viernes, 29 de mayo de 2009

VENEZUELA ES UNA TELENOVELA

Apuntes para algo más

A Venezuela se la puede analizar a través de sus conocidas telenovelas ya que por algo existen y son exitosas, hasta el punto de reunir a muchos frente al televisor -como si éste fuera un Dios- a la hora en la que se transmiten. Verlas es una costumbre de años, tanto como lo es ver un concurso de belleza. Extraña diversión, pero así es Latinoamérica.
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Este género -que técnicamente no se escribe como el cine o el teatro- muestra descarnadamente los estereotipos que marcan y determinan la conducta del venezolano: chicas guapas -tipo miss Venezuela- y galanes de gym. Nunca gente común en plan protagónico. Los protagonistas de telenovelas no trabajan, sólo se enamoran. La historia se repite y gusta: Ricos vs. Pobres, al igual que en la vida real, como si eso de estar en plan de versus (contra) fuera lo ideal.

La situación actual de Venezuela, de unos contra otros, no es una creación de Hugo Chávez y pensar que lo es, se convierte en un grave error que, incluso, yo cometí. El error tiene firma en los medios -exactamente en los dueños de medios- y en las programaciones que ellos explotaron porque les daba raiting, sin saber que era cuchillo para sus gargantas. Chávez responde a la descabellada barbarie de “unos contra otros” y arremete el 04 de febrero de 1992. La televisión, simplista y comercial, le había puesto todo en bandeja de plata a los resentidos con o sin razón, pero excluidos al fin. Y mire usted lo que resultó.

Según me cuenta mi hija mayor, Álvaro Vargas Llosa habla de la telenovela “Por estas Calles” (1992-1994) como la máxima expresión del descontento en tiempos de otros gobernantes. Con ese descontento se le abonó el terreno al actual presidente. Es decir: los escritores de telenovela -sin saberlo- se convierten en los máximos promotores de la división, pero con una característica: al final, el amor une a chicos ricos con niñas pobres, siempre que sean guapas y blancas, lo que expresa clasismo y racismo en un país multirracial, pero con prejuicios, carcomido por los cánones de la moda dominante donde sin tetas de cirujano plástico no hay paraíso ni éxito posible, como muy bien lo expresó una telenovela colombiana.

Con la moda de las cirugías plásticas, el intelecto se va de vacaciones y le deja el puesto a lo por encimita que se resume en ignorancia, consumismo vertido en el propio cuerpo. Entonces el país se llena de chicas con generosos escotes y quien no sea como ellas, deja de ser persona. El chico que no posea cuerpo de gym tampoco tiene cabida. Las telenovelas determinan, como nunca, el ideal de hombres y mujeres. Comienza la debacle de lo inteligente y profundo para dar paso a seres de concurso -especialmente mujeres- que -¡oh sorpresa!- se convierten, de la noche a la mañana, en periodistas, actrices y un largo etc. que los empresarios de televisión explotaron -y siguen explotando- hasta el hartazgo cuando se percatan del filón porque de que lo es, no hay duda; sólo que los psicólogos y sociólogos no profundizaron en un hecho, producto de una estructura subliminal muy bien montada y casi maquiavélica, que Hugo Chávez prefiere llamar capitalismo porque le resulta más fácil el calificativo simplista en lugar de ir más allá, puesto que ese mensaje subliminal convenció a ricos y pobres, comunistas o no. Pocos se salvaron.

