jueves, 13 de febrero de 2014

Cáncer, nunca lloraré por ti

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A veces siento que olvidé que tuve un cáncer. ¿Por qué concederle tanta importancia a un indeseable? No merece la pena. Yo no me lo tomé a pecho, pero lo recomendable es lo contrario.....

Merece tomarse a pecho
Cuando escribo Cáncer, me siento mal. Me ocurre apenas cuando voy por ... Esa tilde en la á ya me dice a lo que voy. Estoy cansada de esa palabra, pero no puedo cambiarla por ninguna otra. No sería honesto hacerlo. Mañana, tarde y noche pensando -consciente o inconscientemente- en él (cáncer). Pensando en hasta cuándo me sentiré bien, con calidad de vida y autosuficiencia. Pidiéndole al corazón que, si recaigo o dejo de ser autosuficiente, sea generoso y me regale un infarto mientras duermo. ¿Qué le cuesta hacerme ese favor?

Lo que el cáncer no logra, conmigo, es que lo llore. Eso, ¡nunca! Siempre seré más fuerte que él, aunque se las ingenie para matarme por la espalda.

No puedo llorarlo porque siempre he dicho que de algo voy a morir y solo a dos enfermedades les tengo terror: a la esclerosis múltiple y a un ACV. Así que el cáncer nunca fue motivo de preocupación para mí, a pesar de que presentía que iba a tener un cáncer, sin imaginarme qué parte de mi cuerpo atacaría. Razones para tener un cáncer me sobraban (tema para otro momento) No obstante, lo esperé tranquila y no hice nada para evitarlo y, así, impedir que fuera menos agresivo y no llegara a un grado III que es bastante grave. La verdad es que yo no tenía una idea exacta de lo que es un cáncer y nadie teme a lo que no conoce. Tampoco tuve a alguien que me lo contara como lo cuento yo: sin censura, sin ningún tipo de tabú, con toda la crudeza de la enfermedad y con la sinceridad de mi torpeza e irresponsabilidad para con mi salud. Lamentablemente no me gusta ir al médico y eso pasa factura.
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Del cáncer no se habla o se habla muy poco. A mi parecer, las campañas de prevención son tímidas, mal enfocadas y no directas. Ahora que el cáncer estuvo -o está- en mí, le ruego a la gente que haga prevención para no sufrirlo o padecerlo en un grado menor. Es una enfermedad terrible. No puedo mentirles. Tiene sus momentos buenos y otros muy malos, pero considero que el daño mayor está en la psiquis de quien lo padece y en la psiquis de los seres queridos. Es una enfermedad que abarca a toda la familia y nos mantiene en estado de angustia real. No es para menos ya que estamos considerados pacientes de alto riesgo y muy propensos a las infecciones oportunistas. A eso hay que agregarle el miedo a la metástasis.
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Mi padre murió de una metástasis de huesos producida por un cáncer de próstata, pero el cáncer no se comprende en toda su magnitud hasta que no se padece en carne propia. Es una verdad absoluta, por eso escribo sobre mí cáncer, con la esperanza de que alguien entienda a la enfermedad y a quien la sufre. Ayudé a mi padre en todo lo que me fue posible durante su cáncer, pero ahora sé que no hice lo suficiente por él. No lo acompañé en sus noches, que son las peores horas de un enfermo. Yo las llamo "La hora para las visitas de los fantasmas". Mi padre necesitaba mucho más de lo que le di. Yo ignoraba -y puede sonar ilógico- lo que es un enfermo. Durante mi tratamiento escribí ¿Qué es un enfermo?

