miércoles, 24 de junio de 2009

RECLAMANDO LO QUE ME PERTENECE


A LOS HERMANOS GUÉDEZ GARCÍA:

He intentado -vía e-mail- comunicarme con ustedes para tratar asuntos legales que son de mi interés y hasta ahora no he recibido respuesta. He preguntado por las cosas que eran de mi madre y el silencio es absoluto.

No voy a partir a España dejando en vuestras manos lo que adquirió mi padre y que, por tal razón, legalmente una parte me pertenece. No hay motivos para que ustedes se apropien de lo que no es de uno, ni de dos, y sí de todos, incluyendo a Nelson Guédez -a pesar de los pesares- pero no se puede despojar a nadie de lo que es un derecho. Una herencia es una herencia y como tal hay que respetarla, por las buenas o por las malas.

Conozco perfectamente las condiciones en las que mi padre adquirió su vivienda. Él confió en la buena fe de mis hermanos María Guédez (Chila) y Orlando Guédez. Nunca se le ocurrió redactar un papel legal que aclarara la situación porque crió hijos honrados -al menos eso creyó- y cometió la inocentada de no imaginar que le harían una mala jugada apropiándose al completo de lo que ahora nos pertenece a todos ya que papá y mamá no están. Él murió en octubre de 1987 y ella en febrero del 2007 y, a pesar del tiempo transcurrido, nadie se ha reunido conmigo, ni me han informado de ninguna determinación

Las cosas han sido tan injustas que nunca me tomaron en cuenta para deshacerse de las cosas de mi madre. Las regalaron, o se las repartieron, sin mi consentimiento y tendrán que ver cómo reparan eso porque se los estoy exigiendo desde hace varios días. Les repito que la señora María Carrillo no tiene derechos legales. Ustedes busquen cómo pagarle sin pasar por encima de lo que es mío. Denle lo vuestro, pero no lo mío porque sobre ella tengo una duda ya que me negó lo que es innegable respecto a la gran tragedia. Negación cómplice la suya y no se lo perdono porque hay dos inocentes que ella descalifica y eso no se lo acepto por muy entregada que haya sido con nuestra madre.
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El año pasado (2008) pedí permiso a Víctor Guédez para entrar al lugar donde vivieron mis padres sus últimos años. Quería sacar unas fotografías sólo para el recuerdo y él me negó la entrada teniendo yo todo el derecho de entrar a esa vivienda. Argumentó que debía pedirles permiso a María (Chila) y a Orlando Guédez y eso era un absurdo. Se me negó la entrada al igual que me negaron estar al lado de mi madre cuando ella murió. Llamaron a todos, menos a Eva, a Guillermo y a mí. No sé si mi madre podrá perdonarles ese acto porque ella hubiera querido tener a todos sus hijos a su lado al momento de morir.

Hasta ahora he enviado e-mails a:
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Víctor Guédez García.
. María Guédez García (Chila).
. Isabel Guédez García de Liñán.
. Y Leida Forero, esposa de Rafael Guédez García.

Ninguna respuesta he recibido y por eso me veo obligada a tratar de comunicarme con ustedes por esta vía, reservándome otras acciones más fuertes si no hay respuesta. Preciso una reunión para arreglar lo concerniente a lo que es mío por derecho, incluyendo la imagen que he reclamado y que supongo que ya fue regalada.

Tienen mis correos. Respondan si quieren evitar que esto llegue a mayores. Sigo manteniendo las pruebas de lo que causó nuestra separación porque todo lo hice bajo el amparo de un organismo que constató lo sucedido. No fui tan tonta para no dejar constancia de lo ocurrido y sospecho que hubo cómplices.

Intenté comunicarme con ustedes de manera privada y desgraciadamente encontré lo de siempre: silencio absoluto. Si bien mis problemas personales no son de interés para mis lectores, no tengo ningún pudor para exponerlos en público, cansada ya de todas las barbaridades e injusticias cometidas por eso que algún día fue mi familia. Hoy, mi única familia, reside en España y por esa razón ese es mi nuevo país.
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Yo ya no tengo una familia originaria que perder porque desde 1998 dejó de existir para mí. Mi nueva familia está compuesta sólo por mis hijas y sus parejas; Guillermo, el padre de mis hijas, y por seres escogidos a consciencia que han tenido la generosidad de acogerme como a un familiar querido. Lo que sí mantengo intacto es el amor a mis padres y a mi abuela Eva. Ellos estarán siempre conmigo y eso nadie me lo puede arrebatar.
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Las casas de mi infancia también me acompañan porque para esa época éramos felices juntos, como hermanos, con padres, abuela, tíos, bisabuela. Fue una gran familia y es una pena que de eso no quedé sino el recuerdo. Aquel aciago 1998 pedí una reunión familiar que me fue negada. Tanto se hubiera ganado con eso, como tanto se perdió al no ser aceptada por ustedes, según me lo dijo María Guédez (Chila) que siempre llevó la voz cantante.
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Preferiría reclamar respeto, amor y solidaridad más que dinero, pero todo eso es imposible porque ni en mis peores momentos -como mi gravedad en Santiago de Compostela- hicieron una llamada para saber de mí. Yo pagué con otra moneda cundo Víctor Hugo Guédez Forero -mi sobrino- enfermó y me siento satisfecha de la solidaridad que les otorgué, aunque ni eso me lo reconocieron y se alejaron de mí apenas mejoró. Nunca más supe de ese chico. Así agradeció mis desvelos.
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Tan grande es el odio o tan duros son los recuerdos que les traigo de aquel año 98 donde todos se pusieron una venda para no ver lo que, descarnadamente, les mostré. Recuerdo que Víctor Guédez dijo para entonces: "Ese problema es de ustedes". Y cuando su hijo enfermó en el 2007, yo dije: "Ese problema es mío". Ese contraste duele y es una deuda moral que nunca se puede pagar. E hice por Víctor Hugo todo lo que estuvo a mi alcance, al igual que mis hijas. Eva me advirtió que nunca me lo reconocerían y acertó.
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Es una larga historia y esto apenas es como un boceto de una pequeña parte de una gran pintura trágica. He pagado muy caro el "atrevimiento" de no haberme quedado callada en 1998 ante un delito familiar que mis hermanos prefirieron ignorar. Si algo así se repitiera, volvería a actuar igual a sabiendas de que sería separada de por vida del grupo familiar. Hice lo que mi padre me enseñó y jamás me arrepentiré.

domingo, 7 de junio de 2009

DE PRIMERA COMUNIÓN

Las niños, de cierta edad, están de comunión, la primera; última, quizás. Y como todas las niños de comunión se rodean de su familia para tan santo día. Ah, pero un detalle: hay padres que seleccionan muy bien a la familia invitada para ese día. Para algunos -los que no creen en la igualdad de las personas- la presencia de cualquier familiar no es bienvenida porque son selectivos -por las razones que sean- tanto como pueden serlo para escoger a quienes deben ver morir a un ser querido y obstaculizarle la presencia a otros como si de un Dios se tratara. Es que no todo el mundo es aceptado en esos momentos tan trascendentales: comunión y muerte; poca cosa, tal vez.

Para evitarse molestias e imprevistos desagradables con los familiares invitados, la madre de una primo comulgante de este junio 2009, procedió así: a los indeseables los llamó a última hora -la noche del viernes- cuando esa llamada tardía impedía a cualquier mortal tomar un avión o un barco para llegar a la comunión. Claro, es que hay una ventaja: viven en una isla. Así logró filtrar fácilmente a los invitados. Como norma social se impone participar a la familia los hechos importantes y no es que una comunión lo sea -por muy primera- pero las normas sociales y familiares indican que hay ciertos hechos de importancia para toda la familia. Eso de “toda la familia” es un decir, como para no perder la costumbre.

La invitación hecha por la madre de esta primo comulgante cursó con un estudiado libreto. Supongo que la madre pasó horas pensando en qué decir a los familiares indeseables. Y cuando ya no pudo más, afloró lo siguiente: “Te llamo para avisarte de la primera comunión de mi niña”. Joder, el primer paso fue dado con éxito, pensó ella (la madre). “No te avisé antes porque lo olvidé”. Y la pobre daba pena -¡que sí!- porque esto de mentir es lastimoso. Y mentirle a tres, más lastimoso todavía. Al marido le tocó lo más fácil porque no tuvo que mentir, o no pudo. Después vinieron las trilladas excusas que justifican semejante “olvido”. Luego, las palabras siguientes después del atrevimiento de subestimar: “Le compré un lindo vestido en ZARA, blanco con rebeca a juego”. Coño, no podía ser menos que en ZARA ya que la niña es súbdita del Reino de España y el padre también, y los abuelos y los tíos...

Después del vestido, punto final al teatro, fin de la conversación y alivio de la madre por salir del aprieto, o creer que salió. Más recomendable en estos casos es no participar nada a los indeseables. O no subestimarlos porque ¡cuidado y son listillos y hasta inteligentes! O no mentir para respetar los sentimientos de los listillos que -aunque no lo parezca- tienen corazón y con éste, sentimientos, y hasta lloran.

Como hay que ser tonto de convencimiento para aceptar la excusa del “olvido”, quedaba una situación ideal para despejar todas las dudas sobre una mentira más que obvia: felicitar telefónicamente a la primo comulgante y -con toda delicadeza, que alguien dirá que fue tortura- preguntarle qué familiares la acompañaron en el santo día. Eso no falla porque la niña no puede mentir como los padres porque está casi casi en estado de santidad. Y como era de esperar, la niña habló y dijo quiénes habían cruzado el mar, desde todas partes del país, para acompañarla el sábado de la primera hostia; hostia sagrada, no hostia de golpes.

Como no sé por qué escribo este post, concluyo que es bien desagradable este jaleo de las primeras comuniones al momento de optar por unos familiares y deshacerse de otros. Y pienso: si así se miente en un día de santidad, ¿cómo será en los otros? ¿Es que se puede creer en la sinceridad del ser humano, en su honestidad a toda prueba? Lo digo por la madre, por la excusa, por lo selectiva, por unos sí y otros no, por y por.

¿Qué dirían mis padres si supieran que así quedó el mundo después que se fueron? Yo es que ni digo nada, ¿para qué? Escribo y espero.
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Felicitaciones a los inocentes niños que comulgan en este junio 2009. Yo lo hice -junto a mi hermana- un 04 de abril rodeada de mis padres, hermanos, abuela, tías y un largo etc. en mejores tiempos.

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martes, 2 de junio de 2009

ANTECEDENTE, NADA GRATO, DEL CONCURSO DONDE PARTICIPÓ SUSAN BOYLE

Este vídeo puede explicarnos el estado psiquico en el que quedó Susan Boyle después de la final del concurso que la precipitó a la fama y que ahora la tiene en una clínica de reposo.
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Juzguen ustedes.

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