sábado, 14 de diciembre de 2013

Hay una clínica que dice que mi cáncer empeora


Tengo por costumbre enviarles un e-mail -a mi gente más íntima o más cercana- cada cierto tiempo. Lo hago porque es imposible saber cuándo me llegará la muerte. Por lo tanto, prefiero irles contando cómo se comporta mi cáncer (fue de mama)
Imagen tomada del blog http://blog.laisladelnaufrago.es/ a través de  Google
"Noticia de mí", como dijo el escritor Antonio Gala cuando anunció un cáncer inoperable en el 2011. Eso hago con algunos de mis amigos y -ahora- con mis lectores. 
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Lo terrible del cáncer son los cambios -a veces muy sutiles, a veces muy obvios- que indican que algo no está bien. En realidad es en plural: varias cosas no están bien. Es lo que se llama “La clínica”. Esa “clínica” debe ser sometida a estudios para saber qué pasa.


¿Pero qué sucede con el paciente?
Los pacientes tenemos límites. En un primer cáncer, una soporta todo. Terminado el tratamiento, yo viví una larga buena etapa, pero ya no es así y detesto la vida de hospitales, consultas y estudios. No quiero eso para mí.


De  ser necesario, eligiré el día de mi muerte

Lo digo con tranquilidad porque acepto a la muerte. Les recomiendo leer mis otros post donde expreso que no le tengo miedo a la muerte. Sólo quiero dejar un testimonio -sin censura- de lo que es la vida de un paciente con cáncer. Una vida que no quiero para mí cuando llegue a una etapa irresistible en la que sufran mis hijas, mis amigos y sufra yo. Ahora que estoy bien -física y mentalmente- quiero que todos sepan que tengo el derecho de elegir el día de mi muerte y no la pesadilla de una vida indigna y dolorosa.


Lo último que me ha sucedido

Estoy perdiendo el sentido del tiempo. A veces despierto sin saber qué día es y qué hora es. Lo peor es que he perdido todo el día y he dejado de hacer cosas. Despierto creyendo que es madrugada y, en realidad, pueden ser -para mi sorpresa- las 07:00 de la tarde, el inicio del anochecer. Es horrible perder el control de mi vida y de mis actos. Dejar de hacer cosas porque mi vida es una confusión total. Puede ser un cuadro de estrés o una gran angustia de realidad ¡ojalá! Anda, que un cáncer no es para menos.

 No hubo aviso
Todo fue repentino. No se se inició lentamente. Un día me acosté bien y al siguiente día estaba extraviada. 

Recobro el control de mis actos, pero -durante un tiempo corto- estoy muy confundida. Llamo -por teléfono- a alguien para que me ayude a regresar al “ahora”. La sorpresa me la llevo cuando me dicen lo que estuve haciendo antes de irme a ese mundo desconocido en el que me pierdo.


No se me nota nada extraño

Se me ve normal -siempre bien arreglada- pero falló en cosas que nunca antes fallé. Invierto mucho tiempo escribiendo porque debo corregir lo que antes no corregía. Siento miedo de salir sola porque no estoy segura de mí misma.



A veces, no recuerdo cosas. La gente me ayuda diciéndome lo que hice ese día. A través de ellos me guío, si es que recuerdo lo que me cuentan. Entonces, no puedo olvidar que una de las metástasis del cáncer de mama, es el cáncer en el cerebro. ¿Cómo puede -una mujer como yo, dedicada a escribir- vivir con un cerebro que no la obedece?

Hasta ahora, este desarreglo no es fijo. Remite rápidamente.

Actos fallidos
He notado que escribo una cosa cuando en realidad iba a escribir otra. Es exactamente a lo que  un paciente le dice  a su psicoanalista cuando, conscientemente, no era eso lo que  iba a decir. Es el acto fallido que yo considero un gran aporte de Sigmund Freud. ¿Qué diría él de esto?



Errores ortográficos, de tipeo, palabras incompletas, palabras que no coloco o están mal escritas

Estoy escribiendo con muchos errores, como si retrocediera en el tiempo y no supiera nada de gramática y ortografía. Escribir cualquier cosa me demora porque me equivoco mucho. Cometo cantidad de errores que los correctores de texto no pueden detectar porque esos correctores son básicos, no son humanos. Ustedes no lo notan porque me esfuerzo mucho -pero mucho- en arreglar los errores. Me pregunto si llegará un momento en que no los perciba
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En un post anterior dije que hay un posible nuevo cáncer de mama que sería un cáncer primario y no guarda relación con el cáncer diagnosticado a finales del 2010. Éste se sumaria a una posible metástasis cerebral. Nunca acudí a la cita donde se iba a revisar ese posible nuevo cáncer.



Me he negado a ver médicos. No quiero seguir en esto. Considero que el cáncer es un miserable juego para quien lo sufre. Yo necesito escribir más sobre el cáncer y después morir. Así de claro lo tengo. No me veo de nuevo en una máquina donde tantas veces he estado. No quiero más quimioterapia, ni radioterapia. Tampoco una nueva operación, o dos y hasta más.



Para mí, ¡basta ya! Llegará un momento en el que no podré escribir y sólo me saldrán palabras incomprensibles o narraciones sin sentido, mucho menos coherentes.


¡Basta ya para todos los pacientes de cáncer cuando llega el día en el que no queremos vivir más! Nos obligan como si nuestras vidas les pertenecieran. 

¡Mi vida es mía, solo mía! Nadie puede decidir por mí y esa es mi lucha a través de estos post. Nunca he estado tan convencida de que sin escribir, no puedo vivir.



Carmen Guédez

@TintaIndeleble


Socia activa de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (SACVEN) Caracas-Venezuela
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martes, 5 de noviembre de 2013

¿Qué es la fama?

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La fama es un hecho que deja de ser importante cuando enfermas y/o mueres, igual que los demás mortales. De nada valdrán elogios, premios y homenajes. A partir de entonces, convivirás con los más humildes, con los anónimos de siempre, con esos que sólo caminaron sobre cardos y chumberas, mientras los prepotentes los ignoraban. Prefirieron ponerse una venda para no ver que hay rutas muy duras y que todos, alguna vez, las vamos a transitar. Decidieron creer que, por siempre, sus caminos estarían cubiertos con pétalos de rosa y rico perfume. ¿Bajar la cabeza o ver la cara de la otra moneda? ¡Jamás!
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Vivieron levitando hasta que la realidad se les colocó enfrente y los devoró al sembrar sus pies sobre la tierra por primera y única vez... cuando ya era tarde.

La fama, ¡vaya estafa a la hora de la muerte!

Carmen Guédez
@TintaIndeleble

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lunes, 4 de noviembre de 2013

El pragmatismo y la calma deben convivir con el cáncer

El cáncer te da dos opciones: o vives o mueres. Si deseas vivir, asume a la muerte. Habla de ella. Deja todo arreglado para cuando te marches de este mundo.

Quiero continuar narrando la historia de mi cáncer porque hay gente a quien le interesa mi testimonio. No encuentro nada especial, salvo que yo lo relaciono con la muerte como una certeza más cercana que antaño -cuando estaba sana- y, por ello, hablo de mi propia muerte como lo he hecho desde hace muchísimos años. Planifico, trato de dejar todo en orden para cuando llegue el último día. No eludo el tema y lo converso con los más cercanos y, especialmente, con mis hijas. Todos los pacientes de cáncer piensan en la muerte -eso creo- pero no todos escriben o hablan sobre su muerte. Es un tema tabú. ¿Para qué engañarnos? No es agradable hablar de eso, pero con eludirlo no siento que gano nada.

No sé por qué no me inquieta morir
A veces me sorprendo a mí misma. “¿Cómo puedo hablar tranquila del fin de mi vida? ¿Es sano o no? ¿Es morboso?” Como quiera que sea, sigo pensando en que tengo una responsabilidad con mis hijas y no quiero causarles problemas a la hora de mi partida. Por eso -y más- hablo sin temor. 

Morir sin dejar todo arreglado
Yo pasé por un drama luego de la muerte de mis padres. Ellos no dejaron nada escrito y nunca, en mi casa, se habló de la muerte, pero había un gran respeto cuando un familiar, conocido o amigo fallecía. Mi padre sólo me mencionó el tema pocos días antes de morir. Tuvimos una larga charla y, por primera vez, me confesó un gran secreto que lo atormentó toda su vida y sólo ese día pudo hablar de eso. Me dijo que también se lo contó a su médico y me contó que lloró mucho. También lloró cuando me lo contó a mí y a mi ex esposo. Sentí pena por él. Sólo mi ex y yo estábamos presentes. Jugando, en la cama de mi padre, estaba mi hija menor a quien le faltaban dos meses y medio para cumplir cuatro años. No creo que recuerde ese día. Recuerda algunas cosas, muy lógico a esa temprana edad.

La petición de mi padre
Después de la dura confesión que me hizo, me sentí más cercana a él. Confiaba en mí y me adoraba, y yo a él. Me dijo: Hija, ayúdame a morir. He soportado esto por tu madre, pero ya no puedo más”. Por supuesto que lo ayudé y para ello conté con uno de uno de sus médicos con quien yo había acordado no mantenerlo vivo sufriendo como sufría. Pero todo hubiera sido más fácil para él si hubiera hablado  a tiempo -cuando estaba sano- de sus deseos para cuando llegara la etapa final. Debió advertir hasta dónde estaba dispuesto a llegar con su cáncer de próstata y metástasis en huesos. Si yo no lo hubiera ayudado a morir, ¿cuántos días más de sufrimiento hubiera tenido que soportar? Siempre me he sentido orgullosa de haber ayudado a mi padre evitándole días -o semanas- de intensos dolores. No recuerdo qué sentí cuando llamé a uno de sus médicos para decirle: "Papá no quiere vivir más". Hice lo correcto porque, para entonces (1987) yo estaba preparada para que la gente muera con dignidad, pero eso sólo se puede hacer si la persona lo dice -o lo deja escrito- cuando su salud le permite actuar con lógica.

Mi madre también estaba enferma, pero sin riesgo de muerte inmediata
Ella seguía viva a pesar de que un ACV la dejo en cama o silla de ruedas y sin poder expresarse muy bien. El cerebro no obedecía las órdenes que ella le daba para decir lo que deseaba. En su lugar decía cosas que no tenían que ver con el momento y, entonces, se enfadaba. Mi ex esposo le decía: “Señora Alba, no se preocupe que nosotros le entendimos”. Eso creíamos: que la entendíamos. Paso 21 años y 5 meses en esas condiciones. Nunca se la vio infeliz o molesta por lo que le había tocado vivir. Se volvió muy dulce. Antes del ACV era más lejana. Sobrevivió 19 años y 5 meses a la muerte de mi padre -en 1987- y a la de su madre. Era admirable, sin embargo, yo nunca creí que esa era una manera digna de vivir. Mi padre pensaba lo mismo que yo. Mis hermanos pensaban todo lo contrario. Nunca supe que hubiese preferido mamá. Siendo tan creyente, creo que quería morir “cuando Dios lo quisiera”.

Los problemas de no asumir la muerte
Muertos mi madre y mi padre, surge el problema horrible y pragmático de la herencia, aunque no fuera algo muy grande. No hubo reparto de lo heredado y no quiero entrar en detalles. Llegó un momento en que preferí no luchar por eso. Dos de mis hermanos eran los que tenían que repartir -equitativamente- tanto las pertenencias personales de mis padres, como el dinero de un piso del que nunca supe si lo vendieron o lo alquilaron. Mi madre falleció en marzo del 2007 y ni las fotos de familia se repartieron. Yo quería tener algunas fotos, en particular el de mi madre con su traje de novia y una donde ella sale de misa -con la cabeza cubierta por un velo negro de encaje- y me lleva tomada de su mano. Lucía hermosa mi madre, alta y delgada. Bonita era. Nunca entendí lo que sucedió (con la herencia) y nunca lo sabré. De mi madre no me quedó un óleo, soló unas plumillas, su paleta de pintar y su trabajo final para graduarse en Artes Plásticas. Lo guardé para mí antes de su muerte, cuando ya no quiso pintar más porque su paralisis era del lado derecho. Se dedicó a armar rompecabezas. Hubo un cambio total en sus costumbres y en su psiquis.

Tengo dos hijas
Son mis dos luceros, los faros que me guían. Las amo hasta el infinito, pero ¿quién me asegura que no se pelearán por lo mío? Ahí viene la parte pragmática de asimilar la muerte. Les he pedido unión cuando yo no esté. Amor y unión entre las dos porque sólo les queda su padre y sus parejas. No quiero que vivan lo que yo viví con mis hermanos. Les he dicho (a mis hijas) que todas mis cosas deben repartirlas estando presentes las dos y lo que tengo en dinero, o vivienda, es de las dos, en partes iguales para cada una. No dejo cabos sueltos como lo hicieron mis padres. Hay cosas que ya se las he regalado. No tiene sentido que sigan en mi poder siendo ellas las propietarias de todo lo que es mío, que no piense usted que es mucho, pero es algo. Dejo muy buenos libros, mi mayor tesoro, mi amada biblioteca. Mis hijas son lectoras, lo van  a disfrutar.

