martes, 28 de noviembre de 2006

YO, ANTISEMITA

Desde el primer día de la publicación de mi post titulado INFIDELIDAD MASCULINA fui acusada por algunos judíos de antisemita y, en una nota que coloqué al final de ese post, dije que me pronunciaría al respecto. Hoy cumplo mi palabra y escribo sobre esa acusación -o como la quieran llamar- si es que desean que parezca más suave aunque eso no le quite ese barniz de acusación o intolerancia de quien se ve al descubierto.
Una avalancha de e-mails trajo como consecuencia ese post. La mayoría de esos e-mails son en un tono amenazante o de insulto y yo los ignoro. El vocabulario que usan es muy vulgar. Les respondería si escribieran en un lenguaje mordaz que sólo lo logran los inteligentes. Si los que envían esos e-mail son judíos, poco me importa y miedo no les tengo. Para mí no son más que unos fanáticos que miran a los demás por encima del hombro y valoran más lo material que lo espiritual. Al menos en sus e-mails demuestran un nivel intelectual muy pobre porque no es lo que se escribe sino cómo se escribe y hay ironías muy finas que hieren más que una puñalada. Esa ironía no la tienen ellos porque la ironía es un arte.
En INFIDELIDAD MASCULINA me limité a narrar un hecho real ya que no soporto la hipocresía de estos seres que oran cuando van a comer, oran los sábados en una cena familiar, oran en la mañana, hacen ayunos y practican una serie de ritos -en los que no soy experta- para luego salir con ese tipo de hipocresías como la que narro en ese post. Y, de paso, se declaran monoteístas. Monoteístas sí, pero con sus mujeres judías. Fuera de ellas, ¡cómo les gusta la infidelidad!
Conozco un caso en Caracas-Venezuela donde un judío tiene sexo con niñas y con la esposa de uno de sus dos choferes. Toda una aberración y un abuso basado en el poder económico y las necesidades y miserias de mujeres y niñas, todas ignorantes y él lo sabe y por eso abusa. Eso sí: todas las mañanas, muy temprano, ese judío va a la sinagoga y los sábados no sale en coche ni trabaja atendiendo a los preceptos de su religión. Sobre él tengo mucha información porque le hice un trabajo en el año 2002 y eso me dio la oportunidad de conocerlo muy bien y fue así como me enteré de muchas cosas oscuras de ese señor "respetable". Sin embargo, no
puedo denunciarlo a pesar de que ganas nunca me han faltado. Empezando porque, con el poder económico tan grande que tiene, puede comprar a jueces y policías. De todas maneras, en otro post narraré TODO lo que yo sé y con eso -si hay voluntad- la policía puede iniciar una investigación. ¡Qué bueno sería!
Si colocan el apellido Weishelberg en GOOGLE -posiblemente en YAHOO y en otros buscadores también- ya mi narración aparece ahí y cabe la posibilidad de que la esposa lo descubra todo.
Ya coloqué su apellido -Weishelberg- y dije que era nacido en Brasil, radicado en Miami y dedicado a la publicidad. Como los judíos son tan inteligentes y todos se conocen, que completen la información con esos datos y lo sometan al castigo que, supongo, existe para esos casos y que ese hombre se merece por haber roto sus normas respecto al monoteísmo, pero que no la paguen conmigo que no soy la que ha roto normas. Ni su religión, ni ninguna otra, me obligan a no revelar secretos o a quedarme con una información.
Ese post gustó tanto que fue leído por muchas personas y el contador de mi blog bajó sus números colocándome en un puesto más favorecedor al que estaba antes de ese post, favor que debo a los judíos y, muy especialmente, al señor Weishelberg.
Seguramente ese judío infiel limpió su conciencia enviándole flores a su esposa (eso lo hacen todos los hombres), obsequiándole alguna joya, llevándola a cenar y luego haciendo el amor con ella mientras recordaba su aventura en el tercer mundo con una mujer open mind con más creatividad en la cama que la aburrida judía con la que convive. Al día siguiente -como un buen padre y esposo- lo más seguro es que haya preparado el desayuno para los hijos y su sumisa Nora -la de Casa de Muñecas, de Henrik Ibsen- y así se demostró a sí mismo que lo más valioso que tiene en la vida es su familia, ¡pero que falta le hace una mujer extra que lo haga sentirse bien sexualmente!
Les sugiero a los judíos que asuman su hipocresía y respeten a las mujeres -sean esposas o no- pero que no pidan consideración y respeto cuando ellos no lo practican. Y, si en verdad hay un castigo, que lo pongan en práctica para que den ejemplo de moral y rectitud. No es a mí a quien deben atacar. Que revisen sus conciencias a ver si están limpias o cubiertas de ese oro que tanto adoran y por el que se dejarían matar. Lo demostraron en la época de Hitler al huír llevándose el oro cuando sus vidas valían más.
Si por decir la verdad me acusan de antisemita, pues lo soy y no me afecta. Soy irreverente e indomable y nunca me callo ante las injusticias y los ataques sin fundamento. No olviden eso si me quieren seguir atacando. Tengan la certeza de que continuaré diciendo la verdad.
Ustedes, señores judíos, tienen el poder económico, pero yo tengo el poder de Internet y sé usar la pluma con un lenguaje cáustico, nada conveniente para vosotros.

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2006

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