miércoles, 8 de agosto de 2007

DOS VISIONES SOBRE VENEZUELA, Y HASTA TRES

No tengo ningún tipo de conocimiento profesional sobre política venezolana. Categóricamente afirmo no ser experta en la materia, aclaratoria necesaria para los extranjeros que escriben a mi correo pidiendo mi opinión “técnica” sobre lo que ocurre en Venezuela.
Las opiniones que, varias veces, he expuesto en este blog son producto de experiencias vividas y de lo que he podido ver con mis propios ojos, no de lo que me contaron, o de lo que leí, o de lo aprendido en aulas, o de influencias recibidas, mucho menos son producto de unos pocos días de turismo en Venezuela. Aclaro esto porque veo que hay dos Venezuelas que nacen de experiencias muy diferentes:
1- La Venezuela real, que es la que viven -día a día- los venezolanos que residen en Venezuela, sin tomar en cuenta posición política, económica o religiosa.
2- La Venezuela de las estadísticas y los vídeos. Ésta se consigue fácilmente por Internet.

Hay una tercera opción, digna de ser comentada:
3- La Venezuela turística, que es la de aquellas personas extranjeras que, en lo que dura un viaje de turismo, captan “todo” lo que sucede y, al regresar a sus respectivos países, les narran a sus compatriotas la “verdadera realidad” de lo que ocurre en la Venezuela chavista o antichavista, dependiendo de sus preferencias políticas. Esa es una Venezuela muy particular, a la carta diría yo, así como cuando vas al restaurant a pedir lo que se te antoje.
No tienen mis opiniones ningún rigor académico. Mis sentimientos no se ordenan con ese rigor, ¿será por eso que no soy política? Mis emociones se disparan -palabra que, por irracional, deben detestar los que se apoyan en las estadísticas y me cuestionan- y las vierto en estos textos que suelen ser más largos de lo debido, tan largos como esos pensamientos que no me abandonan ni de día ni de noche.
No acepto descalificaciones a lo que expreso cuando sigo fielmente a mis sentimientos porque ellos son el termómetro de una realidad que me duele y me preocupa. Me importa poco que por esta actitud me acusen de arrogante, calificativo que muchos usan y al que me he acostumbrado. Algunos son más condescendientes, casi caritativos: “Tienes buenos sentimientos y buenas intenciones, pero te niegas a ver la realidad”. Cuál realidad, ¿la que cuenta y muestra Chávez, la que está en estadísticas y vídeos manipulados por chavistas u opositores, o la de la calle, esa que nos escupe en la cara y nos muestra a la Venezuela real?
Alguna luz arrojan mis escritos para que sean tomados en cuenta por quienes no piensan igual que yo. Por eso no dejo de escribir, a riesgo de no ser tan ordenada en mis ideas y en mis críticas, a riesgo de seguir viendo la realidad como la veo desde hace muchos años -antes de saber que Chávez existía- con un gran pesimismo y pocas esperanzas para mi país. Sin embargo, mientras estos textos toquen la fibra de un sólo lector es porque no estoy tan equivocada en mis apreciaciones. Al menos no finjo y eso ya es algo en un mundo de mentiras.
Según mis últimas experiencias con gente que no nació ni vive en Venezuela, lo último -lo in- es ser chavista y vivir a Venezuela desde la distancia, muchos -la mayoría- ni han estado en Venezuela. Esta gente desprecia las vivencias de quienes habitan en el país o de los que ya no viven en Venezuela, pero todavía tienen familiares y amigos y, por lo tanto, mantienen un estrecho lazo con esa tierra que a ellos sí les duele. Son personas que han vivido bajo el gobierno de Chávez por mucho más tiempo que un turista. Esa es la gente que ha tenido experiencias indudablemente más creíbles que las estadísticas y vídeos porque conocen a Chávez desde el golpe del 04 de febrero de 1992. Esa gente puede ser chavista o no, pero son reales, no fríos números nada confiables.
Mi testimonio puede ser todo lo emotivo que quieran, pero nadie puede dudar que he vivido la realidad venezolana desde cerca y durante años, no días. No hablo de una Venezuela que debe ser muy diferente si se visualiza mientras se viaja en el lujoso avión que usa Chávez o si se está dentro del Palacio de Miraflores. De esa Venezuela, de esa gente que vive cerca del mandatario no puedo hablar porque nunca he estado en esos círculos de poder. No estoy mentalizada para ver tanto lujo y aceptarlo. No puedo.
Cierto que tengo amigos y familiares que ocupan -o han ocupado- altos cargos en el gobierno de Chávez y mantengo intacta mis relaciones familiares o de amistad con ellos, he sido vecina de un general chavista con quien me saludaba en el ascensor pues soy respetuosa de las posiciones políticas de los demás, me encontraba en ese ascensor a la esposa e hijos de este general y nunca tuve problemas para dirigirles la palabra, conocí a uno de los embajadores argentinos pro Chávez y tuve excelentes relaciones con él. Por lo tanto, si quisiera acercarme al alto chavismo, podría hacerlo y escalar hasta donde quisiera. Mi falta de timidez me ha permitido lograr lo que me propongo y entre lo que me propongo está mantener mi postura antichavista a menos que Chávez haga algo por mi país. Si hay un cambio, cambiaré yo también. De lo contrario estaré en el lado opuesto, y no por falta de oportunidades, o de alguien que me ayude a escalar hasta las mieles del poder que para nada me hacen falta. Prefiero seguir en mi ermita rodeada de cosas más sublimes.
