lunes, 17 de mayo de 2010

LO QUE ALGUNOS DEBEN SABER ACERCA DE MÍ

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En este blog soy muy fuerte con mi pluma y digo las cosas sin corta pinzas, pero -aunque les parezca increíble- en la vida hago uso del silencio cuando lo considero prudente para conseguir un fin y cuando callar es más sabio que decir algo inoportuno. Hacerme la tonta es una de mis actitudes preferidas ya que resulta muy útil y es mucho el provecho que se le puede sacar. Muchos me han insultado, otros me han ignorado, algunos me han agredido, que es tanto como insultar. A unos les he respondido y con otros me he negado a hacerlo. Si no lo he hecho, no es porque no pueda defenderme, sino porque no quiero o no debo. No todo el mundo merece una respuesta a sus desaires. Hay personas a quienes no les respondo porque no deseo herirlas en vista de que sé que son débiles y no me sienta bien hacerles daño aunque ellas me lo hagan a mí. Callar -en esos casos- es difícil, pero hablar puede dolerme más a mí. A veces es mejor ser herido que herir… solo a veces.
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De mí, les cuento:
Detesto el contacto con la alta sociedad, que no es lo mismo que decir gente adinerada. Son dos cosas muy distintas. Conozco personas con mucho dinero -algunos de cuna- que no se sienten cómodas dentro de la high society y se desvinculan de ella. Algunos -no todos- tienen clase. Otros hacen gala de la sencillez; esos son los mejores. En común tienen el bajo perfil como norma de vida y ningún tipo de ostentación.

Hoy podría salir con quien quisiera y, sin embargo, rechazo las muchas invitaciones que me llegan. Prefiero el bajo perfil. Soy de muy pocos amigos y pocas salidas. Salgo -de vez en cuando- con mi entrañable amigo Antonio Suarez Huett porque es una amistad a prueba de años -casi 30- como debe ser toda amistad verdadera. Hay mucha gente que me mata de aburrimiento, especialmente las señoras de la clase alta. No soporto el snobismo y desconfío de casi todos, razones me sobran. Estoy curtida de malos ratos que me pude evitar si hubiera vivido siempre como vivo ahora.

Algo más :
1- Entre un gentío y la soledad, me decanto por la soledad. Tiendo a ser ermitaña a pesar de que no soy nada tímida.

2- Entre los que me "aprecian" sólo por el éxito de Tinta Indeleble y los que me aprecian desde que mi nombre era uno más entre el montón, me quedo con los segundos y, de los primeros, son contadas las excepciones y ellos(as) saben quiénes son.

3- No me voy de bruces con quien me llama "amiga" porque esa es una palabra sagrada que debe estar en sintonía con lo que soy y debe pasar la prueba del tiempo.

4- No me gustan los halagos. Me empalagan y me ponen alerta. Suelo tener un noveno sentido que no me falla y -según mi experiencia- varios de los que me han halagado, terminaron desencantándome. Tengo la impresión de que, algunas veces, actúan con ligereza. Pocos halagan por convicción.

5- Tengo amigos(as) que son acomodaticios. A esos los sobrellevo a sabiendas de que nunca contaré del todo con ellos. Son esos que sirven para determinadas cosas, nada más. Lo correcto es llamarlos semi-amigos. No son malas personas, pero no terminan de comprometerse con la solidaridad y eso me desagrada.

6- No me gusta ostentar de las personas de renombre que conozco. Eso entra en el terreno de lo personal. Sólo si es extremadamente necesario, los menciono.

7- No me hago fotos con famosos. Es algo que detesto.

8- Categóricamente afirmo que la justicia debe aplicarse a todos por igual y el amiguismo -o un grado de consanguinidad- no debe exonerar a un culpable. Eso es complicidad.
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9- No me impresiona el que quiere, sino el que puede y tiene méritos para hacerlo. Me resulta difícil -casi imposible- admirar, con desmesura, a una persona por muy famosa que sea. Las pocas veces que logro esa sensación de asombro, no lo expreso fácilmente porque no conozco el lado humano que es lo que vale para mí. Hace años -por los 90- escribí que me gustaría recuperar mi capacidad de asombro que, alguna vez, tuve.
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10- Me impresiona la gente humilde que sobrevive a tantos problemas y me impresiona la fidelidad de los perros.
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11- No hago uso del éxito de Tinta Indeleble para ver y dejarme ver, mucho menos para ganar amistades. Si llegan, las acepto con precaución, pero es el tiempo el que decidirá.

12- Disfruto -a solas- del éxito de Tinta Indeleble, y lo disfruto mucho, pero no lo celebro con nadie, ni siquiera con mis hijas. Este blog es como un hijo y, sin él, no puedo respirar.

13- Tinta Indeleble no quiere premios y, por ese motivo, nunca participa en concursos.

He escrito este post porque determinadas personas deben saber, de una vez por todas, cómo soy para que no se sigan equivocando conmigo. Quiero recordarles que no me compran con halagos, ni con regalos. Dicen que todo el mundo tiene un precio: ¡yo no! Los halagos, los premios y los regalos comprometen y quien escribe no debe asumir compromisos con nadie.

Un artista plástico reconocido me iba a obsequiar, gentilmente, una de sus obras de arte, pero he tomado la sensata decisión de no aceptarla. Mi padre -que era sabio y honesto- decía: "Las deudas morales son las más difíciles de pagar"

Carmen Guédez

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