domingo, 27 de febrero de 2011

DOS DOMINGOS SIN “ALÓ PRESIDENTE”

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Un domingo, en Venezuela, es un día de largo parloteo presidencial en el ya mítico programa televisivo Aló Presidente, conducido por el mismísimo Hugo Chávez que rara vez suspende su show dominical que comienza en la mañana y nunca se sabe a qué hora terminará. Pero resulta que la revuelta del mundo árabe -y en especial lo que sucede en Libia- lo han obligado a guardar silencio durante dos domingos seguidos: 20 y 27 de febrero. Como para reflexionar sobre esta extraña ausencia en la televisión venezolana.

El domingo (durante ese programa) Chávez marca la agenda semanal del país. Venezuela se mueve, desde hace años, al ritmo de lo que este hombre dice en “Aló presidente”. Y es mucho lo que expresa en 4, 5 ó más horas de bla bla insoportable. Chávez no es de los que controla sus palabras y es capaz de decir cualquier barbaridad sin medir consecuencias. Ya sabemos los problemas que causa hablar -especialmente hablar de más- porque es de sabios -e inteligentes- guardar silencio o hablar poco y no es Hugo Chávez un hombre sabio. Si no lo conociera, pensaría que suspender el programa dos domingos seguidos es un acto de reflexión, mas no es así. Es sólo una salida más de su ancestral cobardía que tiene sus orígenes en la niñez, cuando se escondía en el armario de la abuela Rosinés huyendo del castigo materno. Esta vez Chávez vuelve a esconderse, asustado, al ver a su amigo Muamar el Gadafi en desgracia. Suspende el programa durante dos semanas -tal vez más- porque sabe que el polvorín libio lo puede alcanzar y no quiere ser él -con su discurso encendido- quien prenda la chispa tropical de las revueltas. Motivos de sobra hay en ese lado del mundo para que un estallido popular tenga lugar. Dictadores sobran y los encabeza Fidel Castro. Dictador se le llama a Chávez porque ha gobernado al más puro estilo de L'État c'est moi, justo lo que ya cansó a los pueblos árabes y que fácil podría cansar a los venezolanos.

Chávez no piensa cuando está asustado. Él entra en crisis y corre a esconderse. Sus médicos se encargan de devolverlo a la realidad. Siendo así, alguien pensó por él y le recomendó no hacer “Aló presidente”. El programa de hoy iba a ser muy difícil para él porque se están cumpliendo 22 años de aquel 27 de febrero de 1989 -conocido como El Caracazo- con el que comenzó el fin del entonces presidente Carlos Ándrés Pérez. Recordar levantamientos populares en Venezuela -con lo que está sucediendo en Libia- es como nombrar la soga en la casa del ahorcado y Hugo Chávez lo sabe. Por ahora, Hugo Chávez está condenado al silencio, no hay otra alternativa. Es lo sensato porque se ignora la temperatura actual del pueblo venezolano. Reciente están los discursos de Hosni Mubarak y el de Muamar el Gadafi intentando calmar las protestas y, en lugar de lograrlo, enardecieron más a sus opositores. Lo mismo podría suceder con un descontrolado “Aló presidente” donde el equivalente a llamar ratas a los disidentes, es llamarlos "pitiyanquis" o "escuálidos". Ah, pero es hora de cuidar el vocabulario del presidente y, a falta de auto control, suspender el programa -con cualquier excusa- es evitarse males mayores mientras se pueda o mientras los venezolanos lo permitan.

Un íncomodo tic tac cuenta las horas de algunos dictadores y ninguno sabe quién es el próximo en caer en desgracia porque ya vimos que los “amigos” de Gadafi lo abandonaron y no dudo en calificar de hipócritas a presidentes, reyes, príncipes y demás personalidades que un día se fotografiaron con él y se les veía encantados. Aquellos tiempos -nada lejanos- en el que Gadafi les dio petróleo en cantidades y regalos de magnitudes impensables, les fue útil. Ahora es un hombre incómodo que nadie quiere en su casa porque tiene un acre olor a hombre sin poder. Chávez no quiere eso para él. Le tiene terror a una situación así porque sabe que tiene muchos delitos por los que puede ser juzgado, ¡muchos muchos! Tampoco los Diosdados Cabellos (que son muchos los corruptos como él) quieren verse despreciados y con sus cuentas congeladas. Al fin y al cabo lo único que quieren es retirarse tranquilos y que sus hijos hereden los bienes mal habidos durante años de poder porque el comunismo es bueno, pero eso de no heredar es malo.

Lo que le está sucediendo a Muamar el Gadafi ha puesto el dedo en la llaga venezolana y Chávez teme y, ante el temor, nos deja sin “Aló presidente”, sólo un tímido apoyo a Gadafi dejó escuchar, pero esta vez sin aspavientos ni amenazas. Una semana más sin agenda porque, al no poderlo escuchar, ignoramos cuál su próximo proyecto, el nuevo preso político, la siguiente expropiación, el nuevo intento de trampa electoral y paro de contar porque es mucho lo que se maneja en la agenda dominical de Hugo Chávez, algunos planes improvisados mientras el mayordomo sirve el café y Chávez se inspira. Sin programa no hay forma de saber cuál será la próxima locura presidencial.
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Por primera vez deseo que Chávez hable sin parar y que insulte a medio mundo -como es su costumbre- a ver si se prende la revolución opositora en mi país. Que sean las palabras de un dictador desesperado motivo suficiente para colmar las calles por la libertad y la vida, por la vivienda digna que les niegan a los que no la tienen y por el fin de tantas carencias en un país con petróleo -como Libia- pero con la riqueza en manos de quienes gobiernan. ¡Ojalá los vientos árabes -cargados de protestas- soplen hacia el Caribe!

Carmen Guédez

1 comentario:

Ángel O'Shea. dijo...

Tienes razon. es puro bla bla bla el hombre.
genial blog!
te felciito.
gente asi es que necesitamos en este pais. gente que se exprese con libertad y busque justicia, sin miedo.