Mientras chicas y chicos de telenovela se convierten en modelos a seguir, los militares conspiran. Nunca se han aproximado a mujeres tan guapas como las de la tele que, en sus telenovelas gloriosas, les muestran -con crudeza y burla- que ser pobres y feos no les asegura ser exitosos y sí anónimos que es lo que ya no desean. "Por ahora" marca el inicio de las interminables cadenas ya que estar en televisión le produce un enfermizo placer al hombre que sólo desea ser protagonista absoluto y por ello es político, cantante, charlatán y lo que sea, pero sin duda es un personaje que los geniales guionistas no fabricaron.
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Los golpistas de 1992 buscan el éxito, y el reconocimiento, a través del poder inmenso -poder político y económico- que compra todo y a casi todos. Casi logran poner de moda al hombre feo y común -incluso pobre- en lugar del kent adinerado y poco latino que se ve en televisión. La realidad empieza a ganarle terreno a la fantasía.
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Increíble que un hecho televisivo, aparentemente inocuo como la telenovela, tuviera tanto veneno. Por algo se le llama “culebrón”. Hacedor de resentidos, diría yo. Y más: espacio donde los ricos se burlan de los pobres y sólo el amor -si es que llega a florecer- cura heridas y une. De lo contrario, se convierte en guerra eterna, caldo de cultivo para el odio más irracional como el que se respira en la Venezuela de hoy. Nunca esos pobres y ricos debieron convertirse en un gran negocio televisivo porque el resultado ha sido muy dañino. Quienes escribieron e interpretaron a los personajes, hoy sufren las consecuencias del monstruo que crearon. ¡Qué diría José Ignacio Cabrujas si estuviera vivo! Él era un gran defensor de la telenovela y, en su momento, nadie se percató del daño que éstas podían causar. Sólo Ibsen Martínez -autor de"Por estas calles"- merece el reconocimiento de haber abandonado una telenovela exitosa, pero es una historia que merece un post aparte.

Los militares no es que conspiren en los años 90 -o antes- sólo por culpa de las mujeres bellas, sería tonto decir semejante barbaridad. Conspiran porque los dueños de medios les dicen, desde una pantalla de televisión, que eso de ser pobres es muy malo. Lo hacen mostrando el confort y belleza de las casas de gente rica, en contraposición con la fealdad y pobreza de la chabola, en obvia demostración a una gigantezca diferencia de clases que sigue existiendo en la Venezuela chavista y revolucionaria. Observen las dos escenografías, de alto contraste, que hay en una telenovela. La escenografía es parte del texto y, por lo tanto, habla, tanto o más por ser imagen. Casas de ricos y de pobres es una constante. Amor entre seres de clases muy diferentes. Poco o nada sucede entre iguales y es una de las características de la telenovela latinoamericana. Brasil es una excepción por convertir a los pobres en protagonistas absolutos tanto en cine como en televisión. Bueno o malo, no es el punto en este post.

Así, el resentimiento se agita, a ritmo de vértigo, en un cóctel mortal del que estamos viendo lamentables resultados. A pesar de eso, los medios de comunicación de Venezuela no aprenden y pinchan la herida del resentimiento. Cuidado si los muchos coches nuevos -más de 20- aparcados en la casa de Zuloaga -el de Globovisión- no causan una debacle. Más inteligente -por ser menos hiriente e insultante para el que jamás podrá comprar un coche- hubiera sido que Globovisión no los mostrara. Otra equivocación más de la Venezuela de telenovela. Otra equivocación que los opositores explotan erradamente. Lamentablemente, si uno de los Varga Llosa no lo dice, no tiene credibilidad. Yo es que me siento lo suficientemente capaz para reflexionar sin guías y sin temor de que lo que diga no guste.
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martes, 26 de mayo de 2009

A CORUÑA ES UNA DE LAS CIUDADES MÁS ELEGANTES DEL NORTE DE LA PENÍNSULA

No lo digo yo, lo acabo de leer en una crónica sobre la Ciudad de Cristal, llamada así por sus famosas galerías. Ciudad de señoritos, como dicen algunos gallegos y ciudad para el disfrute y no para el trabajo, aunque de algo hay que vivir.
Claro que estoy de acuerdo en todos los halagos -incluido el del título- que se le hagan a esta hermosa ciudad poco frecuentada por el turista latinoamericano que no sabe lo que se pierde al dejar de ver a otra España, otra arquitectura, otra belleza totalmente diferente a los destinos más publicitados. Me gusta Galicia y me gusta su gente. No me intimida su clima.
Ricos vinos y frutos del mar.
La crónica que acabo de leer habla de María Pita porque Galicia tiene heroínas y les da un gran espacio. Es una región que rinde homenaje a sus mujeres, como Emilia Pardo Bazán, Rosalía de Castro (compostelana) y María Pita. Ciudad de palilleiras que hacen encajes de ensueño que se usan en trajes académicos
y estos tienen toda una historia.
Hay una sede de palilleiras por la Plaza de España de A Coruña (cerca de la Ciudad Vieja) por si quiere el ver el producto en su estado más puro. La inmigración nos ha hecho más cultos y ahora vemos más cosas que antes. A menos tenemos parámetros para comparar: en Paraguay hacen un encaje parecido. No llega a ser tan fino, pero es muy hermoso. Posiblemente una palilleira gallega fue a Ámerica y fabricó su encaje, que es tanto como vivir la morriña del gallego fuera de su tierra.
Las puñetas que nacen en Camariñas
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Habla también, esa crónica, de lugares como la avenida de La Marina donde me he quedo fascinada viendo las galerías que también se disfrutan en la Plaza de María Pita. Recomiendo observarlas desde la acera de los Jardines de Méndez Núñez. Esas galerías me gustan más que la Torre de Hércules y que me perdonen
por decir esto, pero es que me deleito en ellas más que en el emblemático faro romano, símbolo de la ciudad.
¡Espectaculares!

No sé si el cristal del Millennium -en el Paseo Marítimo- sea en homenaje a las galerías y por eso es tan hermoso. Ya mi amigo Xil -tan culto él- me dará esa información. Recuerdo su aclaratoria al blanco roto del traje de Penélope Cruz cuando ganó el Óscar, o una foto del Obradoiro que requerí una vez y me la envió sin que se la pidiera. Así son los galegos cuando se convierten en amigos de lujo: atentos, encantadores.
Anímense a pasar un verano delicioso en Galicia, sin el calor agobiante de otras regiones. Por cierto: ahora mismo hay rebajas en algunas tiendas que van a cerrar en A Coruña. Están cerca de la calle San Andrés y Panadeiras. Les puede ser útil esta información. Olviden los centros comerciales -desgraciadamente existen en A Coruña- porque en las calles hay tiendas de primera y es un disfrute visitarlas. En la Calle Real queda en pie una
farmacia con un piso para alucinar y en la San Andrés -muy cerca de la Plaza de Santa Catalina- hay una mercería muy antigua que es todo un homenaje a la buena costura. Es que Galicia es un emporio de la moda como no lo imaginan los desconocedores. En la calle Juan Flores, de A Coruña, nació la tienda ZARA, del grupo Inditex, una historia interesante que alberga esa ciudad. Y todavía hay más porque Inditex no es la única referencia de la región; sólo la más conocida, tal vez.
¡Una belleza a los pies en esta farmacia!

A Coruña es una ciudad de grandes diseñadores como Adolfo Domínguez o Kina Fernández. Por Kina siento especial predilección. ¡Es excelente! Se la ve en famosas pasarelas como la de Cibeles. La oferta cultural de esta ciudad es extraordinaria: muy buen teatro, buena música, museos y todo lo que ofrece la sede cultural de la Caixa Galicia es de primera. Moderna sede en A Coruña y una muy diferente -antigua- en Santiago de Compostela ubicada en la Rua do Villar.

Los dejo con el texto publicado en OCHOLEGUAS.COM que está bastante completo:
La Coruña, ciudad de héroes
Sigo llamándola A Coruña, en galego.

