domingo, 23 de mayo de 2010

AMIGOS DE HOY

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Alguna vez habrán existido los amigos incondicionales. Yo así lo espero porque me niego a creer que el hombre haya sido siempre tan inhumano. Eso de los buenos amigos pertenece a esa época donde la palabra valía más que una firma y los valores se inculcaban desde el mismo momento en que se cortaba el cordón umbilical. Fueron aquellos años en que, con la leche materna, venía incluida la solidaridad.

Hoy, en cambio, los amigos son efímeros. Duran un tiempo y luego desaparecen. Unos se van, otros llegan. Son como una moda. No hay que hacerse muchas ilusiones con ellos y las excepciones son contadas. Las amistades de hoy están presentes en los momentos en que eres exitoso, ganas dinero y gozas de salud. Cuando la salud se pierde, te acompañan unos días, tal vez unos meses. Cuando te conviertes en inservible, se van alejando hasta que llega un día en que no regresan. No importa -entonces- si eres rico o eres pobre. Lo que cuenta es que ya no estás para cenas y fiestas.

Los amigos de ahora están ahí sólo para pasarla bien. Nunca -o casi nunca- para los malos momentos. No los llames para mover un pesado mueble porque justo ese día tienen lumbago. No los llames para que te acompañen al médico porque su agenda incluye “reuniones inaplazables”. Tampoco los llames para que te ayuden cuando tengas una falla en el ordenador y mucho menos se te ocurra pedir ayuda si estás de mudanza y no puedes con tanto jaleo. Paga cuando necesites ese tipo de ayuda que tus amigos no te darán. Al menos te evitarás un mal rato y una decepción.

Llámalos para cenar, para ir al cine, al teatro, para ir de compras, viajar o todo lo que signifique comodidad y placer. De esa manera, los mantendrás para siempre como “amigos incondicionales”.

La culpa del deterioro de las amistades la tiene -en gran parte- el ritmo de vida que, desgraciadamente, llevamos donde -entre las prioridades- no están en la lista los sentimientos ni la ayuda al prójimo.

A un(a) amigo(a) -sin comillas- debemos prodigarle toda clase de atenciones porque tiene más valor que la más preciada joya.

Carmen Guédez
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