lunes, 16 de noviembre de 2009

MIGUEL DELIBES y su APROXIMACIÓN AL MUNDO FEMENINO

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"Era tarde para su costumbre..." Así comienza "Cinco horas con Mario", la novela de Delibes que me inició -en Madrid, 1982- en mi interés por indagar sobre la soledad femenina. Fue llevada al teatro con Lola Herrera en una excelente interpretación de "Carmen Sotillo", acompañada de una escenografía justa para la obra. El personaje que ella interpreta lo considero una perfecta aproximación de Delibes a la vida de las mujeres de una época de España donde la religión católica tuvo un papel castrante que la Herrera expresa, de una manera conmovedora, en "Función de noche".

Función de noche
Es una película que mezcla textos inherentes a la vida real de Lola Herrera con escenas de "Cinco horas con Mario". Entre función y función, ella le narra a Daniel Dicenta la verdad de su vida matrimonial. Dicenta no se puede creer lo que escucha (es muy fuerte esta escena). Mezcla de ficción con realidad, "Función de noche" se convierte en una especie de exorcismo femenino. Lo cierto es, que sentada -sola- en mi butaca del desaparecido cine "Infantas" -muy cerca de la calle Barbieri y de la Gran Vía- sus confesiones me dolían tanto como si fueran mías.

Era otoño de 1982 y yo era testigo, en primera fila, de una España de mujeres que empezaban a despojarse de pétalos de dolor. La barra del café “Zahara” -en la madrileña Gran Vía, muy cerca de Callao- era un lugar visitado por las mujeres solas, según no los advertían los amigos en vista de que el macabro cotilleo masculino había puesto los ojos en ese café como para descalificar. Muchas noches me senté ahí y no vi nada especial o amenazante. Después de todo, era un buen lugar para comer y resguardarse del frío antes de entrar al cine. Muchos años después -cuando los 80 habían alcanzado la honorable calificación de vintage- me volví a sentar en esa barra, pero ya no era lo mismo, el ambiente era otro. Los presentes ignoraban su historia, como siempre ocurre con estos lugares. Era otro “Zahara”, sin hechizo. No me cautivó.

Si volvemos la mirada atrás, a Lola Herrera hay que concederle un reconocimiento especial al hacer pública su vida que era tan parecida a la de tantas y tantas mujeres de la era franquista. En esos años, en que ella se atrevió a contarlo todo, se respiraba una atmósfera extraña en el mundo femenino de España. “Algo pasa”, fue lo que me vino a la cabeza al respirar ese aire que tuve la cordura de no pasar por alto. Ese algo lo encontré en el cine, teatro y literatura de los años 80. En la vida real, las mujeres hoy estaban con sus parejas y, cuando volvías, ya se habían separado. Entre una y otra cosa mediaba poco tiempo. Una noche me quedé a dormir en casa de una amiga, y sin proponérmelo, pude ver como el novio de esa noche, al día siguiente la había dejado. Hasta ahí, nada anormal a no ser porque ella no quiso saber nada más de mí y se marchó a New York, de vacaciones, sin explicar qué sucedía. La soledad se convertía en vergüenza. Así fue como el tema empezó a interesarme y confirmé que esa vergüenza era una constante.

Una copia del guión original de "Función de noche" -¡todo un tesoro!- lo tengo hace muchos años gracias a una gentileza de su directora Josefina Molina quien se inspiró en “Cinco horas con Mario” para una película clave a la hora de entender a las españolas de entonces. El papel de Miguel Delibes observando un mundo que le es ajeno, es fundamental, casi inesperado. Ese mundo, muy de mujeres de esos años que influenciaron mi vida, lo describo así:

“Silencios enredados en un cesto de costura. Manos de mujer que bordan blanca tela. Ruidos y suspiros en las noches. Manchas rojas clandestinas que desaparecen con los años y unas manos despojadas de ternura” (de mi texto TIEMPO DE CRISTAL, TIEMPO DE ROBLE)

Resulta extraño que Delibes se haya aproximado a ese mundo y cuánto se le agradece el que lo haya hecho y de la manera tan magistral como lo hizo. Interesante paralelismo entre su "Carmen Sotillo" y Lola Herrera. Las lecturas de esta "Carmen Sotillo" pueden ser múltiples -algunos la comparan con Bernarda Alba- pero sea cual sea el camino que se escoja, todos conducen a esa mujer española que no se parece a la de ahora y, no obstante, ha dejado una huella que todavía perdura.
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Carmen Guédez
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