lunes, 27 de julio de 2009

LAS CONFESIONES ÍNTIMAS DE GABRIEL - MONÓLOGO TEATRAL

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Por primera vez publico, en este blog, una de mis obras teatrales. Se trata de un monólogo con un tema muy masculino visto desde la perspectiva de una mujer. Si me equivoco, mil perdones a los hombres. Sólo hice un intento por comprenderlos y, les aseguro, que no es nada fácil.
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Lo que les puedo decir es que los hombres la tienen más difícil que las mujeres mientras la sociedad les prohiba tantas cosas como llorar, sufrir, enamorarse, vivir la decadencia sexual sin traumas, aceptar la vejez con dignidad y sin intentos inútiles de seguir en plan de play boys (algunos), amar a otro hombre y salir del armario, amar a una mujer sin que una madre venga con reproches, tener una sola pareja y sentirse orgulloso por eso.
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Hoy casi todo tiene solución y está al alcance de los hombres. Es la era de la pastilla azul que en ningún momento debe asumirse como una vergüenza y sí como un gran logro para ellos y ellas. Al igual que las mujeres, los hombres sufren de desamor y lo esconden. Se enamoran y les resulta "poco macho" volverse tiernos con su pareja, sea hombre o mujer. Ellos se cohiben de tantas cosas y nosotras no. En fin, prefiero ser mujer e intentar que todas las mujeres los comprendan, menos cuando son infieles. Lo demás, son defectos genéticos, pequeñeces que tienen cura.
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A continuación:
LAS CONFESIONES ÍNTIMAS DE GABRIEL
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PERSONAJES:

GABRIEL BARRÓS: Hombre de unos 45 ó 50 años.
Viste ropa casual.
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A pesar de mis acotaciones sobre la edad de Gabriel, dejo al director la libertad de decidir al respecto, aunque considero que la edad que sugiero es ideal para que no se corra el riesgo de que el público crea que sólo los hombres de 70 u 80 años son los únicos que pueden sufrir de disfunción eréctil.
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MUÑECO 1: Pepe. Atiende la barra del bar que frecuenta Gabriel

MUÑECA 2:
Mujer que discute con muñeco 3

MUÑECO 3:
Hombre que discute con muñeca 2

MUÑECA 4: Mujer madura, muy elegante y de aspecto seductor, que espera a un amigo que nunca llega. Gabriel entabla conversación con ella.

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NOTA IMPORTANTE: La obra cobra mucho más dinamismo -y, por lo tanto, más teatralidad- si los muñecos rígidos son sustituidos por muñecotes de tamaño natural -al estilo marionetas- manejados bajo la técnica del teatro negro. Esto encarece el montaje porque se requiere de especialistas que manejen a esas marionetas, pero enriquece mucho la obra. Esta sugerencia me la hizo un director de Barcelona-España y me pareció estupenda.

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La acción se lleva a cabo en la barra de un bar muy frecuentado por Gabriel Barrós. En ese lugar, él bebe vino y conversa con Pepe (muñeco 1) y con muñeca 4. En la barra también están sentados muñeca 2 y muñeco 3. En las mesas se encuentran otros clientes que pueden ser representados por muñecos o por figuras caladas, a juicio del director y del escenógrafo. También pueden ser representados por el público.

.Pepe, y los otros tres personajes que están en la barra, serán representados por muñecos y no por figuras caladas ya que ellos deben diferenciarse de los clientes que están en las mesas. Tendrán diferentes aspectos y diferentes vestuarios. Muñeca 4 viste ropa elegante que deja ver las piernas. Gabriel viste ropa casual, algo desaliñada.

Al iniciarse la obra, las luces se van encendiendo, una a una, sobre cada uno de los cuatro muñecos ubicados en la barra. El último en iluminarse será el muñeco que representa a Pepe. Luego se iluminará todo el escenario y en ese momento entra Gabriel Barrós. Sobre la barra hay vasos, copas y botellas de diferentes licores.


GABRIEL
Buenas tardes, Pepe. (SE DETIENE A MIRAR A SU ALREDEDOR) Joder, ¿qué pasa aquí que hay tan poca gente? ¿Acaso estalló la guerra y no me he enterado?... Esto, más que un bar, parece un tanatorio después de la medianoche... ¡Ah, no! pero suceda lo que suceda, aquí siempre debe reinar la alegría. (SE UBICA EN LA BARRA Y HABLA CON PEPE) Oye Pepe, la situación está fea. Sólo se habla de crisis. Allá afuera se escuchan malas noticias y, con tantos problemas, el estrés me está matando... ¿A ti también?... Lo que pasa es que tú lo disimulas muy bien... A pesar de lo mal que andan las cosas soy un convencido de que no hay nada que no se arregle con un buen vino (TOMA UNA BOTELLA DE VINO QUE ESTÁ COLOCADA SOBRE LA BARRA Y LEE LA ETIQUETA) Este vino está cojonudo... Vino español, mejor que un vino francés... ¡Vaya, Pepe!... ¡Alto ahí! no me sirvas una copa, quiero beberme todo el delicioso contenido de esta botella porque el vino borra la tristeza y conduce al olvido, y eso es lo que necesito... Hombre, no me mires así que no estoy loco... Te digo una cosa ya que te considero mi amigo: hoy estoy triste. (TOMA UNA COPA, LA LLENA DE VINO Y COMIENZA A BEBER) Sí Pepe, escuchaste bien: estoy triste, con ganas de llorar y emborracharme y si es posible escuchar tangos o boleros... Pepe, ¿es que acaso nunca has estado triste?... Ya, ya, no me respondas porque si me dices que jamás has sentido la tristeza no te lo voy a creer... Macho, piensa y te darás cuenta que alguna vez en tu bendita vida has experimentado esto que estoy sintiendo. La tristeza es amarga y duele y no sabes en qué lugar del cuerpo se ubica ese dolor (SE TOCA LA ZONA DEL CORAZÓN) Hoy veo la vida distinta, con cierto pesimismo, y te aseguro que no es por el vino pues tú mejor que nadie sabes que ésta es mi primera copa (MIRA A PEPE Y VUELVE A BEBER VINO) ¡Qué problema contigo por conocerme tan bien!... Pepe, acepto que aquí es mi primera copa, pero te juro que en el bar de la esquina sólo me tomé dos, y de paso, el vino era malo, ¡muy malo! Entonces me dije: "Me voy donde Pepe porque allá el vino es pura calidad" y aquí me tienes de nuevo. Fiel a mi costumbre de toda una vida, acudo a este lugar a contar mis penas y a desahogarme... Pepe, no me lo vas a creer, mejor te sientas para que te dé la noticia. Bueno, ahí te va: mi última pareja ya me dejó, como me han dejado las otras. Al menos yo tengo la honestidad de decir la verdad y no andar con ese cuento de “yo fui el que la dejé porque ya me estaba cansando”. Lo único cierto es que los hombres nunca dejamos a las mujeres. Corrijo, Pepe: no nos atrevemos a dejarlas. Ellas sí se atreven porque no le temen a la soledad... (CON DESGANO) Otra vez a comenzar de nuevo la ardua tarea de ver quién me aguanta porque si hay un hombre difícil en este mundo, ese soy yo, y sino que lo digas tú que me conoces hace años y sabes más de mí que yo mismo, porque cuando pasa el efecto del vino, olvido todo lo que he dicho y ¡zas! por arte de magia mi memoria queda en blanco. Alicia, mi última pareja, me decía que mi dificultad para relacionarme con las mujeres es porque de niño tuve una mala relación con mi madre y nunca la superé. También me decía que un psiquiatra llamaba, a mi problema, matrimonio... (HACE ESFUERZOS POR RECORDAR) matrimonio... ¡ya va!... matrimonio, matrimonio... Lo tengo en la punta de la lengua. No lo puedo olvidar porque hasta me resultaba cómica aquella expresión... matrimonio... ¡Ya lo tengo! : “Matrimonio Psíquico con la Madre” (GABRIEL SE RIE A CARCAJADAS) Es que Alicia tiene unas cosas que dan risa. Imagínate que hasta habla de una tal “Prohibición amatoria” que, según ella, está en el inconsciente y, con esa seguridad que la caracteriza, afirma que yo sufro de eso... Para mí que Alicia no tiene la cabeza muy bien amoblada porque a ella le encanta un psiquiatra y es fanática de todo lo que tiene que ver con la mente y se convierte en una pesadilla porque se la pasa con el cuento del consciente y el inconsciente, ¡y dale con eso todo el tiempo! Aunque, viéndolo bien, de repente hasta tiene razón porque de que vuelan vuelan y es que en el fondo yo sé que siempre he tenido mucho miedo de conocerme a mí mismo porque eso de hurgar en mi pasado es volver a vivir cosas que prefiero olvidar... Tú conociste a Alicia. Yo vine aquí con ella unas dos o tres veces... ¿No la recuerdas?... El problema con ella es que es muy racional, al parecer algo muy femenino y, por lo tanto, muy fastidioso. Mientras yo creo en la aromaterapia y en Paulo Coelho, ella detesta eso y venera a Freud y su psicoanálisis (CASI CON RESIGNACIÓN) Siendo tan distintos, no me explico cómo estuvimos dos meses juntos, pero se acabó y esa no es mujer de irse para volver, así amigo que, aunque me cueste, voy a tener que olvidarla (BEBE OTRO SORBO DE VINO MIENTRAS PARECIERA DESCUBRIR ALGO) ¡Vaya, vaya! Observa a esa pareja (SEÑALA A MUÑECA 2 Y MUÑECO 3) Mira como discuten. A ella se le nota muy molesta y nada peor que una mujer cuando se cabrea -si lo sabré yo- pero no te preocupes que no lo va a matar, al menos aquí no. Quizá, cuando salgan, le clave un puñal y lo deje tirado en cualquier calle. Mientras estén aquí, él estará a salvo, después... después todo es posible. (CANTA UN PEDAZO DE LA CANCIÓN PEDRO NAVAJA DE RUBEN BLADES) Macho, de las mujeres se puede esperar cualquier cosa y el hombre que las subestime está loco o es un retrasado mental. (SE QUEDA MIRANDO CON DETENIMIENTO A LA PAREJA QUE DISCUTE: MUÑECA 2 y MUÑECO 3) ¡Esto se pone emocionante! (SE LE VE PENSATIVO Y GOLPEA SU CARA CON LOS DEDOS DE LA MANO DERECHA) Si ella lo mata, nuestras vidas cambiarán y saldremos de esta agobiante rutina. Pepe, estoy seguro que no comprendes lo que sucede, pero si te esfuerzas podrás imaginar el cambio. Ahora, si tanto te cuesta te lo explicaré: si ella asesina a ese hombre, la policía nos llamará a declarar puesto que se comprobará que en este lugar se les vio por última vez. (EXCITADO) ¿No te parece emocionante?... ¡A mí sí! Por eso los observo y no pierdo detalle. Es muy importante observarlos ya que pronto seremos testigos y la policía nos interrogará... Ah, por tu mirada ya sé que no me crees. Te puedo asegurar que saldrás del anonimato y tu nombre va a aparecer en los periódicos, en la tele, y hasta en Internet, como un testigo de mucho peso porque eres el único que sabe cuánto licor han ingerido y ese detalle es muy importante para la policía. Mira que de eso conozco bastante porque he pasado gran parte de mi vida viendo películas de suspenso, muy especialmente las de Alfred Hitchcock... ¡Hay que ver que ese sí sabía de crímenes!... ¿Te acuerdas de “La soga”?... No me digas que a ti te gusta más “Psicosis”... A mí también me gusta, pero mi preferida es “La soga”. Lo que sucede es que la gente siempre asocia a Hitchcock con “Psicosis” porque la escena de la ducha es inolvidable. Además, está la madre muerta que le hace la vida imposible al pobre hijo, (CON CIERTA IRONÍA) ¡igualito que en la vida real! En fin, el maestro se la comió con esa película... Para mí, ese hombre fue genial y lo admiro tanto que hasta tengo su foto en mi estudio. Él es mi maestro, mi ídolo. Lo que más deseo en esta vida es hacer ese cine de suspenso que sólo él sabía hacer... (CON ENTUSIASMO) Un día estarás en la tranquilidad de tu hogar, leyendo la prensa, y de pronto te vas a encontrar con la siguiente noticia: “Gabriel Gilot, el nuevo maestro del suspenso”... Pepe, aterriza. Ese