martes, 28 de noviembre de 2006

YO, ANTISEMITA

Desde el primer día de la publicación de mi post titulado INFIDELIDAD MASCULINA fui acusada por algunos judíos de antisemita y, en una nota que coloqué al final de ese post, dije que me pronunciaría al respecto. Hoy cumplo mi palabra y escribo sobre esa acusación -o como la quieran llamar- si es que desean que parezca más suave aunque eso no le quite ese barniz de acusación o intolerancia de quien se ve al descubierto.
Una avalancha de e-mails trajo como consecuencia ese post. La mayoría de esos e-mails son en un tono amenazante o de insulto y yo los ignoro. El vocabulario que usan es muy vulgar. Les respondería si escribieran en un lenguaje mordaz que sólo lo logran los inteligentes. Si los que envían esos e-mail son judíos, poco me importa y miedo no les tengo. Para mí no son más que unos fanáticos que miran a los demás por encima del hombro y valoran más lo material que lo espiritual. Al menos en sus e-mails demuestran un nivel intelectual muy pobre porque no es lo que se escribe sino cómo se escribe y hay ironías muy finas que hieren más que una puñalada. Esa ironía no la tienen ellos porque la ironía es un arte.
En INFIDELIDAD MASCULINA me limité a narrar un hecho real ya que no soporto la hipocresía de estos seres que oran cuando van a comer, oran los sábados en una cena familiar, oran en la mañana, hacen ayunos y practican una serie de ritos -en los que no soy experta- para luego salir con ese tipo de hipocresías como la que narro en ese post. Y, de paso, se declaran monoteístas. Monoteístas sí, pero con sus mujeres judías. Fuera de ellas, ¡cómo les gusta la infidelidad!
Conozco un caso en Caracas-Venezuela donde un judío tiene sexo con niñas y con la esposa de uno de sus dos choferes. Toda una aberración y un abuso basado en el poder económico y las necesidades y miserias de mujeres y niñas, todas ignorantes y él lo sabe y por eso abusa. Eso sí: todas las mañanas, muy temprano, ese judío va a la sinagoga y los sábados no sale en coche ni trabaja atendiendo a los preceptos de su religión. Sobre él tengo mucha información porque le hice un trabajo en el año 2002 y eso me dio la oportunidad de conocerlo muy bien y fue así como me enteré de muchas cosas oscuras de ese señor "respetable". Sin embargo, no
puedo denunciarlo a pesar de que ganas nunca me han faltado. Empezando porque, con el poder económico tan grande que tiene, puede comprar a jueces y policías. De todas maneras, en otro post narraré TODO lo que yo sé y con eso -si hay voluntad- la policía puede iniciar una investigación. ¡Qué bueno sería!
Si colocan el apellido Weishelberg en GOOGLE -posiblemente en YAHOO y en otros buscadores también- ya mi narración aparece ahí y cabe la posibilidad de que la esposa lo descubra todo.
Ya coloqué su apellido -Weishelberg- y dije que era nacido en Brasil, radicado en Miami y dedicado a la publicidad. Como los judíos son tan inteligentes y todos se conocen, que completen la información con esos datos y lo sometan al castigo que, supongo, existe para esos casos y que ese hombre se merece por haber roto sus normas respecto al monoteísmo, pero que no la paguen conmigo que no soy la que ha roto normas. Ni su religión, ni ninguna otra, me obligan a no revelar secretos o a quedarme con una información.
Ese post gustó tanto que fue leído por muchas personas y el contador de mi blog bajó sus números colocándome en un puesto más favorecedor al que estaba antes de ese post, favor que debo a los judíos y, muy especialmente, al señor Weishelberg.
Seguramente ese judío infiel limpió su conciencia enviándole flores a su esposa (eso lo hacen todos los hombres), obsequiándole alguna joya, llevándola a cenar y luego haciendo el amor con ella mientras recordaba su aventura en el tercer mundo con una mujer open mind con más creatividad en la cama que la aburrida judía con la que convive. Al día siguiente -como un buen padre y esposo- lo más seguro es que haya preparado el desayuno para los hijos y su sumisa Nora -la de Casa de Muñecas, de Henrik Ibsen- y así se demostró a sí mismo que lo más valioso que tiene en la vida es su familia, ¡pero que falta le hace una mujer extra que lo haga sentirse bien sexualmente!
Les sugiero a los judíos que asuman su hipocresía y respeten a las mujeres -sean esposas o no- pero que no pidan consideración y respeto cuando ellos no lo practican. Y, si en verdad hay un castigo, que lo pongan en práctica para que den ejemplo de moral y rectitud. No es a mí a quien deben atacar. Que revisen sus conciencias a ver si están limpias o cubiertas de ese oro que tanto adoran y por el que se dejarían matar. Lo demostraron en la época de Hitler al huír llevándose el oro cuando sus vidas valían más.
Si por decir la verdad me acusan de antisemita, pues lo soy y no me afecta. Soy irreverente e indomable y nunca me callo ante las injusticias y los ataques sin fundamento. No olviden eso si me quieren seguir atacando. Tengan la certeza de que continuaré diciendo la verdad.
Ustedes, señores judíos, tienen el poder económico, pero yo tengo el poder de Internet y sé usar la pluma con un lenguaje cáustico, nada conveniente para vosotros.

