
Mejor conocida como MNG, es una conocida cadena de ropa española cuyas prendas de vestir yo uso. La conozco desde España y en Venezuela sólo sé de una tienda: la que se encuentra ubicada en el Centro Comercial SAMBIL de Caracas, justo debajo de la otra cadena española: ZARA.
El asunto está en que el trato que recibe un cliente de MNG en España -sea español o no- es muy diferente al que recibe un cliente en Caracas y, muy posiblemente, en toda Latinoamérica.
Las leyes que protegen a los consumidores españoles dejan muy claro que el cliente tiene los mismos derechos durante las rebajas y la calidad del producto no puede bajar y, en caso de un reclamo, deben hacer cambios de una prenda por otra o devolver el dinero.
Las campañas para alertar a los consumidores españoles durante las rebajas salen en los medios de comunicación muy detalladas. En Venezuela no. Personalmente -desde hace más de veinte años- he tenido una buena impresión del Instituto Nacional de Educación al Consumidor y al Usuario -INDECU- de Venezuela que, aunque usted no lo crea, es más antiguo que el de España y siempre fue muy eficaz, por lo que este caso que voy a exponer debería interesarle a ese organismo para tomar medidas contra la tienda MNG de Caracas y vigilar a otras de esa cadena que muy probablemente existan en otras regiones del país, como la Isla de Margarita.
MI CASO
El pasado domingo -24-02-08- compré tres piezas de ropa en MNG del centro comercial SAMBIL en Caracas. La tienda anunciaba con grandes letreros las rebajas del 50%. Lo que NO anunciaba -al menos ese día y el siguiente- era que todo aquello que tuviera 50% de descuento no admitía cambio o devolución, advertencia que debía estar muy a la vista del público, en letras visibles, incluso en los probadores, para prevenir a aquellos que, igual que yo, no quisieran correr el riesgo de comprar con esas restricciones inexistentes en España.
Me dijeron que la cajera debía advertir a los clientes de este detalle, pero es ilógico poner a quien cobra a repetir a cada momento esa normativa absurda. La cajera quedaría afónica. Para eso es mejor colocar un sonido pre grabado, pero la mala intención está ahí: en no hacer nada demasiado obvio para engañar a los clientes, y mire usted que lo logran.
Después que salí de ese agobiante centro comercial y ya lejos de él, me percaté de que el pantalón que compré tenía un defecto pequeño, pero defecto al fin.
Al día siguiente -lunes 25-02-08- regresé a MNG para cambiar el pantalón. Unas vendedoras muy amables me atienden, pero me dicen que si la encargada de la tienda no lo autoriza, no me pueden hacer el cambio. Pido, entonces, hablar con la encargada.
Aparece una chica delgada, de ojos claros y con el cabello de un tono rojizo, largo y muy rulado. Se llama Nathalie. Su nombre lo averigüé después. Le dije que deseaba cambiar una prenda y le expliqué las razones del cambio. Yo -vestida de MNG de arriba a abajo- creí que iba ser bien tratada y que no habría problema. Para mi sorpresa, esta encargada -sin una sola sonrisa- no me aceptó cambiar el pantalón, mucho menos devolver el dinero, algo que nunca le pedí.
- Usted compró una prenda con una rebaja del 50% y todo lo que tenga ese descuento no admite cambio.
"¡Qué gran negocio!" me dije a mí misma y, asombrada, le respondí:
- Si me hubiera dado cuenta de que el pantalón tenía un defecto no lo compró a ningún precio porque la ropa de MNG, aun rebajada, no es barata y no estoy interesada en botar el dinero en algo con un desperfecto.
- Señora, yo tengo ética para con mi empresa y cumplo las normas que ellos nos indican.
Con esta declaración de la fiel encargada supe quién era el culpable directo y autor intelectual de esta estafa de vender ropa con 50% menos de precio, pero con desperfectos. En silencio, le agradecí a Nathalie la confesión.
Los dueños de la franquicia de MNG en Caracas -porque supongo que se trata de una franquicia- son, según la factura que me dieron, BURAK IMPORT, C.A y, si me atengo a lo dicho por Nathalie, nada les importa que la gente pierda el dinero con una prenda dañada mientras ellos se forran. ¿Es eso ético? Lo correcto es que MNG retire la ropa que tiene defectos o la coloque en un lugar muy separado de la ropa en buen estado para que la compre -a muy bajo precio, eso sí- quien no le importe el desperfecto.
