viernes, 5 de mayo de 2006

IN MEMORIAM DE JOSÉ PETROVICH PUCCINELLI

Pepe Petrovich fue asesinado en el quirófano de la Clínica El Golf en Lima-Perú, el martes 13-09-05. Se trata de una de las clínicas más costosas de esa ciudad. Utilizo la palabra ASESINADO porque no hay otra palabra para calificar ese hecho.
Liliana, su esposa -una mujer brillante- ha librado una lucha para que los responsables de la muerte de Pepe vayan a la cárcel. Tenían una linda niña de dos años y Lily estaba embarazada de dos meses.
A eso de las dos de la tarde de ese fatídico martes 13 de septiembre sonó mi teléfono y era Liliana que me llamaba para darme la infeliz noticia. Lloramos por largo rato mientras la distancia hacía más dolorosa la tragedia. Exactamente un mes y un día después (14-10-05) era yo la que ingresaba a un quirófano en España para someterme a una operación de emergencia. Lo último que dije antes de que me anestesiaran fue:
- ¡Pepe, ayúdame; Pepe, ayúdame!
Hoy le sigo pidiendo lo mismo en vista de que mi estado de salud continúa siendo delicado.
La cercanía con la que ocurrieron los hechos nos unió más y hoy Lily es mi hermana y mi gran amiga. Nunca imaginamos que, al unísono, transitaríamos el doloroso y humillante camino de la mala praxis médica.
Ningún médico de Lima se ha querido pronunciar, pero Lily consiguió el pronunciamiento de un médico norteamericano y uno colombiano. Hace unos días un canal de televisión sacó al aire, en horario estelar, un programa sobre el caso Petrovich y los médicos involucrados en el asesinato le rogaron a la periodista para que ese programa no saliera.
- Piense en nuestra reputación y en nuestras familias.
La periodista respondió:
- ¿Pensaron ustedes en el señor Petrovich, en su esposa y en las dos niñas que perdieron a su padre?
El programa se transmitió y fue un éxito. Mientras eso ocurría, la complicidad de los médicos peruanos continuaba. Ese es un drama mundial y sólo nosotros, los pacientes, podemos cercenar ese poder omnipotente de los médicos sin ética: los comerciantes de vidas.
Los médicos casi nunca hablan mal de sus colegas, hagan lo que hagan. ¿Qué ganan con eso? Ganan un caudal de lodo que se desborda sobre sí mismos porque los pacientes, aunque no lo digan, siempre los ven con esa desconfianza con la que se mira al cómplice de algo que hace demasiado daño. Para nada, porque tarde o temprano todos terminan enterándose de las barbaridades que hacen los negociantes de la salud enlodando a los que eligieron la profesión de médico para ejercerla dignamente. Si los galenos dignos (que los hay) hablaran, en lugar de callar lo que es un secreto a voces de un mal colega, la medicina sería vista de otra manera y no con el horror como muchos la vemos dadas nuestras malas experiencias.
Si se hiciera un estudio sobre las secuelas que la mala praxis médica deja en pacientes y familiares saldrían a relucir los temores y fantasmas que se convierten en acompañantes perpetuos. Nuestro sueño no vuelve a ser el mismo porque nuestra psiquis cambia. No contentos con el daño que nos han hecho, algunos médicos rechazan a los que hablamos y a los que exigimos respeto a nuestros derechos. A partir de ese momento nos convertimos en pacientes indeseables porque dejamos de lado la paciencia. Sólo por eso.
Ayer fue un médico venezolano el que me hizo daño. Es justo decir la nacionalidad porque esta vez ocurre en Venezuela, no en España. Él recibió apoyo. Yo no. En medio de mi desamparo y mi sorpresa ante la absoluta falta de sensibilidad, recordé a Pepe. Tenía una deuda con él después de haberme regalado su libro de fotos y poemas poco tiempo antes de morir.
Te prometemos, querido Pepe, que Lily y yo seguiremos luchando. Nadie nos silenciará y entre las dos encontraremos la manera de que esos médicos no vuelvan a tener paz. Es lo menos que se merecen, si es que acaso se dan cuenta de lo que hacen porque son fríos y calculadores cual delincuentes. Por eso te asesinaron. Por eso me humillaron. Por eso me robaron. Por eso conspiraron en mi contra. Por eso no les importa si muero. No son seres humanos. Son animales... ¿Insectos? Sí, insectos porque un perro o un caballo es noble. Ellos no.
Hay excepciones, pero son muy pocas. Especie en peligro de extinción.

Carmen Guédez
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2006

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1 comentario:

xandrux dijo...

Conocí a Petrovich allá por el 96. Fue una sola vez en que lo vi personalmente, pero era de aquellos que te impactan por su fuerza y ganas de vivir y hacer cosas.
Me dio mucha pena enterarme de su muerte a través de la tele. Esa vez que lo conocí, Petrovich también salió en la tele, habiamos ido a su casa en Lima, en el barrio de Salamanca. Yo era entonces productor de un programa de TV que se emitía en la tierra de sus padres. Una ciudad al sur de Lima. El acababa de inaugurar una bella exposición fotográfica que luego salió a recorrer el mundo.

Justicia para Petrovich¡¡.