Con un 99% de seguridad, vuelvo a tener cáncer
Escribo esto a pocas horas de tener una cita médica. En ella me van a decir lo que ya sé: que tengo cáncer en mi otra mama. O me lo dirán después de la mamografía, pero la clínica habla: pezón invertido, al igual que la primera vez, pero no toco bulto. Sería otro cáncer primario que podría mezclarse con una metástasis de mi primer cáncer. Después de dos cortos años, el cáncer ha vuelto a aparecer. Ojalá me equivoque y la doctora me diga que no pasa nada, que todo está bien. Quiero pensar que la Dama de a Guadaña me va a sonreír y me dirá: “Todavía no es tu hora”. Puede ser, pero es volver a empezar un tratamiento.

¿Qué siento en este instante?
Miedo, no lo niego, pero lo estoy enfrentando mejor que la primera vez, o si no mejor, al menos lo estoy asumiendo a tiempo. Yo sabía que el cáncer volvería. Me da rabia -rabia, sí- volver a perder mi cabello, ver mis uñas dañadas y sentir que duelen. Lo que más me molesta es volver a tener una agenda llena de asuntos relacionados con mi salud. Pocos días libres, prohibición de alejarme de mi oncóloga. No alejarme de la ciudad donde me trato y, si lo hago, es bajo mi responsabilidad, pero no autorizada por mi oncóloga. Esto será así mientras dure el tratamiento. Me hace sentir como una prisionera que tiene la ciudad por cárcel y no puede ir allende los mares.

A dos años de mi primer cáncer, vuelve la pesadilla. Sólo espero que la quimioterapia sea tan benévola, conmigo, como la primera vez. Sea lo que sea, sigo agradeciendo no tener un ACV, una esclerosis múltiple o un alzheimer. ¡Menudo consuelo! Es que vivo de mi lucidez y quedarme sin poder escribir sería el peor castigo.

Lo poco que deseo
Sólo quiero ver a mis hijas, refugiarme en ellas, darles valor porque los seres queridos sufren tanto como el paciente. Deseo paz y poder seguir escribiendo.

Mi mensaje
Quiero transmitirle a toda persona -sana o no- lo que considero correcto ante la muerte: no delegues tu responsabilidad en tus seres queridos. Tú te vas, pero ellos quedan llenos de dolor. No le aumentes su carga de sufrimiento que ya bastante pena los espera porque nos aman. Ayúdalos mientras puedas, no dejes nada para el final.

Seguiré con mi testimonio. Os lo prometo.
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Por un mundo sin cáncer
Carmen Guédez
@TintaIndeleble 

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lunes, 21 de octubre de 2013

La muerte fue una aliada en mi recuperación de un cáncer de mama

Cuando un paciente es diagnosticado con cáncer lo primero que piensa es en la muerte. No tiene cómo saber que el cáncer le generará una vida más positiva, si él lo acepta.

Nunca he sentido enormes deseos de escribir sobre mi cáncer de mama porque otras mujeres ya lo han hecho. Hoy -lunes 21 de octubre de 2013- he recibido -vía Twitter- una petición muy especial de alguien a quien quiero y admiro por su lucha por la salud pública en España. Se trata del madrileño Javier Ganzo. Esto fue lo que me pidió:

“Carme, sería importante que en tu blog contases la experiencia. Eres una ganadora y puedes ser ejemplo para otras mujeres”


Al principio le dije que, ahora, me resultaba difícil hablar de mí y que prefiero hablar de otros. Entonces me envió otro twit que decía:

“Habla en tercera persona si quieres, pero habla, para que otras vean la luz y sepan que se sale y con más fuerza aún”

Hablar en tercera persona no era agradable porque se trataba de mi propia experiencia. Pero me decidí a hablar de mi etapa de cáncer y post cáncer. No guardo secretos sobre mi enfermedad, pero los detalles no me parecían importantes. En cambio, para Javier lo eran. No pude negarme y aquí estoy escribiendo sobre esa enfermedad tan común, pero que guarda muchos secretos en su tratamiento. Secretos que tenenemos que descubrir los pacientes y los cuidadores (familiares)y no solo los médicos, enfermeras y paramédicos.

Muerte y cáncer
Ese segundo twit lo sentí como una súplica y pensé que si muero pronto, toda mi vivencia -durante el cáncer- se habrá perdido. Es verdad que muchas mujeres han escrito sobre el cáncer. Confieso no haber leído ninguno de esos libros. En todo caso, yo tocó un tema no agradable al hablar de cancer: la muerte, un tema absolutamente necesario para sobrevivir a la enfermedad.

La muerte, sí, porque si algo te acerca a ella es un cáncer y hay que conocerla para batallar.

Mi historia comienza en julio de 2010
En el 2010 yo había comenzado un año muy provechoso desde el punto de vista económico. A finales de mayo -de ese mismo año- tuve un revés por el que me decidí a irme a vivir a España para estar más cerca de mis hijas. En junio, llamé a un chico para que me ayudara a embalar mis libros. Todo marchó bien durante ese mes de junio. Mi casa ya había dejado de ser un lugar habitable y se había convertido en una nave que albergaba cajas y desorden propio de mudanza.

Julio 2010
Ese mes comencé a sentirme muy mal. Tenía malestar durante todo el día. Me cansaba sólo por recoger un papel del piso. Era una especie de astenia. Lo pasé casi todo el tiempo en cama.

Agosto 2010
No sé si todo vino junto o un síntoma apareció primero y el otro después. Ese mes, sin ver al médico, supe que tenía un cáncer. Mi caso fue muy atípico porque  el tumor se palpaba fácilmente. Lo toqué porque dolía y la piel -en la zona del tumor- se puso roja. Lo llame "Mi seno rojo". Entré en estado de pánico y no dije nada a nadie.
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09 de septiembre de 2010
Ante mi absoluta negativa de ver a un médico para que me confirmara lo que yo sabía, pedí cita con un psiquiatra. Lo que necesitaba de él era que me animara a ver a un oncólogo y hacerme los estudios que requería, pero no fue así. Él se limitó a darme tranquilizantes y me dijo: “El cáncer de seno no duele”, un error imperdonable en un médico. Por si acaso, su deber era pedirme una mamografía. Salí de esa consulta sin una solución. No había ido sola. En Venezuela no tengo familia y le pedí a un amigo que me fuera a buscar a la clínica. Me esperó en el cafetín. Nunca le dije a qué médico había ido y el porqué. Le pedí que, inmediatamente, subiéramos a El Ávila en el teleférico y eso hicimos. El tumor lo dejé de lado para disfrutar la hermosa vista de Caracas mientras el teleférico va subiendo o bajando. Todo lo hacía para evitar pensar en el  tumor. Ir a El Ávila, en un momento así, carece de sentido común. No tiene explicación consciente, sí inconsciente: "La vida es bella, la naturaleza es perfecta. Yo soy perfecta; por lo tanto, no tengo cáncer"

Octubre 2010
Para ese mes ya mi situación era alarmante y se lo conté a mi ex marido que me puso en contacto con Senosalud. A partir de entonces, enfrenté mi cáncer. Estaba muy avanzado y había tomado los ganglios. Una vez que estuvieron listos casi todos los resultados de los exámenes, se lo dije a mis hijas que viven aquí, en España. Mi hija menor lloró mucho y la mayor -como médico y como hija mayor- tomo las riendas de mi caso. Un médico, en Caracas, me dijo que tratarme en esa ciudad (Caracas) -sin tener familia- iba a ser muy difícil porque la quimioterapia requiere compañía familiar.