No me rendí y pedí hablar con otra persona. Esta vez me atendió una joven embarazada de nombre María Ángel -o Mariangel- que tampoco accedió al cambio y con desparpajo me dijo: “Posiblemente el pantalón se le enganchó y se dañó” ¡Vaya, pero si ni me lo había puesto y estaba con la etiqueta todavía pegada! Esta joven -futura madre- tampoco tenía una sonrisa amable o burlona, al menos. Ambas eran inexpresivas y tajantes.
El asunto está en que el trato que recibe un cliente de MNG en España -sea español o no- es muy diferente al que recibe un cliente en Caracas y, muy posiblemente, en toda Latinoamérica.
Las leyes que protegen a los consumidores españoles dejan muy claro que el cliente tiene los mismos derechos durante las rebajas y la calidad del producto no puede bajar y, en caso de un reclamo, deben hacer cambios de una prenda por otra o devolver el dinero.
Las campañas para alertar a los consumidores españoles durante las rebajas salen en los medios de comunicación muy detalladas. En Venezuela no. Personalmente -desde hace más de veinte años- he tenido una buena impresión del Instituto Nacional de Educación al Consumidor y al Usuario -INDECU- de Venezuela que, aunque usted no lo crea, es más antiguo que el de España y siempre fue muy eficaz, por lo que este caso que voy a exponer debería interesarle a ese organismo para tomar medidas contra la tienda MNG de Caracas y vigilar a otras de esa cadena que muy probablemente existan en otras regiones del país, como la Isla de Margarita.
MI CASO
El pasado domingo -24-02-08- compré tres piezas de ropa en MNG del centro comercial SAMBIL en Caracas. La tienda anunciaba con grandes letreros las rebajas del 50%. Lo que NO anunciaba -al menos ese día y el siguiente- era que todo aquello que tuviera 50% de descuento no admitía cambio o devolución, advertencia que debía estar muy a la vista del público, en letras visibles, incluso en los probadores, para prevenir a aquellos que, igual que yo, no quisieran correr el riesgo de comprar con esas restricciones inexistentes en España.
Me dijeron que la cajera debía advertir a los clientes de este detalle, pero es ilógico poner a quien cobra a repetir a cada momento esa normativa absurda. La cajera quedaría afónica. Para eso es mejor colocar un sonido pre grabado, pero la mala intención está ahí: en no hacer nada demasiado obvio para engañar a los clientes, y mire usted que lo logran.
Después que salí de ese agobiante centro comercial y ya lejos de él, me percaté de que el pantalón que compré tenía un defecto pequeño, pero defecto al fin.
Al día siguiente -lunes 25-02-08- regresé a MNG para cambiar el pantalón. Unas vendedoras muy amables me atienden, pero me dicen que si la encargada de la tienda no lo autoriza, no me pueden hacer el cambio. Pido, entonces, hablar con la encargada.
Aparece una chica delgada, de ojos claros y con el cabello de un tono rojizo, largo y muy rulado. Se llama Nathalie. Su nombre lo averigüé después. Le dije que deseaba cambiar una prenda y le expliqué las razones del cambio. Yo -vestida de MNG de arriba a abajo- creí que iba ser bien tratada y que no habría problema. Para mi sorpresa, esta encargada -sin una sola sonrisa- no me aceptó cambiar el pantalón, mucho menos devolver el dinero, algo que nunca le pedí.
- Usted compró una prenda con una rebaja del 50% y todo lo que tenga ese descuento no admite cambio.
"¡Qué gran negocio!" me dije a mí misma y, asombrada, le respondí:
- Si me hubiera dado cuenta de que el pantalón tenía un defecto no lo compró a ningún precio porque la ropa de MNG, aun rebajada, no es barata y no estoy interesada en botar el dinero en algo con un desperfecto.
- Señora, yo tengo ética para con mi empresa y cumplo las normas que ellos nos indican.
Con esta declaración de la fiel encargada supe quién era el culpable directo y autor intelectual de esta estafa de vender ropa con 50% menos de precio, pero con desperfectos. En silencio, le agradecí a Nathalie la confesión.
Los dueños de la franquicia de MNG en Caracas -porque supongo que se trata de una franquicia- son, según la factura que me dieron, BURAK IMPORT, C.A y, si me atengo a lo dicho por Nathalie, nada les importa que la gente pierda el dinero con una prenda dañada mientras ellos se forran. ¿Es eso ético? Lo correcto es que MNG retire la ropa que tiene defectos o la coloque en un lugar muy separado de la ropa en buen estado para que la compre -a muy bajo precio, eso sí- quien no le importe el desperfecto.
