lunes, 25 de diciembre de 2006

EL CIRUJANO ESPAÑOL, GARCÍA SABRIDO, VIAJÓ A CUBA PARA EMBALSAMAR A FIDEL CASTRO Y ORQUESTAR INTRIGAS

Los 25 de diciembre muchos se levantan tarde como merecido descanso al trasnocho de la noche anterior. Yo preferí dormir menos y revisar mis correos como lo hago todos los días. Mi sorpresa fue inmensa cuando, al abrir este blog, encontré un comentario en respuesta a lo que publiqué ayer 24, ya bastante avanzada la tarde: FIDEL CASTRO DEPENDE DE LA MEDICINA DE LOS PAÍSES DEL PRIMER MUNDO, NO DE LA CUBANA Y MENOS DE LA VENEZOLANA
Lo que me sorprendió fue la inmediatez con la que me envió un comentario un médico que trabajó en el hospital Gregorio Marañón (Madrid) y que conoce al cirujano José Luis García Sabrido, el mismo que fue enviado a Cuba desde España para intentar “operar” a Fidel Castro.
Me sorprendió esa inmediatez tomando en cuenta que me escribe un 25 de diciembre, día de reunión familiar y no de estar frente al ordenador escribiendo post y comentarios. Sin embargo, este médico debe pensar como yo: el enfermo -¿o muerto?- de La Habana no puede esperar y por eso hay que ocuparse de él con rapidez aunque sea a través del teclado.
A continuación reproduzco textualmente su comentario que viene a ser un post que él publica en su blog
PENSAMIENTO VAGABUNDO al que pueden acceder para comprobar la veracidad de lo que aquí escribo y se percaten de que no soy la única que ve en Fidel Castro a un ex líder y un ex mandatario. Muerto o no, sólo lo percibo como un cadáver.
Los dejo con el comentario de este médico a quien le agradezco profundamente me envíe su correo electrónico a mi correo:
tintaindeleble@gmail.com – Supongo que tenemos mucho que decirnos vía e-mail.

1 comentario
Vagabundo dijo...
MADRID-LA HABANA: ENCARNIZAMIENTO TERAPÉUTICO

Realicé la especialidad en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el antiguo Provincial -y menos antiguo Generalísimo Franco, como muchos de los pacientes de mayor edad aún le denominan. Los recuerdos de la etapa de residente son para un médico los más duraderos, y tengo entre los míos haber estado integrado en la monumental y caótica mole del mayor hospital de Europa, mastodonte dubitativo y en constante cambio. Por eso me viene ahora a la memoria cómo las políticas internas del Hospital siempre estuvieron vinculadas a obtener el plácet de los políticos “provinciales” (incluso antes de asumirse por las Autonomías las transferencia de la Sanidad, pues el Provincial no dependió nunca del INSALUD, sino de la Diputación de Madrid y luego de la Comunidad Autonómica), y que la politización del Centro era de una variante más pragmática que ideológica. El ejercicio de la Medicina allí siempre estuvo amenizado por las pequeñas ambiciones, que eran el origen de una política patatera; en mis últimos años en el Hospital las guerras entre los diferentes Servicios y dentro de los mismos eran libradas siempre con la vista puesta en la Consejería. García Sabrido, buen cirujano, estaba adscrito a la facción socialista del Hospital, como uno de los pocos leales a muerte a Sabando, último Consejero de Sanidad del PSOE. Creo que es plausible imaginar que haya sido la recomendación de Felipe González, que hacía llamar a Monclóa con frecuencia a los especialistas del Marañón más afines, la más determinante en la elección de Sabrido por parte de la Inteligencia Cubana como cirujano de máxima confianza para una intervención que ya no se prevé que sea mucho más que un embalsamamiento. Nuestro hombre en la Habana tendrá por delante un difícil papelón del que no puede salir más que escaldado. Ninguna decisión médica puede estar basada en la ética médica en medio del akelarre de la nomenclatura cubana, y no parece que al especialista le vaya a ser permitido sugerir un abordaje simplemente paliativo para tan terminal enfermo: no ha sido llevado a Cuba para eso. En esta hora, mucho más útil que su trayectoria de cirujano ha de serle su habilidad para la intriga -en la que tan ducho ha de ser todo jefe de servicio del Marañón- cuando tenga que desenvolverse entre las camarillas del Partido y toda decisión clínica tenga primero que superar el entramado de obstáculos que forman la obediencia castrense, las ambiciones soterradas, los odios intestinos, y el insuperable miedo a un futuro sin Jefe o a un Jefe sin futuro.

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2006

No hay comentarios: