jueves, 8 de febrero de 2007

Y AHORA, ÉRIKA

El pasado 12 de marzo del 2006 escribí en este blog sobre la muerte del conocido deportista español Jesús Rollán quien, luego de una fuerte depresión, se suicidó. La separación de su esposa fue, entre otras razones, lo que lo llevaron al suicidio después de luchar contra la depresión.
Ahora es Érika Ortiz Rocasolano -hermana de la princesa de Asturias- la que me recuerda esa triste historia.

Si es como se dice: que su muerte se debió a que no logró superar la separación de su pareja, Antonio Vigo, padre de su hija de seis años, tendríamos que pensar que el amor destruye y sobrepasa la capacidad de aguante de algunas personas. Ni Jesús Rollán ni Érika son los primeros -ni los últimos- en sufrir por amor y poca o ninguna atención se le presta a este problema porque muchos creen que, tarde o temprano, las separaciones se superan. Cierto, muchos lo logran, pero otros no pueden y no es su culpa.
El componente psicológico de la separación -cualquier separación- es muy complejo. Una separación por sí sola no necesariamente puede ser la causa que lleve al suicidio, pero detrás de esa separación habría que ver qué otras separaciones se reviven y, si las anteriores son muy dolorosas, la última sólo puede ser el detonante de una bomba que estaba por estallar. Esto no es un invento mío. Es algo científico y se ve en miles de consultorios de psiquiatras y psicólogos. Érika había vivido el divorcio de sus padres y el alejarse -casi a finales de los 80- de Asturias para trasladarse a Madrid, cambios muy importantes para cualquier persona, más si es muy joven y ella lo era. La "casa" que la contenía posiblemente ya no existía en su vida.
Me asombra la forma despiadada como muchos periodistas españoles han tratado este caso. Esta chica no era una privilegiada ni eligió ser conocida. Todo le llegó por su hermana Letizia -que si es una persona famosa- y a las claras se ve que ambas hermanas tenían personalidades muy distintas, lo mismo que sus vidas. Érika era una chica que tenía que salir a trabajar como usted o como yo. Cierto que el ser hermana de la futura reina de España le dio privilegios en su trabajo, pero le quitó la privacidad y su personalidad no estaba hecha para eso.
Hay que evaluar lo que es ser una persona normal y corriente y de la noche a la mañana verse obligado a formar parte de muchas de las ceremonias de una Casa Real. Visto de manera simplista puede parecer muy atractivo, pero para algunos puede ser agobiante. Posiblemente lo fue para Érika. Piensen en eso antes de seguir echando tanta basura sobre una muerte sin saber causas ni razones. Esas razones se fueron con Érika y ya no importan. Importaban cuando estaba viva porque conociéndolas se la podía ayudar.
El que la separación la haya llevado a una severa depresión es muy normal en muchas mujeres e incluso hombres. No todos los humanos tienen las fuerzas suficientes para superar hechos tan dolorosos.
A mí me golpeó la noticia porque en estos días me lleno de vida leyendo una buena cantidad de material sobre los uruguayos sobrevivientes de la Tragedia de Los Andes. Después de leer mucho sobre ese episodio histórico, y establecer contacto con Alexis Scarantino -quien los conoce y tuvo la gentileza de darme sus e-mails- encontrarme con una muerte aparentemente sin causa que la justifique -que sí la hay- fue un duro golpe que me entristeció el día de ayer cuando vi la noticia. Duele por el solo hecho de tratarse de un ser humano, sin importar su clase social.
El precipitar algo tan natural como es la muerte no se digiere fácilmente en mi caso porque sobreviví, en Santiago de Compostela, a una situación grave de penosa enfermedad -y obligada soledad- que se instaló en mi vida en cosa de segundos sin darme tiempo para nada. Cuando en circunstancias muy adversas como las mías -o la de los sobrevivientes de Los Andes- se ha luchado por la vida, cuesta aceptar muertes como la de Rollán o la de Érika, pero lo grave sería juzgarlos y no comprenderlos. Eso me parece intolerable porque si el dolor físico extremo puede llevar a la pérdida de la conciencia -lo viví y por eso hablo con propiedad- el dolor moral puede llevar a lo mismo porque NO es menor que el otro. La desventaja del dolor moral es que éste no se opera o se extingue con otro método. Por lo tanto, es incurable muchas veces.
Por eso murió Érika: porque su dolor por la separación de su pareja no encontró mejoría en los antidepresivos que le administraron y ese dolor no lo pudieron retirar de su psiquis ni de su alma. Aún no se ha inventado un sistema para eliminar ese cáncer que es el agobiante dolor moral. Ni la psicoterapia lo ha logrado, menos el dinero. Lo que sí considero prudente es crear centros de ayuda como los que tiene Alcohólicos Anónimos. Es una manera de tratar de salvar a futuras víctimas. Bien puede emprender esa ayuda la familia de Érika que son gente muy conocida. Más difícil nos resulta a los que no tenemos sus privilegios, pero sí las ganas de inyectar vida.
Es una pena que la prensa del corazón española ayude, de alguna manera, a que ocurran desenlaces tan lamentables como éste. A Érika la venían acosando y luego, no contentos con lo que han hecho, hacen más dinero a cuenta de episodios lamentables como ésta u otras muertes. No respetan el dolor de los demás porque juran que nunca vivirán un momento difícil en sus vidas y, en eso, ¡qué equivocados están!
La única manera de parar los horrores de la prensa rosa en España es no viendo sus infames programas ni leyendo sus publicaciones y eso sólo lo puede hacer el ciudadano común que los ve o los lee. Que lean la prensa seria y muy buena, que la hay en España.
Algunos entendemos que a Érika el control de su vida se te salió de las manos. Ella hubiera preferido la vida sencilla al lado del padre de su hija a lo “glamoroso” de ser allegada a la Casa Real de España. Posiblemente siempre añoró sus días en la tranquilidad de Asturias.
Paz, Érika, y paz para tus seres queridos.

Finalizo con esta foto de la madre y las tres hermanas Ortiz Rocasolano en los días felices del anonimato. A doña Letizia se la ve con los ojos cerrados. Las acompaña una amiga.

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2007

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