viernes, 6 de noviembre de 2009

LA MUERTE, MI MUERTE

.
Alguien escribió hoy en Facebook: "Ni siquiera la vida es para toda la vida"
.
Decirlo es muy fácil, pero tenemos que estar muy dispuestos a internalizarlo. No basta con colocar unas palabras cuyo sentido desconocemos, y lo que es peor: tememos.

Ahora mismo estoy con muy mala salud; pero si llega la muerte, ¡pues que llegue! pero que me pille en casa pensando en los lugares donde deseo que sean repartidas mis cenizas: A Coruña, Santiago de Compostela y Barcelona para -desde algún lugar- besar a mis hijas y susurrarles bonitas palabras al oído, escondida en la brisa donde habiten mis cenizas: entre las nubes y el mar de sus ciudades.
.
Mantengo -en medio de mis malestares- mi deseo de siempre: que mi muerte no sea anunciada jamás y que sea algo íntimo entre mis hijas, sus parejas y yo. ¡Nadie más!
.
Lo último que quiero es que mis hijas vivan la locura de un hospital o de una clínica. Ya pasé por eso y, juré, que no repetiría esa experiencia y, mucho menos, las expondría a ellas a vivir esa angustia. Escribo basada en la pesadilla que viví, no en la de otros y eso me da autoridad suficiente para expresarme de esta manera. Tengo una resistencia sobrenatural al dolor físico de mi cuerpo -no al dolor de otros- pero no resisto tener a mi lado a un enjambre de médicos y enfermeras, tanto como no resisto la iluminación de los centros de salud y el ruido constante y enloquecedor de esos recintos. Los enfermos requieren paz y eso sólo se consigue en casa, a media luz y en silencio.
.
La muerte es un gran duelo para quienes quedan vivos, pero -como todo- pasa. No pretendo decir, con esto, que no queden recuerdos. Quedan muchos, y sólo el tiempo los suavizan, hasta volver tersa a una herida que no va a dejar de ser lo que es: una cicatriz a la que hay que mimar, a pesar de su condición de marca imborrable.
.
No recriminen mis palabras, ¡se los ruego! Es que tampoco lo acepto porque estoy hablando de mis únicas e indiscutibles pertenencias: MI VIDA y MI MUERTE.
.
El parto de mi madre para parirme fue natural y mi parto hacia la muerte -cuando me toque- debe ser igual: natural. Ambos tienen dos características en común: son dolorosos e inevitables.
.
Hablar de mi muerte es mi filosofía de vida desde que tenía 24 años. Lo aprendí con un hombre sabio al que tuve la suerte de conocer en 1975: David Domínguez (Q.E.P.D) un seguidor del pensamiento hindú. Él puso en mis manos un libro de Jiddu Krishnamurti que, para entonces, ignoré sin respetar, siquiera, la sabiduría de quienes nos ganan en años y en conocimientos.
.
.
Fue David Domínguez (médico venezolano, graduado en Buenos Aires y alumno predilecto del sabio José Luís Vethencourt) quien me enseñó la filosofía del Buen Morir que, desde entonces y sin dudas, ha sido mi norte. Lo único que tengo muy claro es la aceptación de mi muerte, pero no la de otros, como el reciente fallecimiento -inesperado- de mi amiga Araceli Fernández Pena que me ha partido el corazón. Las muertes súbitas me desgarran. Ese dolor inmenso no lo entienden los que no lo han vivido en carne propia y lo lamento por ellos, no por mí. Ya lo vivirán y recordarán lo que aquí expreso y lo que ya expresé -a comienzos del 2006- cuando publiqué mi calvario pre y post obstrucción intestinal.
.
No soy de las que pregono que exista vida después de la muerte. Eso sería como un extra, inmerecido, para remendar allá lo que no se hizo bien acá. De ser así, podríamos disfrutar de un mal vivir y, el Buen Morir, no se basa en semejante barbaridad.

Aunque les cueste creerlo, esta forma -extraña para muchos- de ver la muerte, es una inyección de vida y se aprecia más si se llega a salir de un estado al borde del final de esto que llamamos vida, sin saber si la vida es muerte o viceversa.

Carmen Guédez
. .
E-mail: tintaindeleble@gmail.com
Link: http://tintaindeleble.blogspot.com
Skype: carmen.guedez (Galicia-España)
Facebook: Tinta Indeleble
Grupo en Facebook: AMIGOS DE TINTA INDELEBLE

1 comentario:

Cristina dijo...

Bueno, Carmen, este punto fue parte de nuestra conversación juntas, pero no lo profundizamos.

Ante lo que planteas y escribes, te quiero comentar una experiencia que tuve. Hace unos años atrás, hice un curso de comadrona, es decir, ayudante del parto natural. Una única práctica que participé, pues no pude seguir por motivos laborales, fue un bellìsimo parto en agua.
Estábamos todos alrededor de la piscina de la clínica: los padres, y nosotras algunas "practicantes" , la doctora y nuestra facilitadora.
La mamá estaba en la piscina sentada, contenta, armónica, pujando y los demás, mirando, animándola, dándole aliento y guía para su trabajo de parto, al que estábamos esperando con alegría todos juntos.
De pronto, no sé por qué, pensé AL VENIR A LA VIDA NOS están esperando y no lo sabemos, podría suceder esto mismo cuando MORIMOS? Es decir, también vamos a otro lado desconocido, pasamos a otro espacio........y no podría ser que allá también estén ansiosos y alegres porque nos van a recibir? a esperar? a ayudar? quién dijo que no? No lo sabemos pero puede ser que sí exista ese momento.
Y creo que va con tu planteamiento, es decir, entiendo lo que dices y es válido.
A mí me miraron con cara rara, pues claro no es usual relacionar nacimiento con muerte... pero también la muerte puede ser un nacimiento... Asì lo consideran los orientales también.
Por tanto, a lo mejor todo es bello. NO lo sé.