martes, 31 de julio de 2007

LA POLÍTICA CHAVISTA PRESENTE EN LA ENTREGA DEL PREMIO INTERNACIONAL DE NOVELA RÓMULO GALLEGOS, XV EDICIÓN

Quiero compartir con mis lectores la invitación virtual que me envía el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) para asistir a la entrega del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en su XV edición. Ya había recibido las invitaciones al encuentro con el jurado y al encuentro con la ganadora del 2007, la escritora mexicana Elena Poniatowska.
Este año no estuve ni estaré presente en nada de lo que rodea a ese premio que otorga $ 100.000 al ganador. Agradezco profundamente al excelente equipo de prensa del CELARG la gentileza de enviarme todo lo que concierne a ese centro de literatura al que, desde 1979, he estado muy vinculada y por el que siento un gran afecto.
En la edición del año 2005 informé a mis lectores a través de dos post que luego fueron reproducidos en varias páginas de diferentes países. El que lo desee, puede verlos en mis post del 2005 publicados en este mismo blog y por esta misma fecha, aproximadamente.
Muchos me agradecieron que, en aquella ocasión, hubiera asistido al acto de entrega del premio para informar, con detalles, lo que ahí se vivió en un año donde el premio estuvo envuelto en un escándalo con connotaciones políticas. No tengo información de que en esta oportunidad haya ocurrido lo mismo. No obstante, ese premio ya es político lo quieran o no sus ganadores y, para mí, pierde interés.
Lo que contiene la invitación virtual, a un evento intelectual de trascendencia internacional, confirma lo que expreso en el párrafo anterior ya que esa invitación está llena de propaganda política del gobierno venezolano. Algo innecesario, vulgar y sin sentido en una invitación de esa naturaleza. Para observar bien la tarjeta, agranden la imagen dando click sobre ella con el botón izquierdo de su mouse:
Observaron que en la parte inferior hay cinco -casi seis- propagandas del gobierno venezolano como si se tratase de un evento de la Fórmula 1 donde se promocionan diferentes marcas para venderse. Y pregunto: ¿qué vende el gobierno de Hugo Chávez a través de ese prestigioso premio y no menos prestigiosa institución cultural que es el CELARG?
No hay ninguna necesidad de esa propaganda que califico de ordinaria. Estoy segura -espero no equivocarme- de que esa barbaridad no es obra del director del CELARG, Roberto Hernández Montoya; tampoco creo que sea idea de esa excelente persona que es el presidente de Monte Ávila Editores, Carlos Noguera; mucho menos del equipo de prensa del CELARG. Ellos -quizás no todos- podrán ser chavistas, pero no locos y, mucho menos, brutos. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante desatino? Supongo que al gobierno que invierte muy poco en el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos si tomamos en cuenta la promoción que se hace a través de él. Cree Hugo Chávez que con eso va a convencer a los que no creemos -ni vamos a creer- en su ineficaz y corrupto gobierno.
No se da cuenta el ministro de la cultura -y el propio Hugo Chávez- de que con ese tipo de cosas hacen el ridículo. La tarjeta causa risa. Da la impresión de que es un panfleto que busca votos. Se trata de algo que resultaría inconcebible en un país civilizado. Tercermundismo puro se respira en la propaganda de esa invitación, insólita política bananera.
Es algo tan torpe y de tan mal gusto que ya no vale la pena seguir escribiendo sobre eso. Juzguen ustedes y el que no esté de acuerdo con lo que expongo es un ignorante que no tiene idea de la elegancia con la que deben manejarse los premios literarios de importancia donde la política no tiene espacio. Eso le dije -hace dos años- al entonces vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, la noche de la entrega del premio en su XIV edición. Este año repito lo mismo, desgraciadamente.

Carmen Guédez
tintaindeleble@gmail.com

lunes, 30 de julio de 2007

TINTA INDELEBLE TAMBIÉN RECTIFICA

Dedico este post a David, un amigo asturiano, porque ha sido esta mañana, conversando con él -mientras veíamos las imágenes de los príncipes de Asturias durante su estancia en Palma de Mallorca- que se me ocurrió rectificar tal y como lo hizo la revista EL JUEVES en esta simpática portada.
La verdad es que a David y a mí nos hicieron mucha gracia las veraniegas fotos. Si la revista El Jueves rectificó, ¿por qué no hacerlo yo? Así que cambio la portada de la famosa viñeta censurada por el juez Juan del Olmo por esta dulce foto donde pueden enterarse de cómo es que los príncipes de Asturias procrean infantas.
Como verán, rozan suavemente sus manos -¡y lo hacen en público!- y con ese leve toque llevan a cabo lo que el infame Guillermo y el maléfico Fontdevila insinuaron que hacían en una pose nada acorde para la flacucha Letizia que no soportaría cinco minutos en semejante posición.
Rectifico, también, por haber dicho que los príncipes de Asturias y demás miembros de la Casa Real española no trabajan. Las últimas imágenes -primeras luego de la polémica por la famosa viñeta- nos demuestran a todos que la realeza de España tiene una forma muy peculiar de trabajar. Pero , estén de acuerdo o no, es trabajo, y del más duro. Para muestra, las siguientes fotos donde se ve el trabajo tan arduo y estresante de esta sufrida gente.
Miren como los obligan a posar mientras soportan el inclemente sol. ¡Cómo los torturan! Vean sus caras descompuestas que expresan sufrimiento extremo, particularmente al rey se le nota que la está pasando muy mal. ¿Será por qué tiene al lado a su esposa Sofía?
Como pueden observar, llevan un vestuario muy fresco y ligero para que éste les haga más llevadera la jornada de trabajo que incluye, incluso, a la infanta Leonor que, al ver el ejemplo de sus padres, se ha convertido en la niña más trabajadora de España.
Si el presidente Hugo Chávez se entera de cuánto trabaja esta infanta, se la lleva a Venezuela para salvarla porque él está en contra de que los niños trabajen y por eso en Venezuela no se ven niñas como Leonor. Si acaso un niño haciendo malabarismo en las calles y eso es por costumbre, no vayan a pensar que es por necesidad como la pobre Leonor que la obligan a andar posando ante los fotógrafos porque ya sus padres y abuelos se dieron cuenta de que la nueva Shirley Temple española vende y ese dinerillo lo necesitan sus progenitores para poder pagar los gastos que aumentaron con el nacimiento de la infanta Sofía.
Hablando de Sofía, si no la ven en estas fotos no vayan a pensar que es porque Letizia no quiso tenerla en sus brazos. Nada más falso que eso ya que la culpa es del fotógrafo que sugirió que Leti permitiera que su estival vestuario se pudiera ver para que la gente comience a realizar pedidos de la camiseta a rayas de la princesa pues ella necesita promocionar su escasa ropa -con la esperanza de ponerla en venta- para ayudar a mantener los gastos de la familia que crece rápidamente con cada roce de mano entre ella y Felipillo.
Con esto termino, esperando haber rectificado los errores de mi post anterior donde hablé muy mal de esa gente tan trabajadora y honesta que componen la Casa Real española. Escribí de esa manera influenciada por la "mala fe" del senador vasco-venezolano, Iñaki Anasagasti, expresada en su post El Bribón y en sus declaraciones a la prensa- Mil disculpas, altezas reales.
Los dejo con la foto donde se ve al príncipe Felipe ganándose el pan para mantener honradamente a su familia.


