Gabriel Gilot es mi nombre artístico ¿y sabes por qué escogí el “Gilot”?... Te echo el cuento si prometes no reírte de mí. El caso es que cuando yo no entendía nada de francés, fui a ver una película francesa y cuando salí del cine decidí visitar a unos amigos. Con toda la naturalidad del mundo les dije: “Vengo de ver Les vacances de monsieur Hulot” (GABRIEL PRONUNCIA MAL LA PALABRA “HULOT”) y el hijo de mis amigos -un chaval de apenas trece años- me corrige: “Señor, usted quiere decir Les vacances de monsieur Hulot” (ESTA VEZ GABRIEL LO PRONUNCIA CORRECTAMENTE) y, para mi vergüenza, aquel maldito chaval lo pronunció perfectamente. En ese momento me provocó matarlo. Sin embargo esa humillación me sirvió para aprender francés porque, en ese instante, juré no volver a pasar el trago amargo de verme corregido por un niñato de 13. De ese desagradable episodio nace mi nombre artístico... bueno, con unas pequeñas modificaciones, pero como los americanos no entienden nada de francés, no van a darse cuenta y, en menos que canta un gallo, me estarán entregando el Óscar al mejor guión original y al mejor director... Oye, Pepe ¿no te parece que para empezar no está mal?... Está bien, está bien, no me mires así que me vas a comer. Tú siempre tan incrédulo. Te aseguro que otro en tu lugar estaría feliz por el hecho de ser amigo del nuevo maestro del suspenso ¿y cómo reaccionas?: parado ahí, sin profesarme tu admiración y tu respeto, como corresponde en estos casos. Para no sentirme ofendido prefiero pensar que estás petrificado por la emoción. Incluso, creo que sientes un profundo dolor porque sabes que perderás a tu cliente preferido... ¿O acaso será envidia?... No, eso sí que no. Un hombre tan íntegro como tú jamás será un envidioso y, en una demostración de agradecimiento por todo lo que me has dado, te prometo que cuando sea famoso volveré a este lugar a revivir estos momentos. (PAUSA) Vamos a dejar mis sueños de lado y volvamos con esa pareja (SE REFIERE A MUÑECA 2 Y MUÑECO 3) que nos brinda, en primera fila, su última aparición en público que yo me atrevería a llamar “De aquí a la eternidad”... No, ese título me lo plagiaron. Podría llamarse “La última noche”. Ese es perfecto y fácil de traducir al inglés, al francés, al alemán y a cualquier otro idioma... (SEÑALANDO A MUÑECA 2) Mírala a ella, ahora está más molesta y si las cosas siguen así la sangre pronto va a correr, que te lo digo yo que soy el experto. Ah, pero allá ellos con sus problemas. Después de todo, cada quien hace lo que quiere con su puta vida, (CON TRISTEZA) menos yo porque nunca he podido decidir la mía. Pepe, es que desgraciadamente nunca he tenido el timón de mi vida o simplemente perdí la brújula y estoy extraviado... (PAUSA) Voy a servirme otra copa para animarme a contarte mi gran secreto, pero necesito beber para llenarme de valor a pesar de que ya no tengo nada que perder... A ver, ¿por dónde empiezo?... Es que a veces no tengo principio porque muchas veces me despierto con la sensación de estar viviendo mi primer y último día... ¿No me entiendes?... Creo que tú estás pasado de copas porque es fácil entenderme... ¿O tendrás razón y soy un complicado de mierda? (SE DIRIGE A MUÑECA 4) Señora, usted que se ve tan tranquila, tan comedida ¿cree usted que soy un hombre complicado?... ¡Ah, claro! entiendo que no se moleste en responderme pues es lógico que no pueda opinar puesto que no me conoce. Sin embargo, yo a usted sí la conozco porque me he convertido en la memoria de este lugar, el más perfecto observador, casi un voyeur. Sí, esa es la palabra adecuada: voyeur… ¿Sabe usted que me fascina observar a la gente que acude a este sitio? Es divertido ver artistas, políticos, intelectuales, amantes y pare usted de contar. (LE EXTIENDE LA MANO) Perdón por no haberme presentado: Gabriel Barrós, a sus órdenes... (AVERGONZADO) Disculpe usted el estado de mi ropa, pero vivo solo y eso de lavar y planchar no se me da muy bien. Hago lo que puedo, que no es mucho y con la crisis, pagar a alguien para que lo haga, sale muy caro. Uso camisetas y polos, cuando el clima lo permite, porque tienen la ventaja de que me las puedo poner sin usar la plancha para alisarlas. Con mis propias manos me he vuelto un experto estirando aquí, estirando allá, para que no queden arrugas... (CAMBIA BRUSCAMENTE DE CONVERSACIÓN) Usted siempre viene con un amigo, el mismo que ahora está esperando, ¿o no es a él a quien espera?... Me parece extraño que hoy no hayan llegado juntos, pero no se inquiete porque él no debe tardar. Mire usted, los conozco tan bien que podría decirles hasta lo que comen y beben y tengo la certeza de que él no es su esposo porque ustedes siempre están felices... Perdóneme la indiscreción y si la ofendí le pido mil disculpas, pero es que a los matrimonios se les nota la infelicidad por encima de la ropa. (LEVANTANDO LA COPA) Por usted y su amigo que siempre sonríen ¡Salud!... Y después de este brindis quiero contarle a usted y a Pepe algo de mí, mi gran secreto... Sí, escucharon bien y supongo que tienen curiosidad por conocer ese secreto. El problema es que no encuentro por dónde empezar. Les puedo adelantar que esta historia ya la he contado y siempre salgo con las tablas en la cabeza porque, cada vez que la cuento, me miran con lástima y cuando finalizo estoy igual que al principio y, de paso, sin respuestas que me ayuden a solucionar mi problema. Entonces siento que mi cabeza da vueltas sin entender nada (BEBE MÁS VINO) A usted y a Pepe les voy a contar algo que los hombres no cuentan por vergüenza. Algo que es un verdadero drama... ¿Están preparados?... (PAUSA) Un momento, ustedes estarán preparados, pero yo no, por lo tanto olviden lo que dije... ¿O será mejor quitarme ese peso de encima?... (A MUÑECA 4) ¿Y cómo sé que usted no me juzgará mal?... Ustedes las mujeres son todas iguales y se burlan de hombres como yo, aunque tengo el pálpito de que estoy ante una mujer inteligente y sensible. De repente hasta termina comprendiéndome. Si es así será la única mujer de este planeta que no se burle de mi problema… Y tú, Pepe, ¿seguirás siendo mi amigo después de saber mi secreto?... Voy a confiar en ustedes y que sea lo que Dios quiera (SE PERSIGNA) Ahí les va, sin anestesia: ¡soy impotente y las mujeres no me llaman la atención!... ¡Un momento, un momento! No es lo que ustedes están pensando: no soy homosexual pues nunca me han gustado los hombres... Quizá no me expresé bien. No es que las mujeres no me llamen la atención (SE LE NOTA ANGUSTIADO TRATANDO DE EXPLICARSE) El verdadero problema es que paso periodos de apatía en los que ninguna mujer logra excitarme o atraerme por muy atractiva que sea... (PARECIERA NO ENCONTRAR LAS PALABRAS EXACTAS) Es una especie de desgano... ¿Cómo explicarlo?... Es como cuando se pierde el apetito y, aunque la comida esté muy buena, uno no siente deseos de comer. Después, cuando todo pasa, uno vuelve a comer normal como si nada hubiera ocurrido... ¿Nunca les ha pasado?... Yo diría que es algo así como la frigidez en las mujeres. Es lo que se me ocurre a modo de comparación y les pregunto, ¿porque las mujeres tienen derecho a no sentir ganas y nosotros no?... ¡Ay, Dios mío! ¿Para qué abrí la boca? Ahora estoy todo enredado y entre más explico, más los confundo... A lo mejor estoy diciendo disparates y, si es así, les ruego que olviden lo que he dicho (BEBE TODO LO QUE QUEDA EN LA COPA Y SE SIRVE MÁS VINO) Mi situación se complica porque, cuando pasan esos periodos de apatía y vuelvo a desear a una mujer, surge mi problema y ¡zas! lo estropea todo... Ustedes me entienden... Por favor, no me obliguen a dar explicaciones porque ya bastante me humillé contándoles mi secreto. Lo único cierto es que mi realidad me resulta bochornosa ante una mujer y eso de no sentir nada por una mujer supongo que debe ser un mecanismo de defensa ante mi impotencia. Siento que si alguien despierta algo en mí no voy a poder satisfacerla y esa es mi tragedia, mi gran miedo... (A MUÑECA 4) Señora, no me diga nada. Ya sé que me va a recomendar que vaya al médico y le agradezco mucho su consejo, pero ya me examinó un urólogo y me habló de Disfunción eréctil. Imagino que él pensó que la palabra “Disfunción” iba a sonar menos fuerte que “Impotencia”, pero el golpe es igualito. También me dijo que todo estaba bien porque mis sistemas orgánicos estaban funcionando, por lo tanto, lo único que se le ocurrió fue mandarme la pastilla azul, pero yo sólo creo en la medicina natural. Además, me pidió que viera a un psiquiatra porque él piensa que mi problema es emocional, depresivo...pues no entiendo bien, pero piensa que es mi cabeza la que falla y por eso lo del psiquiatra, ¡válgame Dios! (A PEPE) Pepe, por supuesto que no fui al psiquiatra. Tú me conoces y sabes que mi cabeza está muy bien amoblada, no como la de Alicia que es todo un caos. Ya el hecho de consultar con ese médico fue humillante y no tenía sentido que me humillaran más... (A MUÑECA 4) Señora, trate de ponerse en mi lugar para que me entienda... No, las cosas no son como ese médico las plantea y le juro por mi madre que no estoy evadiendo el problema. Lo que sucede es que no acepto que me confundan con un loco... (PAUSA) ¿Le parezco atractivo?... Gracias por el cumplido, pero creo que muy inteligentemente me está cambiando el tema y, aunque usted no lo crea, eso de que me consideren apuesto me complica más la vida porque, cuando me doy cuenta que una mujer se fija en mí, huyo de ella porque, con este problema, es imposible una relación de pareja... En honor a la verdad estoy consciente de que tengo lo mío, pero tampoco soy un galán de televisión o de cine. Puede ser que las mujeres me encuentren interesante, aunque no hago nada para llamar la atención... Lo digo en serio ya que también soy algo tímido... Antes sí me cuidaba mucho: practicaba deportes y todos los días iba al gimnasio. Ahora ya no ando pendiente de esas cosas, sin embargo me mantengo en forma... bueno, no tan en forma, pero para mi edad no estoy mal y nadie es perfecto. El caso es que un día decidí cambiar el gimnasio por esta barra y me siento a gusto. No soy muy sociable. Soy un solitario que envidia a las mujeres porque no tienen este inconveniente que yo tengo. Ustedes, si no sienten nada, fingen y el hombre ni cuenta se da. (PAUSA) Ustedes se quejan de los hombres cuando somos nosotros los que estamos en segundo plano... ¿Qué no? Estimada señora, claro que es así. Esta es la era de la mujer. En la pareja ustedes son las que deciden y tienen el control y ya han acaparado el campo profesional con bastante éxito... A veces pienso que Alicia tenía razón y, si es así, quiere decir que detrás de todo esto está mi madre... Muchas veces pienso en eso del “Matrimonio psíquico con la madre” del que habla Alicia, y a eso debo añadirle lo de la “Prohibición amatoria” -¡y quién sabe cuántas cosas más!- para llegar a la conclusión de que la culpable de mi tragedia es la mujer que me trajo al mundo. La misma a la que hay que darle una tarjetica con su respectivo regalo el Día de las Madres ¡Qué ironía! (A PEPE Y A MUÑECA 4) ¿Les parece lógico este enredo existencial?... Está bien, si ustedes lo dicen entonces tendré que pensar que es posible que el complicado sea yo, pero no me van a negar que una madre puede castrar a un hijo y si llegan a conocer a la mía no les va a quedar otra que darme la razón... (SE SIRVE MÁS VINO Y CONTINÚA BEBIENDO) Por la forma como me miran sé que no me creen y les juro, por lo más sagrado, que al menos mi madre reúne todos los requisitos que se requieren para ingresar en la logia de las mujeres más malvadas, y si madre sólo hay una, yo estoy perdido porque a mi edad ya no tengo derecho a la adopción para intentar conseguir una madre que valga la pena... Cuando era niño debí escapar de casa y terminar en un albergue de niños abandonados. Esa hubiera sido mi salvación. Lamentablemente no tuve valor... Pepe, no me mires con ojos de lástima porque después de todo ya estoy resignado a tener una madre que sólo me acepta cuando las cosas van bien (A MUÑECA 4) Señora, presiento que está sorprendida con lo que digo y respeto su opinión, pero ese cuento del amor incondicional de las madres no me lo creo y ya he perdido mucho tiempo buscándolo en las mujeres que han sido mi pareja y ¡qué va! siempre termino absolutamente frustrado. Lo que sucede es que las mujeres siempre dicen ser las víctimas y parecen que no se percatan de la gran carga que llevamos los hombres a cuestas. Ahora mismo usted debe estar sintiendo lástima por lo de mi impotencia sexual, pero no me da una solución y su lástima no me arregla la vida... Sinceramente estoy por creer que todavía no ha llegado la mujer que... olvídelo, no he dicho nada. (DIRIGIÉNDOSE AL PÚBLICO PARA QUE MUÑECA 4 NO LO ESCUCHE) Yo pienso que nuestros problemas los causan las mujeres y, si es así, ellas deben ayudarnos, pero las muy hijas de puta nos dan la espalda y si te he visto, no me acuerdo (A PEPE) Pepe, dame una ayudita... Cuéntale a la señora tus problemas masculinos... Dile que los hombres tenemos -entre otras cosas- la obligación de acostarnos con todas las mujeres que podamos porque, si no lo hacemos, ellas y nuestros amigos, nos etiquetan de raros... de extraños... Bueno, ustedes me entienden... (ALZA LA VOZ) ¡de maricones! (DA LA ESPALDA AL PÚBLICO Y REGRESA YA MÁS TRANQUILO) En cambio, si una mujer rechaza a un hombre, resulta que lo hace porque ella es decente, porque no es mujer fácil, porque ella es un dechado de virtudes (A MUÑECA 4. CON RABIA) Ustedes nos rechazan y son dignas. Si nosotros lo hacemos es porque no somos hombres, como si la hombría sólo fuera un problema de sexo y de erección… Señora, disculpe que le hable con tanta crudeza, pero no encuentro una forma elegante para hablar de esto... ¿Y qué si le hablo de la soledad masculina?... ¿Le sorprende? Pues a pesar de su sorpresa quiero que sepa que también la padecemos. Tengo un gran amigo que tiene 56 años y está divorciado. Él no acepta la soledad y busca desesperadamente a una mujer porque su sueño es vivir en pareja. Con el fin de lograrlo la busca por Internet, por avisos de prensa, yo creo que hasta con palomas mensajeras, y el resultado es siempre negativo, porque las mujeres que conoce tienen una agenda repleta y en esa agenda los hombres no tienen vida... Estoy convencido de que sólo en las telenovelas los hombres consiguen pareja porque, en la vida real, las mujeres están tan ocupadas con su profesión que no tienen tiempo para pensar en matrimonio... y después se quejan de que no hay hombres. Y para completar, ahora por nada del mundo soportan la convivencia... Es que las mujeres de hoy son demasiado independientes para mi gusto (TOMA MÁS VINO) Pepe, me estás dejando solo cuando tu deber es solidarizarte con los de tu especie porque tú y yo sabemos que las mujeres son extraterrestres, por eso nunca pisan tierra