No me rendí y pedí hablar con otra persona. Esta vez me atendió una joven embarazada de nombre María Ángel -o Mariangel- que tampoco accedió al cambio y con desparpajo me dijo: “Posiblemente el pantalón se le enganchó y se dañó” ¡Vaya, pero si ni me lo había puesto y estaba con la etiqueta todavía pegada! Esta joven -futura madre- tampoco tenía una sonrisa amable o burlona, al menos. Ambas eran inexpresivas y tajantes.
Los nombres de las encargadas no los conocía porque ninguna estaba identificada, pero los que ejercemos este oficio terminamos averiguando todo. Lo triste es que defiendan el dinero de los millonarios y no el del cliente que no tiene dinero en esas proporciones. Ellas no tienen conciencia de lo que hacen en contra de gente común y corriente -como yo y como tantos- porque los dueños de MNG son otra cosa: millonarios que jamás compartirán equitativamente con sus empleados sus fortunas incalculables.
Ya cuando me marchaba le pedí a la primera encargada con la que hablé -Nathalie- que me diera su nombre porque iba a publicar en mi página de Internet mi impasse con MNG-Caracas. La chica se negó a dármelo. “Puede usted hablar de todas las que trabajamos aquí”, me respondió. Yo le contesté:
- No tengo razones para meter en este caso a todas las empleadas de esta tienda porque el problema fue con usted y con María Ángel. Además, es justo destacar su fidelidad con esta empresa.
Yo, siempre tan irónica, siempre tan ácida.
Ya cuando me marchaba le pedí a la primera encargada con la que hablé -Nathalie- que me diera su nombre porque iba a publicar en mi página de Internet mi impasse con MNG-Caracas. La chica se negó a dármelo. “Puede usted hablar de todas las que trabajamos aquí”, me respondió. Yo le contesté:
- No tengo razones para meter en este caso a todas las empleadas de esta tienda porque el problema fue con usted y con María Ángel. Además, es justo destacar su fidelidad con esta empresa.
Yo, siempre tan irónica, siempre tan ácida.
Muy ingenua es Nathalie al igual que la otra encargada. Esta chica todavía no tiene idea de cómo en este tipo de empresas explotan a sus empleados y, cuando por alguna razón decida retirarse, seguro que no va a estar contenta con lo que van a pagarle, si es que antes no la echan sin ninguna consideración. Lo que tampoco ella sabe es que estas empresas sólo contratan chicas con una talla no mayor de 36 -muy delgadas cual maniquí- que exhiben su ropa sin pago extra por una publicidad subliminal de coste cero y muy efectiva para empresas como MNG y tantas otras. Por eso las obligan a usar la ropa y zapatos de la temporada como uniforme. Gracias a Imanol, un economista de Bilbao que me pasó ese dato.
A diferencia de MNG, la cadena española INDITEX -de Amancio Ortega- otorga a los clientes de Venezuela los mismos derechos que les da a los consumidores españoles y no es que INDITEX no explote a sus empleadas -que igual que MNG lo hace- pero son más respetuosos con los clientes que les compran sus productos fuera de España.
MNG está actuando como los norteamericanos que mandan a Latinoamérica lo que ya no sirve y esto sólo lo pueden detener unos consumidores que denuncien y defiendan sus derechos, o un gobierno que imponga el respeto para sus nacionales ante estas grandes empresas internacionales que se llenan a costa de los demás en esa inmensa desgracia que es el afán de hacer más y más dinero, caiga quien caiga.
Lo del afan de hacer más y más dinero para vivir con lujos inimaginables me consta porque lo viví -en vivo y directo y de manera muy personal y cercana- con Werner Gams y su hijo Daniel Gams, de TEXTILES GAMS, C.A. -empresa más conocida como OVEJITA- la textilera más grande de Venezuela que, en materia de explotación humana son unos expertos, y en millones de ganancias que no llegan a sus trabajadores, también. El hecho de una antigua relación personal -nunca de negocios o trabajo- no me impide decir la verdad que no dicen los Gams ni ningún empresario. Sobre esto me podría extender, pero otro día será. Yo todo lo cuento, tarde o temprano, pero lo hago.
Lo siento, MNG; pero mi irreverencia y mi deseo de que ustedes no vendan su ropa bajo engaño -con daños ocultos- me lleva a decir las cosas como son… y sin censura como el slogan de este blog.
Carmen Guédez
tintaindeleble@gmail.com
Carmen Guédez
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