miércoles, 5 de mayo de 2010

LA MUERTE DE TOLO CALAFAT DEJA UNA ENSEÑANZA

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El montañista español, Tolo Calafat -fallecido recientemente en el Annapurna- no entendió que, a veces, perdiendo se gana. Desgraciadamente, continúo el ascenso y holló la cumbre, justo cuando debió descender. Irónicamente, lo que fue un éxito, le costó la vida. El fracaso, de no hollar el Annapurna, le hubiera dado la gran victoria de seguir vivo para sus hijos, su esposa y sus otros seres queridos.

Nos enseñan a no dar un paso atrás, pero -en algunos casos- hay que hacerlo y, con más razón, cuando se tienen hijos.

Una montaña difícil y de prestigio” se le escucha decir, en un vídeo, a Carlos Pauner cuando llega a la cima de la montaña. Hay que escuchar la totalidad de lo que dijo para darse cuenta de que, para uno de ellos (Tolo) esas palabras no tendrían, poco después, ningún sentido. Junto con Pauner, estaba Juanito Oiarzábal y Tolo Calafat.

Hay una conversación entre Oierzábal y la Cadena Ser cuando ya la situación de Calafat es desesperada.

Le tengo cierta alergia a lo que da prestigio. A muchos se les va la vida tratando de alcanzarlo y, por lo tanto, se pierden lo mejor. Esta manera de pensar no le resta absolutamente nada a mi admiración por el montañismo y otros deportes extremos, siempre que la humildad -de quien lo practique- esté al nivel del mar. Además, los que opinamos -públicamente- corremos muchos riesgos en solitaro -cual corredores de fondo o montañistas sin sherpas- y eso, en mi caso, me une más a los que hollan un ochomil.

Carmen Guédez

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