Carmen Guédez

miércoles, 25 de julio de 2007

ABSURDA CENSURA EN EL PRIMER MUNDO

Pensaba yo que eso de la censura era cosa del atraso en el que se vive en el tercer mundo donde a sus dueños y señores -léase mandatarios- no se les puede criticar porque no aceptan nada que les lleve la contraria y los ponga en la mira o simplemente los ridiculice como figuras públicas que son y están expuestas a todo. Sí, a todo.
Hace poco fue censurada NADA QUE VER -serie animada de SONY hecha casi en su totalidad en Venezuela- y nadie se adjudicó esa censura, aunque es fácil adivinar quiénes son los responsables ya que parodiaba, entre otras conocidas figuras, a los presidentes latinoamericanos.
Mientras tanto, SONY guarda silencio para evitarse males mayores. Cosas de las grandes compañías para cuidar sus multimillonarios intereses. Me informan, de buena fuente, que esta serie animada pronto vuelve a salir, posiblemente suavizada. Sus creadores se cuidan de dar mucha información. No obstante, algo se les escapa producto de la impotencia y la rabia que produce la censura a un trabajo del que, con razón, se sienten orgullosos. Escucho y se los cuento para que ustedes se enteren de cómo van las cosas con NADA QUE VER.
Pero la razón de escribir este post es la viñeta de la revista española EL JUEVES donde aparece el príncipe Felipe con Letizia, su esposa, haciendo lo que se supone produjo el nacimiento de las dos infantas: Leonor y Sofía.

Estoy de acuerdo con el dibujante de EL JUEVES -Guillermo- cuando a éste le llama la atención que la gente se fijara más en el dibujo que en el texto que, para mí, es lo más atractivo de esa viñeta, con perdón de Guillermo.
- ¿Te das cuenta si quedas preñada…?
- …¡eso va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida!
Eso lo dicen los príncipes de Asturias en alusión a la ayuda de 2500 € que recibirá cada familia que tenga un hijo en España. Y como lo único que hacen Letizia y Felipe es hacer nacer infantas para crear más gastos a sus súbditos, ¿cuál es la ofensa ante una verdad? Al juez de la Audiencia Nacional, Juan del Olmo, se le ha pasado la mano
al ordenar el secuestro de ese número de la revista EL JUEVES, acompañado de la acusación de injurias a la corona. Este juez ha quedado como un inquisidor que se quedó en el tiempo donde a las Casas Reales había que adularlas y respetarlas. Ningún respeto merecen estos desocupados del siglo XXI que viven con todo tipo de lujos a costa del pueblo español.
La otrora excelente periodista Letizia Ortiz ahora sólo es buena para parir, nada más. Allá a quien mi opinión le suene cruda o grosera. Bastante provecho saca Letizia cada vez que anuncia un embarazo o sale a las puertas de la clínica Ruber Internacional con una infanta en brazos que, a la brevedad, pasará a manos de una niñera mientras Leti descansa o ve un modelito nuevo para aumentar su exquisito vestuario.
¡Bien por la revista EL JUEVES y por Guillermo (dibujante) y Manel Fontdevila (guionista)!

Manel Fontdevila es el de la izquierda y Guillermo está a la derecha con un nuevo ejemplar de EL JUEVES. Ambos en la Audiencia Nacional

Altamente recomendable el encuentro con Guillermo. En ese encuentro con el público del periódico El Mundo, el dibujante se burló del suceso que lo puso en la mira del juez.

