martes, 16 de julio de 2013

El duelo y la muerte de Mario Biondo

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Móvil, cámara y tristeza, me resultan antagónicos. Hace tiempo que quería hablar de la nueva modalidad usada para anunciar la muerte de un ser querido y la forma de vivir el duelo, como si la aflicción se extingue mostrándose feliz -o triste- en las redes sociales.

Estas reflexiones comenzaron cuando vi la fotografía con la que el esposo de Eva Ekvall  -ex Miss Venezuela- anunció su fallecimiento un triste 17 de diciembre de 2011. La imagen era dolorosa: la mano de Eva -con la piel arrugada como un pergamino- sujetada por la de su esposo. “Siempre juntos...te amo esposa” escribió él junto a la fotografía tomada, supongo, después de su muerte. Ella tenía 28 años. Ese día yo recibía a mi hija, en Barcelona, y me eché a llorar desconsoladamente. Era de noche cuando me enteré. La noticia me dejó desolada y tenía que sacar fuerzas para atender a mi familia.

Nunca más
Siempre he sido muy respetuosa cuando se trata del tema de la muerte. Con el lamentable deceso de Mario Biondo se abre un interesante debate ante la forma de cómo una viuda -o viudo- debe llevar su reciente viudez en esta era de no privacidad, donde todo se graba con o sin consentimiento y los famosos están muy expuestos. Este debate vale para los familiares más cercanos. Podrán decir que cada cual hace con su vida lo que le apetece -y no lo niego- pero la muerte merece respeto y solemnidad. Es la despedida definitiva. No es un adiós. Es un nunca más.

La razón de ser del luto
Se dice que “El luto se lleva en el corazón”. Decía mi maestro (psiquiatra) José Luis Vethencourt, que vestir de negro -al menos dos meses- era mostrar el dolor y no avergonzarse de él. Añadía, Vethencourt, que psicológicamente, eso hacía un gran bien a a familia del fallecido. 

La modernidad ha cambiado todo. Recuerdo, de niña, que cuando se veía a alguien con negra vestidura, se le preguntaba si alguien se le había muerto. Los hombres, por su parte, llevaban un botón negro -en el bolsillo de la camisa- o un brazalete negro como símbolo de duelo.

El telégrafo y la muerte
Antaño, las muertes se anunciaban a través de un escueto telegrama porque cada palabra se pagaba. “Murió tío Pedro. Entierro mañana”. La llegada de esta misiva, asustaba a nuestros abuelos. Hoy nos enteramos por las redes sociales y podemos seguir todo lo que, legítimamente, corresponde a la intimidad de los deudos. En eso, el viudo y los padres de Eva Ekvall, fueron muy cuidadosos y preservaron la intimidad de su duelo. La cremaron fuera de Venezuela para evitar a la prensa.

Lo que no puedo explicarme
No logro una explicación lógica de cómo alguien, que ha perdido a un ser querido, tiene deseos de estar pendiente de un teléfono -y de las redes sociales- en un momento de enorme tristeza. Es una modernidad a la que me niego cuando se trata de la la muerte o una enfermedad grave. Esos son momentos en el que -como familia- estamos rotos. Que se encarguen los menos adoloridos de anunciar una defunción, pero no el más cercano, a menos que estemos tan deshumanizados que la muerte no nos sacuda duro y nos desgarre el corazón y que nuestra “fortaleza” (deshumanización) sea tal que nos permita hacernos fotos, twittear o usar el facebook. La tecnología vs. el duelo. Gana la tecnología porque la gente se ha hecho adicta a ésta.

Mi padre me enseñó que la muerte de un ser humano es un momento de respeto. Si moría alguien conocido, en mi casa no se veía televisión por tres días. Sólo se escuchaba música clásica.

El vestuario de luto
Tras el reciente fallecimiento de la periodista Concha García Campoy, alguien escribió un artículo donde decía que la gente iba vestida como si fuera a la playa, y era muy cierto: camisetas y sandalias fue el vestuario de luto escogido a cuenta del calor. El verano no justificaba tanta ligereza para asistir a un funeral. Me alegró que alguien más pensara como yo e hiciera la crítica. Otro cambio más de la gente que antes iba a los funerales de riguroso luto: traje con corbata negra -para los hombres- y trajes negros para las mujeres. Así despedían al ser querido o al amigo(a) al que se apreciaba y/o se quería.

El caso de Raquel Sánchez Silva, viuda de Mario Biondo
Ella está en pleno derecho de llevar su duelo como quiera. Lo que ha molestado a la familia de Mario Biondo ha sido el que Raquel Sánchez Silva se mostrase públicamente -a través de las redes sociales- rodeada de amigos como si aquello fuera una fiesta de fin de semana o buceando en plena tempestad y frente a una cámara. Se la observa siempre sonriente. De aquel dolor con el que se la vio al enterarse de la muerte de su esposo no queda nada exteriorizado. Partió a Formentera y paso unos días con sus amigos y su madre. Esto ocurrió a muy pocos días de enterrar a Biondo en su Italia natal.

