jueves, 10 de mayo de 2007

LO QUE SIGNIFICA LA REALEZA PARA LOS ESPAÑOLES, SEGÚN XIL RODRÍGUEZ

No acostumbro publicar las opiniones de amigos y lectores que me llegan vía e-mail. No lo hago porque sería injusta con muchos de ellos, brillantes en sus opiniones, casi siempre. Sin embargo, esta vez he querido compartir con mis lectores la excelente reflexión de uno de mis amigos gallegos: Xil Rodríguez. Él se dedica en Galicia a la comunicación visual; publicitaria, exactamente.
De elevado nivel intelectual, es un disfrute siempre leer lo que escribe. Esta vez le pedí permiso para hacer públicas sus apreciaciones sobre la realeza española expresadas en un e-mail personal a raíz de mi publicación sobre la infanta Sofía. Me lo concedió y se lo agradezco profundamente.
“Ya tampoco tengo miedo de mis ideas, afortunadamente”, me dice. Siendo así, lean a continuación su opinión. De esta manera cierro el tema de la realeza española.

"En España (oficialmente, Reino de España) se dice que la monarquía sirvió en su momento para suavizar una difícil transición política y ha habido un discurso político generalizado y, más o menos consensuado, que afirma su justificación. El hecho es que resultó bien la transición y que El Rey, impuesto por Franco, en algún momento con su actitud, ayudó en el avance a lo que ahora somos. Hoy en día, no sé si la Casa Real cumplirá la misma función. Siempre hubo en España -y hay- muchas voces que, como tú, no le encontraron sentido a la institución, aunque algunos no quieran oír esas opiniones, siempre las hubo y por algo será (y, si no, que se lo digan a los republicanos).
De todos modos, como tu relatas, en esa querencia por la realeza de muchas gentes hay algo romántico y nostálgico -en realidad, poco práctico- que alude al subconsciente colectivo y que forma parte de la mitología universal. La realeza, además de ser un vestigio del pasado político de Europa, también puede resultar ser un símbolo que represente cuestiones eternas: la admiración por el status, la opulencia y la prosperidad (aunque sean ajenos), la unión y la fuerza que representa la continuidad de las viejas sagas familiares, el triunfo del amor contra la imposición, la ilusión por acceder a lo inalcanzable, a lo prohibido, a un estrato social lejano, etc., etc. Por cierto, los mismos valores que se reflejan curiosamente en muchas telenovelas. Ciertos valores que muchas personas necesitan para tratar de asegurar su incierto futuro y dar sentido a sus vidas día a día. Algo que los fascine y algo en lo que creer y que perdure por encima del bien y del mal.
Y mira como es la historia y la de vueltas que da la vida: recuerda que en la mismísima Francia, después de una Revolución de la que son hijas todas las repúblicas de América, volvió a haber monarcas e, incluso, emperadores y emperatrices. Por cierto, una de ellas,
María Eugenia Ignacia Agustina Palafox de Guzmán Portocarrero y Kirkpatrick, más conocida como Eugenia de Montijo, era granadina, de alto linaje, elegante, refinada y con encanto, muy guapa, muy defensora de su fe, muy inteligente, aunque con desaciertos. Regente varias veces, exiliada. En fin, todos esos atributos de una emperatriz que tanto nos encantan y nos fascinan a los románticos poco prácticos"

tintaindeleble@gmail.com

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