Ante una escalada ruin, tengo cosas más importantes de que preocuparme: amigos pasando por muy malos momentos económicos, gente cuyo futuro me preocupa porque no tienen ya dinero y no consiguen trabajo. Eran de clase media, nunca fueron políticos, pero en el gobierno de Chávez han quedado desempleados o con trabajo muy esporádico que apenas les permite sobrevivir. Si ese es el socialismo del siglo XXI, ¡vaya retroceso!
Conocí a una mujer muy pobre que narra descarnadamente como en su cerro matan a la gente a las puertas de las chabolas donde viven y ellos pasan delante de sus cadáveres porque la morque demora en llegar pues temen subir a los cerros. Cuando salen de sus casas tapan, con mantas, la cara de los niños para que no vean a los muertos tirados en la calle. Su narración es tan fuerte que hay que armarse de mucho valor para seguir escuchándola. Esa es la vida en los humildes cerros caraqueños. Lo que más llama la atención es la tranquilidad con la cuenta los hechos: se acostumbran a vivir así. Si eso es el socialismo del siglo XXI, no es lo que quiero para los pobres de mi país.
Esas narraciones no están en las estadísticas porque éstas son muy frías para incluir esos hechos cargados de emociones. A esa mujer que me contó esa historia -una de las tantas que me han contado- no la busqué, a fuerza de vivir en Caracas me la tropecé. Dudo que en un viaje de turismo -o desde la comodidad del primer mundo- se les localice porque ellos no están en las puertas de los hoteles sino en sus lugares de trabajo, cuando lo tienen. Esos pobres que yo conozco no son los que muestra Chávez. Los que Chávez muestra son de utilería como todo escenario. Al fin y al cabo, “Aló presidente” ya es un show que dura cerca de ocho horas y, como todo show, tiene decorados y un público que sigue un guión. Juro que esto no lo digo despectivamente. Lo digo porque es la realidad de todo lo que se hace en la televisión.
Confieso estar muy preocupada por esas tres visiones de Venezuela. Si todos fuéramos sensatos y quisiéramos unir tantos pedazos de esta “porcelana rota” llamada Venezuela, nos sentaríamos a aclarar los puntos porque las tres visiones de un mismo país ya hablan de que algo está mal. Algo pasa para que Venezuela se perciba de forma tan diferente y alguien tiene que aclarar esta enorme confusión. Algún mensaje no se transmite correctamente y por eso se recibe de distintas maneras. De eso no tengo duda.
A mí que no me muestren estadísticas ni vídeos. Las cosas hay que verlas en sitio para aclararlas desde ahí. Tampoco acepto situaciones manipuladas por bandos encontrados: chavismo u oposición, o por extranjeros que son chavistas desde la comodidad del primer mundo mientras disfrutan de las tantas fiestas de esta temporada estival.
Quiero mostrar mis pruebas dentro de Venezuela y que ahí mismo me muestren las otras, las contrarias a las mías. Es un reto convencer o que me convenzan. Yo me arriesgo, pero dentro de territorio venezolano. Eso es lo justo. No pido más. Si aceptan, yo acepto.
Que no me hablen los chavistas -venezolanos o extranjeros- de los no sé cuántos años de puntofijismo. Tuve la muerte muy cerca de mí y no estoy para pasado ni futuro: quiero vivir al día con soluciones inmediatas. “Ya” es mi consigna y es la primera vez que la menciono. Bonito slogan para una campaña política que mi salud no resistiría y mi libertad mucho menos. Las excusas en el pasado no son admisibles en una Venezuela que, en el presente, recibe muchísimo dinero por concepto del petróleo.
¿Que Venezuela tuvo malos gobiernos? Eso lo sabemos todos los que no estamos ciegos y no hemos sido políticos, pero eso ya pasó y llegó la revolución chavista. Ahora a construir sin mirar atrás para hacer muy poco o no hacer nada, pero nunca lo suficiente. Ese ampararse en el pasado, cansa. Mientras se pierde tiempo con el debate del puntofijismo, las chabolas se derrumban con las lluvias y más gente queda en la calle. Mientras Chávez invierte casi ocho horas hablando por televisión, mucha gente -gravemente enferma- espera a las puertas de hospitales. Eso no está en estadísticas, tampoco en los vídeos, pero es así. A esa gente que requiere ayuda ya no se le puede decir que “muchos años de malos gobiernos llevaron a Venezuela a este desastre”. Esa gente votó por quien prometió eliminar ese caos del puntofijismo. ¡Qué cumpla! Que en Venezuela no existan niños en la calle, ni gente que escriba “adquerir” en lugar de “adquirir”. El analfabetismo no lleva a nada bueno, hay que combatirlo duramente. Es mejor hacer, lo que haya que hacer, ahora que hay dinero y no esperar a que no lo haya porque Venezuela puede pasar una época de vacas flacas. Todo es posible y sobre todo en un país donde la cultura es la del despilfarro generalizado a todos los niveles.
No se puede perder más tiempo, a menos que lo que se desee es poner a éste a favor de un grupo para seguir con algo que lleva a Venezuela por muy mal camino. Si es así, entonces no sirve el socialismo del siglo XXI y yo mantendré mi postura porque no hay estadística ni vídeo que me convenza ante una triste realidad que sí conozco. No me la contaron, la viví en la Venezuela real: la de carne, hueso y sentimientos.