firme y el día que lo hagan -si es que vivo para verlo- se darán cuenta que los hombres también sufren, pero como las mujeres son tan particulares terminarán llevándonos a un laboratorio para entender “científicamente” el sufrimiento masculino y concluirán calificándolo como “un gran descubrimiento” o “el mayor descubrimiento de la ciencia” (A PEPE) ¿Te imaginas tus lágrimas y las mías examinadas por unas mujeres, vestidas con unos trajes especiales, para no contagiarse con lo que terminarán llamando “Virus del Sufrimiento Masculino”? comúnmente llamado el VSM... Es que si las mujeres lloran, a eso se le llama sentimentalismo; pero si nosotros lloramos, a eso se le llama falta de hombría. ¡Coño, no es justo!... Sin importarme lo que digan de mí, me revelo ante lo que considero una injusticia y un verdadero atropello y con orgullo de macho declaro ser portador del VSM y además sentencio que no tengo cura ni quiero tenerla porque con el Virus del Sufrimiento Masculino se vive mejor. Definitivamente el hecho de que los hombres lloren -o sufran- es más común de lo que ellas imaginan, sólo que a muchos les cuesta confesarlo por vergüenza o porque nos educan para no llorar (DIRIGIÉNDOSE AL PÚBLICO) ¿Alguno de ustedes alguna vez en su vida ha tenido ese virus? ¡El que lo niegue es un mentiroso! (TOMA UN SORBO DE VINO) El día que haga mi película quiero una escena de llanto sólo con hombres. Será un coro de hombres que, en lugar de cantar, llorarán (A PEPE) Pepe, juro que será algo nunca visto. ¡He ahí mi genialidad como cineasta!... ¡Yo, el nuevo genio del suspenso!... Hablando de suspenso, ¿qué estará pasando con aquellos dos? (SE REFIERE A MUÑECA 2 y MUÑECO 3)... A lo mejor ella colocará algo extraño en la bebida del pobre hombre y cuando estén a solas lo termina de rematar. Es que así sucede en las películas, y como el destino es terco, nadie podrá cambiarlo (A MUÑECA 4) Fíjese bien en ella: es una mujer bonita y seductora y esas son las más peligrosas. A esas no les tiembla el pulso a la hora de aniquilar a un hombre. Así era mi ex esposa y también una amante que tuve durante años, cuando no tenía el problema que tengo ahora... Ella era casada. Eso la hacía más interesante, pero como todo llega a su fin, esa relación terminó y me dejó como enseñanza que todas las mujeres son iguales y que por ellas no vale la pena darse mala vida (MIRANDO A PEPE) ¡Coño Pepe, a ti te consta como sufrí por esa mujer! Cuántas veces, en esta misma barra, lloré por ella y ¿para qué? si al final hasta me acusó de ladrón, cual político corrupto, y todo porque se extravió un dinero en la oficina donde yo trabajaba con un pariente de su marido y, como no encontraron a quien culpar, me echaron el muerto a mí... Segurito que esa fue una venganza del marido por los años de infidelidad que tuvo que soportar (A MUÑECA 4) Señora, no me mire así, como si yo fuera un ladrón (MOLESTO) ¡Impotente sí, pero ladrón jamás! Todo se aclaró y quedé libre de toda culpa, pero perdí a esa mujer y eso sí me dolió porque, además de dejarme, no fue capaz de un adiós ni un hasta luego. Imagínese mi amargura ya que nunca más la volví a ver. Así me pagó los años que pasó a mi lado (A PEPE) ¿Será por eso que me volví impotente?... Hombre, de repente y quién quita que esa sea la razón de mi problema (MUY ALEGRE, COMO QUIEN ACABA DE HACER UN GRAN DESCUBRIMIENTO) ¡Brindo con ustedes porque acabo de descubrir la razón de mi impotencia! (A PEPE) A lo mejor a partir de este momento me curo sin la ayuda de un psiquiatra (A MUÑECA 4) Durante el tiempo que duró esa relación yo no tenía este problema. Eso vino después, por lo tanto tiene que existir una relación con ese hecho. Es que si nos ponemos a ver, eso fue un abandono y dígame usted: ¿a qué hombre le gusta que lo abandonen?... Que yo sepa, a ninguno. Nosotros necesitamos seguridad, amor incondicional, llegar a casa y encontrar a la mujer y cuando nos cambian las reglas del juego nos desestabilizan, nos destruyen, nos dejan sin brújula, mi querida señora. Yo estoy convencido que ustedes descubrieron nuestro punto débil y cuando nos quieren herir de muerte nos aplican la dosis exacta que coloca nuestra autoestima en el piso y ¡zas! viene la estocada final, ¡y listo! A eso no hay hombre que pueda sobrevivir porque hay cosas que nos debilitan terriblemente... ¿Quiere saber una de ellas?... Por solidaridad masculina no debería decírsela, pero usted es alguien especial por frecuentar este sagrado lugar donde, entre trago y trago, arrastramos la vida y desahogamos las penas... Bien, un hombre no soporta la indiferencia, eso lo destruye. Se lo explico de esta manera: si después de una larga noche de farra, un hombre llega a su casa y la mujer no le arma un gran lío, él asume que algo anda mal y comienza a pensar que hay otro, alguien que a ella sí le importa, o simplemente que el amor se acabó y ningún hombre sale ileso de un episodio de indiferencia como ése (A PEPE) ¿Te acuerdas del abogado aquel que se embriagaba todos los días porque su esposa no lo celaba?... ¿No me digas que murió? ¡Pobre hombre, tan joven! (A MUÑECA 4) ¿Ve usted como la indiferencia mata? Ese abogado era buena gente. Para su desgracia, él nunca pudo entender cómo era posible que aunque llegara a las cinco de la mañana, completamente borracho, su mujer lo recibiera con cariño, le quitaba la ropa y lo metía en la cama y, cuando amanecía, le llevaba el desayuno a la habitación para que se le terminara de pasar el efecto del licor. Esos detalles le parecían sospechosos y lo enloquecían. Él venía aquí a embriagarse por eso y siempre me decía: “Gabriel, sueño con el día en que mi mujer me eche de la casa por llegar tarde y borracho. Esa será una verdadera prueba de amor”. Por lo visto nunca la tuvo... (PAUSA) Por cierto señora, su amigo está tardando mucho. Mire usted la hora que es y no llega... No me diga nada que ya entendí: es casado. Felicitaciones porque ustedes se ven tan felices y, en parte, supongo que se debe a que la rutina no forma parte de su relación. Si hoy no viene, usted sabrá comprenderlo y ya mañana será otro día. Lo que sí puedo asegurarle es que en este instante su amigo se desespera tratando de salir de algún compromiso familiar que le impide llegar hasta aquí. Seguramente mira el reloj a cada rato, suda frío y se fastidia como una ostra escuchando las quejas de su mujer. Es que las mujeres cuando se casan se vuelven un problema... Debería existir un curso para que las mujeres no se transformen después del matrimonio. Es que con el bendito “sí la acepto” dejan de ser hembras y se convierten en bestias que pelean por todo... Si quiere mantener esa relación, le aconsejo que no cambie y, si un día él le dice que va a divorciarse para casarse con usted, no lo permita porque ese día estaría usted cavando su tumba y sería el fin de su felicidad. Además, nunca más volvería con él a este lugar donde la pasamos tan bien porque a las esposas sólo las llevan a sitios aburridos. Cuando los hombres casados se quieren divertir, salen con la amante, o sea, con “la otra”. (A PEPE) A ti te encanta escuchar lo que hablan los demás, pero sabes que lo que le estoy diciendo a la señora es con la mejor de las intenciones (A MUÑECA 4. BAJANDO LA VOZ PARA QUE PEPE NO ESCUCHE) Es que Pepe lleva muchos años casado y pertenece a esa especie en extinción de “unidos hasta que la muerte los separe” y, por más que en esta barra ha conocido de enamoramientos y separaciones, sigue