martes, 18 de noviembre de 2008

LA TRAGEDIA GRIEGA DE LOS LEONI


A Lorena Moreno Leoni la asesinaron un lunes 03-11-08 cerca de las 15:30 -hora local- en la fatídica ciudad de Caracas. Ocurrió en el piso donde vivía. Exactamente, dos semanas después, volvemos a estremecernos al saber que el autor intelectual de su muerte es su hermano, quien también mandó a matar a su propia madre -Carmen Sofía Leoni- y al hijo de Lorena, su sobrino de apenas 3 años. Siempre dije que ese asesinato era atípico en Venezuela donde se mata para robar y no fue este el caso.

Los autores materiales -entre ellos un jardinero que trabajó en el edificio donde Lorena, su madre y su hijo, residían- finalmente no se atrevieron a matar al niño, quien hereda la venganza de esta tragedia griega que hoy vive la familia Moreno Leoni por motivos de dinero: $ 600.000 de la venta de unas haciendas que eran del doctor Raúl Leoni quien murió hace muchos años y pocos meses después lo siguió su esposa, la inolvidable Doña Menca.

No puedo imaginar cómo podrá soportar Carmen Sofía tantos dolores del cuerpo y del alma: la muerte de su hija, la orfandad de su nieto, el tener como autor intelectual de su tragedia a su propio hijo, al que por nueve meses le dio contención dentro de su cuerpo, hoy herido gravemente luego de ser apuñaleada en el cuello lo que le causo graves problemas en la tráquea y todavía no se sabe qué secuelas físicas le quedarán.

Conocí a Lorena, una chica que nunca se mostró ostentosa. No tenía coche y se movilizaba en metro. De su abuelo Raúl Leoni, ex presidente de Venezuela, heredó la pasión por la política.

Las canciones de cuna que Carmen Sofía, seguramente, les cantó a sus dos hijos, ya no saldrán de su garganta herida, más por la traición y la tristeza, que por un puñal que unos mercenarios introdujeron en su cuello, pagados por su niño de 32 años, porque los hijos no crecen aunque, convertidos en hombres y mujeres, se transformen en asesinos de sus madres, de sus hermanas y de todo aquel que les impida obtener el sucio poder del dinero. Qué poco valor se le da a lo más valioso: la tranquilidad de consciencia y una existencia en paz, sin fantasmas.

Como madre no quiero pensar en su dolor y en sus pocas razones para vivir. Sabe que su pequeño nieto fue testigo de todo lo ocurrido y los años pasan rápido y ese pequeño tiene mucho que cobrarle a la vida y a su tío Raúl. Crecerá sin paz y eso es casi como haberlo matado.
Nunca imaginé conocer a la víctima de un crimen muy cruel en el que un hombre de 32 años (nieto de un ex presidente del que los venezolanos guardan buenos recuerdos) desde su residencia, en Miami, manda a matar a su madre, a su única hermana y a su sobrino de tres años. La sensación de cercanía a la víctima causa algo extraño en mi cuerpo -Ay, Lorena, no sé cuántas veces nos encontramos, siempre en un mismo café en Chacao- Una vez se presentó con un regalo para mí, sin ninguna razón. Ese regalo lo recordé hace tiempo en A Coruña donde, en una tienda, venden piezas de vidrio como la que ella me obsequió. Cuando pase de nuevo por ahí -una calle que frecuento mucho- la recordaré de nuevo, sera inevitable. Lo que Lorena me dio, se lo regalé a mi hija, y lo conserva. Hacía bastante que no veía a Lorenita, ni nos llamábamos, algo que -durante un tiempo- hicimos con frecuencia.

Paz eterna para Lorena y carezco de palabras para Carmen Sofía. No tengo nada que decirle porque yo no tendría valor para estar viva. No veo razones: perdió a su hija de una manera trágica y, de alguna manera, pierde a su hijo por la infame codicia de tener más y más dinero. Ahora irá preso y y un hijo en la cárcel no deja dormir a una madre, no importa si es su victimario y el de su hija. Es una muy dura relación amor-odio que desgasta mucho en una familia y sólo la entienden quienes la padecen. A Carmen Sofía le queda su nieto, pero no es fácil el futuro de esta mujer que hace muchos años aparecía sentada en el piso -junto a sus hermanos- en la foto oficial de sus entrañables padres cuando ella era una niña y no presagiaba la tragedia que la esperaba muchos años después de esa infancia que pareciera feliz. Las desgracias tocan a todos, aunque muchos no lo crean. No obstante, hay desgracias con una historia -o motivos- imposibles de olvidar. Ésta es una: el crimen que no olvidaremos jamás, ése de películas de intrigas y planes para matar calculadamente y sin piedad. Mundo de un monstruo que desciende de una familia honorable. Como le dije hace poco a Elio Gómez Grillo: no es de extrañar que en una familia honorable haya un descarriado. El criminólogo no me creyó y yo tenía las pruebas que no quiso ni ver ni escuchar.

Carmen Guédez
E-mail:
tintaindeleble@gmail.com
Link del blog: http://tintaindeleble.blogspot.com
Ver SECCIONES DE INTERÉS (a la derecha de su monitor)

No hay comentarios: