miércoles, 15 de noviembre de 2006

INFIDELIDAD MASCULINA

Lo único que logran las mujeres que se convierten en amantes de hombres casados es acumular una decepción más en sus vidas. Desde el principio de la relación ya llevan todas las de perder y, al llegar a la cama, lo pierden todo. Eso si es que alguna vez tuvieron algo.
Hoy, con los chat, la infidelidad crece como nunca y el drama comienza con el paso de lo virtual a lo real. No entienden los involucrados que ese tipo de relaciones -en exceso inseguras- debe quedarse en lo virtual y no pasar del monitor o de la popular cam. El error es salir de ese monitor e ir al face to face. Ese es el final de todo. Nada peor que intentar conocerse personalmente: alguna decepción produce el encuentro y la magia se pierde.
Hace poco una de esas mujeres que chatean conoció a un judío de apellido Weishelberg, nacido en Brasil, pero de origen polaco y radicado en Miami-Estados Unidos. Él viaja frecuentemente a Latinoamérica por asuntos de negocios de una compañía de publicidad con la que trabaja. Durante dos semanas estuvieron comunicándose a través del chat y él, con cierta frecuencia, la llamaba por teléfono. Ese “detalle” de las llamadas convence a cualquier mujer que no piensa en la trampa que le están tendiendo sino en el detallazo de alguien que -supuestamente- está pendiente de ella. Si hay algo cierto es que los judíos usan a las mujeres, como si fueran cosas, quizás más que otros hombres. Claro, siempre que ellas no sean judías. Son los hombres más infieles de la tierra y, a la vez, muy “apegados” a su familia hasta considerarla como lo más valioso que tienen en la vida. ¡Qué manera más contradictoria y rídicula de valorar a la familia y, muy particularmente, a la esposa! Cuando algo se valora el respeto es una norma.
Por fin llegó el día de la cita. Todas las reglas las puso él. Entre ellas estaba que la esposa lo llamaría al hotel donde él se hospedaría y la mujer que estuviera en su cuarto debía permanecer callada para que su esposa no se diera cuenta de que estaba acompañado. Cual esclava debía obedecer y digo yo, ¿en qué siglo vive esta mujer?
Hicieron el amor con la pasión -supongo- de lo prohibido y lo novedoso. De repente, él le pidió a su amante que se ducharan. Ella comprendió de inmediato que le estaba diciendo que ya todo había terminado y le sorprendió porque era temprano a pesar de ser de noche. Él argumentó con mucha suavidad -aunque de suave nada tenía tal petición- que se sentía más cómodo si ella se iba porque no quería que estuviera en la habitación cuando su esposa llamara. Le pidió, también, que le diera tiempo para acostumbrarse. Digamos que el hombre tiene sus “principios” en cuanto a la fidelidad y uno de esos es la no presencia de una amante mientras habla por teléfono con la "amada y respetada" esposa. Buena manera de lavarse la conciencia.
La mujer captó lo absurdo de tal petición y no espero a ducharse. Enseguida se vistió y se dispuso a salir. Ya en la puerta de la habitación él intentó detenerla, pero ella no estaba dispuesta a continuar en ese lugar. Desde el mismo momento en que él le dijo que se fuera por lo de la llamada conyugal, ella dejó de mirarlo y se fue sin volver a ver su rostro. No era de extrañar que estuviera asqueada. Caminó delante de él por el largo pasillo del hotel mientras pisaban la mullida moqueta. La verdad es que ella no quería volver a verle. No quería esas remembranzas de las que minutos antes él le hablaba. ¿Para qué?
Hay mujeres que -a pesar de los errores- tienen el orgullo como sello imborrable. Él bajó con ella por el elevador y estuvo a su lado en absoluto silencio mientras su ex amante -a partir de entonces- esperaba por un taxi en la puerta del lujoso hotel. No volteó ella a mirarle cuando el taxi echó a andar. Partió sin despedirse dejándolo a él desconcertado. Lo último que ella vio fue la mano de su ex cuando le pagaba al chófer. Era lo menos puesto que ni una frugal cena le obsequió. Apenas unas frutas, regalo del hotel, fue lo que ella comió. Tacaño el tío. Si cree que así se trata a una mujer está equivocado.
Ella hizo lo que tenía que hacer: ponerle fin inmediato a una equivocación. Era necesario un punto final a algo que no tenía sentido y que, desde ese mismo momento, debía pasar al olvido.
No puedo dejar de decir que lo que pasó se lo merecía con creces esa mujer porque no es noble ni correcto relacionarse con un hombre casado. Destruir a una familia no es un acto que enaltece a una mujer y estoy segura de que ese tipo de situaciones siempre lo termina sabiendo la esposa porque los hombres son muy torpes para esconder la infidelidad. Cuando eso sucede la amante es dejada a un lado.
Siempre vi a las amantes como unas pobres mujeres que se conforman con migajas y a las esposas las veo -no puedo evitarlo- con una lástima muy grande por engañadas casi siempre, o mínimo: perfectas candidatas al engaño. Será que tengo la ventaja de no ser esposa -hace tiempo lo fui, ya no- y por eso no corro riesgos. Prefiero la vida en pareja sin papeles que le hagan pensar a un hombre que soy su propiedad, o viceversa también.
El hombre infiel hace daño a la esposa y a la amante y a ninguna la respeta porque él es egoísta y sólo piensa en sí mismo. La esposa y la amante están ahí para ser usadas a su conveniencia y antojo. A cada una le reserva un día y una hora para satisfacerse y no para satisfacerlas. Son ellas las que están a su servicio.