Carmen Guédez

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domingo, 24 de mayo de 2009

EL IDIOTA

Les cuento algo:
El idiota de esta historia es un hombre viejo que sólo ve la vejez en las mujeres de su edad y no en su propia vejez. Y es un hombre gordo que ve obesidad en las mujeres y no se percata de su propia gordura. Este idiota confunde sobrepeso con obesidad porque confundirse es parte de su torpeza. Para él, la vejez y el sobrepeso es despreciable en ellas, no en él, como si el hecho de ser hombre le concediera lucir bien aun en su decadencia. Cual Silvio Berlusconi con chica de 18 años, pero sin su dinero y poder, aspira a mujeres bellas, jóvenes y perfectas que deben admitir sin disgusto -ni asco- su aspecto de hombre viejo con cuerpo de sedentario gordo y avejentado más de la cuenta.
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El idiota jura que es un excelente amante y sólo es un frustrado en todo y más en el amor. El idiota no es exitoso, sólo es un hombre insignificante que va por la vida sin pena ni gloria y es uno más en su profesión.
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El idiota odia a las mujeres porque odia a su madre y no lo sabe. El idiota no escuchó jamás a Isaac Albéniz, ni sabe de teatro o de literatura porque es un inculto con título universitario. Dice que está de viaje, pero no ha salido de la ciudad. Miente porque no sabe hacer otra cosa. Pareciera odiar a España o envidia a quienes sí la queremos. Tiene un coche viejo que lo avergüenza porque no le da el status que tanto necesita, como si un coche nuevo lo hiciera mejor persona. El idiota envidia a quien tiene algo que él llama “piso de lujo” porque él no lo puede tener. Ah, el idiota tiene un espejo que deforma su estatura física -la otra no mide ni dos centímetros- y por eso dice que es alto cuando en verdad no lo es, dice que es guapo y la verdad es que es feo, y dice que es rubio sólo porque tiene ojos azules. Se define como interesante, ¡qué osadía!
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Lo peor del idiota es que, frente a frente, halaga a las mujeres y por detrás las descalifica con los peores calificativos en un cotilleo innecesario. Eso fue lo que me llevó a disparar mi artillería en su contra. ¡No es para menos! Si está enfermo, que se interne, pero que no ande por el mundo haciendo daño. Con lo fácil y grato que es tratar bien a las mujeres. Un amigo me preguntó si era que este hombre había ganado un concurso de belleza. Eso me hizo mucha gracia.
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El idiota no sabe -por algo es idiota- que a él no le gustan las mujeres y las desprecia con el alma. Es algo tan obvio en él. Dice, de una mujer que sólo vio una vez, que ella dijo algo que esa mujer jamás expresó. Lo dice él y lo pone en boca de ella por cobardía. Detrás de sus mentiras hay mucha patología, sin duda alguna.
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Pobre idiota por no saber que lo es y por no darse cuenta que es un enfermo con una capacidad enorme para decir una cosa y pensar en otra, cambiando la realidad a su conveniencia. Lo más grave es que el idiota es peligroso y parece un ser normal, pero es una alimaña digna de temer y de él hay que cuidarse. Lo alimenta el halago y hay que engañarlo diciéndole que es lo que nunca será. Eso lo hace sentir importante y le baja la ansiedad. Disfruta si le se le dice que es sensual, inteligente y sincero, virtudes de las que carece. Es que provoca burlarse de él, tanto como provoca desaparecerlo de la faz de la tierra.
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El idiota no perdona que otros -menos si se trata de una mujer que no se impresiona con él- tengan la inteligencia y la cultura que no posee. Lo intenta, sólo que no lo logra y sigue en su mediocridad cultivando una imagen qué nada más está en su enfermiza imaginación.
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Ah, el idiota: ¡qué tonto y pobre es! Y porque su idiotez molesta no puedo evitar ser sarcástica. A un ser así no hay que decirle las cosas con ese estilo ordinario que lo caracteriza. Hay que optar por la elegancia de la ironía inteligente -la que él ya quisiera tener- y mentirle porque se lo merece. No es necesario decirle que se sabe de su hipocresía ya que al leer esto se enterará, pero no se va a percatar -porque es bruto- de que su hipocresía es el máximo de la falta de hombría, donde se graduó con honores. Ése es su único logro.
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Dice que tiene madre y hermanas y llego a dudarlo. Quien tiene madre y hermanas no habla mal de las mujeres porque escupe hacia arriba, digo yo. Posiblemente su madre sea como la famosa madre de la película Psicosis -de Alfred Hitchcock- porque a un idiota no le falta una madre castradora que le impide ser feliz. ¡Cuidado con bañarse en su ducha!
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El idiota, herido en su orgullo, tratará de descalificar. Volverá a mentir y, muy molesto, va a intentar ofender de nuevo, mas ya no importa porque aquí se colocó el punto final a nombre de todas las mujeres agredidas psicológicamente. ¡Que se ahogue en su rabia a ver si se envenena! Sería fantástico.
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O si al leer este post muere de un infarto, se debe publicar su nombre y apellido en un merecido obituario a un machista fallecido en pleno combate. Ese idiota se irá de este mundo sin aprender la lección y repitiendo errores. Ahora, que ya he terminado de escribir este ácido post, sí puedo beber un vinillo para brindar con un ¡pobrecito! absolutamente lastimoso y burlón. Luego, a guardar silencio, diga lo diga y haga lo que haga, para que aprenda que las mujeres no son tontas como él lo cree y que subestimarlas se paga con altos intereses.
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Carmen Guédez

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