creyendo que el amor es para toda la vida y le digo una cosa: la esposa se ha puesto gorda y fea. Ya no es ni la sombra de la mujer con la que se casó. Le parió cinco hijos y cambió su figura. Cuando eran novios, ella era una verdadera hembra y todos envidiábamos a Pepe. Ahora lo compadecemos porque, además, tiene un carácter de mil demonios y, cuando se enoja por cualquier tontería, lo pone a temblar y él, calladito, se la aguanta porque si abre la boca muere en el intento. Es que las mujeres son terribles. Yo digo que la mujer buena y de nobles sentimientos se extinguió... ¿Cree que exagero?... No son exageraciones mías, es una triste realidad... (TOMA UN SORBO DE VINO) Cuando un hombre se enamora alguien debe entregarle un papelito que diga: “Advertencia: las mujeres son nocivas para la salud. Si acepta el reto, asuma usted las consecuencias pues no nos hacemos responsables de los daños que pueda sufrir”... ¿Le parece que estoy siendo injusto con las mujeres?... No creo... Es que usted es diferente, pero a mí me han tocado unas ¡qué para qué le cuento! Primero mi madre, después la mujer con la que me casé, luego vino mi hija que salió igual a la madre de problemática y después mi amante, sin hablar de las mujeres con las que he tenido relaciones cortas. De verdad que no he acertado ni una, y mire que yo soy buena persona... (PAUSA) ¿Usted cree que el problemático soy yo?... Eso mismo me decía Alicia, mi última pareja, pero creo que ustedes están equivocadas. Lo mío ha sido mala suerte, y punto. Alicia, que sí era complicada e intensa, se la pasaba insistiendo en que fuera al psiquiatra para revisar mi relación con las mujeres, pero como no le hacía caso entonces me decía que yo era un cobarde porque no quería enfrentarme con las verdaderas razones de mis conflictos. Claro que Alicia hablaba mucho, pero tampoco me dio una ayudita... ¿Le parezco cobarde?... Aquí hay algo raro... ¿Será que usted y Alicia se conocen?... Se lo pregunto porque habla igual que ella y estoy seguro de que el problema no soy yo. El problema está en las mujeres, al menos en las que han estado muy cerca de mí... (INSEGURO) ¿Seré yo el del problema?... ¡Ah no, eso sí que no! No me voy a cargar de culpas ajenas... ¿Seré yo el culpable?... ¡Al diablo con eso! Yo no tengo la culpa de nada y mucho menos me voy a sentir cobarde (A PEPE) Pepe, ¿te parezco un cobarde?... Pepe, ese silencio no me gusta. ¿A estas alturas te vas a poner en mi contra?... ¡Eso era lo único que me faltaba!... Ahora sí estoy completo: impotente y cobarde y, además, culpable de la mala relación con las mujeres... Oye Pepe, necesito emborracharme hasta perder el sentido porque estoy razonando mucho y eso no me hace bien. Quiero seguir viviendo la vida por encimita, sin caer en profundidades porque si algo me sobra son preocupaciones y no quiero añadir ni una sola más. La vida es para esquivarla, no para enfrentarla... Cuando supere mis preocupaciones actuales, me busco una buena hembra y ya veré cómo hago para salir airoso del asunto... Escucha Pepe, prefiero hablar sólo contigo porque las mujeres no son confiables, (MIRANDO A MUÑECA 4) sin embargo algo me dice que esa mujer es diferente (GABRIEL VUELVE A FIJARSE EN LA PAREJA REPRESENTADA POR MUÑECA 2 Y MUÑECO 3) Pepe, esa pareja ya se va y él solamente está seguro mientras permanezca aquí. Cuando salga a la calle será hombre muerto... ¡Joder, no seas tan incrédulo! Si yo fuera mujer creerías en mi sexto sentido, pero como soy hombre prefieres ignorarme. Te aseguro que esta noche ella lo asesina. (APURA LA COPA DE VINO) El vino me ayuda a tranquilizarme un poco (SE SIRVE OTRA COPA DE VINO) ¡Qué problema! Desgraciadamente todo está saliendo como lo pensé y tengo la más absoluta certeza de que ellos son la representación viva de los personajes de mi película, esa que va a ganar el Óscar (GABRIEL ESTÁ ANGUSTIADO) Pepe, ya están por salir y a cómo dé lugar hay que impedirlo. Llama a la policía, puede que aún lleguen a tiempo... Hazme caso porque, si no lo haces, sobre tu conciencia va a pesar la muerte de ese pobre hombre en manos de una mujer que, seguro, lo tenía todo muy bien planeado (A MUÑECA 4) Señora, a usted le extrañará mi actitud pero conozco de asesinatos porque me he pasado la vida admirando a Alfred Hitchcock y él me ha enseñado a sentir el olor de la sangre antes de que corra (A PEPE) Yo sé que tú crees que estoy diciendo incoherencias porque estoy borracho y, sí lo estoy, no lo niego, pero tengo la certeza de que ese hombre va a morir. Es una intuición muy fuerte, una especie de premonición... algo que no se puede comprobar porque no tiene explicación lógica (A MUÑECA 4) ¿Está usted preparada para declarar en la policía?... Si no lo está va tener que acostumbrarse a la idea porque mañana mismo tendrá que decir todo lo que vio aquí. Quizá deba señalar que yo se los advertí y, a lo mejor, hasta me convierto en sospechoso, pero el que no la debe, no la teme. Por cierto, me he dado cuenta de que es usted una mujer bastante coqueta y muy elegante y por lo tanto le advierto que toda la prensa estará ahí y van a fotografiarla y, aún en las peores circunstancias, una mujer tan exquisita como usted debe pensar en la imagen y por nada del mundo debe perder el glamour... ¿Le parece una frivolidad de mi parte?... No, por nada del mundo es una ligereza (CON CIERTA TIMIDEZ) Con todo respeto quiero que sepa que, desde el primer día que la vi, he sentido una profunda admiración por usted y nunca me atreví a hablarle porque siempre estaba acompañada por su amigo (PAUSA) No quiero abusar de su bondad, pero necesito pedirle un gran favor: cuando esté declarando obvie lo de mi impotencia y todo ese problema que tengo con las mujeres porque eso a la policía no le interesa ni le aporta nada, en cambio a mí sí me perjudica. A veces hay que pensar en el qué dirán... Muchas gracias, le agradezco su comprensión y me atrevería a decir que es usted la única mujer que me ha brindado apoyo (OBSERVA CON DETENIMIENTO LAS PIERNAS DE MUÑECA 4) Disculpe el atrevimiento, pero quiero decirle que tiene usted unas piernas muy hermosas... (CAMBIANDO COMPLETAMENTE DE ACTITUD Y EN TONO SEDUCTOR) Te aseguro que me llamas poderosamente la atención... He bebido bastante y el vino causa en mí extraños y maravillosos efectos, por cierto, nada comparables a los que logra una mujer bonita como tú... Por favor, no te sonrojes (MUY SUGERENTE) Te propongo algo: vámonos a un lugar más tranquilo. Después de todo, tú eres una mujer libre y yo también, por lo tanto que tal si... (LE SUSURRA ALGO AL OÍDO. INMEDIATAMENTE VUELVE A FIJARSE EN MUÑECA 2 Y MUÑECO 3) Las cosas entre esos dos están muy mal. Lamentablemente ustedes no me creen y dentro de poco ese tío será un cadáver. Se acordarán de mí (A PEPE) La vida nunca se detiene. A pesar de lo que suceda esta noche, mañana en este lugar seguirá la rutina de siempre como si nada hubiera ocurrido (LEVANTANDO LA COPA) Ahora Pepe, brinda conmigo y con la señora por Gabriel Gilot, el nuevo genio del suspenso, el Alfred Hitchcock del siglo XXI (TOMA LA MANO DE MUÑECA 4) Pepe, nosotros nos marchamos al mismo tiempo que la pareja ésa. Quizás al vernos en la calle, ella desista de matarlo. Cuídate mucho y nos volvemos a ver mañana a la hora de siempre (DIRIGIÉNDOSE AL PÚBLICO) Hoy mismo comenzaré a pensar en una nueva historia donde la víctima sea una mujer porque no puedo vivir sin escribir algo donde ellas sean las protagonistas.