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2006

Una explicación sobre la desaparición del post que titulé URGENTE: UN MILITAR NOS ALERTA ANTE EL 3D

Intentaré darles una explicación -si es que puedo- sobre ese post que, misteriosamente, desapareció de este blog. Estuvo publicado desde el 25-11-06 y hoy lunes -27-11-06- ya no estaba. Así, sin más ni más.
Varias personas que visitaron mi blog para leer el testimonio de un supuesto militar venezolano sobre el 3D, me han enviado e-mails preguntándome qué paso y por eso publico esta explicación de algo que califico de “sobrenatural” porque no tengo una respuesta coherente que pueda explicar satisfactoriamente la desaparición de esa publicación ya que es la primera vez que eso me ocurre a mí. Debe ser un castigo divino por romper mi promesa de no escribir JAMÁS sobre la folklórica política venezolana y cuando rompo el silencio mi crónica se borra.
Lo peor es que no puedo publicar ese testimonio de nuevo porque ese texto se apoyaba en el chateo que tuve con un supuesto militar venezolano cuyo grado es el de mayor, según me dijo. Eran sus palabras sin editar las que estaban ahí. Después de publicarlo borré esa conversación virtual y, al no tenerla, no tiene sentido que se los cuente yo porque lo importante eran sus palabras tal y como se expresaba. Ese testimonio -verdadero o falso, nunca lo sabré- era el que tenía valor, no lo que yo diga.
Lo publiqué para que cada uno de ustedes se formara su propia opinión. En ningún momento mi intención fue creer totalmente en lo que el supuesto militar me decía, pero la duda, algunas veces, también tiene validez. No siempre es malo dudar. Lo que no debe hacerse es ocultar algo que puede llegar a ser cierto dadas las condiciones extrañas de un país convulsionado como Venezuela y, en este caso, si lo que él decía no era cierto, mejor para el pueblo venezolano que, angustiado, espera este 3D que define su futuro por muchos años.
Algunos de mis lectores sí lograron leerlo. No puedo saber cuántos, pero recibí varios e-mails de quienes lo leyeron. Unos estuvieron de acuerdo con su contenido. Otros no. La oposición venezolana siempre quiere noticias positivas y los que siempre hemos sido realistas -como Agustín Blanco Muñoz y yo- no nos ven con buenos ojos. Por cierto, ignoro qué opina, en este momento, Agustín Blanco Muñoz sobre la ya cercana elección presidencial, a la que califico de TRAMPA ELECTORAL de la que la oposición se arrepentirá. No digo más nada, pero ahí les dejo mi incredulidad y ruego estar equivocada. Supongo que la opinión de Agustín no es la de ese nefasto personaje que conduce un programa titulado "Aló ciudadano" y cuyo nombre no recuerdo pues desde agosto del 2004 dejé de ver su programa y ni sé si todavía existe.
Lo siento, queridos lectores, pero ese material del supuesto militar desapareció y, con él, se perdió también mi trabajo. Sólo puedo pedirles disculpas y desear que Chávez no siga gobernando a ese rico país que hoy mantiene a Cuba, Bolivia y otros países más mientras el pueblo venezolano pasa trabajo y muchos viven en la más completa miseria. Las cosas no son como los europeos lo ven por desconocer la realidad venezolana. Desde lejos todo es muy bonito y hasta romántico, pero desde lejos. No más.
En el lugar de los hechos -Venezuela- las cosas no son ni bonitas ni románticas.