Mi reacción
En cuanto supe el diagnóstico, no lloré ni me pregunté “¿Por qué a mí?” Tampoco recé. No lo hago nunca. Olvidé cómo se reza. Me gustaría recordarlo, pero no puedo. Creo en la ciencia. Parece mentira, pero el diagnóstico logró que me sentiera más aliviada. Ya no había incertidumbre: o me curaba o moría, no había otra alternativa. Las cartas estaban sobre la mesa. Ahora quedábamos la muerte y yo en un duelo. No pensaba. Tenía tantas cosas que hacer que vivía como en un limbo y sin temor a la muerte. Mi verdadero y único temor eran los hospitales, médicos, enfermeras, ambulancias, urgencias, análisis, estudios invasivos y un horror al quirófano. Sigo con el trauma de mi Obstrucción Intestinal que me obligó a permanecer 26 días hospitalizada -en el 2005- en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela. Por poco muero. La pasé muy mal. Fue mi primera experiencia con la muerte, mi "ensayo" como me dijo un amigo.

La llamada de mi hija
Para entonces ya estábamos a comienzos de diciembre de 2010. Una mañana -muy temprano- me llamó mi hija mayor: “Te vienes el próximo sábado. Tienes una semana para arreglar todo en Caracas”. Fue una semana terrible. No sabía si podría regresar otra vez a Venezuela a terminar de hacer mi mudanza a España y vender mi piso. Firmé un poder a mis abogados -de toda confianza- para que se encargaran de lo mío. Los exámenes no habían terminado y el tiempo no me sobraba. Llovía mucho en Caracas y sólo alcanzaba a hacer una cosa en un día.

Llegó el día de partida: 11 de diciembre de 2010
Mi cabeza estaba en blanco. La presencia de la muerte era una constante como en todo paciente con cáncer. Pero había una diferencia: no me peleé con la Dama de la Guadaña. Le agradecí que no fuera un ACV o un aneurisma cerebral o una esclerosis múltiple. Morir de cáncer era mejor que morir de otras enfermedades que me aterran. A partir de entonces, la muerte y yo fuimos amigas. Con un tumor tan avanzado, mis posibilidades de vida eran muy pocas. Por lo tanto, era mejor la amistad y no el odio hacia ella (la muerte)

En el aeropuerto de Maiquetía lloré cuando me despedí de mis amigos y de mi ex marido
No me dolió dejar el país. En realidad no tenía intenciones de seguir viviendo ahí. Lo que deseaba era sentarme en la butaca del avión y descansar. No mire, por última vez, la costa venezolana: me quedé dormida apenas me senté. En una semana había quedado exhausta. Sabía que al aterrizar en A Coruña comenzaría mi verdadera lucha con la muerte, y así fue. No faltaron las lágrimas de las horribles despedidas.

Las razones por las que no le temo a la muerte
Cuando apenas tenía 24 años conocí a un psiquiatra que era pura bondad. Se llamaba David Dominguez. Él fue el primero que me habló de la muerte como algo natural y como razón de vida. Lo comprendí muy rápido y por varios años me adentré en el mundo de la muerte. Soy de las pocas personas que lo han hecho tan en serio. En otro post me extenderé en esa etapa lejana en el tiempo, pero no en mi memoria ni en mi día a día.

Si asumimos que un día vamos a morir, nuestra calidad de vida mejora porque se disfruta más el presente, Cuando nacemos estamos aceptando a la muerte, porque nacimiento implica muerte. ¿Por qué temerle tanto a algo que no conocemos? Cuando estamos en el vientre de nuestras madres, tal vez tenemos miedo a nacer. Lo mismo pasa con el morir.

Un paciente con cáncer pierde calidad de vida por estar pendiente de la muerte.

He sobrevivido
Después de tener ese inmenso tumor, he sobrevivido dos años sin problemas. La muerte fue una aliada porque, ante la certeza de morir, disfruto cada día cuando el sol pega en mi rostro. Sé que la muerte volverá por mí, pero le agradezco lo que me dejó esta vez: me volví más reflexiva, más sabia y perdoné a los que alguna vez me hicieron daño. 

El cáncer no soporta una carga de odio
Por lo tanto, hay que perdonar, y pedir perdón, porque la paz forma parte de la nueva vida de quien ha tenido cáncer. Un enfermo de cáncer, que vive odiando, no aprendió la lección de vida que da el tener una de las enfermedades más graves que existen.

Os aseguro que, hoy en día, el cáncer es mucho más llevadero que como nos lo cuentan.

Quiero dejaros con una de mis reflexiones.

El cáncer actuó en mí como un borrador. Olvidé rencores y perdoné a los que me hicieron daño. También pedí perdón a quienes herí.

Carme Guédez
@TintaIndeleble

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lunes, 30 de septiembre de 2013

Una Concha de Oro politizada

El premio que recibió la película “Pelo malo” en el festival de San Sebastián le ha servido a su directora para abordar el tema de la complicada política venezolana bajo una lectura muy suya y no ajustada a la verdad.

En el mismo momento que se cuestiona a un grupo político, se está atacando a sus seguidores. De ahí, que el cuestionamiento -obvio- contra el chavismo no debió aparecer en las declaraciones dadas por Mariana Rondón a El País -luego de ganar la Concha de Oro- dado que ella aboga por la tolerancia y la unión de los venezolanos, que es lo deseable. Con esa declaración atacaba a esa mitad del país que es chavista. Lo acepten o no, el pueblo chavista existe. Otra cosa son sus politicos corruptos.

Debo hacer unas aclaratorias antes de empezar a abordar este post
- No soy partidaria del chavismo. Ha sido un gobierno que le ha hecho mucho daño a Venezuela, pero tampoco soy opositora ya que se trata de una oposición muy cuestionada y de dudoso proceder en el seno de sus cúpulas, sus candidatos y en muchos de sus seguidores, no todos. La oposición le ha dado todas las facilidades al chavismo para legitimarse en el gobierno, en elecciones fraudulentas, que han sido posibles gracias a que ha participado un candidato opositor a sabiendas de que el resultado está arreglado desde antes de la votación. ¿Cómo cuestionar las tantas elecciones que Chávez le “ganó” a la oposición?

- Hablo con propiedad de Venezuela porque viví ahí y conozco a su gente y a sus políticos. Por lo tanto tengo el derecho a opinar sobre lo que no me es desconocido, aunque viva en Barcelona-Catalunya.

- Paso de premios. No los veo con el mismo atractivo que lo ven otros. Ni siquiera la Concha de Plata otorgada a España -con quien sí tengo una gran empatía- me produce una emoción especial.

4º- No hago cine, ni me interesa hacerlo. Así que no aspiro a un premio en esta especialidad ni en ninguna otra.


Las palabras de Mariana Rondón, directora de “Pelo malo”
"Chávez nos sentenció a la guerra"

Cierto que Chávez causó una división entre sus seguidores y sus detractores. Lo logró porque el terreno de la división estaba abonado desde hace siglos. Lo que Mariana Rondón no dice es que entre los opositores existe una intolerancia total hacia el que no está de su lado. Asumen la misma posición del chavismo. Es imposible criticar a un líder opositor sin perder a un amigo. Los dos bandos -oficialismo y oposición- se odian.

Mariana dice que toda la responsabilidad de lo que sucede en Venezuela es de Chávez. No es así. Hay que hacer mea culpa y ver qué ha aportado cada cual a la situación de intolerancia que hay en el país. Cuando algo no funciona bien, es muy fácil culpar al otro, pero hacerse responsable de una cuota de responsabilidad es casi imposible. La clase media vivió siempre mirando hacia otro lado, nunca miraron al lugar donde viven los pobres: las chabolas o villas miseria.


La Mariana Rondón que yo conocí
Hace muchos años coincidí con ella en un curso de guiones de cine. Para entonces, ella resultaba totalmente inaccesible. Esa unión, que ahora pide, no la tuvo para entonces. La recuerdo siempre junto a Gabriela Rangel, hija de un político venezolano. Durante el tiempo que duró el taller, jamás pude tener una conversación con ella. Ya Mariana despuntaba hacia una carrera en el cine. Lo que hay que reconocerle es su constancia para hacer cine en un país no ganado para el séptimo arte. Posteriormente estudió en el la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, un proyecto de Gabriel García Márquez, entre otros.

¿Cómo se puede construir un país al lado de quien no te habla? Dar un discurso de unidad muy bonito -después del premio- y ante gente que no la conoce, es muy fácil; pero resulta que quedamos personas con memoria y sabemos que Mariana es absolutamente selectiva, sin pararse a mirar si el otro es tan o más talentoso que ella o simplemente que, como ser humano, no hay que subirse en un escalón más alto para mirar a los demás desde arriba.

Más palabras de Mariana Rondón
Mariana Rondón dice: “Cuando volvamos ahora con el premio todos se apuntarán al carro. No nos importa. Con tal de que eso contribuya a que se vea la película…”.

Por mi parte, no vivo en Venezuela y jamas me apuntaría a su carro. Yo ando con gente sencilla, no con quien se siente superior al resto de la humanidad.

A raíz de ese reconocimiento en el Festival de San Sebastián, yo le pediría que lo use para hacer campañas institucionales contra la intolerancia y contra esa guerra de los dos grupos políticos. Se necesita un llamado a la unión de todo el pueblo venezolano, en todos los sentidos que ella plantea en su declaración al El País porque no sólo Chávez sentenció la desunión. Es un mal de todos los venezolanos, es falta de solidaridad para con el prójimo, es un egoísmo que carcome y una concha de oro no lo va a resolver si siguen empeñados en ver a un solo responsable.

Admiro la humildad por sobre todas las cosas y valoro la objetividad a la hora de hablar de un país. No soy partidaria de vender una sola versión. Hay que ampliar la mirada porque ese país (Venezuela) se hunde con la colaboración de todos sus habitantes y los dos bandos políticos. La falta de cultura y compromiso social es general. Gente con títulos universitarios sin capacidad de reflexionar. Personas -muy pobres- a quienes la falta de educación les impide pensar.


Hay que salirle al paso a declaraciones emotivas producto de la embriaguez que produce un premio en algunas personas.

Carmen Guédez
@TintaIndeleble



martes, 16 de julio de 2013

El duelo y la muerte de Mario Biondo

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Móvil, cámara y tristeza, me resultan antagónicos. Hace tiempo que quería hablar de la nueva modalidad usada para anunciar la muerte de un ser querido y la forma de vivir el duelo, como si la aflicción se extingue mostrándose feliz -o triste- en las redes sociales.

Estas reflexiones comenzaron cuando vi la fotografía con la que el esposo de Eva Ekvall  -ex Miss Venezuela- anunció su fallecimiento un triste 17 de diciembre de 2011. La imagen era dolorosa: la mano de Eva -con la piel arrugada como un pergamino- sujetada por la de su esposo. “Siempre juntos...te amo esposa” escribió él junto a la fotografía tomada, supongo, después de su muerte. Ella tenía 28 años. Ese día yo recibía a mi hija, en Barcelona, y me eché a llorar desconsoladamente. Era de noche cuando me enteré. La noticia me dejó desolada y tenía que sacar fuerzas para atender a mi familia.

Nunca más
Siempre he sido muy respetuosa cuando se trata del tema de la muerte. Con el lamentable deceso de Mario Biondo se abre un interesante debate ante la forma de cómo una viuda -o viudo- debe llevar su reciente viudez en esta era de no privacidad, donde todo se graba con o sin consentimiento y los famosos están muy expuestos. Este debate vale para los familiares más cercanos. Podrán decir que cada cual hace con su vida lo que le apetece -y no lo niego- pero la muerte merece respeto y solemnidad. Es la despedida definitiva. No es un adiós. Es un nunca más.

La razón de ser del luto
Se dice que “El luto se lleva en el corazón”. Decía mi maestro (psiquiatra) José Luis Vethencourt, que vestir de negro -al menos dos meses- era mostrar el dolor y no avergonzarse de él. Añadía, Vethencourt, que psicológicamente, eso hacía un gran bien a a familia del fallecido. 

La modernidad ha cambiado todo. Recuerdo, de niña, que cuando se veía a alguien con negra vestidura, se le preguntaba si alguien se le había muerto. Los hombres, por su parte, llevaban un botón negro -en el bolsillo de la camisa- o un brazalete negro como símbolo de duelo.

El telégrafo y la muerte
Antaño, las muertes se anunciaban a través de un escueto telegrama porque cada palabra se pagaba. “Murió tío Pedro. Entierro mañana”. La llegada de esta misiva, asustaba a nuestros abuelos. Hoy nos enteramos por las redes sociales y podemos seguir todo lo que, legítimamente, corresponde a la intimidad de los deudos. En eso, el viudo y los padres de Eva Ekvall, fueron muy cuidadosos y preservaron la intimidad de su duelo. La cremaron fuera de Venezuela para evitar a la prensa.