Carmen Guédez
tintaindeleble@gmail.com

2 comentarios:

Adriana Boccalon dijo...

Mi querida amiga,

Desde la distancia te leo y me entristezco porque lamentablemente esa tercera vision de Venezuela es la que percibo como real. Ojala pudiera combatir tus letras, pero no puedo. Tienes mucha razon, y es una lastima que esa vision tan real de mi querido pais no solamente se mantenga oculta a los ojos de los turistas, sino a los ojos de miles y miles de venezolanos que permanecen alla, pero nu luchando por mejorar las cosas, sino felices y tranquilos habiendo vendido su alma por unos pocos cobres.
Tus letras me hacen recordar algo que alguna vez me dijo alguien. Sabes que?, que Venezuela es un pais hermoso y rico, lleno de posibilidades, y que lo unico malo que tiene son los venezolanos. Pena ajena!, que dolor tan profundo me punza el alma!...
Escribo desde la distancia, muchos kilometros me separan de mi tierra ahora, pero sabes que no me autoasile por gusto, sino porque como periodista me niego a escribir y a hablar el lenguaje que aquellos nos imponen. Aca me quedare, y desde aca escribo mis letras. No me siento comoda diciendo esto, pero mucho luche, mucho trabaje en funcion de formar y educar desde diferentes tribunas por muchos anos, no se si logre ayudar o cambiar algunos esquemas, espero que si. Ahora, desde la distancia, escribo en soledad esperando que algun dia pueda regresar y ver un pais creciendo en armonia, con un proyecto comun para todos los venezolanos, con justicia y oportunidades, y gente trabajando feliz sin miserias en el alma y en el cuerpo.

Recibe un gran abrazo desde Montreal...

Adriana

antojano dijo...

De seguro deben haber mas de tres Venezuelas....algo similar de lo que comentas ocurre a su vez en Chile y creo que es bastante probable que los Medios de Comunicación se comporten de manera similar en muchos países.
Solo una visión de puntos de concordancia y de encuentro podrá sacarnos de los antagonismos que nos ponen los personalismos caudillistas...por más elevadas que sean las aspiraciones de los líderes. Parece que la crisis hoy no es exactamente energetica, ni económica en exclusiva...es global, y mundial. El individuo...en particular está representando claramente nuestra época, pero no es el único culpable (voy a cambiar la expresión para no detener en el la observación) es el responsable por estar donde est´ça y por poder o dejar de hacer ciertas cosas y a los responsables de que las cosas están así hay que decirles...Ustedes son los responsables y hay que cambiar el curso de los acontecimientos...porque reparar algo que uno no ha construído es muy dificil después.
Un gran abrazo amiga