miércoles, 31 de diciembre de 2008

Interesante carta dirigida a mí. Trata el tema de la Violencia Sexual y toca el Caso Chirinos como nadie lo ha tocado en Venezuela
----------------
Berlin, diciembre de 2008

CARTA ABIERTA A CARMEN GUÉDEZ EN “TINTA INDELEBLE”

Me siento convocada a escribir algunas palabras a propósito del tema de la violencia sexual que viene siendo ampliamente tratado en tu blog, no tanto porque hayas mencionado allí mi nombre al hacer referencia a mi trayectoria profesional en ese campo, sino porque hay que ser consecuentes y asumir la responsabilidad de solidarizarse con quienes, como tú, asumen de manera valiente y comprometida la tan difícil y dura tarea de la denuncia.

Durante el tiempo en que trabajé para AVESA, organización no gubernamental pionera en Venezuela en la asistencia psicológica a mujeres víctimas de violencia sexual, tuve la oportunidad de coordinar el "Programa de Atención en Violencia Sexual y Doméstica", lo que me permitió escuchar y conocer de cerca el padecimiento de incontables mujeres y las complejas implicaciones y secuelas de este tipo de experiencias.

Conocí a Edmundo Chirinos como cualquier venezolana, en su rol de figura pública, recurrente en sus apariciones ante los medios. A partir del repudiable y funesto caso por el cual se le abre un proceso judicial, considero fundamental sostener un debate serio sobre el tema del abuso de poder en que pueden incurrir algunos profesionales de la psiquiatría, psicología o psicoanálisis en su trabajo clínico con pacientes, abuso que puede expresarse como violencia sexual. Hay que subrayar además que por razones de género, son en su mayoría mujeres quienes resultan siendo objeto de estas formas de abuso.

Como sabemos, entre las condiciones que hacen posible el inicio del trabajo clínico entre un/a psiquiatra y su paciente -o un psicoterapeuta o psicoanalista y su analizante- intervienen varios factores, y uno de ellos de vital importancia, es la expectativa y confianza, y para algunos/as, incluso la convicción de que ese profesional está ciertamente en capacidad de ayudarle. Ese saber que suponemos tiene ese profesional ya lo coloca en una posición de poder (que en absoluto tiene que implicar necesariamente un abuso del mismo). Se podría decir que la relación entre ambas partes se inicia a partir de una “disparidad necesaria”, reforzada por el silencio del profesional que no cuenta nada de sí mismo, en contraposición al paciente, quien se encuentra en una posición de mayor vulnerabilidad y es quien se muestra ante el otro en procura de respuestas y de alivio.

Ahora bien, ¿qué hace el psicoterapeuta, psiquiatra o psicoanalista con todo esto?, ¿qué sentido de la ética rige su praxis? Con independencia del vínculo que un/a paciente establezca con quien le ayuda, cómo maneja esto el profesional? Indudablemente, quien ejerce el trabajo clínico tiene una gran responsabilidad y debe preguntarse al respecto.

Desconozco si a partir de este lamentable caso se ha generado un debate en los diversos gremios profesionales que atienden la salud mental en el país (Venezuela). Ojalá no hayan imperado de antemano las solidaridades automáticas que muchas veces asumen los gremios ante las críticas dirigidas a algunos de sus miembros.

No es en absoluto mi intención poner en entredicho la relación terapeuta- paciente per se, ni promover una suerte de paranoia colectiva que pueda afectar la necesaria confianza que se le deposita a quien ofrece la ayuda. Pero sí quiero afirmar categóricamente que profesionales de este campo no están exentos de cometer violencia sexual.

En este orden de ideas es necesario cuestionar la falsa creencia que sostiene que los que cometen violencia sexual son indefectiblemente seres desconocidos, enfermos mentales claramente identificables, esos “otros” con los que “nosotros” no tenemos nada que ver. En la medida en que se pueda desmontar a los “intocables” -los de la esfera privada y los de la pública también- podremos acercarnos de manera más fidedigna a la realidad de la violencia sexual.

Catrin Ramírez Minkert
Psicóloga clínica
--------------
* SE LE PERMITE -A QUIEN LO DESEE- REPRODUCIR ESTA CARTA EN SU MEDIO DE COMUNICACIÓN
Debido al análisis tan interesante que hace la psicóloga Catrin Ramírez Minkert -y pensando primordialmente en las víctimas de violencia sexual- me interesa que esta carta sea reproducida en vista de que toca puntos que en este delicado caso no se han discutido, como el debate que ella propone. También habla de las solidaridades que asumen los gremios, tal como ha sucedido en este caso a favor del imputado.
----------------
Se agradece citar la fuente

1 comentario:

Daniela Hernández Camarán dijo...

Interesante carta amiga Carmen.Parece mentira como ciertamente el tema del asesinato de Roxana dejo de sonar un poco ante los acontecimientos políticos del país, acontecimientos que imploran nuestra atención, pero ciertamente no debemos dejar a un lado éste tema que tiene mucha relevancia en nuestra sociedad. Gracias a Dios te mantienes a pie del cañon. Saludos amiga.

Daniela Hernández Camarán

WEB: http://danielahernandezcamaran.blogspot.com