jueves, 14 de diciembre de 2006

El RICO PINOCHET



Como yo no tengo una cuantiosa ni mediana fortuna, asumo -ingenuamente- que quien la posee algo se lleva cuando fallece. Por eso miro por los rincones visibles de la caja donde depositaron el cadáver de Pinochet y, a través del cristal que muestran las fotografías, no veo nada.
- ¿Será que el dinerillo y algunas de sus tantas joyas -robadas o ganadas con el sudor de su frente- están en esa parte de la urna que no podemos ver?
- ¿Tendrá su féretro un doble fondo?
- ¿Su viuda no quiso que se llevara nada?
- ¿Donó Pinochet a los familiares de la gente que asesinó lo que pensaba llevarse al más allá en un último acto de arrepentimiento?
- ¿Estará algún tesoro escondido en la mullida almohada donde descansa su cabeza? ¡Qué eterna incomodidad para el dictador!

Cualquier cosa se puede pensar sobre el rico Pinochet, ahora pobre como tantos, despojado de bienes materiales como usted o como yo, convertido en polvo que nada vale. Tan polvo como sus víctimas. ¡Quién lo iba a creer!
Llegó a su fin la riqueza y la buena vida, Augusto.
Así es la muerte.

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2006

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