domingo, 24 de diciembre de 2006

Fidel Castro depende de la medicina de los países del primer mundo, no de la cubana y menos de la venezolana

Un cirujano español viaja a Cuba para atender a Castro
El jefe del servicio de cirugía del hospital público Gregorio Marañón examinará a Fidel Castro «con la intención de ver si puede operarle». Eso si es que está vivo, añado yo.
La enfermedad impide a Fidel Castro recibir a su amigo García Márquez


Noticia tomada del periódico LA VOZ DE GALICIA (24-12-06)


(Firma: Agencias Lugar: Madrid)
El jefe del servicio de cirugía del hospital público Gregorio Marañón, José Luis García Sabrido, ha viajado a Cuba para examinar a Fidel Castro «con la intención de ver si puede operarle», dijeron fuentes médicas. La fuentes añadieron que desde el inicio de su enfermedad la Comunidad de Madrid, a cuya red pública pertenece el citado hospital, está enviando medicamentos para tratar a Castro, que cuenta actualmente con 80 años de edad. También indicaron que en el caso de que se produjera la intervención «es probable» que la Comunidad de Madrid tenga que enviar material e instrumental. Según publica hoy El Periódico, el médico García Sabrido viajó el jueves a Cuba en un avión fletado por el Gobierno de La Habana y de las gestiones previas para concertar la vista, así como de la planificación del viaje se ocupó la embajada de Cuba en España. El pasado 31 de julio se anunció oficialmente que Fidel Castro estaba enfermo.
CARMEN GUÉDEZ
Escritora
Copyright©Carmen Guédez 2006

1 comentario:

Vagabundo dijo...

MADRID-LA HABANA: ENCARNIZAMIENTO TERAPÉUTICO
www.pensamientovagabundo.blogspot.com

Realicé la especialidad en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el antiguo Provincial -y menos antiguo Generalísimo Franco, como muchos de los pacientes de mayor edad aún le denominan. Los recuerdos de la etapa de residente son para un médico los más duraderos, y tengo entre los míos haber estado integrado en la monumental y caótica mole del mayor hospital de Europa, mastodonte dubitativo y en constante cambio. Por eso me viene ahora a la memoria cómo las políticas internas del Hospital siempre estuvieron vinculadas a obtener el plácet de los políticos “provinciales” (incluso antes de asumirse por las Autonomías las transferencia de la Sanidad, pues el Provincial no dependió nunca del INSALUD, sino de la Diputación de Madrid y luego de la Comunidad Autonómica), y que la politización del Centro era de una variante más pragmática que ideológica. El ejercicio de la Medicina allí siempre estuvo amenizado por las pequeñas ambiciones, que eran el origen de una política patatera; en mis últimos años en el Hospital las guerras entre los diferentes Servicios y dentro de los mismos eran libradas siempre con la vista puesta en la Consejería.

García Sabrido, buen cirujano, estaba adscrito a la facción socialista del Hospital, como uno de los pocos leales a muerte a Sabando, último Consejero de Sanidad del PSOE. Creo que es plausible imaginar que haya sido la recomendación de Felipe González, que hacía llamar a Monclóa con frecuencia a los especialistas del Marañón más afines, la más determinante en la elección de Sabrido por parte de la Inteligencia Cubana como cirujano de máxima confianza para una intervención que ya no se prevé que sea mucho más que un embalsamamiento. Nuestro hombre en la Habana tendrá por delante un difícil papelón del que no puede salir más que escaldado. Ninguna decisión médica puede estar basada en la ética médica en medio del akelarre de la nomenclatura cubana, y no parece que al especialista le vaya a ser permitido sugerir un abordaje simplemente paliativo para tan terminal enfermo: no ha sido llevado a Cuba para eso. En esta hora, mucho más útil que su trayectoria de cirujano ha de serle su habilidad para la intriga -en la que tan ducho ha de ser todo jefe de servicio del Marañón- cuando tenga que desenvolverse entre las camarillas del Partido y toda decisión clínica tenga primero que superar el entramado de obstáculos que forman la obediencia castrense, las ambiciones soterradas, los odios intestinos, y el insuperable miedo a un futuro sin Jefe o a un Jefe sin futuro.