Carmen Guédez
ESCRITORA
Copyright©Carmen Guédez 2006

miércoles, 15 de noviembre de 2006

INFIDELIDAD MASCULINA

Lo único que logran las mujeres que se convierten en amantes de hombres casados es acumular una decepción más en sus vidas. Desde el principio de la relación ya llevan todas las de perder y, al llegar a la cama, lo pierden todo. Eso si es que alguna vez tuvieron algo.
Hoy, con los chat, la infidelidad crece como nunca y el drama comienza con el paso de lo virtual a lo real. No entienden los involucrados que ese tipo de relaciones -en exceso inseguras- debe quedarse en lo virtual y no pasar del monitor o de la popular cam. El error es salir de ese monitor e ir al face to face. Ese es el final de todo. Nada peor que intentar conocerse personalmente: alguna decepción produce el encuentro y la magia se pierde.
Hace poco una de esas mujeres que chatean conoció a un judío de apellido Weishelberg, nacido en Brasil, pero de origen polaco y radicado en Miami-Estados Unidos. Él viaja frecuentemente a Latinoamérica por asuntos de negocios de una compañía de publicidad con la que trabaja. Durante dos semanas estuvieron comunicándose a través del chat y él, con cierta frecuencia, la llamaba por teléfono. Ese “detalle” de las llamadas convence a cualquier mujer que no piensa en la trampa que le están tendiendo sino en el detallazo de alguien que -supuestamente- está pendiente de ella. Si hay algo cierto es que los judíos usan a las mujeres, como si fueran cosas, quizás más que otros hombres. Claro, siempre que ellas no sean judías. Son los hombres más infieles de la tierra y, a la vez, muy “apegados” a su familia hasta considerarla como lo más valioso que tienen en la vida. ¡Qué manera más contradictoria y rídicula de valorar a la familia y, muy particularmente, a la esposa! Cuando algo se valora el respeto es una norma.
Por fin llegó el día de la cita. Todas las reglas las puso él. Entre ellas estaba que la esposa lo llamaría al hotel donde él se hospedaría y la mujer que estuviera en su cuarto debía permanecer callada para que su esposa no se diera cuenta de que estaba acompañado. Cual esclava debía obedecer y digo yo, ¿en qué siglo vive esta mujer?
Hicieron el amor con la pasión -supongo- de lo prohibido y lo novedoso. De repente, él le pidió a su amante que se ducharan. Ella comprendió de inmediato que le estaba diciendo que ya todo había terminado y le sorprendió porque era temprano a pesar de ser de noche. Él argumentó con mucha suavidad -aunque de suave nada tenía tal petición- que se sentía más cómodo si ella se iba porque no quería que estuviera en la habitación cuando su esposa llamara. Le pidió, también, que le diera tiempo para acostumbrarse. Digamos que el hombre tiene sus “principios” en cuanto a la fidelidad y uno de esos es la no presencia de una amante mientras habla por teléfono con la "amada y respetada" esposa. Buena manera de lavarse la conciencia.
La mujer captó lo absurdo de tal petición y no espero a ducharse. Enseguida se vistió y se dispuso a salir. Ya en la puerta de la habitación él intentó detenerla, pero ella no estaba dispuesta a continuar en ese lugar. Desde el mismo momento en que él le dijo que se fuera por lo de la llamada conyugal, ella dejó de mirarlo y se fue sin volver a ver su rostro. No era de extrañar que estuviera asqueada. Caminó delante de él por el largo pasillo del hotel mientras pisaban la mullida moqueta. La verdad es que ella no quería volver a verle. No quería esas remembranzas de las que minutos antes él le hablaba. ¿Para qué?
Hay mujeres que -a pesar de los errores- tienen el orgullo como sello imborrable. Él bajó con ella por el elevador y estuvo a su lado en absoluto silencio mientras su ex amante -a partir de entonces- esperaba por un taxi en la puerta del lujoso hotel. No volteó ella a mirarle cuando el taxi echó a andar. Partió sin despedirse dejándolo a él desconcertado. Lo último que ella vio fue la mano de su ex cuando le pagaba al chófer. Era lo menos puesto que ni una frugal cena le obsequió. Apenas unas frutas, regalo del hotel, fue lo que ella comió. Tacaño el tío. Si cree que así se trata a una mujer está equivocado.
Ella hizo lo que tenía que hacer: ponerle fin inmediato a una equivocación. Era necesario un punto final a algo que no tenía sentido y que, desde ese mismo momento, debía pasar al olvido.
No puedo dejar de decir que lo que pasó se lo merecía con creces esa mujer porque no es noble ni correcto relacionarse con un hombre casado. Destruir a una familia no es un acto que enaltece a una mujer y estoy segura de que ese tipo de situaciones siempre lo termina sabiendo la esposa porque los hombres son muy torpes para esconder la infidelidad. Cuando eso sucede la amante es dejada a un lado.
Siempre vi a las amantes como unas pobres mujeres que se conforman con migajas y a las esposas las veo -no puedo evitarlo- con una lástima muy grande por engañadas casi siempre, o mínimo: perfectas candidatas al engaño. Será que tengo la ventaja de no ser esposa -hace tiempo lo fui, ya no- y por eso no corro riesgos. Prefiero la vida en pareja sin papeles que le hagan pensar a un hombre que soy su propiedad, o viceversa también.
El hombre infiel hace daño a la esposa y a la amante y a ninguna la respeta porque él es egoísta y sólo piensa en sí mismo. La esposa y la amante están ahí para ser usadas a su conveniencia y antojo. A cada una le reserva un día y una hora para satisfacerse y no para satisfacerlas. Son ellas las que están a su servicio.
El estado de culpa que un hombre casado siente no es más que una espinita que lo incomoda y si le molesta es sólo porque él quiere estar cómodo. No es un asunto de moral o principios. Nada más lejos de eso.
Echar a la amante de su cuarto era lo de menos para este judío infiel, siempre y cuando eso le diera paz al momento de recibir la llamada de su esposa. Las reglas nunca estuvieron claras de parte suya. Su amante -él lo suavizaba llamándola novia- sabía muy bien -porque ya él se lo había advertido- que su esposa llamaría y, a pesar de lo incómodo de la situación, ella estaría obligada a soportar en silencio(¡qué mujer tan tonta!). Lo que él nunca le dijo es que no la quería dentro de la habitación cuando su esposa llamara. Si se lo hubiera dicho, ella no hubiera acudido al hotel donde él se hospedaba porque, en el fondo, nunca confió del todo en él y no se equivocó. El día acordado para la cita dudo en ir o no. Es una mujer que presiente las cosas y posee una intuición que nunca le falla. Digamos que su capacidad de análisis la lleva a eso que comúnmente se llama intuición, pero que es sólo capacidad para analizar y llegar a conclusiones exactas.
No sé si al salir ella del cuarto -para dejarlo a solas con la llamada de la engañada esposa- se eliminó ese olor a sexo que impregnó a la habitación. Ignoro si el excesivo sudor, producto del ejercicio sexual desbocado, desapareció por arte de magia del cuerpo del judío. Tampoco sé si el recuerdo de una amante complaciente sexualmente -open mind- se borró. Mucho menos puedo saber si desapareció el olor a semen que debió quedar en la cama y tampoco sé si él logró, con la urgencia del caso, eliminar de su conciencia los recuerdos de lo que acababa de pasar. Si logró algo entonces valió la pena que la amante se marchara porque al hacerlo debió -eso está por verse- eliminar ese estado de culpa de un hombre con el que nunca más volverá a ser participe en sus proyectos de infidelidad. Que participen otras y esas sobran. Eso sí: él está en la obligación de aclararles que, cual cenicientas, deben abandonar la habitación antes de que el reloj dé las 12... digo, antes de que el teléfono suene a las 12 de la medianoche. Sólo así no hay esposa engañada. Eso cree él. ¡Qué considerado!
Para un judío la parte social y el qué dirán es muy importante. Algunos de ellos no están preparados para la infidelidad porque ésta agota. Él decía que no se sentiría agotado porque ya la había vivido en dos oportunidades anteriores. No obstante, no estaba en condiciones de enfrentarse a un engaño a pesar de esgrimir la eterna queja masculina: “No tengo buen sexo con mi esposa. En lo demás nos llevamos muy bien” Y qué será lo demás para llevarse bien y tener un matrimonio happy: ¿ir de shopping juntos? ¿Ir a reuniones sociales? ¿Compartir en familia los fines de semana? ¿Ir a cenar? ¿Ir a escuchar, juntitos los dos, a una cantante brasileña? ¡Todo perfecto… menos el sexo! Y yo que pensaba que el sexo era algo indispensable en una relación de pareja. Desinformada yo y hasta se me puede señalar como enferma sexual por incluir al sexo -al buen sexo- en la felicidad conyugal.
Lo de esta pareja es, para muchos, un feliz matrimonio, pero no es eso lo que quieren las mujeres que están claras con su sexualidad abierta y sin ningún tipo de tabú y, además, están clarísimas con todo lo que tiene que ver con su vida privada y profesional. Allá las pobres mujeres conformistas. Son esas las que aguantan a un marido como el de esta historia absolutamente real, aunque Ud. no lo crea.
La relación entre esa mujer y el judío fue de debut y despedida, principio y fin en una sola noche, final sin retorno. Algo que no tenía sentido ni asidero. Algo que pasa todos los días. Un error lamentable.
Ella terminó con mucha rabia consigo misma. Sólo tenía la certeza de que ya todo había perdido la razón de ser y que no había marcha atrás con ese hombre que se creía irresistible. Quizás antes ninguna mujer lo dejó y fue él quien dejó a una, o a muchas, pero siempre hay una primera vez y no había contado con ser abandonado sin un adios ni un hasta luego. Subestimó a una mujer latina y, por muchas razones, éstas son de armas tomar.
Quizás él no se ha percatado de que la infidelidad femenina ya está a la par de la masculina y que las esposas de los hombres que se ausentan con frecuencia -como en su caso- ocupan hoy el primer lugar de infidelidad pues ellas no soportan el abandono constante del esposo y por un “por si acaso me traiciona” ella se le adelanta. Lo que es igual no es trampa e Internet está en la casa mientras él está ausente. Y con Internet la tentación de buscar una aventura o una salida a la vida monótona del matrimonio de la que ni hombres ni mujeres escapan. Hay gente que todavía no ha entendido que la igualdad hombre-mujer lo abarca todo, incluso el sexo.
Les recomiendo leer un post publicado el 24-03-06 y que titulé INFIDELIDAD VIRTUAL. Den clic y léanlo. Es especial para hombres infieles, esos seres detestables que abundan en la red más que en el mundo real. Investiguen y verán. Yo sólo cumplo con alertarlos.
Esta historia es de un judío porque fue el protagonista de esta infidelidad propia de hombres que viajan mucho. Bien pudo ser un hombre de otra religión, raza o posición politica. Únicamente me limito a contar lo que sucedió y no es el primer caso que conozco de judíos. Sé de casos peores. No es nada personal, pero con tanto fanatismo religioso no sé qué pensar de esa especie y, como no oculto nada, ¿por qué no dar a conocer esta historia?