Recomiendo su lectura basada en mi experiencia de enferma, cuando cada persona comprende -sí o sí- lo que es un enfermo. Lamento lo tarde que lo aprendemos. El problema está en los millones de personas que no lo entienden -o no lo quieren entender- por temor o por falta de humanidad y solidaridad. Hay quienes fantasean creyéndose inmortales.
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Esa larga reflexión -sobre el enfermo- la escribí después de mi quimioterapia y mi operación y antes de la radioterapia. Claramente recuerdo que la escribí el día de la Virgen de El Carmen en A Coruña, un día en que las procesión, por la mar, de la virgen -patrona de los pescadores- no se pudo hacer porque llovía y hacía mucho frío (16 de julio de 2011). Apenas vi -desde la ventana- las barcas salir y regresarse enseguida. Ese día estaban, en el piso de mi hija, dos personas extrañas para mí. De mi intolerancia (propia de un enfermo) a estar con esos desconocidos nació "¿Qué es un enfermo?"
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Esos extraños me querían ver muy bien sin saber qué era lo que yo sentía. Estaba convaleciente de la operación de mi cáncer de mama y tenía una neuropatía post operatoria -muy dolorosa- que fue diagnosticada meses después (octubre 2011) de haber pasado por el quirófano (30-06-11) Con ese dolor en mi organismo, colapsé ese día y escribí para desahogarme. No podía comprender el que no supieran qué es un enfermo porque una de esas personas era un médico de esos que cree que todos los pacientes reaccionan igual y no es así. 
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Mi neuropatía fue un extra no esperado ni por el cirujano ni por mí. Algo que no todas las pacientes, operadas de un cáncer de mama, sufren. Posteriormente -en el Hospital Sant Pau de Barcelona- la doctora Santaeularia -de la Unidad de Dolor- confirmó el diagnóstico de neuropatía post quirúrgica (no se corresponde con mala praxis) y Dolor de Miembro Fantasma, un dolor extraño que padecen algunos amputados y es de difícil curación porque está en la corteza cerebral. En el Sant Pau se trató mi dolor y bastante mejoría he tenido. Al menos ya no sufro un dolor lacerante y enloquecedor y puedo hacer vida normal. Fue un trabajo conjunto de la Unidad de Dolor (Dra. Santaeularia) y Fisioterapia bajo las instrucciones de la Dra. Nadal. Mi fisioterapista fue Jordi Cuartero Archs. Mi hija menor -Eva- colaboró como instructora de pilates. Ella informó a Jordi cómo eran mis movimientos en casa con el "brazo malo", de dónde se extirparan ganglios en la operación. 
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En mi caso, mi cirujano -mi querido Dr. Manuel Juaneda- tuvo que hacer una mastectomía radical porque la quimioterapia no redujo mi tumor. Esa mastectomía creo que le dolió más al Dr. Juaneda que a mí. Yo lo que quería era vivir y deseaba una limpieza profunda aunque, para eso, se hiciera necesaria esa mastectomía. Al Dr. Juaneda le debo el haber sobrevivido 2 años y 8 meses. Cuando desperté de la anestesia dije o pensé con gran alegría: ¡Estoy viva! ¡Estoy viva! No me lo podía creer.

Mención aparte merece Rosalba, mi hija mayor -médico- que se encargó de ponerme una dieta adaptada para un paciente en tratamiento oncológico. Ella me cuidó con esmero, al igual que su esposo a quien tengo mucho que agradecerle. 
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Palmira Ric, mi psicóloga de la aecc de A Coruña, quien me sigue escuchando a pesar de la distancia.
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Ahora, cuando sé que alguien tiene cáncer -u otra enfermedad- me vuelco en esa persona, la conozca o no. Los invito -a través de mis post- a tratar de entender qué es el cáncer, qué es un enfermo y cómo lo vive un paciente y su familia.
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Con  toda la gente linda que se ha acercado a mí para desearme salud y apoyarme, y con todo lo que el cáncer me ha enseñado, es imposible que lloré por él. En poco tiempo aprendí lo que en toda mi vida no había logrado aprender.
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Lo mío no ha sido un hecho religioso. Es una nueva filosofía de vida donde la aceptación es parte fundamental. Acepto, en paz, mi cáncer y mi muerte.

Mis reflexiones
Trata de vivir feliz. A veces es más fácil de lo que parece y no nos damos cuenta porque nos distraemos en cosas de menor importancia.

No olvidemos que al nacer firmamos un contrato con la muerte y ese contrato es irrenunciable. 

Vida y muerte es un binomio que forma parte de todo ser humano.

No llores por tu cáncer. Deja que otros lo lloren cuando tú no estés.

Si eres sabio, el cáncer te ayudará a vivir mejor que antes de padecerlo. No desdeñes ese aprendizaje.

No importa cuánto sobrevivamos. Lo importante es ser felices y dar felicidad a todo el que se nos acerque.

La paz interna llega por vías impensables. El cáncer es una de esas vías. 


Carme Guédez
@TintaIndeleble

Socia activa de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (SACVEN) Caracas-Venezuela
Carnet Nº 3.974
SACVEN: http://www.sacven.org/
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