El estado de culpa que un hombre casado siente no es más que una espinita que lo incomoda y si le molesta es sólo porque él quiere estar cómodo. No es un asunto de moral o principios. Nada más lejos de eso.
Echar a la amante de su cuarto era lo de menos para este judío infiel, siempre y cuando eso le diera paz al momento de recibir la llamada de su esposa. Las reglas nunca estuvieron claras de parte suya. Su amante -él lo suavizaba llamándola novia- sabía muy bien -porque ya él se lo había advertido- que su esposa llamaría y, a pesar de lo incómodo de la situación, ella estaría obligada a soportar en silencio(¡qué mujer tan tonta!). Lo que él nunca le dijo es que no la quería dentro de la habitación cuando su esposa llamara. Si se lo hubiera dicho, ella no hubiera acudido al hotel donde él se hospedaba porque, en el fondo, nunca confió del todo en él y no se equivocó. El día acordado para la cita dudo en ir o no. Es una mujer que presiente las cosas y posee una intuición que nunca le falla. Digamos que su capacidad de análisis la lleva a eso que comúnmente se llama intuición, pero que es sólo capacidad para analizar y llegar a conclusiones exactas.
No sé si al salir ella del cuarto -para dejarlo a solas con la llamada de la engañada esposa- se eliminó ese olor a sexo que impregnó a la habitación. Ignoro si el excesivo sudor, producto del ejercicio sexual desbocado, desapareció por arte de magia del cuerpo del judío. Tampoco sé si el recuerdo de una amante complaciente sexualmente -open mind- se borró. Mucho menos puedo saber si desapareció el olor a semen que debió quedar en la cama y tampoco sé si él logró, con la urgencia del caso, eliminar de su conciencia los recuerdos de lo que acababa de pasar. Si logró algo entonces valió la pena que la amante se marchara porque al hacerlo debió -eso está por verse- eliminar ese estado de culpa de un hombre con el que nunca más volverá a ser participe en sus proyectos de infidelidad. Que participen otras y esas sobran. Eso sí: él está en la obligación de aclararles que, cual cenicientas, deben abandonar la habitación antes de que el reloj dé las 12... digo, antes de que el teléfono suene a las 12 de la medianoche. Sólo así no hay esposa engañada. Eso cree él. ¡Qué considerado!
Para un judío la parte social y el qué dirán es muy importante. Algunos de ellos no están preparados para la infidelidad porque ésta agota. Él decía que no se sentiría agotado porque ya la había vivido en dos oportunidades anteriores. No obstante, no estaba en condiciones de enfrentarse a un engaño a pesar de esgrimir la eterna queja masculina: “No tengo buen sexo con mi esposa. En lo demás nos llevamos muy bien” Y qué será lo demás para llevarse bien y tener un matrimonio happy: ¿ir de shopping juntos? ¿Ir a reuniones sociales? ¿Compartir en familia los fines de semana? ¿Ir a cenar? ¿Ir a escuchar, juntitos los dos, a una cantante brasileña? ¡Todo perfecto… menos el sexo! Y yo que pensaba que el sexo era algo indispensable en una relación de pareja. Desinformada yo y hasta se me puede señalar como enferma sexual por incluir al sexo -al buen sexo- en la felicidad conyugal.
Lo de esta pareja es, para muchos, un feliz matrimonio, pero no es eso lo que quieren las mujeres que están claras con su sexualidad abierta y sin ningún tipo de tabú y, además, están clarísimas con todo lo que tiene que ver con su vida privada y profesional. Allá las pobres mujeres conformistas. Son esas las que aguantan a un marido como el de esta historia absolutamente real, aunque Ud. no lo crea.
La relación entre esa mujer y el judío fue de debut y despedida, principio y fin en una sola noche, final sin retorno. Algo que no tenía sentido ni asidero. Algo que pasa todos los días. Un error lamentable.
Ella terminó con mucha rabia consigo misma. Sólo tenía la certeza de que ya todo había perdido la razón de ser y que no había marcha atrás con ese hombre que se creía irresistible. Quizás antes ninguna mujer lo dejó y fue él quien dejó a una, o a muchas, pero siempre hay una primera vez y no había contado con ser abandonado sin un adios ni un hasta luego. Subestimó a una mujer latina y, por muchas razones, éstas son de armas tomar.
Quizás él no se ha percatado de que la infidelidad femenina ya está a la par de la masculina y que las esposas de los hombres que se ausentan con frecuencia -como en su caso- ocupan hoy el primer lugar de infidelidad pues ellas no soportan el abandono constante del esposo y por un “por si acaso me traiciona” ella se le adelanta. Lo que es igual no es trampa e Internet está en la casa mientras él está ausente. Y con Internet la tentación de buscar una aventura o una salida a la vida monótona del matrimonio de la que ni hombres ni mujeres escapan. Hay gente que todavía no ha entendido que la igualdad hombre-mujer lo abarca todo, incluso el sexo.
Les recomiendo leer un post publicado el 24-03-06 y que titulé INFIDELIDAD VIRTUAL. Den clic y léanlo. Es especial para hombres infieles, esos seres detestables que abundan en la red más que en el mundo real. Investiguen y verán. Yo sólo cumplo con alertarlos.
Esta historia es de un judío porque fue el protagonista de esta infidelidad propia de hombres que viajan mucho. Bien pudo ser un hombre de otra religión, raza o posición politica. Únicamente me limito a contar lo que sucedió y no es el primer caso que conozco de judíos. Sé de casos peores. No es nada personal, pero con tanto fanatismo religioso no sé qué pensar de esa especie y, como no oculto nada, ¿por qué no dar a conocer esta historia?

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com

Copyright©Carmen Guédez 2006

NOTA: El mismo día de su publicación este post fue acusado de antisemita. Ya me pronunciaré al respecto.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Carmen, mi marido me es infiel con una judía ortodoxa, casada, con 5 hijos que conoció a través de Facebook.
Yo conidero que las judías no son santas al igual que las cristianas, nadie es santo, pero nadie comprende la infidelidad que existe a través de la red, porque me parece peor la infidelidad del alma que del cuerpo.

Anónimo dijo...

mi marido me fue infiel y lo agarre me negaba todo como buen estafador , estafo mi confianza, ya pasaron los años y es muy dificil de perdonar siempre surgen dudas y nunca mas confias pero las heridas van cicatrizando pero nunca sanan del todo, nadie puede esperar esto de alguien que quiere sientes que un puñal te atravezo la espalda y la desolacion te va carcomiendo es muy feo pero bueno a veces no queres tirar todo por la borda pero la realidad es que nunca la relacion es la misma y en tu corazon queda clavada una espina, nunca te la vas a poder quitar yo ya no doy mi vida por el esa es la realidad me hizo sufrir mucho, mucho,mucho y ahora pienso en mi despues esn mis hijos y por ultimo en el pero aprendi a valorarme por lo menos algo de enseñanza me dejo por eso le digo a muchas mujers que se valoren y quieran y que nadie las ponga en segundo plano

Anónimo dijo...

Siempre se culpa a la amante... pero que de aquellos hombres que nos engañan haciendonos creer que son solteros?

Hace un año me di cuenta que durante otros 2 años fui engañada por un hombre al que conoci por un chat "supuestamente cristiano" y me decia que era soltero... como estupida cai, me enamore como nunca, le crei todas sus mentiras, sus promesas, su supuesto amor... hasta que un llego el dia de conocernos fisicamente al principio fue hermoso (claro hasta que consiguio lo que queria) despues comenzo a actuar extraño y hasta me dejo sola en un viaje que habiamos emprendido los dos... por casualidades de la vida y de Dios que siempre nos ama tanto descubri que llevaba 6 años de casado y que siempre me mintio a pesar que miles de veces se lo pregunte y que le habia dejado muy claro que no me meteria con hombres casados... el dolor ha sido inmenso, la frustracion de un engaño es lo peor... y el muy embustero aun desea seguir su jueguito conmigo y lo peor aun es que sigue sus fechorias por internet conquistando mujeres y haciendose pasar por un buen hombre... y mas ahora que su mujer lo ha dejado (me pregunto en que lo habra pillado?).

Anónimo dijo...

Yo fui La amante de un hombre q me hizo creer q me super amaba aunque tambien amaba a su esposa me decia la madre de sus hijos gran mujer y q Paso? Cuando todo estallo en su familia ahh muy arrepentido y deseoso de arreglar las cosas con su esposa, que hizo? Me echo a mi la culpa de todo, ahh que dolor y que burra fui

Anónimo dijo...

Yo también fui amante. Sabía que sólo era la de "a veces" y que no había nada sentimental, pero ahora que me reemplazó por una nueva companera y la trata como me trataba a mí me hace sentir una mezcla de un gran dolor, soledad, tristeza y vacío. Yo acepté serlo porque buscaba sentir que le importaba a alguien, que era importante para alguien. Soy casada pero mi esposo trabaja en otro estado, lo veo a lo mucho día y medio a la semana, a veces cada 15 días. Ahora, aparte de sola y con una gran tristeza interior, me siento terrible por haber sido dejada de lado así como así de un día para otro y ver que la trata a ella como uma vez me trató a mí.