La edición censurada de EL JUEVES puede costar hasta 2500 €
Como lo prohibido causa atracción, ya la revista EL JUEVES que publicó en su portada la polémica viñeta, alcanza precios exagerados en las subastas. El último precio del que tuve noticias fue de 2500 €, pero pudo subir más. ¡Dichosos los que alcanzaron a comprar la revista antes del secuestro! A Guillermo, el dibujante, al parecer le ofrecen una elevada suma por el dibujo original y es bien seguro que, tarde o temprano, lo venderá. ¡Qué buena es la censura para los creadores! Eso no lo sabe el juez Juan del Olmo y parece que también lo ignora la Casa Real de España.
Iván Appelgren, un caricaturista chileno autor de CRÓNICA 2007, un excelente
blog de caricaturas que actualiza a diario, me envía un e-mail refiriéndose a la famosa viñeta española censurada. En ese correo me dice: “Me atrevo a mirar desde 3000 años adelante hacia esta época y trato de ponerme en la frecuencia de hacer como que no entiendo que en el siglo de la tecnología digital y la era de la información, existan instituciones humanas de exclusividad como la realeza. Y no me refiero al hecho simbólico de identidad y respeto cultural, sino al modo de jet set multimillonario que envuelve su vida de esplendor en medio de la exclusión que se hace del resto de la población, no solo en España, sino en otras partes. Lo intocable de algunos seres como el rey, el papa, etc. No me quiero poner anarquista, pero estos tiempos y sus creencias van a ser motivo de mofa para nuestros tataranietos”
Comparto con Iván su opinión y, antes de que mis tataranietos se rían de la realeza, lo hago yo para que sepan que su tatarabuela no andaba tan atrasada y perdida en estos tiempos. En este blog queda constancia de las veces que he criticado a la gente sin oficio de España: la Casa Real.

Carmen Guédez
tintaindeleble@gmail.com

GRACIAS, HUGO CHÁVEZ, POR PERMITIR QUE LOS VENEZOLANOS EXPRESEN OPINIONES ADVERSAS A TU GOBIERNO

Quien diga que Hugo Chávez -el actual presidente de casi toda Latinoamérica- no es un hombre justo, está equivocado. En su último show “Alo Presidente” -domingo 22-07-07- dijo que aquellos EXTRANJEROS que hablen mal de su gobierno serían colocados en Maiquetía con sus maletas, es decir: serían expulsados del país. Maiquetía es algo así como el Barajas de Venezuela, pero con menos terminales, al más puro estilo tercermundista.
Con esta declaración de advertencia a los extranjeros -supongo que incluye a los venezolanos que obtienen otras nacionalidades- Chávez deja abierta la gran posibilidad -así lo entiendo- de ser criticado abiertamente sólo por los nacionales, con lo que demuestra lo mucho que ama a su pueblo al no amenazarlos con echarlos del país. Si me equivoco en mi apreciación, agradezco que un lector menos ingenuo me advierta de mi equivocación antes de que sea demasiado tarde. La verdad es que ya quisieran muchos venezolanos ser echados del país porque el gobierno estaría, entonces, obligado a darles ese pasaporte que tanto cuesta conseguir y que es lo que les impide a muchos dejar Venezuela.
La advertencia de Chávez a los extranjeros es lo yo llamo juego limpio para Venezuela y no quiero decir con esto lo mismo que quisieron decir los hermanos Mejía mientras estaban en la final de la Copa América. Lo aclaro para que no me lleven presa -como lo hicieron con ellos- y luego venga una juez a decirme “Ama más a tu país” porque, si deseo amar a un pedazo de tierra, lo hago a mi manera y no como esta juez ama a Venezuela. Tenemos ella y yo -y los hermanos Mejía- una forma muy diferente de querer. La nuestra no obedece a lo que alguien nos ordene a través de un teléfono. La nuestra sólo nos la dicta la conciencia.
El pueblo venezolano, agradecido por ser preferido antes que un extranjero -como sucedía en ese pasado que tanto nombra el presidente- se tomó tan en serio eso de la libertad de crítica que les dio su presidente, hasta el punto que ese mismo día -nada de esperar al día siguiente- un chavista que estaba presente en el “Aló presidente” se llenó de valor y le dijo a Hugo Rafael, en su cara, que ese programa seguía un guión y que los que iban ahí no podían expresarse libremente. Continuó diciendo que a Chávez lo engañaban sus viceministros a lo que Chávez, con una sinceridad que no le conocíamos, dijo que a él no lo engañaban y salió en defensa de su gente más cercana, que no es precisamente el pueblo sino sus ministros y viceministros. Al valiente chavista que habló, Chávez le dijo que estaba “envenenado” y otras cosas más con las que intentó descalificarlo. Pero gracias a ese sorpresivo impasse, por fin pudimos saber que todos los males de Venezuela tienen un único y valiente responsable: su presidente.
Que agradezca el pueblo venezolano esa sinceridad porque lo usual es que los mandatarios, cuando se ven bajo la lupa de las críticas, le echan la culpa a ministros y viceministros. El presidente de Venezuela es una honrosa excepción porque eso de hacerse responsable de lo mal que anda Venezuela es un hecho digno de alabanzas. Es posible que Chávez entre en el libro de récord Guinness como el único mandatario del mundo que admite aciertos y desastrosos desaciertos.
Si todos nos hacemos eco de sus sinceras palabras, desde ya empecemos a cuestionar lo que no nos gusta de su gobierno con la tranquilidad de que nada malo nos va a suceder y con la certeza de que si a algún fiscal adulador se le ocurre que pasemos la noche en una cárcel para luego rendir cuentas ante un juez, no va a encontrar ningún delito porque en la Venezuela libre y democrática (no es ironía, es que se torcieron las letras) de Hugo Chávez, cuestionar al gobierno no es delito… siempre que no lo haga un extranjero. ¡Cuidado los que quieran emular al juez Baltasar Garzón, el español!
Felicitaciones al chavista que el pasado domingo -22-07-07- inauguró esta nueva etapa en Venezuela: la de enfrentarse face to face con el hombre más poderoso del país -y de toda Latinoamérica a falta de Fidel Castro- y decirle, a su manera, lo mal que está gobernando. ¡Por fin se expresan sinceramente sus seguidores, y cómo lo hacen! Para que no vayan a creer que son inventos míos, pueden ver a este chavista si dan click en el siguiente link: http://noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=228185 Después no digan que es un montaje porque todo fue visto durante la transmisión del programa más aburrido... digo, más largo de la televisión venezolana. Disculpen que el link lo haya sacado de NOTICIERO DIGITAL -una página que detesto- pero fue en la única parte que encontré ese video, sobre todo para que sea visto por mis lectores que no viven en Venezuela y para que alguien me corrija por si acaso malinterprete el contrapunteo de Chávez con su desafiante seguidor.
Venezolanos, todos -no se admiten genes extranjeros por órdenes de Chávez- dejen el miedo y expresen sus opiniones, contrarias al gobierno chavista, con nombre y apellido porque hacerlo es legal… por ahora.
Para dar el ejemplo, firmo este post.

Carmen Guédez
tintaindeleble@gmail.com

miércoles, 4 de julio de 2007

HUMILLAR

I
UN HECHO TOMADO DE LA VIDA REAL
Hay algunos abogados que, con el título, adquieren un desprecio irracional hacia el ser humano. Es como si el ser abogado los convirtiera en seres superiores hasta el punto de permitirles hacer y deshacer para demostrar un poder que ellos creen tener a partir del momento en que se convierten en uno más de los tantos abogados que hay en el mundo. Siempre se hacen llamar “doctores”, pero la mayoría de las veces no han hecho un doctorado y pocos se destacan en la profesión. Es válida esta introducción porque el caso que narraré fue protagonizado por una abogada de la que hay muy poca información en Internet y, hoy, todo lo importante está en la red. Supongo que esta mujer no debe ser madre porque, si lo fuera, no se hubiera atrevido a humillar a una chica que no le hizo ningún daño. Y si es madre, no sé de qué está hecho su corazón.
La abogada de la que hablo, ofendió a una chica muy joven delante de otras personas. La madre estaba presente. No sabía esta mujer que una de las personas que presenció la ofensa era psicóloga y pudo -de alguna manera- calificar la acción. Como bien es sabido, las madres defienden a sus hijos, pero la madre de este caso estaba tan sorprendida como la hija por lo inesperado e injusto de la situación. No obstante, con un gran control, y con un tono de voz bajo -por aquello de que no es lo que se dice, sino cómo se dice- la madre sólo le dijo a la “doctora”:
- De esa manera no.
La abogada respondió:
- De esa manera tampoco.
Luego dio la espalda y se fue. Ni la hija ni la madre intentaron detenerla. Eso era lo menos interesante en ese instante.
Si se analiza con profundidad la respuesta de la abogada, resulta que al utilizar la palabra “tampoco” está admitiendo que lo que dijo fue agresivo, desagradable e incorrecto porque con ese “tampoco” está queriendo decir: “No me gusta lo que me estás diciendo y menos delante de otras personas y no acepto que me trates así”. La abogada, con su respuesta, demostró que no quiere que le hagan lo que ella sí le hace a los demás. Un ser conciliador y educado llama aparte a la joven y le dice lo que considera incorrecto, si es que lo hay. Eso es lo que hace una persona normal, pero quien humilla como lo hace la “doctora” de esta anécdota, padece una patología y nunca actuará como el que tiene una mente sana. Eso es impensable.
Las personas como ella tampoco piden disculpas ya que el orgullo es más fuerte que la bondad. Quizás ni estén conscientes de la carga de agresividad con la que enfrentan a las personas y posiblemente tengan problemas cognitivos que se detectan con un mapeo cerebral.

II
El acto de humillar es, esencialmente, un acto de agresión y, como toda agresión, es altamente condenable. Ofender y agredir son los otros verbos que admite la humillación. Humillar no es un acto que acepta justificación y, quien lo practica, se degrada. La humillación, cuando se hace delante de otras personas, trae consigo una alta carga de odio y rabia contenida que es descargada por el agresor sobre quien se supone es el más débil. Quien humilla necesita compulsivamente demostrar un poder que no tiene y desea tener.
Muchas veces se subestima a la víctima elegida y en eso de subestimar está el error porque el agresor es -en todo caso- el ser inferior y el verdaderamente débil. Sólo alguien infinitamente bajo, infinitamente ruin, carente de valores y sentimientos, es capaz de herir y dar la espalda sintiéndose un triunfador -que no lo es- porque con su acto demuestra un complejo de inferioridad inmenso que intenta manejar al tratar de colocar a otra persona en un nivel inferior al suyo. Sólo así, el agresor se siente arriba, en el lugar deseado y nunca logrado.
El punto está en que muchos de los humillados nunca descienden a ese nivel inferior por ser personas fuertes. Sólo los débiles acusan el golpe. A veces depende del nivel intelectual, de ahí que intentar degradar a alguien humilde y sin cultura, es algo altamente condenable ya que esa persona no posee las herramientas para defenderse. Pero ¡cuidado! porque las cajas de Pandora existen y ¡vaya que dan sorpresas!
La humillación en público sorprende al agredido hasta el punto de no permitirle articular palabra y el agresor lo interpreta como un triunfo suyo cuando la realidad es que el agredido enmudece ante lo inesperado. Con él enmudecen quienes presencian el acto. Una vez que se supera esa primera etapa de la sorpresa -que puede durar escasos segundos- quedan dos opciones: responder a la agresión o ignorarla. El agresor espera una respuesta porque la necesita y, si eso no sucede, siente que ha fracasado y que su agresión ha sido descalificada. Ante la indiferencia, el victimario se desconcierta y su rabia aumenta; y con la rabia, el odio. Quien tiene dominio de sí mismo no responde y, si lo hace, apenas dice unas palabras -las justas- y lo deja hasta ahí. El agresor, al no lograr su objetivo, intentará atacar de nuevo hasta lograr ser tomado en cuenta que es su único propósito; inconsciente, por supuesto. La humillación no se planifica: estalla por el descontrol mental que tiene la persona que la lleva a cabo.
No responder a las palabras que intentan ofender es lo más sabio. Decir algo nada ofensivo y muy breve es, también, lo más correcto y lo más elegante. En cambio, seguirle el juego a la humillación es sumergirse en el fango donde vive alguien con una mente primitiva. Sólo la falta de fortaleza y sentido común puede lograr que un ser humano descienda al lugar tenebroso donde habita un amargado que sólo desea que más y más gente caiga en su infierno.
Todos, alguna vez en la vida, hemos sido humillados. El trauma puede durar minutos, horas, días o no olvidarse nunca. Es como el duelo y hay que vivirlo, siempre que no pase a formar parte de nuestras vidas hasta el punto de convertirse en una patología.
Los jóvenes y la gente humilde son un blanco ideal para quien disfruta humillando. Ellos nunca agraden a quien les parece fuerte, pero a veces eso dista mucho de la realidad y esa fuerza no existe y el victimario lo ignora. Por eso “respeta”. Pero -como ya lo dije- muchas veces se equivocan al escoger la víctima porque nunca se sabe qué sorpresas puede dar el que se supone es el ser perfecto para ser atacado sin piedad.

