lunes, 5 de julio de 2010

MARADONA: UN REY DESNUDO

.









.
.
.
No sé nada de fútbol. No es mi especialidad. Ni siquiera soy de las que, habitualmente, se sienta frente a un televisor a ver un partido, sea de un mundial o no. Siendo así, nada tengo que decir -desde el punto de vista técnico- del partido Alemania-Argentina. Que lo haga mi amigo Arturo Loaiza Anzellotti que lo hace muy bien en su blog Fútbol 101, tanto que le auguro un futuro promisorio, en Italia, como comentarista de ese deporte. Yo sé más de montañismo y ochomiles. Me formé en humanidades, no en deporte, y llegué a amar al montañismo porque suelo compararlo con el trabajo del escritor, pero eso es otra historia.

A pesar de que me costó decidirme, voy a hablar de Diego Armando Maradona, que no del juego de Argentina contra Alemania. Dice Eduardo Sacheri en un excelente artículo sobre la derrota del seleccionado argentino publicado ayer, domingo, en El Mundo: En mi casa me enseñaron que no se le pega a alguien caído… Estoy de acuerdo, pero olvidó Sacheri que el ser humano tiene -por naturaleza- rabia contenida, algo que es imposible de evitar ante ciertos árboles caídos y Diego Armando Maradona es uno de esos ciertos árboles. Uno de esos a los que muchos le tenían ganas desde hace tiempo y, la derrota de su selección frente a Alemania, ha exacerbado esa rabia porque -tras el contundente fracaso- brotó -imparable- la inmensa molestia frente a una prepotencia y una soberbia que ya nos tenía cansados a muchos. Llama la atención que la reacción, ante lo sucedido, fue igual en todo el mundo y cuando hay un estallido ante algo, o ante alguien, es por alguna razón. Sería simplista decir que es de gratis.

A mí este hombre no me cae nada bien porque no soporto, por nada del mundo, a los arrogantes. Nunca escribí sobre él (si lo hice, no lo recuerdo) pero el día de su infernal derrota (¿final?) -que no es la derrota definitiva de los integrantes de la selección argentina, eso es otra cosa- ya no pude más. Lo mismo le sucedió al resto de las personas que no idolatran al ex futbolista. Los titulares del caso sobresalen con la palabra “Prepotencia”, algo digno de ser analizado con seriedad.

Hay que tener sangre de horchata para seguir soportándole maltrato y más maltrato y esa actitud de sentirse superior a los demás sólo porque una vez fue un gran futbolista, lo que no le da patente de corso para ir por la vida apartando gente para que le abran camino a su supuesta superioridad. No todos estamos hechos para adorar a ese tipo de personas. A mí me lo sientan al lado y, por muy Maradona que sea, me levanto y me voy porque no me interesa conocer a alguien así.

Puedo tolerarle a Maradona sus devaneos políticos porque está en todo su derecho de apoyar, políticamente, a quien le plazca. Lo que no acepto es que se le ponga de ejemplo a seguir. ¿Ejemplo de qué? Que fue un chico humilde y llegó a ser un gran futbolista. Muy bien y muy justo el haberlo conseguido. Sin embargo, no podemos olvidar que nunca tuvo una formación sólida y moral ya que en lugar de usar el éxito para hacer algo por la humanidad, cayó en una vorágine de drogas impresionante. Ese no es el ejemplo que yo le pondría a la juventud cuando estamos luchando por un mundo libre de drogas. De ahí que no entienda cómo se le pudo dar un cargo tan alto de técnico de la selección argentina, nada más y nada menos, que en un mundial. Si hay que buscar culpables de la derrota ante Alemania, que busquen a los autores de semejante desatino porque Maradona es patológicamente problemático. En el fondo de ese nombramiento hay un mensaje contradictorio respecto a las drogas, algo así como: aunque las consumas puedes ostentar un alto cargo, ser una celebridad internacional y aparecer en la tele y en la prensa mundial.

¿Será que algún día nos podemos poner de acuerdo en no dar mensajes cruzados? A personajes como Maradona se les deja ahí, sin mucho ruido, se les atiende para que no recaigan en su adicción, pero no se les coloca en la cresta de la fama para confundir a los que se les dice que consumir drogas es malo.

Vaticino que este hombre recaerá -tarde o temprano- en el consumo de drogas luego de la derrota contra Alemania y, desde ya, señalo como culpables de lo que le suceda -ojalá y me equivoque- a los que lo colocaron al mando de la selección de su país. Si todo hubiese salido bien, tal vez hubiera pasado un tiempo tranquilo llevando una vida sana. La derrota lo cambia todo porque Maradona es un hombre con cero tolerancia al fracaso -ni siquiera lo reconoce, distorsionando la realidad- y son predecibles las opciones que él buscará para intentar sanar la profunda herida. Si no tuviera los antecedentes que tiene, jamás osaría pensar en las drogas como escape, en su caso. Lamentablemente, él ya conoce ese mundo y, en él se refugiará, si no tiene la contención que tanto necesita en este momento.

Me da la impresión de que éste es el fin de su carrera en el mundo del fútbol -al menos en un mundial- de donde salió por la puerta de atrás y, aun así, insultó a medio mundo -como es su costumbre- en lugar de tener un mínimo de humildad -que lo hubiera engrandecido- al reconocer la derrota y la superioridad del equipo ganador y de unos chicos (los alemanes) que están lejos de los 30 años y les queda toda una vida por delante, que no es el caso del viejo Diego Armando, El Pelusa, el buen jugador que alguna vez fue.

Su hija, Dalma, intenta contenerlo en el momento en que se enfrenta a unos aficionados que celebran el triunfo del equipo alemán

Thomas Müller (20 años) ni siquiera había nacido -y creo que sucede lo mismo con la mayoría del equipo alemán- cuando Maradona se exhibió ante Alemania en México 1986 y no había cumplido un año cuando su país se tomó la revancha en Italia 1990, lo que significa que lo que este chico sabe de fútbol no lo bebió de la fuente de este argentino que, hace tres meses, se molestó cuando en una rueda de prensa -luego de un partido amistoso entre Alemania y Argentina, ganado por Argentina (0-1)- le colocaron al lado al joven Müller a quien El Pelusa confundió con un recogepelotas, olvidando que no se debe subestimar a nadie porque el mundo gira y un día, aquel que subestimaste, está con la cabeza en alto mientras tú estás en el piso, muy a pesar de tu soberbia. Maradona es un típico ejemplo de la facilidad con la que, algunos, olvidan sus orígenes humildes cuando son tocados por la fama.

En el partido que dejó en ridículo a Diego Armando Maradona -gracias a tanto alarde- el recogepelotas -junto al resto del equipo- le dio una lección que sólo un ataque de amnesia lo hará olvidar, con la certeza de que él no aprenderá con lo sucedido y seguirá creyéndose un Dios supremo cuando apenas alcanza a ser un viejo rey desnudo.

Carmen Guédez

E-mail: tintaindeleble@gmail.com

Link: http://tintaindeleble.blogspot.com

Skype: carmen.guedez (Galicia – España)
Facebook: Tinta Indeleble
Twitter: @TintaIndeleble - http://twitter.com/TintaIndeleble

No hay comentarios: