jueves, 25 de febrero de 2010

SE LLAMÓ ORLANDO ZAPATA TAMAYO

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Dedico este post a mi hija mayor en reconocimiento a su inmensa solidaridad con el pueblo cubano. Lo dedico, también, a Jesús Mederos, entrañable amigo cubano que permaneció diez años en una cárcel de su país.
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Triste y muy lamentable la muerte del disidente cubano Orlando Zapata Tamayo. Su muerte me deja sin palabras porque morir por disentir de un gobierno ya es grave, pero morir en una huelga de hambre es algo que nos debe llenar de vergüenza a todos porque, de una u otra manera, todos somos responsables por lo que sucede en Cuba. Durante muchos años hemos guardado un indeseable silencio respecto a la dictadura castrista. Muy de ladito nos atrevemos a hablar de eso, casi en silencio con los pocos interesados en el tema. La isla caribeña se nos antoja exótica y extraña por sus carencias y por sus gobernantes. Nada más. Poco o nada decimos de sus habitantes porque sus historias nos parecen surrealistas, tanto como las imágenes vintage de La Habana, imágenes de turismo.
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Yoani Sánchez, con su blog, ha dado una sonora campanada para advertirnos que todo lo que se dice es cierto, que no hay surrealismo en las historias sobre Cuba y sí un realismo espeluznante, que todo lo que parece mentira es real. Sólo entonces caemos en cuenta de que en Cuba la vida es otra cosa, es lo inimaginable, lo que nunca desearíamos que llegara. Entendemos, así, que hace mucho tiempo debimos lanzarnos a la calle para protestar por la atrocidad cometida por Fidel Castro contra el pueblo cubano. Desabastecimiento, falta de energía eléctrica, sueldos miserables, malos servicios de salud y lo peor, lo imperdonable, lo que causó la muerte de Orlando Zapata Tamayo: la falta de libertad de expresión y la más absoluta violación a los derechos humanos. Pero eso sucede en otro país y no nos incumbe. Ay, ay, ¡pero que egoístas somos y hemos sido! ¡Qué imperdonable nuestro silencio! Un tanto tarde nos percatamos de que las injusticias hay que gritarlas a los cuatro vientos y, si no lo hacemos, nos alcanzarán a nosotros.
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Cuba me duele hoy más que nunca. Cuba le dolió mucho a mi hija mayor, allá por el año 1993, cuando visitó Cuba cuando apenas era una niña que comenzaba su carrera de medicina. Ella sí quiso ver lo que no yo no he visto. Ella me advirtió de los horrores de la isla y no la entendí. Sin embargo, pasó el tiempo y mi hija ha seguido apegada a Cuba y a su gente a pesar de que en su casa nunca escuchó hablar de ese lugar. Yo, ignorante y ciega, tardé mucho en entender. Cuando digo "entender" hablo de tener plena conciencia de lo que ahí ocurre y hacernos solidarios. Estamos obligados a convertirnos en voceros de los cubanos porque nos necesitan, y mucho. Ellos no tienen libertad suficiente para hablar.
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A la madre de Zapata Tamayo no la pude escuchar por completo. Esa mujer me dio tanta pena que me la quite de la vista y de mis oídos porque sus palabras, tras la muerte de su hijo, eran muy dolorosas.
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Deploro la actitud de los políticos ante la muerte de Orlando: Lula, Chávez y Zapatero guardaron un conveniente e inhumano silencio cómplice mientras Moratinos defiende el diálogo con la dictadura cubana y Trinidad Jiménez le miente al cubano Omar Pernet, ex preso cubano residenciado en España luego de ser liberado en el 2008 con graves problemas de salud. Por otro lado, Manuel Chaves -vicepresidente tercero del gobierno y ministro de Política Territorial de España- ha lamentado el "déficit de derechos humanos en Cuba", que no es un déficit cualquiera y que debería ser tomado más en cuenta por los diferentes gobiernos del mundo.
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Orlando Zapata Tamayo era un albañil negro y los albañiles no son hombres ricos y todopoderosos porque son pueblo. A pesar de su condición de ciudadano cubano, fue condenado a 36 largos años de prisión por estar en desacuerdo con la dictadura de su país, aunque disentir jamás debería ser penado. Hoy tenemos que hablar de él en doloroso pasado, pero su recuerdo y su lucha tenemos que honrarla en presente y futuro para que la triste historia de Cuba no se repita, sin olvidar que usted y yo somos responsables de su muerte por no elevar a tiempo nuestra voz de protesta. Si lo hubiéramos hecho, tal vez él estaría vivo y la dictadura hubiera desaparecido de la vida de los sufridos cubanos.
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Paz para Orlando Zapata Tamayo a quien recordaremos como un preso de conciencia.
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Carmen Guédez

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1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias. No lo había leido. Exelente el contenido y la manera en que está escrito. Y gracias por lo que a mi me toca.

Tu hija...