miércoles, 27 de febrero de 2008

LA TIENDA MANGO -MNG- MALTRATA A LOS CLIENTES EN VENEZUELA



Mejor conocida como MNG, es una conocida cadena de ropa española cuyas prendas de vestir yo uso. La conozco desde España y en Venezuela sólo sé de una tienda: la que se encuentra ubicada en el Centro Comercial SAMBIL de Caracas, justo debajo de la otra cadena española: ZARA.
El asunto está en que el trato que recibe un cliente de MNG en España -sea español o no- es muy diferente al que recibe un cliente en Caracas y, muy posiblemente, en toda Latinoamérica.
Las leyes que protegen a los consumidores españoles dejan muy claro que el cliente tiene los mismos derechos durante las rebajas y la calidad del producto no puede bajar y, en caso de un reclamo, deben hacer cambios de una prenda por otra o devolver el dinero.
Las campañas para alertar a los consumidores españoles durante las rebajas salen en los medios de comunicación muy detalladas. En Venezuela no. Personalmente -desde hace más de veinte años- he tenido una buena impresión del Instituto Nacional de Educación al Consumidor y al Usuario -INDECU- de Venezuela que, aunque usted no lo crea, es más antiguo que el de España y siempre fue muy eficaz, por lo que este caso que voy a exponer debería interesarle a ese organismo para tomar medidas contra la tienda MNG de Caracas y vigilar a otras de esa cadena que muy probablemente existan en otras regiones del país, como la Isla de Margarita.

MI CASO
El pasado domingo -24-02-08- compré tres piezas de ropa en MNG del centro comercial SAMBIL en Caracas. La tienda anunciaba con grandes letreros las rebajas del 50%. Lo que NO anunciaba -al menos ese día y el siguiente- era que todo aquello que tuviera 50% de descuento no admitía cambio o devolución, advertencia que debía estar muy a la vista del público, en letras visibles, incluso en los probadores, para prevenir a aquellos que, igual que yo, no quisieran correr el riesgo de comprar con esas restricciones inexistentes en España.
Me dijeron que la cajera debía advertir a los clientes de este detalle, pero es ilógico poner a quien cobra a repetir a cada momento esa normativa absurda. La cajera quedaría afónica. Para eso es mejor colocar un sonido pre grabado, pero la mala intención está ahí: en no hacer nada demasiado obvio para engañar a los clientes, y mire usted que lo logran.
Después que salí de ese agobiante centro comercial y ya lejos de él, me percaté de que el pantalón que compré tenía un defecto pequeño, pero defecto al fin.
Al día siguiente -lunes 25-02-08- regresé a MNG para cambiar el pantalón. Unas vendedoras muy amables me atienden, pero me dicen que si la encargada de la tienda no lo autoriza, no me pueden hacer el cambio. Pido, entonces, hablar con la encargada.
Aparece una chica delgada, de ojos claros y con el cabello de un tono rojizo, largo y muy rulado. Se llama Nathalie. Su nombre lo averigüé después. Le dije que deseaba cambiar una prenda y le expliqué las razones del cambio. Yo -vestida de MNG de arriba a abajo- creí que iba ser bien tratada y que no habría problema. Para mi sorpresa, esta encargada -sin una sola sonrisa- no me aceptó cambiar el pantalón, mucho menos devolver el dinero, algo que nunca le pedí.
- Usted compró una prenda con una rebaja del 50% y todo lo que tenga ese descuento no admite cambio.
"¡Qué gran negocio!" me dije a mí misma y, asombrada, le respondí:
- Si me hubiera dado cuenta de que el pantalón tenía un defecto no lo compró a ningún precio porque la ropa de MNG, aun rebajada, no es barata y no estoy interesada en botar el dinero en algo con un desperfecto.
- Señora, yo tengo ética para con mi empresa y cumplo las normas que ellos nos indican.

Con esta declaración de la fiel encargada supe quién era el culpable directo y autor intelectual de esta estafa de vender ropa con 50% menos de precio, pero con desperfectos. En silencio, le agradecí a Nathalie la confesión.
Los dueños de la franquicia de MNG en Caracas -porque supongo que se trata de una franquicia- son, según la factura que me dieron, BURAK IMPORT, C.A y, si me atengo a lo dicho por Nathalie, nada les importa que la gente pierda el dinero con una prenda dañada mientras ellos se forran. ¿Es eso ético? Lo correcto es que MNG retire la ropa que tiene defectos o la coloque en un lugar muy separado de la ropa en buen estado para que la compre -a muy bajo precio, eso sí- quien no le importe el desperfecto.

No me rendí y pedí hablar con otra persona. Esta vez me atendió una joven embarazada de nombre María Ángel -o Mariangel- que tampoco accedió al cambio y con desparpajo me dijo: “Posiblemente el pantalón se le enganchó y se dañó” ¡Vaya, pero si ni me lo había puesto y estaba con la etiqueta todavía pegada! Esta joven -futura madre- tampoco tenía una sonrisa amable o burlona, al menos. Ambas eran inexpresivas y tajantes.
Los nombres de las encargadas no los conocía porque ninguna estaba identificada, pero los que ejercemos este oficio terminamos averiguando todo. Lo triste es que defiendan el dinero de los millonarios y no el del cliente que no tiene dinero en esas proporciones. Ellas no tienen conciencia de lo que hacen en contra de gente común y corriente -como yo y como tantos- porque los dueños de MNG son otra cosa: millonarios que jamás compartirán equitativamente con sus empleados sus fortunas incalculables.

Ya cuando me marchaba le pedí a la primera encargada con la que hablé -Nathalie- que me diera su nombre porque iba a publicar en mi página de Internet mi impasse con MNG-Caracas. La chica se negó a dármelo. Puede usted hablar de todas las que trabajamos aquí, me respondió. Yo le contesté:
- No tengo razones para meter en este caso a todas las empleadas de esta tienda porque el problema fue con usted y con María Ángel. Además, es justo destacar su fidelidad con esta empresa.
Yo, siempre tan irónica, siempre tan ácida.

Muy ingenua es Nathalie al igual que la otra encargada. Esta chica todavía no tiene idea de cómo en este tipo de empresas explotan a sus empleados y, cuando por alguna razón decida retirarse, seguro que no va a estar contenta con lo que van a pagarle, si es que antes no la echan sin ninguna consideración. Lo que tampoco ella sabe es que estas empresas sólo contratan chicas con una talla no mayor de 36 -muy delgadas cual maniquí- que exhiben su ropa sin pago extra por una publicidad subliminal de coste cero y muy efectiva para empresas como MNG y tantas otras. Por eso las obligan a usar la ropa y zapatos de la temporada como uniforme. Gracias a Imanol, un economista de Bilbao que me pasó ese dato.

A diferencia de MNG, la cadena española
INDITEX -de Amancio Ortega- otorga a los clientes de Venezuela los mismos derechos que les da a los consumidores españoles y no es que INDITEX no explote a sus empleadas -que igual que MNG lo hace- pero son más respetuosos con los clientes que les compran sus productos fuera de España.

MNG está actuando como los norteamericanos que mandan a Latinoamérica lo que ya no sirve y esto sólo lo pueden detener unos consumidores que denuncien y defiendan sus derechos, o un gobierno que imponga el respeto para sus nacionales ante estas grandes empresas internacionales que se llenan a costa de los demás en esa inmensa desgracia que es el afán de hacer más y más dinero, caiga quien caiga.
Lo del afan de hacer más y más dinero para vivir con lujos inimaginables me consta porque lo viví -en vivo y directo y de manera muy personal y cercana- con Werner Gams y su hijo Daniel Gams, de TEXTILES GAMS, C.A. -empresa más conocida como
OVEJITA- la textilera más grande de Venezuela que, en materia de explotación humana son unos expertos, y en millones de ganancias que no llegan a sus trabajadores, también. El hecho de una antigua relación personal -nunca de negocios o trabajo- no me impide decir la verdad que no dicen los Gams ni ningún empresario. Sobre esto me podría extender, pero otro día será. Yo todo lo cuento, tarde o temprano, pero lo hago.
Lo siento, MNG; pero mi irreverencia y mi deseo de que ustedes no vendan su ropa bajo engaño -con daños ocultos- me lleva a decir las cosas como son… y sin censura como el slogan de este blog.

Carmen Guédez
tintaindeleble@gmail.com

jueves, 21 de febrero de 2008

LA MAYOR OBSESIÓN DE LOS ESPAÑOLES: TENER SEXO CON MUJERES LATINOAMERICANAS, ESPECIALMENTE CON VENEZOLANAS

De cada 10 españoles, al menos 8 sueñan con tener sexo con una mujer latina, especialmente con una venezolana. Aclaro que ninguno tiene interés en el matrimonio. Sólo les apetece el trofeo sexual.
La famosa belleza de las venezolanas es un mito producto de la televisión gracias a la transmisión de los concursos de belleza que no representan el prototipo de todas las mujeres venezolanas, pero los tele adictos españoles se lo han tomado al pie de la letra ya que son los mayores consumidores del mundo de programas del peor contenido: la llamada tele basura.
Soñadores de fantasías, creen en la mujer Barbie -rubia, morena, mulata o negra- de los desgatados concursos de belleza.
El intelecto y la independencia de casi todas las mujeres de Latinoamérica no cuentan para estos obsesivos del sexo. Para ellos, tetas y culos es lo único que existe y, luego, sexo.
Es bien lamentable que esa sea la idea que tienen de nosotras que somos mujeres luchadoras y con muchas otras cosas que van más allá de la belleza y el sexo.
Los españoles creen que somos ignorantes y que sólo servimos para parir y ser amas de casa y desconocen que en nuestras universidades hay más mujeres que hombres. No están enterados de que en la lucha política las mujeres venezolanas llevan la delantera y que Venezuela está llena de destacadas mujeres profesionales. No saben que muchas de nuestras mujeres son padre y madre a la vez y que se despiertan a las 5 de la mañana para salir a trabajar y mantener a su familia. Son humildes, pero no inútiles ni dependientes de un hombre.
Las mujeres preparadas que llegan a España terminan ocupando cargos importantes, como los que ocupaban en nuestro país y, para lograrlo, no hacen uso del sexo para escalar.
Cierto que hay algunas mujeres nada inteligentes -o sin malicia- que se buscan a un español desconocido para solucionar problemas de papeles, especialmente la residencia y la nacionalidad. Y Muchas han sufrido graves consecuencias en el intento. Está el caso de una joven nacida en el estado Zulia que se casó con un español y al poco tiempo fue asesinada por él que la descuartizó y enterró en un lugar que tardó meses en ser descubierto. Sucedió al sur de España en el 2007.
Otra se puso a vivir con un conocido actor porno que una noche la lanzó a la calle.
La recomendación es evitar esas uniones carentes de sentimientos y cuya única finalidad es usar a las mujeres como si fueran objetos sexuales.
La mayoría de los hombres que hacen eso son casados o separados que juran que con su piel blanca van a causar sensación en todas las mujeres del tercer mundo. Creen -¡qué ilusos!- que nos arrodillaremos ante ellos rendidas por su condición de europeos.
¡Pero qué equivocados están estos tíos, vergüenza de los hombres dignos de la madre patria!
Son seres de baja autoestima, inseguros, necesitados de dominar al alguien, de un nivel cultural mediocre -aunque sean profesionales- de un machismo que no existe en nuestra Latinoamérica. Son los que creen que le época de la conquista de América no ha terminado y que pueden tomar a las indígenas que quieran para satisfacerse porque sus esposas -o amantes- no lo hacen "tan bien" como la latinas. Razón tiene mi amigo Ricardo cuando -con asco- recuerda ese episodio vergonzoso de la conquista de América.
Es hora de que los españoles vayan aceptando que no todas las latinas van a España buscando sexo para sobrevivir. Que terminen de entender que nuestro carácter es dominante y nada dado a la humillación y que nos valemos por nosotras mismas mejor que ellos. De sumisas, nada.
Que soporten a sus esposas ya que en España los hombres poco se divorcian, sólo se separan para llevar una vida con otra mientras recapacitan -nunca saben lo que quieren respecto a sus sentimientos- y esperan para volver al hogar donde la esposa los recibirá como si nada hubiera ocurrido. No es el caso de nosotras las latinas -y también nuestros hombres- que cuando nos separamos es para siempre y echamos mano del divorcio y salimos airosas en nuestra soledad o falta de marido o pareja.
Que empiecen a entender estos españoles que no estamos para satisfacer su apetito sexual y sí para ser respetadas tanto o más de lo que respetan a sus mujeres nacidas en España.
¡Ya basta de atropellos y engaños! La mujer latina sabe denunciar. Es bueno que se enteren para que no se sorprendan porque hablo por miles de mujeres de mi continente que no están dispuestas al irrespeto y a soportar mentiras de unos hombres patéticos que se creen superiores y fuera del sexo -mal sexo- no tienen nada más que ofrecer. Juran que son seductores, como si la seducción puede ser ejercida por gente carente de imaginación que es lo mismo que decir: carentes de inteligencia.
En muchos de los casos de una relación de un español con una latinoamericana, la mujer debe pagar los gastos como si fuera una Ana Obregón rendida como una imbécil ante un vividor como el modelo polaco Darek que ahora la demanda buscando más dinerillo del que sacó de ese "romance" que vivió con ella, porque la pobrecilla española es tonta y no sabe vivir sin un hombre, todo un absurdo para nosotras.
Gastarse un (1) euro en una latinoamericana es algo impensable para muchos de estos españoles adictos al sexo con mujeres latinas. La tacañería puede más que sus bajos instintos sexuales, así que las mujeres latinoamericanas deben olvidarse de flores, llamadas y otros detalles. O se los aguantan o salen corriendo, que es lo más recomendable. Después de todo, nadie es indispensable y si abandonan a uno de estos machistas de la nueva España -la de la abundancia, la que olvidó la hambruna, la que ahora desprecia al inmigrante, olvidando que ellos también lo fueron- no han perdido nada que valga la pena.
Pido disculpas a mis amigos españoles honestos, cultos y encantadores. Sé que me darán la razón por este post que refleja una realidad. Me sentí en el deber de ser la voz de tantas mujeres latinas que no saben cómo expresar esta situación que ya es usual en una España de hombres enfermos.
Vendrán los insultos de estos hombrecitos porque es lo único que saben hacer a la perfección. Tranquila los espero, sin inmutarme, pero feliz de gritar esto a los cuatro vientos del mundo globalizado.
¿Qué argumentos esgrimirán para desmentirme?
Como en todos los casos de violencia de género -que no es exactamente el tema de este post, pero se acerca mucho a ese tipo de violencia- culparán a las latinoamericanas por su innata y muy normal coquetería que las hace bellas, lo sean o no.


tintaindeleble@gmail.com

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miércoles, 13 de febrero de 2008

LAS EXPERIENCIAS QUE NUNCA SE OLVIDAN Y MARCAN NUESTRAS VIDAS

No todos retienen los recuerdos. Hay gente que olvida las vivencias que, en un momento determinado, le han causado dolor. Para unos es como una huída y, para otros, no sé qué es.
No es mi caso olvidar: los recuerdos me marcan y se quedan conmigo. Están en mis sueños y con facilidad conozco su significado. Quienes nos hemos analizado en psicoterapias donde los sueños son importantes, reconocemos perfectamente el significado de lo que soñamos y veneramos a Freud por ese aporte.
Una experiencia que me marcó definitivamente fue la obstrucción intestinal que sufrí en octubre del 2005 y que cambió mi estómago y mi vida para siempre. Los 26 días que pasé en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela-España, reviven diariamente en mí -no puedo evitarlo- y me acostumbré a vivir con eso y no me molesta porque es imposible olvidar una experiencia de esa magnitud, aderezada con tantas cosas y tantas emociones.
Quedan los recuerdos de esos días, es cierto, pero también aprendí muchas cosas buenas de todo aquello. Ha pasado el tiempo y, fuera de las molestias físicas que quedaron debido a ese episodio, el resto de mi salud ha estado bien y cambié mi estilo de vida por uno más solitario, pero de más provecho, porque vivir es un instante que se confirma con la certeza de que las enfermedades llegan violentamente y nos transforman y, es ese cambio, el que debe hacer que le otorguemos más valor al tiempo porque lo sabemos más efímero que nunca.
Voy al gimnasio, no por estética, sino para sentirme viva y algo relajada, pero sobre todo porque siento la vida en cada esfuerzo que hago en el gym. Para comparar cuando en el hospital compostelano no tenía fuerza para sujetar una gasa para mojar mis labios o no podía caminar sola y hoy tengo fuerza suficiente para trabajar mi cuerpo con una máquina o unas pesas. ¡Qué agradable es! ¡Qué vital! Si alguien me hubiera hablado de un gimnasio desde ese punto de vista, hace años que estaría yendo. Hoy no puedo vivir sin él.
El pasado domingo estaba muy bien. Tuve un buen día junto a gente encantadora y en la noche estuve conversando hasta la madrugada con un buen amigo de Salamanca. Era ya muy tarde cuando dejamos de charlar.
Antes de acostarme fui a orinar y sentí un dolor extraño y desconocido. Pretendí no darle importancia y me fui a dormir. Un rato después, un dolor en el área donde están los riñones me despertó. Sé muy bien que los dolores que despiertan a una persona son delicados. Estaba muy cansada y seguí durmiendo.
Al amanecer, mi hija salió muy temprano y por el cansancio no sentí cuando se marchó. Muy pronto desperté y el dolor era muy fuerte y una sensación de debilidad y mucho malestar me invadía. Era algo que nunca había sentido. Justo la renta de mi móvil prepago se había vencido el día anterior y me tocaba colocar nuevas tarjetas que no había comprado. ¡Qué malo es postergar! Mi móvil estaba muerto y me sentí tan incomunicada como estuve en el hospital de Santiago de Compostela durante unas horas que fueron casi un día.
Mi única familia cercana en espacio físico es mi hija menor y, al no poder comunicarme con ella, no atiné a pensar en quién me podía ayudar. Debí acordarme de mi amiga Mari Pili que es tan solidaria y vive en el edificio donde yo vivo, pero con la angustia olvidé su número de teléfono. Por primera vez a mi móvil lo sentía como mi salvación.
Como pude, me levanté y salí a comprar las tarjetas para que funcionara el móvil.
Transcurrieron las horas y me fui sintiendo peor. Olvidé que mi compañía de seguros me da asistencia médica en la casa y no los llamé.
En la tarde acudí a la consulta con mi psiquiatra a pesar de que hubo momentos en que el dolor no me dejaba ni hablar, pero ese hombre encantador me da paz y la necesitaba. Me sugirió que me viera mi médico y eso hice.
“Posiblemente hay arenilla (supongo que en el riñón) sumado a un abdomen distendido”. Eso dijo mi médico. Lo del abdomen distendido lo sé ya sin que me lo diga el médico porque quedó después de la operación por la obstrucción y cualquier hecho emotivo lo exacerba y ese lunes yo estaba angustiada por el malestar. El abdomen distendido es una sensación muy desagradable que me avisa que el intestino no está funcionando bien y, sabiendo lo que eso significa, es para aterrarse.
Qué cosas que el no tener el móvil en ese momento hizo que me sintiera atrapada y me causó pánico. El día anterior debí comprar las tarjetas y cumplir con aquello de “No dejar para mañana lo que puedas hacer hoy”. Esa es la mejor enseñanza que nos dan las enfermedades.
Me acosté sana y el lunes amanecí muy mal. Mejoré rápido con la medicación, pero mi hija mayor -que es médico en A Coruña- quiere que un urólogo me vea porque ella opina que hay que hacer más estudios y que sólo con esos medicamentos -puestos para salir de la emergencia- no me voy a curar. Haré lo que ella diga. Ahora no tengo dolor y no existe en mi historia médica enfermedades urológicas, pero sí en la de mis padres ya muertos y en una de mis hermanas.
¡Qué ingenuos son aquellos que creen que las enfermedades nunca los tocarán! Unas dan síntomas previos, pero las que se presentan de repente son las que dejan marcas imborrables y enseñanzas magníficas porque nos demuestran lo vulnerables que somos y el poco valor de lo material y de la prepotencia. Ante el deterioro de la salud, lo demás no vale nada.
En fin, a pesar de todo, me alegra ser humana y nada más humano que el dolor físico, tan humano como el dolor moral y las lágrimas que limpian el alma de pesares.
Aprendí que la vida es un minuto que, junto a lo bueno y lo malo, hay que aprovechar. Con nostalgia me he dado cuenta de que poca gente aprende de estas experiencias dolorosas y es una pena porque vivir sin aprender es un desperdicio imperdonable. Por eso sé que estas reflexiones no le interesan a todo el mundo, pero nunca me cansaré de repetirlas porque nadie mejor que yo para saber el bienestar que me han brindado.
Me sentiré feliz si llegan a los seres más sencillos, a los que valoran el aire que respiran más que al materialismo que carcome a la mayoría de los hombres de un planeta que es una incógnita en cuanto a eternidad y calidad.
Llegará un día en que el dinero, oro o petróleo no valgan nada y se hagan colas para intentar adquirir lo que una vez se obtuvo con facilidad y, entonces, sucederá lo mismo que en aquella película titulada en español "Cuando el destino nos alcance" que de ficción pasó a ser -en parte- realidad, al igual que "Las bicicletas son para el verano", la obra de teatro de Fernando Fernán Gómez, cuyo mensaje me hizo presentir -allá por los años 80, en Madrid- que en otros países habría guerra y escasez, y así fue.
La mala salud -aunque no sea nada grave- me vuelve melancólica y me lleva a profundizar sobre los temás de los que huye la mayoría de la gente y que a mí tanto me gustan a pesar de mi enorme sentido del humor.