Me resulta imposible dejar de pensar en cómo fue la última vez que esa pareja estuvo junta y a solas. ¿Discutieron o se dieron un beso y se dijeron algo lindo? O por el contrario, hubo malos tratos o reproches, ¿y en qué tono? ¿Se investigó esa última vez? Cómo era la personalidad de Mario Biondo, ¿fuerte o débil? ¿Cómo se repuso Raquel tan rápido? Psicológicamente es difícil -prácticamente imposible- más cuando ella (Raquel) no sabe qué pasó, porque Mario no dejó una nota de despedida, lo que llena de culpa e interrogantes a cualquiera y empeora el duelo.

 ¿Acaso todo quedó dicho en esa última conversación y, por eso, una nota de despedida carecía de sentido? Luego de una muerte accidental, ¿cómo se pasa de la más profunda tristeza a la sonrisa fácil, el bucear y el pasarla bien con los amigos? 

Es Raquel Sánchez Silva quien publica las fotos. De ahí que me sorprenda. Ahora se ha retirado de la vida pública luego de la torpeza que le ha dado tantos problemas, pero el mal ya está hecho y las dudas quedan. A mí me quedan. Retiro conveniente el que asume, ahora, la presentadora de televisión. Parece una película de Alfred Hitchcock.

Menos de 10.000 €
Llama la atención que Mario Biondo sólo deja una herencia -en efectivo- que no llega a los 10.000 €, según elPeriódico.com de fecha 10-07-13.

¿Estaba la pareja en crisis a menos de un año de casados?
Todo cabe en esta historia. Al parecer, era una pareja con una gran diferencia económica y, tal vez, intelectual y social. Sin embargo, yo no hablaría de asesinato como lo hace su cuñada (hermana de Biondo), pero sí de posible humillación y, por ende, una severa depresión (de Mario) por todo lo que he expuesto anteriormente y por no ser atendida en caso de conocerse esa depresion. Posiblemente, el cámara de televisión pasaba por una crisis existencial desproporcionada y difícil de ocultar.

Inducción al suicidio, depresión severa no atendida o extorsión
Mario se suicidó -según la policía- pero existe la inducción al suicidio. Si fuera una mujer la suicida, esa muerte se investigaría más allá de que se confirme el suicidio. El maltrato no sólo lo sufren las mujeres, también lo padecen los hombres. Esto hay que decirlo en honor a la verdad, pero no culpando sólo a Raquel Sánchez Silva. Hay que saber más de la vida del fallecido y, de él, nada se dice. Tal vez ni su esposa conocía a su círculo de amigos o conocidos. No se contempla la extorsión como un posible detonante. Tampoco se sabe cómo se suicidó, información valiosa para quien le interese este caso, más allá de la prensa rosa.

Sabemos que Biondo se quedó en casa y ella marchó para el trabajo. Lo demás es historia y, detrás, un incómodo secreto de tumba que, aparentemente, sólo dos conocen. Si Raquel Sánchez Silva hubiera sido más discreta, se evitaría estas dudas. Ahora, cada cual saca las conjeturas que quiera. Ella ha encendido la mecha por vivir en un mundo donde el dolor de la muerte es cosa de pocos días. Así ha quedado establecido por esta sociedad que no acepta vestir de negro en época estival. ¡Cosa de modas, válgame Dios!

El arma letal
A mí, la muerte de Mario Biondo me llena de dudas. Hay un arma letal: la palabra y esa arma no se ha buscado. Yo la buscaría. Tengo olfato de detective y no me gustan las injusticias. Estas deben aclararse para bien de todos, incluida Raquel Sánchez Silva y la familia de Mario.

Conclusión
Humanicemos, de nuevo, a la muerte de cualquier ser humano. La tecnología no tiene cabida en ese mar de tristeza y añoranzas. El duelo debe volver a traspasar la puerta de la intimidad y sólo compartirlo fuera de cámaras y de redes sociales que sólo buscan el morbo. La muerte de un ser querido se llora hasta que se acaben las lágrimas. Éstas alivian el dolor moral.

Georges Brassens y Les Funérailles D'Antan (Los funerales de antaño)
Estoy formada, como Brassens, en el tema de la muerte. Sus letras las hago mías. Espero las disfruten en el idioma que prefieran. Lo ideal es escucharlas en francés porque las traducciones no las recomiendo, pero acercan al mensaje de Brassens.





Carme Guédez i García

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