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com

Copyright©Carmen Guédez 2006

NOTA: El mismo día de su publicación este post fue acusado de antisemita. Ya me pronunciaré al respecto.

A RONALD Y A ALEJANDRO

Gracias a ambos por incentivarme a retomar este blog. Agradecida por sus reclamos porque así me sacan de este letargo que es lo más parecido a la muerte de la palabra de un autor.
Ya se había sorprendido Alejandro Muñoz -a quien un médico lo obligó a que le sobrara el tiempo- al entrar a este espacio y no encontrar nada nuevo. Por su parte, Ronald tiene toda la razón al decir que alguien que visita un blog y se percata de que no hay nuevas publicaciones no regresa a leerlo. Se pierde un lector.
Para mí misma esgrimí excusas que no son ciertas. Asomé mi menguado tiempo ocupada en mi trabajo, pero la única verdad es que después de la partida de Ricardo Báez Duarte, en mayo de este año, me desencanté de este espacio. De Ricardo hay mucha información en Google y otros buscadores. Intelectual, artista plástico, excelente fotógrafo, matemático y experto en informática -además de una formación muy rica y de una amabilidad fuera de serie- fue Ricardo el creador de TINTA INDELEBLE luego que el periódico venezolano EL UNIVERSAL me censurará en septiembre del 2004. Cierto que siempre fui la única que escribió en este blog, pero había una magia, un no sé qué con la presencia de Ricardo. Lamentablemente esa magia -ese no sé qué que nos hizo tan inseparables- se rompió con la aparición de Luis José Itriago, médico gastroenterólogo muy amigo de Ricardo que me trató de la manera más humillante que un médico puede tratar a un paciente. Amigo de Luis José Itriago desde la infancia, Ricardo no quiso hablar del tema y ahí murió esa relación entre nosotros que había sido entrañable.
No pude perdonar al amigo que olvido esa solidaridad que siempre me brindó. No entendió Ricardo mi dolor a pesar de que estaba muy al tanto de todo lo que acontecía con mi salud y la cantidad de mala praxis médica que había acumulado -y sigo acumulando- desde que enfermé en España. Por primera, y última vez, mi amigo me falló y no tuve la humildad para perdonarlo. Fui muy dura con él y la verdad es que, en nombre de tantas cosas buenas, debí hacer caso omiso a lo sucedido y no perder a uno de los mejores amigos que he tenido. Hasta mis hijas me pidieron que reconsiderara mi posición, mas no pude -ni quise hacerlo- y con mucho dolor me alejé de él. Hoy me arrepiento, pero es muy tarde. Lo único que puedo, y quiero hacer, es reconocer públicamente mi error porque de Ricardo recibí mucho y un impasse en el que él no estaba directamente involucrado no era motivo suficiente para alejarnos.
Pudiera inventar otra historia menos personal y menos melancólica, pero hace tiempo que no oculto mis tristezas ni mis dolores ante nadie. Tampoco quisiera irme de este mundo sin pedir discupas por mis errores, que son muchos puesto que soy humana. Aprovecho este don de saberme expresar para decir ahora lo que siento y no dejarlo para cuando sea tarde. Este es un blog de verdades y no de falsa felicidad. Tengo miles de razones para ser feliz y otras miles para no serlo. Sólo que lo asumo y no lo escondo, ¿para qué? De hipócritas y mentirosos está lleno el mundo y no quiero ingresar en sus filas, menos ahora que mi vida está llena de puntos suspensivos y signos de interrogación.
Desde la partida de Ricardo Báez Duarte no sentí este blog como algo mío y estuve a punto de cerrarlo y salir con uno nuevo, pero TINTA -como cariñosamente lo llamo- ya era conocido y empezar de nuevo era una dura tarea. Sin embargo, mis post se fueron distanciando. Sólo desde el lunes 13-11-06 y, muy particularmente desde anoche, tengo conciencia de que una bitácora es algo de todos los días y no algo de lo que una se ocupa de vez en cuando. Un blog quita tiempo y no es un juego. No si quien lo escribe lo hace como parte de un oficio y hoy bloguear lo es. Al menos en Europa un buen blog es muy tomado en cuenta y hasta nos hemos organizado. La amistad entre blogueros es algo ya normal. Somos colegas de oficio que usamos el ordenador para algo más que chatear o enviar e-mails. Las horas que estamos dándole al teclado son horas útiles y no simple ocio como piensan algunos.
Me siento obligada a encontrar las ganas de seguir sin la sombra de Ricardo rondando estas páginas como si fuera un fantasma. Dependí mucho de él y luego pude demostrarme a mí misma que yo podía sola. Después de todo él fue mi maestro en esto de los blog y bastante me enseñó. Pero no fue esa dependencia lo que determinó mi alejamiento de este site. Fue el extrañar al amigo y esa esgrima verbal -como diría Ronald- brillante y llena de humor que había entre Ricardo y yo constantemente. ¡Cómo recuerdo aquellos días en que nos mándabamos un e-mail trás otro! Ambos trabajamos gran parte del día frente a un monitor y nuestros correos están abiertos siempre. Cuando mi hija me escuchaba reír sabía que era por Ricardo. ¡Y vaya que lo era!
Debo asimilar que fueron mis textos -y mi arduo trabajo para divulgarlos- los que le dieron el éxito a este espacio y que la vida sigue aun con los que ya no están. Sólo así este espacio no estará condenado a la muerte.
De nuevo, gracias a Ronald por hacer que me percatara de mi error y a Alejandro porque desde su invalidez física -no más de eso- extrañó mi pluma y me lo expresó. Ambos me han hecho un gran favor y esos reclamos se agradecen porque valen la pena.
Jamás dejaré de reconocer que Ricardo Báez Duarte es el padre de este blog y Margarita -su esposa- fue quien lo bautizó como TINTA INDELEBLE. Como un homenaje a esa amistad este blog debe continuar, a pesar de los pesares.

Carmen Guédez
ESCRITORA