domingo, 31 de diciembre de 2006

LAS MARCAS QUE USA FIDEL SON DEL CAPITALISMO






Observen la marca ADIDAS en la chaqueta (campera) bastante nueva que lleva puesta Fidel Castro. Marca capitalista, nunca cubana y muestra de la hipocresía de estos dictadores bananeros que le prohiben esos "lujos" al pueblo, pero ellos sí se los permiten porque "ser rico es malo" (lo dijo Hugo Chávez). Lo que no aclaró es que ser rico es muy bueno para ellos que ni toman las medicinas que toma el pueblo. Las llevan del primer mundo, al igual que la ADIDAS de la gráfica.

Por cierto, en esa foto vemos a un Fidel maquillado. Dos razones me permiten con propiedad afirmar lo que digo: 1- Sufrí una delicada operación abdominal y por eso sé que el paciente queda muy demacrado y la recuperación es muy lenta. A eso se suman graves riesgos de muerte durante el post operatorio 2- Estudié maquillaje para cine en Madrid y sé como disimular una cara excesivamente demacrada, que tiene que ser su caso. Se logran milagros con el maquillaje y Fidel recurrió a él para disimular ante el mundo su lamentable aspecto.

ADIDAS debería sacarle provecho a esta foto y usarla como aquellas famosas propagandas de BENETTON donde gente enferma o niños con atraso mental usaban BENETTON. La propaganda podría decir: "Fidel Castro usa ADIDAS. ¡Úsala tú también!" Al menos en Venezuela las ventas aumentarían.

Carmen Guédez

ESCRITORA

tintaindeleble@gmail.com

Copyright©Carmen Guédez 2006

¿ESOS SON LOS AMIGOS DE HUGO CHÁVEZ?

¿Recuerdan el famoso paseo de los dos poderosos hombres?
El chofer es el ahorcado, ¿eso no es contagioso?



Después de tanto poder, vino la horca. Como para que los poderosos que quedan reflexionen sobre eso tan trillado, pero cierto: el poder es efímero y cuando se acaba todos se apartan del desdichado. Fíjense que Chávez no estuvo cuando ahorcaban a Sadam Husein... y tan amigos que eran. Si hasta paseaban juntos. ¡Qué falta de solidaridad!


Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2006

lunes, 25 de diciembre de 2006

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EL CIRUJANO ESPAÑOL, GARCÍA SABRIDO, VIAJÓ A CUBA PARA EMBALSAMAR A FIDEL CASTRO Y ORQUESTAR INTRIGAS

Los 25 de diciembre muchos se levantan tarde como merecido descanso al trasnocho de la noche anterior. Yo preferí dormir menos y revisar mis correos como lo hago todos los días. Mi sorpresa fue inmensa cuando, al abrir este blog, encontré un comentario en respuesta a lo que publiqué ayer 24, ya bastante avanzada la tarde: FIDEL CASTRO DEPENDE DE LA MEDICINA DE LOS PAÍSES DEL PRIMER MUNDO, NO DE LA CUBANA Y MENOS DE LA VENEZOLANA
Lo que me sorprendió fue la inmediatez con la que me envió un comentario un médico que trabajó en el hospital Gregorio Marañón (Madrid) y que conoce al cirujano José Luis García Sabrido, el mismo que fue enviado a Cuba desde España para intentar “operar” a Fidel Castro.
Me sorprendió esa inmediatez tomando en cuenta que me escribe un 25 de diciembre, día de reunión familiar y no de estar frente al ordenador escribiendo post y comentarios. Sin embargo, este médico debe pensar como yo: el enfermo -¿o muerto?- de La Habana no puede esperar y por eso hay que ocuparse de él con rapidez aunque sea a través del teclado.
A continuación reproduzco textualmente su comentario que viene a ser un post que él publica en su blog
PENSAMIENTO VAGABUNDO al que pueden acceder para comprobar la veracidad de lo que aquí escribo y se percaten de que no soy la única que ve en Fidel Castro a un ex líder y un ex mandatario. Muerto o no, sólo lo percibo como un cadáver.
Los dejo con el comentario de este médico a quien le agradezco profundamente me envíe su correo electrónico a mi correo:
tintaindeleble@gmail.com – Supongo que tenemos mucho que decirnos vía e-mail.

1 comentario
Vagabundo dijo...
MADRID-LA HABANA: ENCARNIZAMIENTO TERAPÉUTICO

Realicé la especialidad en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, el antiguo Provincial -y menos antiguo Generalísimo Franco, como muchos de los pacientes de mayor edad aún le denominan. Los recuerdos de la etapa de residente son para un médico los más duraderos, y tengo entre los míos haber estado integrado en la monumental y caótica mole del mayor hospital de Europa, mastodonte dubitativo y en constante cambio. Por eso me viene ahora a la memoria cómo las políticas internas del Hospital siempre estuvieron vinculadas a obtener el plácet de los políticos “provinciales” (incluso antes de asumirse por las Autonomías las transferencia de la Sanidad, pues el Provincial no dependió nunca del INSALUD, sino de la Diputación de Madrid y luego de la Comunidad Autonómica), y que la politización del Centro era de una variante más pragmática que ideológica. El ejercicio de la Medicina allí siempre estuvo amenizado por las pequeñas ambiciones, que eran el origen de una política patatera; en mis últimos años en el Hospital las guerras entre los diferentes Servicios y dentro de los mismos eran libradas siempre con la vista puesta en la Consejería. García Sabrido, buen cirujano, estaba adscrito a la facción socialista del Hospital, como uno de los pocos leales a muerte a Sabando, último Consejero de Sanidad del PSOE. Creo que es plausible imaginar que haya sido la recomendación de Felipe González, que hacía llamar a Monclóa con frecuencia a los especialistas del Marañón más afines, la más determinante en la elección de Sabrido por parte de la Inteligencia Cubana como cirujano de máxima confianza para una intervención que ya no se prevé que sea mucho más que un embalsamamiento. Nuestro hombre en la Habana tendrá por delante un difícil papelón del que no puede salir más que escaldado. Ninguna decisión médica puede estar basada en la ética médica en medio del akelarre de la nomenclatura cubana, y no parece que al especialista le vaya a ser permitido sugerir un abordaje simplemente paliativo para tan terminal enfermo: no ha sido llevado a Cuba para eso. En esta hora, mucho más útil que su trayectoria de cirujano ha de serle su habilidad para la intriga -en la que tan ducho ha de ser todo jefe de servicio del Marañón- cuando tenga que desenvolverse entre las camarillas del Partido y toda decisión clínica tenga primero que superar el entramado de obstáculos que forman la obediencia castrense, las ambiciones soterradas, los odios intestinos, y el insuperable miedo a un futuro sin Jefe o a un Jefe sin futuro.

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2006

domingo, 24 de diciembre de 2006

Fidel Castro depende de la medicina de los países del primer mundo, no de la cubana y menos de la venezolana

Un cirujano español viaja a Cuba para atender a Castro
El jefe del servicio de cirugía del hospital público Gregorio Marañón examinará a Fidel Castro «con la intención de ver si puede operarle». Eso si es que está vivo, añado yo.
La enfermedad impide a Fidel Castro recibir a su amigo García Márquez


Noticia tomada del periódico LA VOZ DE GALICIA (24-12-06)


(Firma: Agencias Lugar: Madrid)
El jefe del servicio de cirugía del hospital público Gregorio Marañón, José Luis García Sabrido, ha viajado a Cuba para examinar a Fidel Castro «con la intención de ver si puede operarle», dijeron fuentes médicas. La fuentes añadieron que desde el inicio de su enfermedad la Comunidad de Madrid, a cuya red pública pertenece el citado hospital, está enviando medicamentos para tratar a Castro, que cuenta actualmente con 80 años de edad. También indicaron que en el caso de que se produjera la intervención «es probable» que la Comunidad de Madrid tenga que enviar material e instrumental. Según publica hoy El Periódico, el médico García Sabrido viajó el jueves a Cuba en un avión fletado por el Gobierno de La Habana y de las gestiones previas para concertar la vista, así como de la planificación del viaje se ocupó la embajada de Cuba en España. El pasado 31 de julio se anunció oficialmente que Fidel Castro estaba enfermo.
CARMEN GUÉDEZ
Escritora
Copyright©Carmen Guédez 2006

jueves, 14 de diciembre de 2006

El RICO PINOCHET



Como yo no tengo una cuantiosa ni mediana fortuna, asumo -ingenuamente- que quien la posee algo se lleva cuando fallece. Por eso miro por los rincones visibles de la caja donde depositaron el cadáver de Pinochet y, a través del cristal que muestran las fotografías, no veo nada.
- ¿Será que el dinerillo y algunas de sus tantas joyas -robadas o ganadas con el sudor de su frente- están en esa parte de la urna que no podemos ver?
- ¿Tendrá su féretro un doble fondo?
- ¿Su viuda no quiso que se llevara nada?
- ¿Donó Pinochet a los familiares de la gente que asesinó lo que pensaba llevarse al más allá en un último acto de arrepentimiento?
- ¿Estará algún tesoro escondido en la mullida almohada donde descansa su cabeza? ¡Qué eterna incomodidad para el dictador!

Cualquier cosa se puede pensar sobre el rico Pinochet, ahora pobre como tantos, despojado de bienes materiales como usted o como yo, convertido en polvo que nada vale. Tan polvo como sus víctimas. ¡Quién lo iba a creer!
Llegó a su fin la riqueza y la buena vida, Augusto.
Así es la muerte.

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2006

QUIÉN MURIÓ PRIMERO, ¿FIDEL CASTRO O AUGUSTO PINOCHET?



Esa es la pregunta que me hago ya que Fidel Castro no apareció más, lo cual me lleva a pensar que está muerto y no lo quieren decir. Me atrevo a afirmar que murió antes que Pinochet. Y si no está muerto da igual porque su mermada salud le impide -¡por fin!- gobernar. De estar vivo -sólo porque respira- el silencio al que lo obliga el retiro del poder que tuvo por años es su peor castigo. Es lo menos que se merece un criminal como él.
De cualquier manera, la muerte física de Fidel ya no tiene importancia. El hecho es que NO GOBIERNA, así que sólo resta esperar a que su muerte sea anunciada oficialmente para que se desencadenen las emociones que llevarán a los cambios.

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2006

martes, 28 de noviembre de 2006

YO, ANTISEMITA

Desde el primer día de la publicación de mi post titulado INFIDELIDAD MASCULINA fui acusada por algunos judíos de antisemita y, en una nota que coloqué al final de ese post, dije que me pronunciaría al respecto. Hoy cumplo mi palabra y escribo sobre esa acusación -o como la quieran llamar- si es que desean que parezca más suave aunque eso no le quite ese barniz de acusación o intolerancia de quien se ve al descubierto.
Una avalancha de e-mails trajo como consecuencia ese post. La mayoría de esos e-mails son en un tono amenazante o de insulto y yo los ignoro. El vocabulario que usan es muy vulgar. Les respondería si escribieran en un lenguaje mordaz que sólo lo logran los inteligentes. Si los que envían esos e-mail son judíos, poco me importa y miedo no les tengo. Para mí no son más que unos fanáticos que miran a los demás por encima del hombro y valoran más lo material que lo espiritual. Al menos en sus e-mails demuestran un nivel intelectual muy pobre porque no es lo que se escribe sino cómo se escribe y hay ironías muy finas que hieren más que una puñalada. Esa ironía no la tienen ellos porque la ironía es un arte.
En INFIDELIDAD MASCULINA me limité a narrar un hecho real ya que no soporto la hipocresía de estos seres que oran cuando van a comer, oran los sábados en una cena familiar, oran en la mañana, hacen ayunos y practican una serie de ritos -en los que no soy experta- para luego salir con ese tipo de hipocresías como la que narro en ese post. Y, de paso, se declaran monoteístas. Monoteístas sí, pero con sus mujeres judías. Fuera de ellas, ¡cómo les gusta la infidelidad!
Conozco un caso en Caracas-Venezuela donde un judío tiene sexo con niñas y con la esposa de uno de sus dos choferes. Toda una aberración y un abuso basado en el poder económico y las necesidades y miserias de mujeres y niñas, todas ignorantes y él lo sabe y por eso abusa. Eso sí: todas las mañanas, muy temprano, ese judío va a la sinagoga y los sábados no sale en coche ni trabaja atendiendo a los preceptos de su religión. Sobre él tengo mucha información porque le hice un trabajo en el año 2002 y eso me dio la oportunidad de conocerlo muy bien y fue así como me enteré de muchas cosas oscuras de ese señor "respetable". Sin embargo, no
puedo denunciarlo a pesar de que ganas nunca me han faltado. Empezando porque, con el poder económico tan grande que tiene, puede comprar a jueces y policías. De todas maneras, en otro post narraré TODO lo que yo sé y con eso -si hay voluntad- la policía puede iniciar una investigación. ¡Qué bueno sería!
Si colocan el apellido Weishelberg en GOOGLE -posiblemente en YAHOO y en otros buscadores también- ya mi narración aparece ahí y cabe la posibilidad de que la esposa lo descubra todo.
Ya coloqué su apellido -Weishelberg- y dije que era nacido en Brasil, radicado en Miami y dedicado a la publicidad. Como los judíos son tan inteligentes y todos se conocen, que completen la información con esos datos y lo sometan al castigo que, supongo, existe para esos casos y que ese hombre se merece por haber roto sus normas respecto al monoteísmo, pero que no la paguen conmigo que no soy la que ha roto normas. Ni su religión, ni ninguna otra, me obligan a no revelar secretos o a quedarme con una información.
Ese post gustó tanto que fue leído por muchas personas y el contador de mi blog bajó sus números colocándome en un puesto más favorecedor al que estaba antes de ese post, favor que debo a los judíos y, muy especialmente, al señor Weishelberg.
Seguramente ese judío infiel limpió su conciencia enviándole flores a su esposa (eso lo hacen todos los hombres), obsequiándole alguna joya, llevándola a cenar y luego haciendo el amor con ella mientras recordaba su aventura en el tercer mundo con una mujer open mind con más creatividad en la cama que la aburrida judía con la que convive. Al día siguiente -como un buen padre y esposo- lo más seguro es que haya preparado el desayuno para los hijos y su sumisa Nora -la de Casa de Muñecas, de Henrik Ibsen- y así se demostró a sí mismo que lo más valioso que tiene en la vida es su familia, ¡pero que falta le hace una mujer extra que lo haga sentirse bien sexualmente!
Les sugiero a los judíos que asuman su hipocresía y respeten a las mujeres -sean esposas o no- pero que no pidan consideración y respeto cuando ellos no lo practican. Y, si en verdad hay un castigo, que lo pongan en práctica para que den ejemplo de moral y rectitud. No es a mí a quien deben atacar. Que revisen sus conciencias a ver si están limpias o cubiertas de ese oro que tanto adoran y por el que se dejarían matar. Lo demostraron en la época de Hitler al huír llevándose el oro cuando sus vidas valían más.
Si por decir la verdad me acusan de antisemita, pues lo soy y no me afecta. Soy irreverente e indomable y nunca me callo ante las injusticias y los ataques sin fundamento. No olviden eso si me quieren seguir atacando. Tengan la certeza de que continuaré diciendo la verdad.
Ustedes, señores judíos, tienen el poder económico, pero yo tengo el poder de Internet y sé usar la pluma con un lenguaje cáustico, nada conveniente para vosotros.

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com
Copyright©Carmen Guédez 2006

Una explicación sobre la desaparición del post que titulé URGENTE: UN MILITAR NOS ALERTA ANTE EL 3D

Intentaré darles una explicación -si es que puedo- sobre ese post que, misteriosamente, desapareció de este blog. Estuvo publicado desde el 25-11-06 y hoy lunes -27-11-06- ya no estaba. Así, sin más ni más.
Varias personas que visitaron mi blog para leer el testimonio de un supuesto militar venezolano sobre el 3D, me han enviado e-mails preguntándome qué paso y por eso publico esta explicación de algo que califico de “sobrenatural” porque no tengo una respuesta coherente que pueda explicar satisfactoriamente la desaparición de esa publicación ya que es la primera vez que eso me ocurre a mí. Debe ser un castigo divino por romper mi promesa de no escribir JAMÁS sobre la folklórica política venezolana y cuando rompo el silencio mi crónica se borra.
Lo peor es que no puedo publicar ese testimonio de nuevo porque ese texto se apoyaba en el chateo que tuve con un supuesto militar venezolano cuyo grado es el de mayor, según me dijo. Eran sus palabras sin editar las que estaban ahí. Después de publicarlo borré esa conversación virtual y, al no tenerla, no tiene sentido que se los cuente yo porque lo importante eran sus palabras tal y como se expresaba. Ese testimonio -verdadero o falso, nunca lo sabré- era el que tenía valor, no lo que yo diga.
Lo publiqué para que cada uno de ustedes se formara su propia opinión. En ningún momento mi intención fue creer totalmente en lo que el supuesto militar me decía, pero la duda, algunas veces, también tiene validez. No siempre es malo dudar. Lo que no debe hacerse es ocultar algo que puede llegar a ser cierto dadas las condiciones extrañas de un país convulsionado como Venezuela y, en este caso, si lo que él decía no era cierto, mejor para el pueblo venezolano que, angustiado, espera este 3D que define su futuro por muchos años.
Algunos de mis lectores sí lograron leerlo. No puedo saber cuántos, pero recibí varios e-mails de quienes lo leyeron. Unos estuvieron de acuerdo con su contenido. Otros no. La oposición venezolana siempre quiere noticias positivas y los que siempre hemos sido realistas -como Agustín Blanco Muñoz y yo- no nos ven con buenos ojos. Por cierto, ignoro qué opina, en este momento, Agustín Blanco Muñoz sobre la ya cercana elección presidencial, a la que califico de TRAMPA ELECTORAL de la que la oposición se arrepentirá. No digo más nada, pero ahí les dejo mi incredulidad y ruego estar equivocada. Supongo que la opinión de Agustín no es la de ese nefasto personaje que conduce un programa titulado "Aló ciudadano" y cuyo nombre no recuerdo pues desde agosto del 2004 dejé de ver su programa y ni sé si todavía existe.
Lo siento, queridos lectores, pero ese material del supuesto militar desapareció y, con él, se perdió también mi trabajo. Sólo puedo pedirles disculpas y desear que Chávez no siga gobernando a ese rico país que hoy mantiene a Cuba, Bolivia y otros países más mientras el pueblo venezolano pasa trabajo y muchos viven en la más completa miseria. Las cosas no son como los europeos lo ven por desconocer la realidad venezolana. Desde lejos todo es muy bonito y hasta romántico, pero desde lejos. No más.
En el lugar de los hechos -Venezuela- las cosas no son ni bonitas ni románticas.

Carmen Guédez
ESCRITORA
Copyright©Carmen Guédez 2006

miércoles, 15 de noviembre de 2006

INFIDELIDAD MASCULINA

Lo único que logran las mujeres que se convierten en amantes de hombres casados es acumular una decepción más en sus vidas. Desde el principio de la relación ya llevan todas las de perder y, al llegar a la cama, lo pierden todo. Eso si es que alguna vez tuvieron algo.
Hoy, con los chat, la infidelidad crece como nunca y el drama comienza con el paso de lo virtual a lo real. No entienden los involucrados que ese tipo de relaciones -en exceso inseguras- debe quedarse en lo virtual y no pasar del monitor o de la popular cam. El error es salir de ese monitor e ir al face to face. Ese es el final de todo. Nada peor que intentar conocerse personalmente: alguna decepción produce el encuentro y la magia se pierde.
Hace poco una de esas mujeres que chatean conoció a un judío de apellido Weishelberg, nacido en Brasil, pero de origen polaco y radicado en Miami-Estados Unidos. Él viaja frecuentemente a Latinoamérica por asuntos de negocios de una compañía de publicidad con la que trabaja. Durante dos semanas estuvieron comunicándose a través del chat y él, con cierta frecuencia, la llamaba por teléfono. Ese “detalle” de las llamadas convence a cualquier mujer que no piensa en la trampa que le están tendiendo sino en el detallazo de alguien que -supuestamente- está pendiente de ella. Si hay algo cierto es que los judíos usan a las mujeres, como si fueran cosas, quizás más que otros hombres. Claro, siempre que ellas no sean judías. Son los hombres más infieles de la tierra y, a la vez, muy “apegados” a su familia hasta considerarla como lo más valioso que tienen en la vida. ¡Qué manera más contradictoria y rídicula de valorar a la familia y, muy particularmente, a la esposa! Cuando algo se valora el respeto es una norma.
Por fin llegó el día de la cita. Todas las reglas las puso él. Entre ellas estaba que la esposa lo llamaría al hotel donde él se hospedaría y la mujer que estuviera en su cuarto debía permanecer callada para que su esposa no se diera cuenta de que estaba acompañado. Cual esclava debía obedecer y digo yo, ¿en qué siglo vive esta mujer?
Hicieron el amor con la pasión -supongo- de lo prohibido y lo novedoso. De repente, él le pidió a su amante que se ducharan. Ella comprendió de inmediato que le estaba diciendo que ya todo había terminado y le sorprendió porque era temprano a pesar de ser de noche. Él argumentó con mucha suavidad -aunque de suave nada tenía tal petición- que se sentía más cómodo si ella se iba porque no quería que estuviera en la habitación cuando su esposa llamara. Le pidió, también, que le diera tiempo para acostumbrarse. Digamos que el hombre tiene sus “principios” en cuanto a la fidelidad y uno de esos es la no presencia de una amante mientras habla por teléfono con la "amada y respetada" esposa. Buena manera de lavarse la conciencia.
La mujer captó lo absurdo de tal petición y no espero a ducharse. Enseguida se vistió y se dispuso a salir. Ya en la puerta de la habitación él intentó detenerla, pero ella no estaba dispuesta a continuar en ese lugar. Desde el mismo momento en que él le dijo que se fuera por lo de la llamada conyugal, ella dejó de mirarlo y se fue sin volver a ver su rostro. No era de extrañar que estuviera asqueada. Caminó delante de él por el largo pasillo del hotel mientras pisaban la mullida moqueta. La verdad es que ella no quería volver a verle. No quería esas remembranzas de las que minutos antes él le hablaba. ¿Para qué?
Hay mujeres que -a pesar de los errores- tienen el orgullo como sello imborrable. Él bajó con ella por el elevador y estuvo a su lado en absoluto silencio mientras su ex amante -a partir de entonces- esperaba por un taxi en la puerta del lujoso hotel. No volteó ella a mirarle cuando el taxi echó a andar. Partió sin despedirse dejándolo a él desconcertado. Lo último que ella vio fue la mano de su ex cuando le pagaba al chófer. Era lo menos puesto que ni una frugal cena le obsequió. Apenas unas frutas, regalo del hotel, fue lo que ella comió. Tacaño el tío. Si cree que así se trata a una mujer está equivocado.
Ella hizo lo que tenía que hacer: ponerle fin inmediato a una equivocación. Era necesario un punto final a algo que no tenía sentido y que, desde ese mismo momento, debía pasar al olvido.
No puedo dejar de decir que lo que pasó se lo merecía con creces esa mujer porque no es noble ni correcto relacionarse con un hombre casado. Destruir a una familia no es un acto que enaltece a una mujer y estoy segura de que ese tipo de situaciones siempre lo termina sabiendo la esposa porque los hombres son muy torpes para esconder la infidelidad. Cuando eso sucede la amante es dejada a un lado.
Siempre vi a las amantes como unas pobres mujeres que se conforman con migajas y a las esposas las veo -no puedo evitarlo- con una lástima muy grande por engañadas casi siempre, o mínimo: perfectas candidatas al engaño. Será que tengo la ventaja de no ser esposa -hace tiempo lo fui, ya no- y por eso no corro riesgos. Prefiero la vida en pareja sin papeles que le hagan pensar a un hombre que soy su propiedad, o viceversa también.
El hombre infiel hace daño a la esposa y a la amante y a ninguna la respeta porque él es egoísta y sólo piensa en sí mismo. La esposa y la amante están ahí para ser usadas a su conveniencia y antojo. A cada una le reserva un día y una hora para satisfacerse y no para satisfacerlas. Son ellas las que están a su servicio.
El estado de culpa que un hombre casado siente no es más que una espinita que lo incomoda y si le molesta es sólo porque él quiere estar cómodo. No es un asunto de moral o principios. Nada más lejos de eso.
Echar a la amante de su cuarto era lo de menos para este judío infiel, siempre y cuando eso le diera paz al momento de recibir la llamada de su esposa. Las reglas nunca estuvieron claras de parte suya. Su amante -él lo suavizaba llamándola novia- sabía muy bien -porque ya él se lo había advertido- que su esposa llamaría y, a pesar de lo incómodo de la situación, ella estaría obligada a soportar en silencio(¡qué mujer tan tonta!). Lo que él nunca le dijo es que no la quería dentro de la habitación cuando su esposa llamara. Si se lo hubiera dicho, ella no hubiera acudido al hotel donde él se hospedaba porque, en el fondo, nunca confió del todo en él y no se equivocó. El día acordado para la cita dudo en ir o no. Es una mujer que presiente las cosas y posee una intuición que nunca le falla. Digamos que su capacidad de análisis la lleva a eso que comúnmente se llama intuición, pero que es sólo capacidad para analizar y llegar a conclusiones exactas.
No sé si al salir ella del cuarto -para dejarlo a solas con la llamada de la engañada esposa- se eliminó ese olor a sexo que impregnó a la habitación. Ignoro si el excesivo sudor, producto del ejercicio sexual desbocado, desapareció por arte de magia del cuerpo del judío. Tampoco sé si el recuerdo de una amante complaciente sexualmente -open mind- se borró. Mucho menos puedo saber si desapareció el olor a semen que debió quedar en la cama y tampoco sé si él logró, con la urgencia del caso, eliminar de su conciencia los recuerdos de lo que acababa de pasar. Si logró algo entonces valió la pena que la amante se marchara porque al hacerlo debió -eso está por verse- eliminar ese estado de culpa de un hombre con el que nunca más volverá a ser participe en sus proyectos de infidelidad. Que participen otras y esas sobran. Eso sí: él está en la obligación de aclararles que, cual cenicientas, deben abandonar la habitación antes de que el reloj dé las 12... digo, antes de que el teléfono suene a las 12 de la medianoche. Sólo así no hay esposa engañada. Eso cree él. ¡Qué considerado!
Para un judío la parte social y el qué dirán es muy importante. Algunos de ellos no están preparados para la infidelidad porque ésta agota. Él decía que no se sentiría agotado porque ya la había vivido en dos oportunidades anteriores. No obstante, no estaba en condiciones de enfrentarse a un engaño a pesar de esgrimir la eterna queja masculina: “No tengo buen sexo con mi esposa. En lo demás nos llevamos muy bien” Y qué será lo demás para llevarse bien y tener un matrimonio happy: ¿ir de shopping juntos? ¿Ir a reuniones sociales? ¿Compartir en familia los fines de semana? ¿Ir a cenar? ¿Ir a escuchar, juntitos los dos, a una cantante brasileña? ¡Todo perfecto… menos el sexo! Y yo que pensaba que el sexo era algo indispensable en una relación de pareja. Desinformada yo y hasta se me puede señalar como enferma sexual por incluir al sexo -al buen sexo- en la felicidad conyugal.
Lo de esta pareja es, para muchos, un feliz matrimonio, pero no es eso lo que quieren las mujeres que están claras con su sexualidad abierta y sin ningún tipo de tabú y, además, están clarísimas con todo lo que tiene que ver con su vida privada y profesional. Allá las pobres mujeres conformistas. Son esas las que aguantan a un marido como el de esta historia absolutamente real, aunque Ud. no lo crea.
La relación entre esa mujer y el judío fue de debut y despedida, principio y fin en una sola noche, final sin retorno. Algo que no tenía sentido ni asidero. Algo que pasa todos los días. Un error lamentable.
Ella terminó con mucha rabia consigo misma. Sólo tenía la certeza de que ya todo había perdido la razón de ser y que no había marcha atrás con ese hombre que se creía irresistible. Quizás antes ninguna mujer lo dejó y fue él quien dejó a una, o a muchas, pero siempre hay una primera vez y no había contado con ser abandonado sin un adios ni un hasta luego. Subestimó a una mujer latina y, por muchas razones, éstas son de armas tomar.
Quizás él no se ha percatado de que la infidelidad femenina ya está a la par de la masculina y que las esposas de los hombres que se ausentan con frecuencia -como en su caso- ocupan hoy el primer lugar de infidelidad pues ellas no soportan el abandono constante del esposo y por un “por si acaso me traiciona” ella se le adelanta. Lo que es igual no es trampa e Internet está en la casa mientras él está ausente. Y con Internet la tentación de buscar una aventura o una salida a la vida monótona del matrimonio de la que ni hombres ni mujeres escapan. Hay gente que todavía no ha entendido que la igualdad hombre-mujer lo abarca todo, incluso el sexo.
Les recomiendo leer un post publicado el 24-03-06 y que titulé INFIDELIDAD VIRTUAL. Den clic y léanlo. Es especial para hombres infieles, esos seres detestables que abundan en la red más que en el mundo real. Investiguen y verán. Yo sólo cumplo con alertarlos.
Esta historia es de un judío porque fue el protagonista de esta infidelidad propia de hombres que viajan mucho. Bien pudo ser un hombre de otra religión, raza o posición politica. Únicamente me limito a contar lo que sucedió y no es el primer caso que conozco de judíos. Sé de casos peores. No es nada personal, pero con tanto fanatismo religioso no sé qué pensar de esa especie y, como no oculto nada, ¿por qué no dar a conocer esta historia?

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com

Copyright©Carmen Guédez 2006

NOTA: El mismo día de su publicación este post fue acusado de antisemita. Ya me pronunciaré al respecto.

A RONALD Y A ALEJANDRO

Gracias a ambos por incentivarme a retomar este blog. Agradecida por sus reclamos porque así me sacan de este letargo que es lo más parecido a la muerte de la palabra de un autor.
Ya se había sorprendido Alejandro Muñoz -a quien un médico lo obligó a que le sobrara el tiempo- al entrar a este espacio y no encontrar nada nuevo. Por su parte, Ronald tiene toda la razón al decir que alguien que visita un blog y se percata de que no hay nuevas publicaciones no regresa a leerlo. Se pierde un lector.
Para mí misma esgrimí excusas que no son ciertas. Asomé mi menguado tiempo ocupada en mi trabajo, pero la única verdad es que después de la partida de Ricardo Báez Duarte, en mayo de este año, me desencanté de este espacio. De Ricardo hay mucha información en Google y otros buscadores. Intelectual, artista plástico, excelente fotógrafo, matemático y experto en informática -además de una formación muy rica y de una amabilidad fuera de serie- fue Ricardo el creador de TINTA INDELEBLE luego que el periódico venezolano EL UNIVERSAL me censurará en septiembre del 2004. Cierto que siempre fui la única que escribió en este blog, pero había una magia, un no sé qué con la presencia de Ricardo. Lamentablemente esa magia -ese no sé qué que nos hizo tan inseparables- se rompió con la aparición de Luis José Itriago, médico gastroenterólogo muy amigo de Ricardo que me trató de la manera más humillante que un médico puede tratar a un paciente. Amigo de Luis José Itriago desde la infancia, Ricardo no quiso hablar del tema y ahí murió esa relación entre nosotros que había sido entrañable.
No pude perdonar al amigo que olvido esa solidaridad que siempre me brindó. No entendió Ricardo mi dolor a pesar de que estaba muy al tanto de todo lo que acontecía con mi salud y la cantidad de mala praxis médica que había acumulado -y sigo acumulando- desde que enfermé en España. Por primera, y última vez, mi amigo me falló y no tuve la humildad para perdonarlo. Fui muy dura con él y la verdad es que, en nombre de tantas cosas buenas, debí hacer caso omiso a lo sucedido y no perder a uno de los mejores amigos que he tenido. Hasta mis hijas me pidieron que reconsiderara mi posición, mas no pude -ni quise hacerlo- y con mucho dolor me alejé de él. Hoy me arrepiento, pero es muy tarde. Lo único que puedo, y quiero hacer, es reconocer públicamente mi error porque de Ricardo recibí mucho y un impasse en el que él no estaba directamente involucrado no era motivo suficiente para alejarnos.
Pudiera inventar otra historia menos personal y menos melancólica, pero hace tiempo que no oculto mis tristezas ni mis dolores ante nadie. Tampoco quisiera irme de este mundo sin pedir discupas por mis errores, que son muchos puesto que soy humana. Aprovecho este don de saberme expresar para decir ahora lo que siento y no dejarlo para cuando sea tarde. Este es un blog de verdades y no de falsa felicidad. Tengo miles de razones para ser feliz y otras miles para no serlo. Sólo que lo asumo y no lo escondo, ¿para qué? De hipócritas y mentirosos está lleno el mundo y no quiero ingresar en sus filas, menos ahora que mi vida está llena de puntos suspensivos y signos de interrogación.
Desde la partida de Ricardo Báez Duarte no sentí este blog como algo mío y estuve a punto de cerrarlo y salir con uno nuevo, pero TINTA -como cariñosamente lo llamo- ya era conocido y empezar de nuevo era una dura tarea. Sin embargo, mis post se fueron distanciando. Sólo desde el lunes 13-11-06 y, muy particularmente desde anoche, tengo conciencia de que una bitácora es algo de todos los días y no algo de lo que una se ocupa de vez en cuando. Un blog quita tiempo y no es un juego. No si quien lo escribe lo hace como parte de un oficio y hoy bloguear lo es. Al menos en Europa un buen blog es muy tomado en cuenta y hasta nos hemos organizado. La amistad entre blogueros es algo ya normal. Somos colegas de oficio que usamos el ordenador para algo más que chatear o enviar e-mails. Las horas que estamos dándole al teclado son horas útiles y no simple ocio como piensan algunos.
Me siento obligada a encontrar las ganas de seguir sin la sombra de Ricardo rondando estas páginas como si fuera un fantasma. Dependí mucho de él y luego pude demostrarme a mí misma que yo podía sola. Después de todo él fue mi maestro en esto de los blog y bastante me enseñó. Pero no fue esa dependencia lo que determinó mi alejamiento de este site. Fue el extrañar al amigo y esa esgrima verbal -como diría Ronald- brillante y llena de humor que había entre Ricardo y yo constantemente. ¡Cómo recuerdo aquellos días en que nos mándabamos un e-mail trás otro! Ambos trabajamos gran parte del día frente a un monitor y nuestros correos están abiertos siempre. Cuando mi hija me escuchaba reír sabía que era por Ricardo. ¡Y vaya que lo era!
Debo asimilar que fueron mis textos -y mi arduo trabajo para divulgarlos- los que le dieron el éxito a este espacio y que la vida sigue aun con los que ya no están. Sólo así este espacio no estará condenado a la muerte.
De nuevo, gracias a Ronald por hacer que me percatara de mi error y a Alejandro porque desde su invalidez física -no más de eso- extrañó mi pluma y me lo expresó. Ambos me han hecho un gran favor y esos reclamos se agradecen porque valen la pena.
Jamás dejaré de reconocer que Ricardo Báez Duarte es el padre de este blog y Margarita -su esposa- fue quien lo bautizó como TINTA INDELEBLE. Como un homenaje a esa amistad este blog debe continuar, a pesar de los pesares.

Carmen Guédez
ESCRITORA

domingo, 8 de octubre de 2006

ANIVERSARIO

Hoy no es un día normal para mí. Podría inventarme que sí lo es, pero nada más triste que mentirse a sí mismo. Desde ayer me asediaba este día que no olvidaré jamás porque a partir de aquel viernes 07 de octubre del 2005 no volví a ser la misma. Ese día me recuerda, también, una tarde de primavera -fue en abril, exactamente- por aquello de que hay fechas que te marcan y te cambian para siempre. Esas dos fechas me transformaron hasta un punto que nunca hubiera imaginado nadie, ni yo misma. Soy otra persona, no sé si mejor o peor, pero otra, sin duda alguna.Toda historia tiene un preámbulo. Éste es el del viernes 07-10-05:Comienza cuando el jueves 06 de octubre 2005 me fui con Félix Piñeiro Rey (un peregrino sin fe ni amor al prójimo, aunque en su libro pregona todo lo contrario) a Viveiro, un pueblo marítimo muy alejado de A Coruña, de donde salimos muy temprano. Viveiro está cerca de la frontera con Asturias. Muchas casas de piedra y hermosos caballos se ven en el camino que no es tan verde como el resto de Galicia. Félix viajaba a Viveiro en busca de unos planos de unas tierras y esos planos estaban en manos de un topógrafo, el único de la zona. Este hombre se negaba a entregarlos esgrimiendo mil excusas que yo conocía de sobra. Esos documentos no los pudo rescatar -ignoro por qué- el hijo de Félix que es abogado y se llama Abraham Piñeiro Rodríguez. Mucho menos pudo rescatarlos el propio Félix, a pesar de su carácter. Lo de los planos terminé solucionándolo yo y por eso no me pagaron ni un euro ni un “muchas gracias”.
En Viveiro almorzamos croquetas de pescado, ensalada y un rico postre. Tanta "
abundancia” se debió a que, por ser un viaje de negocios, pagaba la familia, de lo contrario Félix no haría semejante invitación a comer a un restaurant. Él cuida sus euros para la vejez, aunque la verdad es que los cuida por egoísta. La ensalada tenía mucho vinagre, pero no nos paso nada y llegamos a A Coruña sin malestar estomacal de ningún tipo.
Félix estaba dichoso ya que había recuperado unos planos muy valiosos de unos terrenos de su familia y ya me había dicho que se ganaría un buen dinero en la negociación de la venta de esas tierras. Mientras tanto, me arrepentía de haber logrado que se los devolvieran y menudo disgusto me provocó ese favor a gente tan desagradecida.
Con ese carácter fuerte que me caracteriza, me le enfrenté al hombre que tenía los planos e hice que los devolviera. Logré lo que ni Félix ni su hijo habían logrado y estaba orgullosa de eso. Luego me contó Félix que ese hombre sufría del corazón y sentí pena por él. El pobre estaba tan asustado ante mis palabras que no dudó en entregar ese tesoro, que lo era pues sin eso no podían vender las tierras.
AMANECIÓ el viernes 07 DE OCTUBRE: mi último día normal
Desayuné y nada presagiaba un día fatal. Sólo un disgusto enorme me embargaba por lo del día anterior ante la falta de un agradecimiento de justicia. No esperaba un pago en dinero. Eso era impensable, pero un reconocimiento a mi gestión no estaba demás. Me sentía terriblemente stresada por muchas razones. Recuerdo perfectamente lo molesta que estaba. Llegó la hora del almuerzo. Antes de ir a almorzar ingerí una o dos grageas. Creo que una era un antiflamatorio. La otra no recuerdo qué era. Ese fue el último acto que hice dentro de una vida normal. Ya no hubo almuerzo y pasaron más de quince días para volver a saborear una comida. Eso, sumado a la operación y sus secuelas, me debilitó mucho y tardé meses en recuperarme.
A partir del momento en el que tomé esas grageas un dolor terrible que apareció en cosa de segundos, y sin síntomas previos, invadió mi estómago. Nunca imaginé que, a partir de entonces, mi estómago nunca más volvería a ser el mismo. Nunca más y un año después lo puedo comprobar. Ese dolor era el inicio de una obstrucción intestinal y el inicio de un trauma que no he superado porque involucró -y sigue involucrando- muchas cosas más (muy tristes todas) y un cambio de vida total en muchos sentidos, no sólo de salud.
A partir de haberse iniciado el dolor, inmediatamente comencé a vomitar sin parar. Pasó la noche y amaneció el sábado 08-10-05 y yo seguía vomitando. Félix tuvo la osadía de preguntarme que qué sustancia extraña había ingerido para que estuviera en ese estado, como si yo me hubiera inducido ese malestar espantoso a través de alguna droga terrible. Hay que ser bien inconsciente para decir semejante barbaridad ante una persona que está muy enferma, y era demasiado obvio que yo lo estaba.
No hubo mejoría a partir de entonces. No me hospitalicé inmediatamente y fue ya casi finalizando el miércoles 12-10-05 que ingresé al hospital Juan Canalejo de A Coruña. Lo hice porque esa noche, al darme cuenta de que empeoraba irremediablemente, traté de levantarme de la cama para enviarle un e-mail a una gran amiga a quien su esposo se le acababa de morir. Al tratar de levantarme no pude hacerlo: no tenía fuerza y me costaba recordar cualquier cosa. El inmenso dolor estaba causando estragos en mi memoria y en mi cuerpo. Me di cuenta que ya no podía evitar el ingreso que, desde el lunes, me había indicado el médico radiólogo (creo que se llama Demetrio Bouza) que me hizo una RX donde se evidencia la obstrucción intestinal. Llegué a él por el doctor Dámaso Díaz Otero quien le solicitó un eco abdominal cuando no era eso lo que estaba indicado. Lo correcto era una RX abdominal que se hizo por decisión del doctor Demetrio Bouza, si es que ese es su nombre, al ver que el eco no evidenciaba nada y, sin embargo, algo muy malo estaba pasando y a él eso no se le pasó por alto, de ahí que inmediatamente practicó la RX abdominal. Sea quien sea ese médico radiólogo, trabaja en el Centro de Radiología y Ecografía “Pérez Bustamante, S.A.” ubicado en la calle Federico Tapia, 9-4º dcha, en A Coruña. Es un lugar de medicina privada. Quiero, en este aniversario, agradecerle su consejo de internarme urgentemente, su diagnóstico preciso y su profesionalismo. Ojalá este agradecimiento llegue hasta él pues con Internet todo es posible. Y si no le llega, se lo haré llegar por otra vía ya que tengo cómo ubicarlo.
También hice caso omiso a las miles de veces que mi amigo Carlitos me dijo que pasaba buscándome en su coche para hospitalizarme. No entiendo ahora qué esperaba porque los milagros no existen. Tenía miedo, supongo, y ante el miedo se soporta todo, incluso un dolor tan inmenso. Cuando la situación llegó al límite yo misma llame al 061 (Urxencias Sanitarias) para que enviaran una ambulancia.
A pesar de mi extrema debilidad, como pude salí al portal del edificio a esperar a la ambulancia para no perder tiempo. La noche estaba fría y una fina lluvia caía sobre mí. Era otoño. Félix estaba conmigo muy a disgusto, supongo. Un pijama con una bata y una chaqueta deportiva azul para abrigarme un poco era lo único que yo llevaba puesto. En una pequeña maleta roja estaban todas mis pertenencias a partir de entonces. Todo lo demás quedó atrás sin importarme.
Al llegar la ambulancia, uno de los hombres (eran dos) se molestó porque yo era latina. Que en un momento así se presenten esas diferencias es inconcebible y viniendo de un servicio de Urxencias Sanitarias resultaba grotesco y carente de humanidad. Claro, eran esos dos hombres quienes hacían quedar mal a ese servicio. Lo único que atiné a decirle a uno de ellos fue lo siguiente:
- Señor, me estoy muriendo.
Él me contestó:
- Usted no se está muriendo nada.
No tenía idea él de lo grave que yo estaba. Recuerdo su cara perfectamente porque en ese momento tuve lucidez para memorizar ese rostro infeliz por inhumano. Llevaba un aro en la oreja. Del otro hombre -el que conducía la ambulancia- no recuerdo nada, ni siquiera sé si hizo un comentario. Perdieron mucho tiempo y Félix discutió con ellos. Finalmente aceptaron llevarme, pero ni tan siquiera me ayudaron a subir a la ambulancia, mucho menos me acostaron en la camilla, me administraron algo o se comunicaron con alguien por si acaso se presentaba una emergencia en el trayecto hasta el hospital. Sentada en un pequeño borde de la parte trasera de esa ambulancia, como si fuera una prisionera, hice el viaje desde la calle San Vicente de Paul 17.3º Dcha (A Coruña) hasta el Hospital Juan Canalejo de la ciudad herculeana. Ese servicio lo solicité a eso de las 22 ó 23 horas del miércoles 12-10-05. Debido a mi estado de salud es imposible precisar la hora, pero fue esa, más o menos. El hombre del aro en la oreja iba atrás conmigo y Félix iba con el chofer. Nunca ese paramédico me dijo nada, mucho menos trato de tranquilizarme porque yo me quejaba mucho debido a lo fuerte del dolor.
No tenía de dónde sostenerme por si la ambulancia se movía. Veía la camilla vacía como si estuviera muy lejos de mí y creo que, si hubiera estirado mi brazo, la hubiera tocado. La ambulancia viajó a muy poca velocidad. Extrañé el sonido que hacen cuando se trata de una emergencia porque para esos monstruos yo no lo era. Supongo que tan poca velocidad fue adrede. ¡Aquello era increíble! Luego de mi egreso, después de ser operada, hice la denuncia del caso de la ambulancia a través del teléfono 981.547447 ó 981.231842. No recuerdo en cuál de esos teléfonos puse esa denuncia, pero me atendieron muy bien. Es la Fundación Pública de Urxencias Sanitarias.
Ya en el
hospital Juan Canalejo de A Coruña la atención fue inmediata y excelente. Sólo esperé unos minutos en un pasillo. Luego comenzaron los estudios e hicieron lo que Dámaso Díaz Otero (“flamante” médico perteneciente a la Real Academia de Galicia por la voluntad de un loco o por amiguismo) debió hacer desde el lunes 10-10-05 cuando me vio en su consulta privada e inexplicablemente me mandó a mi casa indicándome, por escrito, lo siguiente que transcribo tal y como él lo escribió:

10. X. 2005.
PACIENTE: GUEDEZGARCIA, Carmen Rita.
HISTORIA Nº: 19.060.

DP.
BUSCAPINA COMPOSITUM……Grageas.
Un envase.
Tomar una gragea cada 8 horas.
DP.
TORECAN……….Comprimidos,.Un envase.
Tomar un comprimido despues desayuno y cena.
Luego, estampó su firma.

Esas fueron las indicaciones que me entregó Díaz Otero. Ese papel existe y está en mi poder por lo que ni él, ni Félix Piñeiro Rey, ni nadie, pueden desmentirme. Todavía conservo las aberradas indicaciones del doctor Dámaso Díaz Otero que sólo pueden ser posibles dentro de la peor mala praxis médica, por varias razones, ya que no es capricho mío decir que conmigo Dámaso Díaz Otero cometió mala praxis médica y a continuación explico por qué:
1- La clínica que yo presentaba al momento de asistir a su consultorio el lunes 10-10-05 era la siguiente: dolor abdominal intenso desde hacía tres días, vómitos durante muchas horas que habían comenzado a disminuir pues desde hacia tres días no ingería alimentos y un abdomen muy distendido a la palpación. Ese cuadro tenía que haberlo hecho pensar en un abdomen agudo. A eso se le suma que al abrir la historia (yo visitaba su consultorio por primera vez) y preguntarme si había sido operada alguna vez, le respondí afirmativamente y le hablé de una operación de útero que estaba en retroverso grado III y fue llevado a la posición correcta en esa operación en la que, también, ligaron trompas. Eso fue a principios de 1991 ó 1992. Esa operación, más la clínica que yo presentaba hacía sospechar de una obstrucción intestinal por bridas (adherencias producidas por una operación anterior).
2- No olvidemos que Dámaso Díaz Otero tenía en sus manos una prueba irrefutable de obstrucción intestinal: una radiografía abdominal que la ponía claramente en evidencia. Esa radiografía se acompañaba de un informe y fue hecha por el radiólogo que él mismo indicó ese lunes que fui a su consultorio. Salí, me hice el eco y la RX.
3- Esa misma tarde, una vez que se realizaron esos estudios, inmediatamente me trasladé de nuevo al consultorio de Díaz Otero para mostrarle esa RX y el ecosonograma que él había ordenado. Le dije que el radiólogo (doctor Demetrio Bouza, si es que es ese su nombre pues el informe lo extraviaron en el Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela) me había dicho: “Señora, ingrese inmediatamente en un sanatorio” Por todo lo anterior me veo obligada a hacerme varias preguntas con respecto a Dámaso Díaz Otero que enumero a continuación:
1- ¿Cómo puede explicarse que Dámaso Díaz Otero haya actuado tan irresponsablemente haciendo caso omiso a la RX de abdomen, al informe del radiólogo sobre esa RX y a la clínica que yo, como paciente, presentaba? ¿O es que la clínica de un paciente no le importa a este médico, vergüenza de la Real Academia de Medicina de Galicia?
2- ¿Cómo pudo Díaz Otero mandarme a comer pues el TORECAN lo indicó después de desayuno y cena? Así consta en las indicaciones que me dio por escrito.
3- ¿Qué sentido tenía la BUSCAPINA COMPOSITUM ya que un dolor por obstrucción intestinal es muy fuerte y es imposible que se alivie con ese medicamento?
Es absolutamente irresponsable -y casi se puede acusar de intento de asesinato- el que a un paciente con una obstrucción intestinal se le indique comer pues lo primero que se hace es retirar todo tipo de comida, incluyendo el agua, aunque usted no lo crea. Lo indicado, luego, es colocar la dolorosa e incómoda sonda naso gástrica (SNG) -que se coloca igualmente en niños o adultos- indispensable en una obstrucción intestinal. Después, todo lo ponen a través del suero y se prohíbe, como ya dije, ingerir agua. Eso lo sabe hasta un estudiante de medicina. ¿Cómo lo pasó por alto un miembro de la Real Academia de Medicina de Galicia que tiene más de 70 años de edad? Eso indica una larga trayectoria como médico. ¿Cómo puede Dámaso Díaz Otero justificar su error en mi caso cuanto todo estaba tan claro y las dudas eran imposibles? ¿Acaso sus correrías clandestinas en los alrededores de la calle La Torre de A Coruña lo han trastornado? Todo se sabe, Dámaso. ¡Todo! y bien sabes de qué hablo. Respóndele a tu gente de qué va este comentario donde menciono a los alrededores de la calle La Torre porque esta crónica saldrá en GOOGLE y en YAHOO, como ya han salido otras cosas que he escrito de ti y ya habrá gente conocida tuya que lea esto. El usted está demás. No es una demanda -que bien merecida la tienes- sino el desprestigio público lo que te mereces porque casi muero por tu irresponsabilidad y, pasado un año, todavía sufro las consecuencias de tu error y es tuyo porque eras el médico. La paciente era yo, por lo tanto no soy responsable porque el que sabías eras tú. El punto está en que no sabías nada de nada.
A partir de mi ingreso, y mi pase a manos de los médicos del hospital Juan Canalejo, quedé incomunicada con el mundo. No recuerdo mucho todo el trajín de esa noche. Apenas recuerdo una camilla (así la veo) donde hicieron otra RX. No supe más de Félix Piñeiro Rey. Al día siguiente, me enteré que se había ido a su casa. Pude haber muerto y él, se había marchado llevándose mi pequeña maleta roja. ¿Cómo pudo irse sabiendo lo mal que yo estaba? Eso y muchas cosas más no logro entender en él, pero no me cabe ninguna duda de lo inhumano y egoísta que es. Su historia está llena de actos así y cuidado si el suicidio de su hijo Félix Piñeiro Rodríguez, ocurrido en diciembre del 2004 cuando se celebraba un juicio en su contra por violencia doméstica, esté ligado a la dureza de Félix y a lo que vio en su casa entre su padre y su madre. La defensa estaba a cargo de su hermano, Abraham Piñeiro Rodríguez, pero Félix hijo no llegó hasta el final. Su hijo lo encontró muerto. Creo que se ahorcó. A diferencia de su padre, que es un deportista de toda la vida, Félix hijo tenía un gran exceso de peso.
Al amanecer del jueves 13-10-05 me encontraba en una extraña sala con otros pacientes del Juan Canalejo. Parecía una película. Trate de que me comunicaran con el consulado venezolano en Vigo, pero no quisieron hacerme ese favor o no pudieron comunicarse. No lo sé. Días antes, había avisado al consulado de mi gravedad. Olvidé pedir que llamaran a Carlitos a pesar de ser mi mejor amigo en A Coruña. No funcionaban mis cinco sentidos. Una señora gallega que se encontraba en una cama al lado de la mía trataba de hablar conmigo, pero no estaba yo para cotilleo. La sonda naso gástrica me molestaba mucho y una amable cirujana se acercaba frecuentemente a mí. Se la veía preocupada. En el transcurso de la mañana llegó Félix con mi maleta roja. Desde el día anterior estaba previsto que, en horas del mediodía, debía yo trasladarme al
Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela donde el catedrático doctor Don Joaquín Potel, médico director del Servicio de Cirugía General y de Digestivo de ese hospital me esperaba.
Pedí a Félix mi pequeña maleta y se negó a dármela por puro capricho. Entonces la señora gallega que estaba a mi lado le dijo:
- Señor, ella ha estado llorando todo el tiempo por usted. Ella llora y llora. Nu para de llorar por usted. ¿Nu sabe? Dicho con ese típico acento galego que rápidamente puedo identificar.
En medio de mi dolor la escuchaba asombrada pues no sé llorar ni aun en los peores momentos. Pensé que esa mujer estaba loca. En un momento en que Félix se ausentó le pregunté, muy molesta, por qué le había dicho a Félix algo que no era cierto. Ella me respondió:
- Se lo dije porque como no le quiere entregar la maleta, a ver si diciéndole eso se la entrega.
Casi me eché a reír con semejante ocurrencia. Fue una muestra que tuve de la inteligencia de los gallegos. Pensaba que esa señora estaba loca y me demostró ser muy astuta. Lástima que no pude conocerla más porque inmediatamente pedí el alta para trasladarme a Santiago de Compostela a un hospital que ya conocía desde la primavera de ese mismo año y me ofrecía más seguridad, al menos eso sentí. Supe luego por mi hija, que es médico y vive en España, que el Hospital Juan Canalejo me hubiera brindado la misma atención que el Hospital Clínico de Santiago de Compostela.
Félix le dijo a la joven cirujana que, con esmero me atendía, que el doctor Joaquín Potel nos esperaba. Ella dijo: “Ah, el catedrático”. Es muy conocido el doctor Potel en toda Galicia. Luego la doctora se dirigió a mí para decirme: “Espero que usted sepa que debe trasladarse inmediatamente a un centro de salud. Lamento que lo que se hizo aquí se pierda porque los estudios que se realizaron no pueden salir de este hospital y la sonda naso gástrica hay que retirársela” Era terrible porque introducir esa sonda produce en el paciente una molestia espantosa, casi una tortura.
Retiraron la sonda naso gástrica, firmé el alta, me trajeron una bolsa con una etiqueta donde estaba mi nombre. Ahí estaba mi ropa y zapatos. Todo muy organizado. Salí acompañada de Félix y pasé unos minutos apenas por casa a recoger unas últimas cosas. Luego partimos al Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela donde el viernes 14-10-05 en la noche me operaron de emergencia. Se había perdido mucho tiempo (exactamente una semana desde que comenzó la obstrucción) y ya una parte de mi intestino estaba cianótico por lo que hubo que hacer una recepción intestinal (cortar un pedazo de intestino) y por lo distendido que estaba mi abdomen una peritonitis perforó mi intestino durante el acto quirúrgico que llevó a cabo la doctora Puri Parada a quien le debo la vida. Si demoran más en operar hoy no estuviera con vida.
Lo único que debo agradecerle a Dámaso Díaz Otero es el haber llamado, delante de mí, al doctor Joaquín Potel (son muy amigos) para mi ingreso en su servicio y para pedirle un informe de mi estado de salud. En una nota de puño y letra escrita por Díaz Otero el miércoles 12-10-05 para Joaquín Potel, y que yo conservo, Díaz Otero le recomendaba mi caso. En ese momento acordaron entre ambos mi ingreso para el jueves 13-10-05. Muy bello gesto, pero tardío porque eso debió hacerlo el lunes 10-10-05 cuando me vio en su consulta privada y tuvo en sus manos la RX que daba constancia de la gravedad de mi salud debido a una obstrucción intestinal y eso no admite demora. No entiendo por qué el doctor Joaquín Potel no pidió que me trasladara ese mismo miércoles a su servicio en Santiago de Compostela. Quizás las explicaciones que le dio Dámaso Díaz Otero no lo alarmaron. Quizás Potel creyó en Díaz Otero. Ignoro qué pasó, pero una fallá médica más conspiró en mi contra y mi salud no soportó tanta espera, de ahí que tuve que ingresar ese miércoles en el Juan Canalejo.
Mi caso no fue fácil por el tiempo que se perdió y sobre eso siempre caerá una sombra de duda en la persona del “doctor” Dámaso Díaz Otero. Su prestigio quedará manchado con mi caso o, al menos, muchos dudarán de él porque mi enfermedad no admitía confusión alguna. Desde el punto de vista médico, todo estuvo muy claro desde el principio. 26 días hospitalizada y un largo post operatorio en casa hablan de que lo mío no fue ninguna tontería.
Hoy, a un año de haber comenzado aquel doloroso episodio, mi estomago no es el mismo y nadie -ni en España ni en Venezuela- dan una explicación satisfactoria. “No sabemos lo que pasa”, esgrimen los ineptos gastroenterólogos que me han tratado y -atendiendo a las interrogantes de un médico venezolano, gran amigo mío- me pregunto: ¿tendré que ser yo, como paciente, la que deba responder qué pasa con mi estomago y por qué lo siento tan extraño o por qué mucho de lo que como me cae mal a pesar de la estricta dieta que cumplo al pie de la letra? Siendo así, ¿cómo olvidar aquel 07 de octubre en la mañana cuando mi estómago no lo sentía extraño y las comidas las toleraba bien? Es decir, ¿cómo olvidar la época en que fui una persona normal? Ya no lo soy.
La parte correspondiente a lo que viví en el HOSPITAL CLÍNICO UNIVERSITARIO, que forma parte del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela (Galicia-España) la publiqué en este mismo blog el día 20 de enero del 2006 bajo el título:
DEL CAMINO DE SANTIAGO AL PENOSO CAMINO DE UN HOSPITAL.
Trata ese largo texto sobre lo que viví durante los 26 días de estadía en el más importante hospital de Santiago de Compostela (España). De todo lo escrito ahí sólo me retracto de lo bien que me expreso de los médicos venezolanos porque en mi chequeo médico en Venezuela me encontré con los gastroenterólogos más inhumanos y malos que he visto, amen del servicio de RX de una conocida y costosa clínica del este de Caracas. Esa clínica siempre será recordada porque estuvo marcada por la tragedia y el escándalo mediático. Ahí, un Transito Intestinal me lo realizaron mal y así consta en el informe médico del gastroenterólogo que, además de no vigilar el Tránsito Intestinal como le correspondendía, extravió la biopsia de una gastroscopia que me practicó. Ese médico (?) no aceptó ese Transito Intestinal y lo dejó por escrito en un informe que, luego de mucho luchar para que me lo entregara, lo hizo a regañadientes gracias a la mediación de otro colega que sí me aprecia.
No faltó un gastroenterólogo de esa misma clínica, que me botó de su consulta una vez que una doctora de RX le contó (eso me consta y ese médico sabe que fue así) que yo había exigido a RX de ese centro asistencial que me devolvieran el dinero de un Tránsito Intestinal que estaba mal hecho. Es muy cierto lo de mi exigencia porque tenía -y tengo- el derecho de hacerla ante un estudio que no sirvió por culpa de ellos y no mía que, como paciente, nada podía hacer. Ese médico "honorable y muy humano" (según un amigo de infancia) y que, irónicamente, pregona la necesidad de la buena praxis médica se molestó mucho ante mi actitud de exigencia con el servicio de RX y optó, en abierta represalia contra mí y contra mi derecho a EXIGIR, por no revisar varios exámenes que él mismo me había mandado a practicar sin importarle los resultados y mucho menos el dinero que gasté en realizármelos. Para empeorar la situación, ese día yo presentaba un fuerte dolor abdominal y, en lugar de examinarme, me dijo que no me quería como su paciente y me echó de su consultorio sin importarle mi dolor físico. Su secretaria sabía que yo me sentía muy mal. Fue un acto de humillación imperdonable y lo más triste es que lo hizo con una tranquilidad que rayaba en la demencia. ¿A eso se le puede llamar médico? ¡No! Ese es un insecto, y muy dañino. En todo caso, ese hombre es muy peligroso para cualquier paciente. Ese y el otro gastroenterólogo son pejudiciales para la salud.
La peor mala praxis médica la vi en esos médicos gastroenterólogos y en esa médico de RX , tan mala como la de Dámaso Díaz Otero, pero más inhumana porque al menos a Dámaso no se le puede negar un trato agradable y no déspota con el paciente que es el caso de estos estos galenos venezolanos en particular. Debo ser justa en este aspecto. Todos esos médicos, nacidos y formados en Venezuela, trabajan en la misma clínica, institución que nunca respondió mis e-mails donde exigía la devolución del dinero del Tránsito Intestinal. Mucho menos se pronunciaron ante la actitud de esos médicos en una complicidad que no le hace ningún bien a los médicos honestos que trabajan en esa clínica privada. El hecho de que yo no dé nombres pone en entredicho a las clínicas caras del este de Caracas y a los gastroenterólogos y radiólogos que ahí trabajan, pero no es mi culpa. Si doy nombres me convierto en una perseguida de esa clínica y de esos médicos y sus abogados. Que cada uno demuestre su inocencia. A ver quién puede decir al leer esto: "Yo no fui" o "En esta clínica no pasó eso".
Salvo la responsabilidad de médicos venezolanos maravillosos y humanos como Federico Gómez Sandoval (mi ángel guardián) y Luis Enrique Palacios (mi estimado internista y amigo desde hace años) sólo para nombrar a los más involucrados en este episodio de mi salud. En Venezuela hay otros médicos muy respetables para mí, como Rafael Muci-Mendoza, Pedro Debess (a quien le debo mucho), Paul García (un médico muy humano) Bernardo D’Onofrio, Lisandro López Herrera, Hermán Hoffman y mucho más que están en mi corazón y a los que pido disculpas por no nombrar. En especial doy las gracias a mi hija mayor (médico residenciada en España) que, con amor y mística, curó mi herida en A Coruña luego que egresé del hospital, y lo hizo sin ser cirujano. Todos los médicos que conocen bien mi caso saben que la herida de la operación se complicó demasiado y que de no ser por ella, y la ayuda que desde Venezuela le brindaron algunos de sus colegas médicos, mi salud se hubiera visto más comprometida, pero las cosas hechas con amor alivian, aunque no curen.
No puedo olvidar hoy a:
  • Concha y sus hijos: cada uno muy especial para mí. Inolvidable la mirada y la solidaridad de Toya y María Rosa. Inolvidable Concha. Inolvidables todos. Son mi otra familia gallega en Silleda.
  • A Maruja y a su hermana
  • A mis hijas
  • A Germán, esposo de mi hija.
  • A Guillermo por llamarme siempre y apoyar a Eva.
  • A María Fernanda Jover que, sin conocerme, sostuvo mi mano cuando salí de la operación y me llevaron a la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos)
  • A Fanny Luna Villegas, una venezolana residenciada en Santiago de Cosmpostela que me hacia compañía un rato por las noches.
  • A Carlitos, mi amigo del alma, mi galego querido. Ambos compartimos a Nena, nuestra querida perra.
  • A Xil, quien después me ha brindado un gran afecto. Cuando enfermé apenas lo conocía.
  • A Francisco Castro, un venezolano residenciado en Vigo. No olvido las lágrimas en sus ojos cuando me visitó.
  • A Elsy Fernández, vice consul en Vigo para ese momento quien siempre estuvo pendiente de mí.
  • A Macarena, una estudiante de enfermería que nos daba a mi hija y a mí la información que los médicos nos negaban, a pesar de que mi hija es médico.
  • A otras enfermeras: Conchita Coto (¡cuánto hizo Conchita por mí!), Eva, Leonilda (Leo), Lina y Mónica.
  • A la doctora Puri Parada por decirme la verdad sobre lo que estaba pasando y por tener el coraje de operar en lugar de seguir postergando poniendo en riesgo mi vida. Siempre supe que terminó agotada en la madrugada luego de finalizar mi operación. Me lo dijo Toya, la hija de Concha, que la vio demacrada cuando fue a informar que yo seguía viva.
  • A la doctora Eunise, asistente del doctor Joaquín Potel.
  • A Antonio Pérez Morgade, administrativo del servicio donde me encontraba hospitalizada. Él me prestó todo tipo de ayuda cuando necesité, estando hospitalizada, hacer diligencias fuera del hospital, como enviar un fax. Galego casado con una venezolana y, en extremo, encantador y servicial.
  • A todo el personal que labora en los distintos servicios de radiología y tomografía del Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela. Tengo de cada uno de ellos un hermoso recuerdo por su trato humano y respeto al enfermo. A pesar de la huelga nacional de radiólogos que se llevaba a cabo por aquellos días nunca dejaron de hacerme un estudio.
  • A una joven doctora gallega a quien no conozco y que, a raíz de la publicación de mi larga crónica DEL CAMINO DE SANTIAGO AL PENOSO CAMINO DE UN HOSPITAL, me envío un conmovedor e-mail.
  • A mis médicos venezolanos desde hace años que por teléfono me brindaron toda su ayuda.
  • A mi prima Mary Espinoza por su gentileza en llamarme.
Tampoco olvido a tantos otros venezolanos, gallegos y gente de otras nacionalidades que estuvieron a mi lado, tanto en el hospital como a través de la línea telefónica, en esos tristes y duros días: Liliana Yanez, Jesús Medero, Ninoska Rojas, Luis Garbán (Cardopusher) y quien fue mi amigo del alma: Ricardo Báez Duarte. A todos los llevo en mi corazón con agradecimiento eterno. Lamento que Ricardo ya no esté y lamento profundamente la angustia que le causé a mis hijas. Perdón pido a los que no he nombrado y son muchos. Lo sé.
Me acompaña un triste recuerdo de muchas enfermeras que evoco como torturadoras de oficio y que me hicieron un gran daño físico y psicológico. Sólo dos nombres pude obtener y ellas son: María Teresa Vazquez Diéguez (su maldad para con los enfermos no tiene límites) y Celia Baudot, pero en ese hospital la mayoría de las enfermeras producen miedo en los pacientes, al igual que lo produce el conocido doctor Beiras (hermano del político Xosé Manuel Beiras Torrado), médico detestable por demás con su frialdad y trato distante con aires de Dios del Olimpo. Cuando entraba en nuestra habitación a Concha y a mí se nos venía el mundo encima. Nunca dejó Beiras un grato recuerdo.
Lástima que un mal médico (o más de uno), unas crueles enfermeras (salvo algunas, muy pocas), un mal amigo (Félix Piñeiro Rey) o un servicio de ambulancias, dañen tanto a un ser humano hasta el punto de no permitir que el trauma de un episodio tan duro se supere jamás. Hay que vivirlo para entender el porqué no se olvida.
Consíderese esta crónica como una denuncia que aboga por el buen trato a un enfermo, sea quien sea. Al menos yo puedo desahogarme escribiendo, pero hay quien no se desahoga jamás. Esos sufren más que yo y por ellos escribo.


Carmen Guédez
ESCRITORA

martes, 29 de agosto de 2006

ADAPTARSE

Adaptarse es un verbo que hoy, peligrosamente, se conjuga a cada momento en Venezuela. No es que quiera hablar de la política venezolana que hace mucho tiempo dejo de interesarme, pero luego de un e-mail que recibí me resulta imposible dejar de hablar de eso de la adaptación, tan típica de la Cuba de Fidel Castro.
Mi hija mayor -médico residenciada en España- ha analizado el fenómeno venezolano de irse adaptando al régimen chavista. Analizado desde afuera es obvio que la oposición optó por adaptarse cual animales de laboratorio. Los venezolanos se preparan para la nueva victoria de Chávez, el próximo diciembre, amoldándose desde ya para aceptar lo que venga. Lo mismo hizo el pueblo cubano y miren lo que les pasó. Mientras tanto, en Venezuela no se percatan del peligro que trae consigo el adaptarse.
A mi se me ocurrió mandarle a Sergio (un amigo) un correo que me envió una agencia de viajes alertando sobre las acciones del SENIAT en el aeropuerto internacional de Maiquetía y, como respuesta a tal inocentada de mi parte, recibí un e-mail donde él -de manera muy agresiva- me recomendaba: 1- Adaptarme. 2- No quejarme. 3- Vivir en el exterior, consejo que está demás pues el exterior (en mi caso Europa) ha sido algo normal para mí desde que era niña porque el mundo caribeño nunca me agradó. Lo mío son los cielos grises y los días muy fríos. Eso me encanta.
Una extraña reacción nacionalista se apodera de los venezolanos y a los que nos rebelamos y nos negamos a esa adaptación nos echan del país. Nacionalismo tercermundista de arpa, cuatro y maracas que en mi caso no funciona y me resulta cursi. Sin vergüenza alguna, les revelo que nunca me llamo la atención Simón Bolívar y, desde niña, sabía más de Napoleón Bonaparte que del libertador, a quien le salió mal su gesta libertadora porque ahora medio mundo da la vida por vivir en la madre patria. Supongo que me acusaran de anti bolivariana, ¿y qué? Cada persona tiene sus héroes preferidos y Bolívar no es el mío. Así de simple, sólo que pocos se atreven a expresarlo y menos públicamente como lo hago yo. Supongo que no es un crimen no ser fan de Simón Bolívar o que no me haya tomado la molestia de conocerlo mejor.
Aclaro que esto no tiene nada que ver con el actual gobierno. Es mi naturaleza, extraña por demás pues nunca supe de otra niña latina que leyera sobre Bonaparte y soñara con estar parada frente a La Piedad de Miguel Ángel Buonarroti. Y miren que de eso hace ya muchos años, cuando no era imaginable Chávez, ni Carlos Andrés Pérez, ni ninguno de los otros incapaces que gobernaron -y gobiernan- a Venezuela.
Volviendo con el e-mail de mi amigo, de ese texto se desprende que debo adaptarme a la inseguridad, a vivir en una ciudad sucia, adaptarme a las invasiones a la propiedad privada, adaptarme a que cada vez que una persona hace cualquier consumo -grande o pequeño, da igual- le pidan la dirección de habitación y número del carnet de identidad (cédula o DNI). Hace unos días, cansada de que me pidieran todos esos datos cada vez que consumía desde un helado hasta una medicina, di la dirección de A Coruña creyendo que con eso solucionaba el problema. Pues nada, el chico que me atendía me pidió mi número de pasaporte por lo que concluí que, ese control absurdo de cuanta cosa compras, vale también para los turistas.
¿A eso es que debo adaptarme? ¿A qué sepan si tomo o no tomo aspirina? ¿Debo adaptarme a que sepan si disfruto de un helado de fresa o de chocolate? Para eso me mudo a Cuba y me adapto en el propio terreno del modelo original pues las copias no son de mi agrado.
Para mí, los venezolanos ante su incapacidad de rebelarse, se adaptan. A las intransigentes y rebeldes como yo eso no les va. Nada me importa que, `amablemente´, me aconsejen que viva en otro país. Te lo dicen a manera de ofensa, aunque se percibe un dejo de envidia. Y quien te lo dice es gente de la oposición, al menos en el caso de mi amigo.
Al consejo de no vivir en Venezuela es al único que me adapto feliz porque mi sexto sentido me dice que a partir del 2007 la situación de Venezuela empeorará. Ahora hay mucho dinero circulando porque la campaña electoral obliga al despilfarro y eso da votos.
Mil disculpas por hablar de política venezolana, pero el e-mail de mi amigo me impulsó a hacerlo rompiendo una promesa que les hice de no escribir sobre este detestable tema. Espero que esto no vuelva a suceder y tómenlo como un atrevimiento de mi parte.

Carmen Guédez
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jueves, 10 de agosto de 2006

FRIVOLIDAD

Después de ir, sin éxito, tras los pasos de Boris Izaguirre por fin logré que se me considere frívola ya que un post mío así ha sido calificado y, supongo, que eso incluye a la autora. ¡Qué dicha!
Boris supo hacer de la frivolidad un buen negocio y eso es admirable. Lo conocí cuando él tenía 13 años. Para entonces ya se vislumbraba lo que es hoy. El animador y escritor venezolano -nacionalizado español- convierte lo banal en virtud y opaca a los españoles en ese aspecto. Hace poco se lo comenté a Rodolfo Izaguirre, su encantador padre. Orgulloso escuchó mi comentario. Eso fue la noche de la inauguración del Festival Atempo.
El calificativo de frívola (así lo asumo por ser quien escribe en este blog) me lo otorgó un lector que sólo dejó el supuesto nombre de “Antonio” en un comentario que hizo tras la publicación de mi post
MIS DOS PABLOS. No se lo pierdan para que lean ese post frívolo... según él. Su peculiar comentario sobre MIS DOS PABLOS lo pueden leer al final de ese texto.
Lástima que ese lector no dejó su correo. Sólo dejó su nombre y éste no es muy creíble. De su apellido no dejó ni la inicial. Sigo sin entender por qué la gente se ampara cómodamente en el anonimato. Con lo delicioso que es dar la cara y pasar por irreverente, antipático, o lo que sea, frente a quien se cuestiona o se denuncia. Yo sufro si me veo obligada a usar el anonimato.
¿Qué sabor tiene criticar, cuestionar, disentir, reclamar, denunciar, etc. sin que se sepa quién es el que tiene la osadía de hacerlo? ¡Cómo se nota que este hombre no le ha tomado el gusto a la irreverencia! En eso soy una experta.
Pero volviendo con la frivolidad, de verdad verdad que ese es mi sueño dorado para vivir en paz sin pensar en cosas tristes o injustas. El que alguien me etiquete de frívola es un halago porque tanta solemnidad ya me tiene cansada. Y miren que me he esmerado en que se me conozca por superficial al dejar ver que adoro la buena ropa y que soy fan de Kina Fernández, la famosa diseñadora gallega (aclaratoria innecesaria, pero siempre hay alguien que no está In). Tampoco me creen que compulsivamente -cosa de neuróticos confesos- compro bisutería cara y de firma (ver foto en este blog) y muchos piensan que es un tremendismo cuando digo que me demoro una hora para maquillarme y que ni enferma salgo a la calle sin pasarme esa hora entre pinceles y cosméticos. Aún así, no creen en mi frivolidad. ¡Qué cosas!
En cambio, este señor “Antonio” apenas leyó un texto solemne -casi melancólico- de mi autoría y enseguida se dio cuenta de mi frivolidad, con lo que queda claro que ese es mi lector más brillante ya que los otros no fueron capaces de ver lo que era obvio. ¿O los engañé?
Como quiera que sea, el tal “Antonio” resulta perceptivo y lee entre líneas, mientras mis otros lectores se quedan en las supuestas reflexiones o constantes críticas que suelo hacer y que me costó la tan mencionada censura en El Universal a finales del 2004, hecho que me sigue llenando de orgullo porque publicar YO, EMPRESARIA ha sido mi mayor irreverencia.
Mi halago para “Antonio” sería mayor de no haber sido porque le falta personalidad y algo más que ustedes intuyen. Lo digo por eso de no firmar y ese dubitativo “algo frívolo” y un “lo siento” que está demás y le quita fuerza a su crítica. Debió ser tajante al opinar. Tanta sutileza es cursi. Pareciera que le dio lástima atacarme y se fue por las ramas. A lo mejor pensó que yo no podría defenderme y se quedó corto en su crítica, posiblemente por un lastimero "¡pobrecita!".
Estoy por pensar que muchos de mis lectores, incluidos mis dos Pablos, son unos ingenuos que se creyeron el cuento de que soy lo que ellos quieren que sea y ni por un momento cruza por sus mentes la divina sensación que siento al hablar de trajes, avionetas, fiestas, gente linda, cirugía plástica, etc. en lugar de cárceles, libros, hospitales, enfermedades, niños que no comen y esa cantidad de hechos que hacen infelices a los seres humanos y que, hábilmente, uso para esconder mi amor por lo superficial y todo aquello que no produzca dolor ni estado de culpa.
Ahora -puesta al descubierto por el tal "Antonio"- no me queda otra que perfeccionar mi frivolidad y no esconderla nunca más. Confieso que mis dos Pablos son una excusa perfecta porque todo frívolo debe tener un amigo intelectual y si son dos o más (como es mi caso) eso contribuye a convertir al frívolo normal en frívolo ideal. Nunca conté que Pablo Santiago fue modelo, ¡y vaya que puede seguir siéndolo! Esta es una de sus fotos en blanco y negro, mis favoritas.

Cuando vino la acusación que lo llevó a la cárcel, el haber sido modelo tuvo más peso que el ser periodista y escritor con un interesante currículum. Se olvidaron de su inteligencia y sólo se fijaron en su porte.
Conclusión: la frivolidad es ruidosa y da popularidad.
Ah, olvidé decirles que, haciendo honor a mi fanatismo por lo superficial, recibo mensualmente el Boletín FASHION FROM SPAIN y no me pierdo
Channel Nº 4, el programa de Boris Izaguirre a quien me gustaría ver con menos kilos en la tele porque personalmente se ve más delgado. Claro, ya no tanto como años atrás cuando nos conocimos y lucía esbelto y con el cutis más bello que he visto. Me lo encontré en el aeropuerto de Barajas y cruzamos unas breves palabras pues ambos andábamos de prisa. Fuimos compañeros durante un año (1979-1980) en un taller literario del Celarg… cuando no éramos frívolos.
Justo, finalizando este post, me llamó Pablo Santiago desde la cárcel en Galicia donde está recluido. Me sigue alegrando su gentil llamada, pero sería más glamoroso que me llamara desde la pasarela de Cibeles.
Para “Antonio”, mi agradecimiento por su comentario que motivó este post. Por las comillas que coloqué en el nombre que dejó, sólo puedo decirle: lo siento.

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sábado, 27 de mayo de 2006

ADVERTENCIAS SOBRE RACISMO EN EL MUNDIAL DE ALEMANIA

El ex portavoz del gobierno alemán y actual presidente de una fundación antirracista, Uwe-Karsten Heye, ha declarado lo siguiente: “No recomendaría a visitantes del Mundial que tienen otro color de piel pasearse por algunas ciudades pequeñas y medianas del estado federal de Brandenburgo. Probablemente no salgan con vida de ahí"
Algunos representantes del actual gobierno alemán criticaron las declaraciones de Heye por considerarlas excesivas. Sin embargo, otras figuras políticas, como el Euro parlamentario por el Partido Verde, Daniel Cohn-Bendit, lo apoyaron.
Muchos inmigrantes espabilaos se preguntan si es seguro viajar a ciudades como Brandenburgo.
Los neonazis se ven sólo en el este de Berlín y en el este de Alemania. En el oeste no se ven jamás, por lo menos no se les ve con su aspecto y ropa típicas. A muchos les resulta cínico que los políticos digan que eso no es cierto, sólo para salvar una imagen que no existe. No hay más ataques a extranjeros en el este alemán porque ninguno -o pocos extranjeros- se animan a ir para allá. Hay como una tolerancia en el este alemán a los neonazis.
Si andas solo de noche por esos lados , y no te ves muy ario, y tienes la mala suerte de toparte con los neonazis, lo más seguro es que algo malo te suceda.

Folleto sobre áreas peligrosas
Pocos días antes del comienzo del mundial, el Consejo Africano, una organización de inmigrantes de Africa en Alemania, anunció que publicará un folleto advirtiendo a aquellos visitantes al Mundial, de piel no blanca, sobre los lugares que deben evitar para no ser víctimas de atentados racistas.
"No queremos ser los aguafiestas de este mundial, pero algo se debe hacer contra esa ola de violencia que amenaza a las personas de otro color de piel o que se ven como extranjeros", declaró Mochar Cámara, presidente del Consejo Africano en Berlín.

La FIFA revela plan contra el racismo
"Vendrá gente que no tiene idea de lo que pasa acá y que creen que se pueden mover libremente. A esa gente le puede pasar algo y eso queremos evitarlo".
La lista comprende algunos barrios en el este de Berlín y gran parte de las ciudades del este alemán.
El nivel de atentados racistas en el este de Alemania es, según cifras oficiales, ocho veces mayor que en la Alemania occidental. Hace un par de semanas un ciudadano alemán, de origen etíope, fue golpeado hasta dejarlo al borde de muerte por dos hombres de la escena neonazi en Potsdam, una ciudad a pocos kilómetros de Berlín, en el este alemán.
Considero que estas advertencias no deben ser subestimadas por aquellos extranjeros que asistan al Mundial de Alemania 2006. Después de leer esto, decidan ustedes.

Carmen Guédez
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