Lo que no puedo explicarme
No logro una explicación lógica de cómo alguien, que ha perdido a un ser querido, tiene deseos de estar pendiente de un teléfono -y de las redes sociales- en un momento de enorme tristeza. Es una modernidad a la que me niego cuando se trata de la la muerte o una enfermedad grave. Esos son momentos en el que -como familia- estamos rotos. Que se encarguen los menos adoloridos de anunciar una defunción, pero no el más cercano, a menos que estemos tan deshumanizados que la muerte no nos sacuda duro y nos desgarre el corazón y que nuestra “fortaleza” (deshumanización) sea tal que nos permita hacernos fotos, twittear o usar el facebook. La tecnología vs. el duelo. Gana la tecnología porque la gente se ha hecho adicta a ésta.

Mi padre me enseñó que la muerte de un ser humano es un momento de respeto. Si moría alguien conocido, en mi casa no se veía televisión por tres días. Sólo se escuchaba música clásica.

El vestuario de luto
Tras el reciente fallecimiento de la periodista Concha García Campoy, alguien escribió un artículo donde decía que la gente iba vestida como si fuera a la playa, y era muy cierto: camisetas y sandalias fue el vestuario de luto escogido a cuenta del calor. El verano no justificaba tanta ligereza para asistir a un funeral. Me alegró que alguien más pensara como yo e hiciera la crítica. Otro cambio más de la gente que antes iba a los funerales de riguroso luto: traje con corbata negra -para los hombres- y trajes negros para las mujeres. Así despedían al ser querido o al amigo(a) al que se apreciaba y/o se quería.

El caso de Raquel Sánchez Silva, viuda de Mario Biondo
Ella está en pleno derecho de llevar su duelo como quiera. Lo que ha molestado a la familia de Mario Biondo ha sido el que Raquel Sánchez Silva se mostrase públicamente -a través de las redes sociales- rodeada de amigos como si aquello fuera una fiesta de fin de semana o buceando en plena tempestad y frente a una cámara. Se la observa siempre sonriente. De aquel dolor con el que se la vio al enterarse de la muerte de su esposo no queda nada exteriorizado. Partió a Formentera y paso unos días con sus amigos y su madre. Esto ocurrió a muy pocos días de enterrar a Biondo en su Italia natal.

Me resulta imposible dejar de pensar en cómo fue la última vez que esa pareja estuvo junta y a solas. ¿Discutieron o se dieron un beso y se dijeron algo lindo? O por el contrario, hubo malos tratos o reproches, ¿y en qué tono? ¿Se investigó esa última vez? Cómo era la personalidad de Mario Biondo, ¿fuerte o débil? ¿Cómo se repuso Raquel tan rápido? Psicológicamente es difícil -prácticamente imposible- más cuando ella (Raquel) no sabe qué pasó, porque Mario no dejó una nota de despedida, lo que llena de culpa e interrogantes a cualquiera y empeora el duelo.

 ¿Acaso todo quedó dicho en esa última conversación y, por eso, una nota de despedida carecía de sentido? Luego de una muerte accidental, ¿cómo se pasa de la más profunda tristeza a la sonrisa fácil, el bucear y el pasarla bien con los amigos? 

Es Raquel Sánchez Silva quien publica las fotos. De ahí que me sorprenda. Ahora se ha retirado de la vida pública luego de la torpeza que le ha dado tantos problemas, pero el mal ya está hecho y las dudas quedan. A mí me quedan. Retiro conveniente el que asume, ahora, la presentadora de televisión. Parece una película de Alfred Hitchcock.

Menos de 10.000 €
Llama la atención que Mario Biondo sólo deja una herencia -en efectivo- que no llega a los 10.000 €, según elPeriódico.com de fecha 10-07-13.

¿Estaba la pareja en crisis a menos de un año de casados?
Todo cabe en esta historia. Al parecer, era una pareja con una gran diferencia económica y, tal vez, intelectual y social. Sin embargo, yo no hablaría de asesinato como lo hace su cuñada (hermana de Biondo), pero sí de posible humillación y, por ende, una severa depresión (de Mario) por todo lo que he expuesto anteriormente y por no ser atendida en caso de conocerse esa depresion. Posiblemente, el cámara de televisión pasaba por una crisis existencial desproporcionada y difícil de ocultar.

Inducción al suicidio, depresión severa no atendida o extorsión
Mario se suicidó -según la policía- pero existe la inducción al suicidio. Si fuera una mujer la suicida, esa muerte se investigaría más allá de que se confirme el suicidio. El maltrato no sólo lo sufren las mujeres, también lo padecen los hombres. Esto hay que decirlo en honor a la verdad, pero no culpando sólo a Raquel Sánchez Silva. Hay que saber más de la vida del fallecido y, de él, nada se dice. Tal vez ni su esposa conocía a su círculo de amigos o conocidos. No se contempla la extorsión como un posible detonante. Tampoco se sabe cómo se suicidó, información valiosa para quien le interese este caso, más allá de la prensa rosa.

Sabemos que Biondo se quedó en casa y ella marchó para el trabajo. Lo demás es historia y, detrás, un incómodo secreto de tumba que, aparentemente, sólo dos conocen. Si Raquel Sánchez Silva hubiera sido más discreta, se evitaría estas dudas. Ahora, cada cual saca las conjeturas que quiera. Ella ha encendido la mecha por vivir en un mundo donde el dolor de la muerte es cosa de pocos días. Así ha quedado establecido por esta sociedad que no acepta vestir de negro en época estival. ¡Cosa de modas, válgame Dios!

El arma letal
A mí, la muerte de Mario Biondo me llena de dudas. Hay un arma letal: la palabra y esa arma no se ha buscado. Yo la buscaría. Tengo olfato de detective y no me gustan las injusticias. Estas deben aclararse para bien de todos, incluida Raquel Sánchez Silva y la familia de Mario.

Conclusión
Humanicemos, de nuevo, a la muerte de cualquier ser humano. La tecnología no tiene cabida en ese mar de tristeza y añoranzas. El duelo debe volver a traspasar la puerta de la intimidad y sólo compartirlo fuera de cámaras y de redes sociales que sólo buscan el morbo. La muerte de un ser querido se llora hasta que se acaben las lágrimas. Éstas alivian el dolor moral.

Georges Brassens y Les Funérailles D'Antan (Los funerales de antaño)
Estoy formada, como Brassens, en el tema de la muerte. Sus letras las hago mías. Espero las disfruten en el idioma que prefieran. Lo ideal es escucharlas en francés porque las traducciones no las recomiendo, pero acercan al mensaje de Brassens.





Carme Guédez i García

@TintaIndeleble
FB: Tinta Indeleble
Skype: carmen.guedez (Barcelona - Catalunya)


Tinta Indeleble vuelve a derramar la verdad sin censura

 .
Este blog fue creado en el año 2004, cuando no habían redes sociales para publicitar los post y la gente, o no los conocía, o veían a un bloguero con desprecio, nos restaban importancia. 

Este fue el logo de Tinta Indeleble hasta el post anterior. Fue un regalo de un gran amigo: Nicolás Pasiecznik
Todo lo malo de los pioneros lo viví en carne propia. Yo tuve la suerte de que venía de escribir en un periódico importante y algunos de mis lectores me siguieron en el blog.

Me siento muy orgullosa de esos años duros porque los pioneros pudimos demostrar que el blog era parte del futuro en Internet. Escribimos una línea en la historia virtual y, una línea, es bastante si la juntamos con muchas más acompañadas de dibujos, fotografías o pinturas. 

Nos adelantamos en el tiempo porque fuimos visionarios. Estaba claro que nos estaban brindando la oportunidad de salir del yugo de los editores. Tal vez hoy estemos un tanto controlados porque el resultado fue mayor de lo que esperaban los creadores del blog. 

Estoy consciente de los límites que nos imponen a los blogger sin decirnos nada. El olfato y la experiencia no fallan. Presentimientos de los que conocemos la censura. Somos la competencia de los grandes medios. ¿Quién lo diría?

Mi experiencia como una de las pioneras en el mundo del blog
Muchos periodistas se burlaron de mí y no apostaron a mi éxito porque no entendían cómo iba a conseguir lectores. Esos periodistas, hoy tienen un blog. No fue fácil porque la bitácora virtual era una herramienta desconocida desde todo punto de vista. Al no ser conocida, no se confiaba en un blogger hasta que la calidad de los textos -o imágenes- se impusieron sobre los prejuicios y la ignorancia.

Un blogger, actualmente, hace circular un post con mucha facilidad. Eso sí: debe saber promocionarse, escribir bien y con buena ortografía (indispensable). Lo ideal es que tenga un estilo muy definido y que el contenido sea de interés. No es lo único, pero lo fundamental.

La importancia de las redes sociales para un blog
Pasaron los años y las redes sociales facilitaron la difusión de un post. Entonces nacieron blog por todas partes. En cierta forma, dejó de ser un trabajo para convertirse en un hobby. En el 2004 -y muchos años después- dar a conocer un blog era tarea ardua. Había que hacer mucha vida social para -entre copa y copa- hablar de tu blog. Otra forma de promoción era enviar miles de e-mails para anunciar la publicación de un post. A muchos les molestaba recibir ese tipo de e-mails y me respondían con violencia.

Me desencanté del blog
Viendo la proliferación de blogs malos -y menos malos- me desencanté y perdí el interés por este medio. Pocos son los blog interesantes. Tener un blog se convirtió en una moda, no en una necesidad. Ese fue el mayor desencanto. De repente nacieron "escritores" que no tienen idea de lo que es escribir y, mucho menos, conocen la dura disciplina de este oficio. Son aquellos que creen en la existencia de la musa. La mayoría no vienen del mundo de las letras como razón de vida. Si yo no escribo, estoy muerta. No obstante, opté por escribir poco y con desgano. Fue Ricardo Báez-Duarte -eterno amigo, compañero de esta aventura- quien me animó a continuar con mi blog. Sigo pensando en que "Cuando la musa llegue, que me encuentre trabajando", Pablo Picasso.

Tinta Indeleble se dañó y Blogger no hizo nada para repararlo
Este blog estuvo dañado a partir del último post: 22-05-13. Blogger no hizo nada por repararlo a pesar de todas las quejas que les hice llegar. Debo agradecer la reparación a Ricardo Báez-Duarte y, muy especialmente, a Octavio (Chango) un gran amigo de Cardopusher y de mi hija. El problema estaba en un IP de Venezuela y yo escribo desde Barcelona-Catalunya. El resto no lo debo contar.

El antes y después de Tinta Indeleble
Es imposible que yo sea la misma que empezó a escribir en este blog. Muchos hojas de sauce han caído, en cada otoño, desde aquel 2004. Posteriormente, dos veces he estado al borde de la muerte. La última vez fue en el 2010 cuando me fue diagnosticado un cáncer de mama. Estoy estupendamente, pero mi manera de luchar no es la misma; no por falta de fuerza o de salud, sino porque veo la vida de otra manera. En ese cambio descubrí que la mejor bandera para pelear -y denunciar- es la PAZ.

La Paz como religión
Me he vuelto muy reflexiva y la verdad seguirá siendo derramada sin censura (mi eterno slogan) pero con otro estilo. Las enfermedades no son malas: son las grandes universidades de la vida. No creo en Dios, pero la PAZ es una especie de religión con pocos seguidores. Esa es la religión que profeso. Hago este comentario porque influye en la manera como quiero llevar esta nueva etapa de Tinta Indeleble.

Otro cambio:
Ya la Ñ no es el símbolo de este blog. La eliminé como un homenaje merecido a mi país: Catalunya, donde no se usa la Ñ. Por supuesto que seguiré escribiendo en español -mi lengua materna- siempre valorada por mí en su justa dimensión. Esa Ñ se la  agradeceré, siempre, a Nicolás Pasiecznik.

Otras influencias en esta nueva etapa
También hay mucha influencia de Optimización SEO, pero de una manera más flexible para no convertirme en un robot que escribe con un centímetro y una pesa al lado. Eso anula mis sentimientos.

Os quiero. Gracias por leer mis post.

Catalans, gràcies de tot cor. Una abraçada i petons.
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Carme Guédez i García

@TintaIndeleble
FB: TintaIndeleble
Skype: carmen.guedez (Barcelona-Catalunya)

miércoles, 22 de mayo de 2013

A prueba de tiempo

 .
Fragmentos de una novela inconclusa.
Título tentativo: Nunca le creas a una novia

No soy lluvia para mojar tu cuerpo 
Tampoco rocío de la mañana. A ver si un día descubres lo que soy.

Nunca fui tan feliz como en aquellos tiempos
Sin embargo, la felicidad que me proporcionabas me daba miedo.

Aquella noche trágica
Serpenteabas la carretera oscura como si lo que deseabas era acabar con nuestras vidas. Pero no fue un alivio llegar a nuestro destino donde lo peor habría de sudeder. 

Tú, un testigo que no sabe lo que paso en aquella habitación
Te imagino tratando de entender qué sucedió después que discutimos en la habitación. Nunca lo sabrás. Yo lo sé y lo sabe alguien a quien se lo conté como un secreto. A mí me queda una pregunta que tampoco tendrá respuesta. ¿Por qué te acercaste a mí en plena madrugada? No te sentí porque ya estaba inconsciente. Pensé que despertarías al amanecer. La noche había sido muy fuerte para ambos. Debías estar cansado. Calculé mal. Ese fue mi error.

