muy grave y la muerte se le venía encima dejando a mi abuela Eva -y a sus tres hijos- solos, comenzó a escribir. El tema fue la muerte. Su dedicatoria siempre me ha llamado la atención: “A vos, esposa idolatrada, dedico estos versos para que se los leas a mis hijos cuando tengan sed de lágrimas”. 
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Escribió muchos versos con rima y, al final, hay un verso inconcluso. Supongo que su cuerpo no le dio más para sostener la pluma. Ningún otro miembro de mi familia -estando enfermo- escribió sobre la muerte. Después de mi abuelo, soy yo la que está dispuesta a contar cómo se vive con un diagnóstico tan fuerte como es el de un cáncer y cómo enfrento a la muerte. No estoy en una etapa grave, pero estoy consciente de que la quimioterapia afecta a muchos órganos, entre otros, el corazón, y cualquiera me puede fallar. También me espera la fase de metástasis que casi nunca perdona.

Material sobre mi cáncer hay en este blog a partir del 2011, pero al tener plena consciencia de que el tiempo pasa en mi contra, debo intentar organizar ese material. No imaginan lo extraña que me siento apurando material sobre mi muerte o los recuerdos de los días de la quimioterapia, radioterapia o la operación; y tantos otros recuerdos. A veces me digo que no estoy obligada a hacer esto; pero desde que supe que tenía un cáncer, me sentí comprometida con mis hijas en dejar todo arreglado y expresar mi voluntad -a tiempo- para cuando llegue la fase final. También tengo un deber con la sociedad que poco -o nada- sabe sobre lo que es un enfermo (grave) y lo mucho que sufren sus cuidadores. Deseo transmitir la aceptación de la muerte para vivir feliz el tiempo que permita la vida. Admitida o no, la muerte llega. Por experiencia les digo que he sentido una gran tranquilidad al admitir -con tranquilidad- que voy a dejar este mundo. De no ser así, sufrirían mis hijas y sufriría yo. Me sorprendo de ver a la muerte, como la veo. Sencillamente, no hay otra alternativa.

Mi voluntad expresada en plenitud de mis facultades mentales
Cuando entre en la etapa crítica, quiero que me retiren todas las medidas extraordinarias que solo lograrán que sufra más. Será difícil para mis hijas, pero hay que prepararse para hacerlo. Tal vez esa fase final la pase en Cuidados Paliativos, mientras yo prefiero morir en mi casa, de ser posible.

Quisiera ser enterrada cerca de donde viven mis dos hijas, en Barcelona (Catalunya) o en el Cementerio de San Amaro, en A Coruña. Preferiría Barcelona porque es la ciudad donde mis hijas se reunen cada cierto tiempo. Así podrían llevarme, juntas, una rosa blanca, solo una. No me gusta la cremación. Deseo que mi cuerpo esté en contacto con la tierra. Sin embargo, que sean mis hijas las que decidan. Si deciden enterrarme, que sea en un ataúd muy sencillo, lo más rústico posible. Detesto esas urnas lujosas. No me gustaría ser vista después de muerta. Es un privilegio que sólo le concedo a mis hijas. Quiero que las medallas que siempre llevo en mi cuello, colgando de una cadena, me las dejen puestas.

No deseo que mi cuerpo sea llevado a la iglesia, ni quiero misas.

Después de mi muerte, quiero que mis hijas se reúnan con mis amigos y beban un chocolate caliente o un té exquisito. Quiero una reunión con la gente que me quiere. Les haré una lista a mis hijas con las señas de los elegidos. No me lloren, si es que eso es posible. Si lloran, están perdonados. Prefiero que cada uno exponga lo que recuerda de mí. Unas canciones de Lorca estarían bien para esa reunión y mi adorada “Balada para un loco”, pero cantada por Amelita Baltar. Está en YouTube. Tal vez estoy tan piantaa como ese loco mío, siempre loco.

Pueden estar seguros de que -enferma- tuve una vida feliz porque no permití que el cáncer me amargara. A cambio, me ha permitido vivir unos años más y esos años han sido de aprendizaje. Aprendí a pedir perdón y a perdonar en medio de las tormentas en las que transcurrió el después de mi cáncer. Hubo gente que se alejó de mí y gente que no me perdonó. A cambio tengo muchos amigos maravillosos que han hecho que estos últimos años hayan sido un verdadero disfrute.

Nací un 28 de mayo y acepté la aventura de vivir a cambio de una muerte segura años después. Por esa razón, veo en, la muerte, un hecho natural que no me asusta. Siempre me digo a mí misma: "De algo hay que morir".

Tuve el don de la palabra escrita y ha sido mi mejor regalo, aparte de mis hijas. Luego de domar a la palabra, llegué a la conclusión de que es un arma de cuidado: puede herir, puede halagar, puede confundir, puede aclarar. Hay que usarla con moderación. Peso las palabras porque, mal usadas, se puede halagar o herir de muerte.

Tuve dos hijas a las que adoro y las que me duele dejar. Espero que la vida les de la paz que se merecen. Fueron mis soles, mis rosas, mi amor incondicional, mis estrellas, mi todo. Por ellas ha valido la pena vivir con cáncer, que no es nada fácil.
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Cuando el cáncer me volvió humilde, rompí todas las entrevistas que me hicieron. La prepotencia que me acompañó casi toda mi vida, me la quité de encima. No nos sirve para nada cuando enfermamos. Tampoco nos es útil cuando estamos sanos. La humildad es lo más hermoso que alguien puede tener. Pocos aprenden esa gran verdad. La muerte de un prepotente debe ser muy triste al ver que ha perdido su capacidad de ordenar y de subestimar al prójimo. Todos nos igualamos al morir.
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Gracias, cáncer, por haberme permitido cambiar. Tú me quitaste mis muchos defectos y por eso no te tengo rabia.
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Pido tiempo -eso que pasa como estrella fugaz- para terminar estas crónicas. No necesito nada más.

Reflexiones
La muerte es el descanso de quien ha finalizado su contrato en este mundo. No creo que el más allá sea peor que éste.
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En la muerte (Martes 26-11-13)
El cuerpo se va esfumando

como si quisiera perderse de vista

La voz es cada vez más baja,

hasta que deja de escucharse

Y , luego, la cabeza cae de lado

El alma todavía da vueltas

alrededor del cuerpo

Busca la salida

Todo ocurre en muy pocos minutos
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Carmen Guédez
@TintaIndeleble

Socia activa de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (SACVEN) Caracas-Venezuela
Carnet Nº 3.974
SACVEN: http://www.sacven.org/

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