jueves, 13 de mayo de 2010

¡NO A LA VIOLENCIA MACHISTA EN CUALQUIERA DE SUS MANIFESTACIONES!

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Cualquier tipo de ofensa hacia la mujer es VIOLENCIA. Está puede ser física, psicológica, clasista, racista, sexual, religiosa, étnica, etc. Si le toleramos a un hombre una sola agresión, lo estaremos estimulando a agredir a mujeres inmensamente indefensas, de ahí que la agresión que me hizo GONZALO DE SOLA RICARDO no se la haya tolerado tanto por mí como por otras posibles víctimas del pasado y del futuro.


Desgraciadamente una mayoría guardó silencio porque nadie quiere meterse en "esas cosas" y luego se horrorizan ante los espantosos crímenes que genera la Violencia de Género. No me sorprendí ya que por experiencia -como activista- sé que la complicidad es alarmante y no es nada nuevo: siempre ha sido así. Por eso es que este tipo de violencia crece como la mala hierba.
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Lo bueno es que más de 3000 personas han visitado este blog desde que publiqué el primer post del caso De Sola. El contador me permite saberlo. ¡Y los que faltan!
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Recordemos a la niña ecuatoriana que fue agredida en el metro de Barcelona-España. Los que estaban dentro del vagón permanecieron indiferentes mientras el hombre la pateaba. Su victimario no la conocía, al igual que Gonzalo De Sola no me conoce a mí.
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Como me dijo el único artista plástico (hombre) que se solidarizó conmigo (en privado): "Uffff, pero mejor que esté fuera de tu vida. Esto me sirve de alerta. Cuidado con ese tipo". La verdad es que nunca estuvo en mi vida y eso hace más extraño su comportamiento. Keyla Holmquist es la única colega de De Sola que me ha expresado -públicamente- su solidaridad en Facebook, al menos hasta la hora de publicar este post. La considero una mujer valiente porque sé lo que significa manifestarse públicamente en este tipo de casos.

Una amiga de De Sola me envió un mensaje: "Gonzalo es una persona muy agradable y sencilla. Deseo que todo lo puedan arreglar de la mejor manera" ¡Claro, ellos son tan amables como los pedófilos que hasta son obispos! Estamos ante el estereotipo de que el hombre violento no es encantador. ¡Pero si la gentileza es su máscara ante la sociedad! Lo más triste es que las mujeres -cultas e incultas- los apoyan y se niegan a aceptar que son agresivos y, por ende, peligrosos. A veces es conveniente callar en lugar de intentar propiciar arreglos para quedar bien con las dos partes. En esta vida hay que escoger cuando es necesario hacerlo. Es asunto de consciencia y de libertad de acción.

A la hora de elegir entre víctima y victimario, tomen en cuenta que: Cada vez que una mujer deja de solidarizarse con las víctimas de la violencia machista, se está poniendo en peligro a sí misma y a un ser querido.

Yo me pregunto: ¿cuál es la mejor manera de arreglarse con un hombre que agrede a una mujer, por las razones que sean? De los "buenos arreglos" sólo conozco mujeres agredidas nuevamente, o muertas. Me pregunto, también, si la mujer que deseo que arregláramos el problema -"de la mejor manera"- se puso en mi lugar o quisiera que un hombre "agradable y sencillo" le dijera a ella -o a su hija- lo que De Sola, sin motivos, me dijo a mí. Él no me dio explicaciones lógicas del porqué de su fuerte mensaje.

A lo anterior hay que añadirle la complicidad masculina que siempre apunta a que el hombre agresor "sus razones tendrá" y enseguida comienza a conseguirle defectos a la mujer agredida para justificar su solidaridad cómplice con el agresor, caso de John Moore ante la actitud de su amigo Gonzalo de Sola Ricardo para conmigo, pero John Moore será tema de otro post. Eso se los aseguro.

Mi recomendación a las mujeres que no tienen una página -como la mía- donde mucha gente me lee y, por ese motivo, puedo denunciar este tipo de agresión a sabiendas de que se va a saber, es que acudan a denunciar en los organismos que se ocupan de atender a las Víctimas de la Violencia de Género para, así, protegerse y que quede una prueba en caso de que sean agredidas físicamente. Nunca se sabe qué puede ocurrir luego de una mínima agresión. Les advierto que la denuncia produce mucha rabia en el agresor, amigos y familiares de éste y, ante eso, hay que protegerse al máximo. La violencia no es juego.

Toda agresión -por muy pequeña que a otros les parezca- merece ser tomada, muy en cuenta, por quien la sufre que es quien siente el efecto físico o psicológico. El dolor moral es personal e intransferible. La víctima debe colocar en la balanza -por encima de todo- que la agredida es ella y que los demás nunca van a ponerse en su lugar. Muchos le van a decir que no denuncie y que se quede tranquila, ¡no los escuche! Es una lucha muy solitaria, pero es necesario librarla.

Carmen Guédez

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