Han pasado muchos años
Y sigues tan presente como el día en que te vi de espaldas, con tus largas piernas extendidas como si estuvieses tirado en la playa o en tu velero.

Tu velero
Surcando mares para huir de todo, menos de ti mismo.

Me reencuentro contigo
En la mar y en cada vela. A veces es un placer; a veces, muy nostálgico.

Carme Guédez i García
@TintaIndeleble 



jueves, 10 de enero de 2013

Venezuela -el país del petróleo- se ha quedado sin Presidente

Después de 14 años adorando la figura presidencial de Hugo Chávez, Venezuela amanece este 10 de enero de 2013 sin presidente, en vista de la ausencia -o muerte- de Chávez.

Chávez mira la réplica de la espada de Simón Bolívar con la tristeza de no saber si la volverá a ver. Esto fue antes de marcharse a Cuba

Lo que estable la Constitución Venezolana
En ausencia del presidente electo, la Constitución establece que debe asumir el cargo el Presidente de la Asamblea Nacional (Congreso) y es su deber convocar a elecciones en 30 días.

Lo que pidió Chávez antes de lo que pudo ser su último viaje a Cuba
Hizo peticiones concretas: entre otras, que mientras llegara el día de su juramentación para un cuarto mandato, continuara el vicepresidente Nicolás Maduro en el poder y si su salud no le permitía regresar para hacer la juramentación de su cuarto mandato -el 10 de enero de 2013- que Maduro asumiera la Presidencia de Venezuela y llamara a elecciones en 30 días. Pidió apoyo para Maduro como candidato elegido por él (a dedo) para unas eleccciones. Hugo Chávez no podía saber si ese era su último viaje porque iba a ser sometido a una delicada operación quirúrgica con muchos riesgos y tomo previsiones en  las que a Diosdado Cabello ni lo nombró a pesar del peso político de este personaje dentro del chavismo.

¿Qué sucedió en La Habana?
En las pasadas navidades del 2012 -con Chávez supuestamente grave en la UCI- se celebró una reunión donde participaron Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y creo que los dos hermanos Castro, o al menos Raúl Castro.

En esa reunión se supone que se planifica este estado de incertidumbre que ya ha comenzado y que es muy peligroso. ¿Cómo lo tomó Cabello es la gran pregunta?

Diosdado Cabello no será Presidente
A pesar de que la Constitución se lo exige, Cabello no asumió el cargo de Presidente de Venezuela, tal y como lo establece la Constitución. Las razones las desconozco, pero algo hay detrás de esto. Parece no ser el preferido de los Castro por no ser muy afín a Cuba.

Solución de última hora
Ante el impasse Maduro-Cabello, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) le otorga a Chávez el derecho de juramentarse "cuando el pueda", no importa el tiempo. Eso constituye una barbaridad jurídica porque no está consagrado en la Constitución. En este caso, se le da a Maduro el derecho de seguir ejerciendo la presidencia con la grave consecuencia de que no habrá llamado a elecciones ni en 30 días, ni se sabe en cuánto tiempo. El Tribunal Supremo de Justicia dice: "No hay falta temporal ni absoluta y el gobierno puede seguir en funciones"

Esto nadie lo entiende. ¿Cómo es eso de que no hay falta temporal ni absoluta? El caso es que Chávez no está en Venezuela y no se sabe si todavía vive.

¿Vacío de poder o golpe de estado?
Esa es la gran pregunta que hoy se hacen los venezolanos ante una situación política inédita y sin fecha determinada como final. ¡Claro que hay falta temporal y absoluta porque Chávez cumple un mes en Cuba y no se sabe si está vivo o muerto! Tampoco se sabe cuándo regresa, ya que en su juramentación como presidente -a celebrarse hoy- no estubo por lo que -legalmente- ya no es presidente de Venezuela.

No permiten que un grupo de opositores (congresistas) lo vean para tener una fe de vida. Tampoco chávez se ha dirigido al país por teléfono.

Hugo Chávez Frías
No hay noticias oficiales de él. Las pocas que llegan es a través de un medico venezolano, radicado en Naples, Florida (USA) Se llama José Rafael Marquina e informa por Twitter. El hermetismo oficial es absoluto.  Nadie conoce a los médicos de Chávez.

La oposición
Los opositores "representados" por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y Henrique Capriles Radonski (perdió con Chávez la Presidencia de la República el 07-10-12) hacen gala de un silencio incomprensible, toda vez que se ha dicho que son los cómplices de Chávez para ganar elecciones ya que ellos ponen el contendor que, a cambio, recibe una gobernación. Sin contendor de peso, Chávez no podría haber ido a elecciones.

Un país dividido en tres grupos y ninguno tiene brújula
Venezuela es hoy un barco a la deriva. 1- Los que siguen a Diosdado, lo verán como su presidente y 2- los que siguen a Maduro, procederán igual con el hoy "Presidente". 3- En tercer lugar está la oposición, sin presidente. Es de esperar que vuelvan a sacar a Capriles como aspirante a la presidencia, pero es un hombre desgasado y ya no muy creído ni querido.

Unos opositores huérfanos en medio de una situación muy delicada
Llama la atención que la oposición venezolana -que es un porcentaje muy grande, cercano al 50%- no tiene presidente ni aspirante. Definitivamente, los opositores no reconocen a Maduro como Presidente. Ellos esperan ser llamados a elecciones en 30 días.

Futuro incierto marcado desde Cuba
Nadie puede entender cómo va a funcionar un país en condiciones tan anormales, tan nunca vistas. Asombra la pasividad de la oposición que, desesperadamente, buscan a un líder que no tienen.

No puedo menos que sentir un enorme pesar por el gran país que pudo haber sido y no fue. Un país que le fue entregado a Cuba por Chávez. Esto, apenas, es el comienzo. Nadie puede predecir el futuro inmediato de aquel ex paraíso caribeño. Hoy hay desabastecimiento en alimentos y medicinas básicas.  Cualquiera muere por falta de medicamentos.

El legado de Chávez
Caos y división fue lo que dejó Chávez en 14 años de gobierno. Abandonó a la clase media y -a los pobres- los empobreció más. La inseguridad creció con sus gobiernos. Hoy, una enfermedad lo obliga a no esconder su lado humano y descarta al superhombre en el que deseaba que creyeran. Un cáncer, mal tratado, complicó su robusto cuerpo. Y ese cáncer escondido devino en su peor obra: dejar a su propio país sin Presidente legítimo, una de sus peores maldades llevada hasta el final.

Maduro es  un ninot nombrado a dedo por el mismo Chávez antes de su partida a Cuba. En conclusión, y perdonen la repetición: Venezuela -el país del petróleo- se ha quedado sin Presidente.

Carmen Guédez i García
Barcelona - Catalunya
@TintaIndeleble