lunes, 19 de julio de 2010

LAS IDEAS Y YO

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"Mujer tumbada pensando". Obra en mármol del escultor Paco Puyuelo (1967. Huesca-España)
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Hay un concepto fijo de que la gente debe tener una ideología política o religiosa determinada que parte de ideologías ya establecidas. No hay manera de que se entienda que no todos nos adaptamos a esos moldes porque tenemos ideas propias que nos llevan a pensar que el mundo puede evolucionar hacia algo distinto, sin etiquetas y sin puntos extremos. Ideas propias que son tan válidas como aquellas que tuvieron, en su momento, otros que hoy son idolatrados. Sin ánimos de que me idolatren, pero sí de que respeten mi manera de pensar, escribo este post que aboga por la tolerancia y rechaza la intolerancia y a quienes la practican.

Cualquiera que, más que leer, sepa comprender, se puede dar cuenta que Tinta Indeleble es un blog profesional, trabajado de sol a sol con todo el sacrificio que eso implica. Un blog, como éste, tiene muchos lectores y no concibo la idea de dirigirme a esos lectores con ideas rígidas que no me permitan ser medianamente objetiva. Por esa razón, no tengo ideas políticas, religiosas (o de otra índole) pre establecidas. Tengo sí, mis propias ideas, muy incómodas para el sistema la mayoría de las veces.

No puedo ubicarme a la derecha o a la izquierda si de política se trata, ni siquiera me colocaría en el centro. Yo observo y sólo puedo alinearme hacia donde hay seres humanos que sufren injusticias. Soy antifranquista porque Franco fue un dictador. Por las mismas razones soy anticastrista: porque Fidel Castro es otro dictador y no hay dictadores buenos y dictadores malos. Hay dictadores, y punto. No me gusta el Vaticano ni sus altos jerarcas, pero no por eso estoy contra esos curas y monjas que andan por el mundo haciendo el bien. No me gustan los Estados Unidos y, sin embargo, New York vale la pena visitarlo aunque sea una vez en la vida. No me gusta el rey de España ni nada que venga de la Casa Real, pero amo a España y a sus comunidades autónomas a las que les respeto su lengua y sus costumbres. No muero por conocer la isla de Cuba, mas me importan -y mucho- los disidentes cubanos y los desterrados de ese país. Esta amplitud de pensamiento -aunque parezca contradictorio- no sería posible si me empecinara en ubicarme en un bando determinado y seguirlo al pie de la letra. Eso que lo hagan lo que no escriben y, aun así, no me agrada, pero lo respeto porque practico la tolerancia.

Si mi pensamiento es flexible -y en pro del ser humano- no veo razón para que se molesten algunos cuando escribo sobre un tema en el que, por distintas razones, no coincidimos, como es el caso de los ex prisioneros cubanos “liberados” por Moratinos a quienes estoy apoyando. Esos cubanos cuentan conmigo al igual que estoy a favor de los movimientos de muertos y desaparecidos del franquismo. Tanto los españoles como los cubanos de esas dos dictaduras son víctimas y como tal trato el tema. No puede ser de otra manera. Lo que no entiendo es la intolerancia de no aceptar que se apoye a quien no es del agrado de alguien cuando tolerar es una de las mejores herramientas que tenemos para convivir. No todos los días podemos estar de acuerdo, eso es imposible. Entonces, no me adoren un día para odiarme al día siguiente -con insultos incluidos- según lo que escriba y le convenga, o no, al lector.

Yo no quiero ser rígida para complacer a un grupo. No sólo es que no quiero, es que no puedo. Mientras esté al frente de mi blog voy a practicar la flexibilidad porque lo contrario es lo que practican los editores de los medios convencionales para no perder lectores y ganar más dinero cada día. Sus líneas editoriales siguen sólo el gusto del lector y sacrifican esa verdad, necesaria, que a algunos no les va a gustar. Esos editores no corren el riesgo de perder lectores que les producen mucho dinero. Yo sí, si por decir la verdad los pierdo. Ser complaciente, o mentir, nunca ha sido -ni será- la línea editorial de Tinta Indeleble.

Quiero ser yo misma con mis propias ideas que nacen de un aislamiento voluntario para contaminarme -lo menos posible- por lo ya establecido. No formo parte de un rebaño. Ando, por ahí, con mi cabeza dando vueltas, soñando con un mundo sin fronteras y sin dinero donde el trueque sea la única moneda y no el dólar, el euro o los seres humanos que, aunque ustedes no lo crean, siguen siendo usados para hacer negocios o saldar deudas. Eso sí: mucho cuidado en cambiar oro por espejos porque en el trueque también hay vivos.
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Cuando pienso por cuenta propia, a nadie perjudico. Hace muchos años que aprendí a pensar y a ver las cosas desde mi óptica; equivocada a veces, acertada otras tantas. Atrás quedó la idea de que las mujeres no piensan y atrás quedará eso de que no pueden nacer otras ideologías que ahora no tienen nombre y apellido, pero lo tendrán porque se están gestando en todas partes del mundo a pasos agigantados, gracias a Internet. Las viejas ideas están desgastadas y comienzan a agonizar.
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Las revoluciones desaparecen para dar paso a las evoluciones.

Carmen Guédez

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