III
Cierto que la víctima de una humillación puede cobrarse la afrenta porque está en su derecho, aunque si no lo hace es muy válido e, incluso, digno. Si cobrar la ofensa es la vía escogida, hay que estar muy bien preparado para hacerlo, pero sólo cuando la cabeza esté fría y haya pasado el tiempo suficiente para pensar con claridad porque nadie, en un momento de mucha tensión, puede pensar con cordura y lo ideal es quedar muy en alto y nunca rebajarse como lo hizo quien perdió el control. Eso jamás. Lo sensato es callar y esperar. El silencio es un arma muy fuerte, más de lo que muchos imaginan. Hay que esperar un tiempo prudencial para estar relajados y decir las palabras exactas. Sólo con una mente bajo control se puede actuar con mucho cuidado y así evitar comportarse de la misma manera que quien humilló. Un reclamo honorable, pero contundente, es mucho más duro que un insulto y le duele más a esa persona que no sabe -ni puede- actuar en la vida sin agredir. Es una lección de clase que el otro no tiene porque la clase no se compra: se tiene o no se tiene.
No olviden que lo más seguro es que, quien humilla, actúe según un modelo aprendido en su casa o haya sido víctima de una humillación que lo marcó.
El agresor siempre encontrará una excusa para volver a descargar su rabia y si no lo logra hará un nuevo intento, y otro más, hasta intentar lograr rebajar a su víctima. Sólo la indiferencia puede acabar con sus planes. Algo más: a esa persona no se le debe temer porque en el fondo está muy asustada e insegura ante la vida.
Es tan útil la indiferencia, tanto como lo es el silencio y la espera. El tiempo es siempre un buen aliado para saldar cuentas pendientes con quien hiere alegremente sin medir las consecuencias para su víctima porque a esa persona el ser humano no le importa, a menos que obtenga algo de él, preferiblemente grandes ganancias económicas que es lo único que lo motiva y le hace llevadera la existencia. En ellos el interés priva sobre el afecto, pero lo disimulan muy bien y hay ingenuos que no se dan cuenta y se dejan utilizar. Generalmente adulan a los que le convienen -patrones, por ejemplo- y, ante la incomodad que trae consigo la adulación, descargan su rabia y descontento con quien consideran débiles. Se ven obligados a adular a quien tiene poder económico y eso es lo que no soporta el agresor para quien la adulancia es la única forma que tiene para ganarse la vida; a pesar de que eso lo degrada, independientemente de cuánto dinero gane.
Quien apoya a este tipo de gente es cómplice de sus actos y, por lo tanto, es un agresor pasivo capaz de humillar con su silencio, pero con la misma magnitud del que actúa abiertamente.
Se alegra una de no tener que estar junto a ese tipo de gente que ha hecho de la humillación una carrera con diploma de honor en la injusticia y el maltrato. Se siente lástima por los que están obligados a convivir con ellos.

Carmen Guédez
tintaindeleble@gmail.com