SE APAGA LA LUZ. SE SIGUE ESCUCHANDO LA MÚSICA DEL BAR, EL CHOQUE DE LAS COPAS CUANDO SE BRINDA Y, POCOS MINUTOS DESPUÉS, SÓLO SE ESCUCHA UN DISPARO Y LA SIRENA DE UNA PATRULLA DE POLICÍA.

FIN

ESTA OBRA LA COMENCÉ A ESCRIBIR EN SEPTIEMBRE DEL 2001 Y LA TERMINÉ EN MAYO DEL 2002

LAS CONFESIONES ÍNTIMAS DE GABRIEL se encuentra registrada con el título de AMARGOS TRAGOS HONESTOS en:

SAPI
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CARMEN GUÉDEZ:
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NOTA: Busco en España -y en Caracas-Venezuela- a un productor, un director y a un excelente actor para este monólogo. A pesar de ser directora teatral, no considero prudente dirigir mi propia obra.

SE PROHIBE LA REPRODUCCIÓN, TOTAL O PARCIAL, DE ESTE TEXTO TEATRAL SIN LA AUTORIZACIÓN DE LA AUTORA
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domingo, 12 de julio de 2009

MIS RECUERDOS DE NIÑA Y EL INICIO DE UNA RUPTURA

Mi infancia está hecha de retazos y recuerdos que puedo hilvanar cómodamente debido a que, todo lo que recuerdo de esa época es muy nítido, ya que he tenido la fortuna de poseer una excelente memoria. Sólo un recuerdo ha quedado suelto y no logró ubicarlo dentro de un contexto que lo justifique: es una pequeña escena de una película, en blanco y negro, en la que alguien rasga un cojín de satén con un puñal. Veo una ventana que antecede a la rasgadura y, luego, no recuerdo más. Acostumbraba mi padre llevarme al cine desde muy pequeña y cuando vi esa escena no tenía ni cinco años, pero por algo quedó grabada en mí, a pesar de que no encuentre sentido a un recuerdo recurrente. Tal vez era una película de suspenso...tal vez, no sé. Nunca se lo comenté a mi padre y aún, hoy en día, esa imagen del cojín de satén rasgado espera por una pista que me permita completar la escena para entenderla y saber la razón por la que me impactó tanto como para no olvidarla.

Yo observaba cosas y nunca imaginé que algún día me serían útiles esas miradas que ven más de lo que a simple vista se observa. Tenía un tío llamado Amable, único hermano de mi madre. Su cama nunca la colocó pegada a la pared o en el centro de la habitación. Siempre su cama dejaba -hacia la cabecera- un triángulo perfecto entre cama y pared; un espacio, y una manera de colocar la cama, que nunca más vi en otra habitación. Por su historia -que he ido armando cual rompecabezas- me pregunto: ¿por qué su cama no estaba en el sitio y en la posición en que todos colocamos nuestras camas cuando tenemos una habitación para dormir solos? Su cama hacía esquina, por decirlo de alguna manera, y nunca la vi sin hacer, siempre estaba perfecta, como eran todas sus cosas. Sus manías -que las tenía, disfrazadas de perfeccionismo extremo- con el pasar de los años, me dieron muchas respuestas y me encontré con el verdadero hombre que era: un homosexual atormentado porque -entre otras angustias existenciales e históricas- nunca lo expresó y nada más triste que un hombre que oculta su sexualidad. Es una pena porque fue -para mí- un buen tío. Hombre inteligente, educado, guapo y de buena estampa, amen de un buen verbo y bella voz que casi lo llevó a ser locutor. Lamentablemente vivió en una época en que la homosexualidad no se aceptaba y las consecuencias fueron terribles para él y para tantos otros. El alcoholismo lo absorbió.
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De mi tío Amable -Tití lo llamé años después, ya adulta- lo supe todo después de su muerte (1976) y no porque alguien me lo dijera, sino porque mi intelecto y mi vida se alimentaban cada día más y me daban la posibilidad de entender lo que antes no comprendí. De él hay mucho que decir y mis recuerdos los mantengo intactos. Sólo hay una etapa de su vida de la que casi nada se sabe: el tiempo que estuvo en un seminario para hacerse cura y de donde tuvo que salir y nunca se supo el porqué. Sólo un documento conseguí de esa etapa de su vida. Murió en un volcamiento mientras conducía su coche. En realidad fue un suicidio anunciado por un hombre-niño hundido en la tristeza y la culpa.

Entre los recuerdos de mi infancia está la jaula gigante, llena de pájaros, que mi padre construyó en una de las tantas casas donde pasé mi niñez, antes de que yo cumpliera siete años, mucho antes. Era enorme con pájaros de mil colores. “Canarios”, era como papá los llamaba. Y a sus canarios, además de alpiste, les daba la amarilla del huevo -bien cocida y triturada- con un mínimo de aceite y una pizca de sal. Si se lo pedía, me dejaba probar el manjar de sus canarios que a mí me gustaba. Cuando recuerdo esa jaula, viene a mi memoria una de mis travesuras de niña: mis padres me daban una dosis diaria de vitamina C en gotas y como su sabor me encantaba, agarraba la medicina a escondidas, me metía en un cuarto cerca de la jaula de los pájaros -que estaba al fondo, en una zona más alta que el resto de la casa- llenaba el gotero y tomaba la vitamina C como si de un postre se tratara. Nunca me descubrieron ni sufrí una sobredosis de vitamina C.
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Para entonces éramos cuatro hermanos -dos niñas y dos niños- porque uno -Orlando José le dieron por nombre- falleció al nacer, ahorcado con el cordón umbilical, según escuché. Las niñas éramos las mayores y al último de mis hermanos lo llamaron Orlando Segundo, lo que, con el tiempo, consideré un error porque el Orlando I estaba muerto y a un hijo no se le reemplaza ni con el nombre y, supongo, que para Orlando Segundo era como estar vivo y, a la vez, tener una tumba. Nunca lo expresó, pero eso no fue bueno para su vida que es, de la de mis hermanos, la que menos entiendo. Presiento que mis padres pudieron haber tenido un rechazo inconsciente hacia el segundo de los Orlandos -especialmente mi madre- y eso pasó factura. Creo que mis padres nunca se percataron de ese rechazo, si es que lo hubo, aunque tengo razones de peso para creer que sí.

De aquella casa de la jaula inmensa recuerdo poco la cocina o no la quiero recordar porque no era bonita, sí muy alargada. Fue la cocina más gris de todas las casas en las que viví. En cambio, de esa casa recuerdo, perfectamente, el comedor -con una mesa cuadrada de los años cincuenta- porque fue ahí donde, por primera vez, escuché la historia que nos separó a mi hermana Chila y a mí. Fue en ese comedor donde comenzó un distanciamiento del que no puedo ser culpable puesto que, yo, ni cinco años había cumplido y Chila era un año menor. Al poco tiempo sólo quedamos unidas por los trajes idénticos con los que mi madre nos vestía, nada más...nada más. Casi hasta la adolescencia vestimos iguales, pero marcábamos nuestra distancia, para ese momento no tan absoluta y sin regreso.
Carmen Guédez, a la izquierda y María Guédez (Chila) a la derecha. La foto está fechada en agosto de 1953
Hoy no hay punto de unión entre las dos, ni trato alguno; pero al menos pude saber el porqué de nuestra separación, mientras Chila prefirió ignorarlo. Sentada en un sillón, al lado del prestigioso psiquiatra José Luís Vethencourt, supe todo -o casi todo- sobre mi vida y la de mi familia. Sin embargo, no pudimos ni él, ni yo, imaginar el odio que se desbordaría años después. Tampoco lo imaginaron mis padres y me alegro por ellos que murieron creyendo que dejaban una familia como la que creyeron construir y sólo fue un sueño porque, con la muerte de ambos, la familia desapareció definitivamente y es una de las pérdidas más grandes, y dolorosas, que el ser humano puede sufrir.

Me niego a culpar a mis padres de la debacle familiar y me niego porque aprendí a comprender y a perdonar sus errores. Celebro sus aciertos y los extraño mucho, los necesito tanto como cuando era una niña. No soy una mujer que odia a sus padres, todo lo contrario: los adoro, los respeto y sé que hicieron por mí -y por mis hermanos- todo lo que estuvo a su alcance. No sé donde nosotros -los hijos- perdimos la brújula porque no puedo decir que el año 1998 -agosto de 1998- es lo único que marca nuestras desavenencias entre hermanos, sin negar con eso que, los graves acontecimientos ocurridos ese agosto, formaron la gota que derramó el vaso y puso el punto final -irremediable- a una vida familiar.
En cama -enferma con un ACV y sin poder hablar- mi madre no se enteró con exactitud de lo ocurrido, pero como soy madre tengo la certeza de que ella sospechó que algo grave ocurría y debe haber sufrido mucho sin poder hacer preguntas y, mucho menos, intervenir. Ella murió en febrero del 2007 y mi padre en octubre de 1987. Pocas veces la pude ver a partir de 1998 porque las condiciones para ir a la casa de mis padres no eran propicias -lo entiendan o no mis hermanos- porque las razones las conocen hasta el hartazgo, otra cosa es que no las quieran aceptar. Ya los quisiera ver en mi lugar a ver si se percatan de lo que yo sentía. Antes de ese año -1998- sí visitaba a mi madre normalmente y con mi padre estuve presente durante toda su enfermedad y hasta pocas horas antes de morir. Hay fotografías que dan fe de mi presencia -y la de mis hijas y ex esposo- en casa de mi madre después de su ACV.
Mi ex esposo siguió visitando a mi madre -él la adoraba- hasta un mes antes de su muerte y siempre me dijo que él me acompañaría a verla, pero era tan difícil para mí, tan imposible. Me daban miedo mis hermanos y María (la señora que la cuidaba y que vivió en casa de mis padres toda su vida) y, a la vez, ya no quería ver a mi madre en las condiciones que suponía que estaba a partir de marzo del 2003 cuando empeoró. Las pocas veces que la volví a ver -después de la hospitalización de marzo 2003- no las recuerdo con exactitud e ignoro cuántas veces más la vi. En eso, una extraña falta de memoria viene en auxilio a mi dolor, algo muy parecido a lo que José Luís Vethencourt expresó en su extraordinario libro "Lo psicológico y la enfermedad" (premiado y agotado desde hace años), libro de cabecera para mí. Siempre dije: "Enterrar a una madre que está viva es muy doloroso". Eso nunca lo comprendieron mis hermanos.

No pude hacer nada para aliviar el muy seguro sufrimiento moral de mi madre porque había gente inocente a la que debí proteger por encima de todo -y de todos- y el precio que se paga por eso es elevado y muy doloroso, pero necesario y reconfortante. No puedo decir que lamento el no haberle evitado a mi madre ese sufrimiento porque había que elegir entre ella y seres que necesitaban mi protección con urgencia, seres a quienes les quedaba mucha vida por delante a pesar de los pesares. Siempre digo que en la vida hay que elegir y hay elecciones desvastadoras por muy necesarias que sean, pero hay que hacer lo correcto, humano y solidario y eso no transita -casi nunca- sobre un camino de rosas.
No por las muchas cosas terribles que he vivido, trato de inventarme una infancia feliz a como dé lugar ya que comparto con Carlos Saura -el cineasta español- un parlamento sobre la infancia que forma parte fundamental de su famosa película Cría cuervos:
ANA MUJER. No entiendo cómo hay personas que dicen que la infancia es la época más feliz de su vida. En todo caso para mí no lo fue y quizás por eso no creo en el paraíso infantil, ni en la inocencia, ni en la bondad natural de los niños. Yo recuerdo mi infancia como un largo período en donde el lento discurrir de las horas, el miedo a lo desconocido y el terror nocturno lo llenaban todo... Yo, cuando era una niña, me sentía angustiada y sola. Hay cosas que nunca he podido olvidar... Parece mentira que haya recuerdos que tengan tanta, tanta fuerza, como para que persistan por más esfuerzos que hagamos por olvidarlos...
Sí puedo asegurar que tuve una infancia con amor y con los cuidados que todo niño necesita. Los errores cometidos -errores de filigrana como prefiero llamarlos- los puedo entender porque mi padre y mi madre eran humanos y criados en una época de convencionalismos terribles y castrantes, donde la religión católica tuvo un peso muy negativo. Como tengo hijas, sé lo difícil que es ser padre o madre y eso me permite ver a mis padres desde otra óptica y les aseguro que no me hubiera gustado ser madre en los años 50 ó 60 porque los padres de esos años no tenían la mentalidad que tenemos los padres de hoy y, esa manera rígida de criar a los hijos, hasta cierto punto no fue lo mejor, pero sólo hasta cierto punto porque tuvo aspectos buenos y necesarios. Gracias debo dar porque recibí amor y una educación que agradezco. Eso sí, muchas cosas me fueron prohibidas injustamente porque para mi padre y mi madre -y para la época- eran "malas" o "amorales". Fui criada -para bien o para mal- dentro de una rigidez asfixiante, al igual que mis hermanos. Algunas cosas dieron buenos resultados y otras no. La honradez y la justicia que me inculcó mi padre es algo que agradezco infinitamente al igual que mi prematura formación intelectual.
Me gustan los temas íntimos y contar mi vida es como echarme un cuento a mí misma sin temor a la censura o al qué dirán. El pudor no le sirve para nada al escritor. Yo lo tuve durante muchos años y lo superé.

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