martes, 13 de septiembre de 2005

DE CÓMO SURGIÓ MI VIAJE AL CAMINO DE SANTIAGO

En los próximos días viajo de nuevo a España. En esta oportunidad una casualidad me lleva a hacer ese viaje. Les cuento:
Suelo despedirme de las ciudades que me gustan y La Coruña me encanta. A finales de marzo de este año caminaba cerca de los Jardines de Méndez Núñez y, en esa despedida, miraba las hermosas galerías que le han dado a esa ciudad el nombre de “la ciudad de cristal”. Disfrutaba cada ventana, cada cortina, cada detalle y, de pronto, sentí la necesidad de saber cómo se llamaba la avenida donde yo estaba y que pasa, justo, frente al Cantón Grande y el Cantón pequeño. En una esquina paré a la primera persona que transitaba por ahí. Suelo ser despistada y, en ese momento, el señor al que me dirigí no me llamó la atención. Él, amablemente, respondió a mi pregunta de típica turista, pero me sorprendió que me respondiera dándome muchos detalles y, además, era evidente que disfrutaba haciéndolo.
Los gallegos, cuando no conocen a una persona, suelen ser muy parcos y éste no lo era. A los pocos minutos terminamos sentados en un banco de los Jardines de Méndez Núñez mientras, extasiada, escuchaba una extraordinaria historia pues frente a mí tenía a un auténtico peregrino.
Peregrinos hay muchos ya que el Camino de Santiago es un lugar emblemático y cientos de personas lo recorren a diario, pero Félix Piñeiro Rey -así se llama este coruñés- no es un peregrino común y, mucho menos, anónimo. En 1993 hizo el peregrinaje desde Munich hasta Santiago de Compostela en tan sólo 62 días y entró en el libro de Récord Guinness por esa odisea. La prensa y la televisión reseñaron su historia.
Me quedaban apenas dos días en La Coruña pues debía partir para Madrid. Sentí un profundo pesar de haber conocido a Félix tan tarde ya que era la persona exacta para recorrer nuevamente cada rincón de Santiago de Compostela, esa ciudad extraordinaria y llena de arte por todos lados que tanto me gusta. ¡Quién mejor que él para mostrarme a Santiago! En cosa de minutos nos entendíamos muy bien y en el poco tiempo que me quedaba fuimos a Sada, otro hermoso lugar de la bella Galicia. También tuve el enorme placer de comer en su casa y me sorprendió la vida tan sana que lleva este hombre pues su comida no es como la que consume la mayoría de la gente. En su cocina se respira pura naturaleza.
En su casa me obsequió el libro que escribió sobre su larga caminata. Luego, cuando partía hacia Madrid, él me despidió en el andén. Para entonces, había entre nosotros una amistad incipiente. En Madrid leí por primera vez su libro: una perfecta bitácora con todos los detalles de los 62 días de su larga caminata en solitario y del entrenamiento previo que lo llevó, un mes antes de partir a Munich, a hacer el recorrido del Camino de Santiago desde Saint Jean Pied de Port (Francia) hasta Santiago de Compostela. Ese recorrido -que es el que todo el mundo hace- Félix lo hizo sólo a manera de ensayo. Lo suyo resultó mucho más fuerte y para ello empleó más de trece meses de preparación física.
Ya en Venezuela volví a leer ese texto y sentí que, más que un libro, aquello era un perfecto mapa con el número exacto de kilómetros recorridos, un frío inmenso y la lluvia perenne cayendo desde esas páginas.
Como libro le encontré muchos defectos, no así como bitácora. Me costaba aceptar el hecho de que una historia tan buena se hubiese desperdiciado. Le hice el comentario a Félix y él aceptó la crítica.
Nuestra amistad fue creciendo a pesar de la distancia, sin embargo no me resultaba nada fácil entenderme con este gallego. No comprendía su mentalidad, ni él la mía, y eso nos llevó, más de una vez, a tirarnos los pastelillos, como dicen los españoles. Pero debo reconocer que si algo admiro en Félix es la constancia y, para mí, eso es lo que más se destaca en su libro como norma de vida. A pesar de nuestras diferencias, Félix nunca se rindió. A sus 68 años es un hombre sabio, pero con el defecto de creer que siempre tiene la razón y, eso, mi carácter no lo soporta.
Con paciencia -más de su parte que de la mía- se terminó de fraguar nuestra amistad. Empecé, entonces, a mandarle mis artículos a su `máquina infernal´, como llama a su ordenador portátil (laptop). Comenzó a leerlos y le encantaron. Fue así como se dio cuenta de que yo escribía en serio y lo hacia bien, al menos para él. Un día me planteó que escribiera su libro nuevamente, y acepté.
Recientemente, cuando me preparaba para comenzar tan ardua tarea desde Venezuela, Félix me sorprendió con una propuesta muy interesante: ir ya al Camino de Santiago para que yo viera con mis propios ojos lo que es aquello y el ambiente que ahí se respira. Le pedí unos días para pensarlo pues mis ocupaciones me impedían viajar inmediatamente. Propuse diciembre, pero me argumentó que para ese mes las condiciones climáticas son muy fuertes para una persona inexperta como yo. Entonces acordamos hacerlo a comienzos de este otoño, así que dentro de pocos días estaré volando con destino a España para partir con Félix hasta Roncesvalles o Saint Jean Pied de Port. Lo mejor de todo esto es que haré el famoso Camino de Santiago con un guía de lujo.
Me enorgullece que Félix haya confiado en mí porque los gallegos no desperdician un euro malamente. Ellos calculan muy bien en qué lo van a gastar. La confianza que Félix me tiene llega al punto de darme libertad total para reescribir su libro. Lo haré basándome en el original. Para mí es un reto que asumo con el natural temor de no salir airosa de ese compromiso que me reclamará mucha dedicación.
Fue así como surgió un viaje que nunca pensé hacer ya que jamás me interesé en el Camino de Santiago, pero por esas cosas de la vida -y quizás presagiando mi futuro- siendo una adolescente me regocijaba contemplando una estampa de una de las tantas imágenes que se pueden ver en la Catedral de Santiago de Compostela si miramos desde la mítica Plaza del Obradoiro. Nunca imaginé, al observar esa estampa que aún conservo, que un día estaría tan cerca de un verdadero peregrino, esos personajes que, con sus vieiras, parecen de mentira… pero existen. ¡Si lo sabré yo!
No es común conocer a alguien en otro país y poco tiempo después hacer un gran viaje con esa persona y que, además, te haga el encargo de escribir su historia. Por todo eso me siento inmensamente afortunada.
Debido a la novela que escribo -cuyo personaje principal pasa los últimos días de su vida en el altiplano boliviano- ya me había comenzado a interesar por los viajes de aventura, incentivada, tal vez, por las andanzas de mis amigos montañistas y por otros amigos que practican esos deportes extremos que tanto me atraen. De niña sí caminé mucho por las montañas de los andes venezolanos.
No sé por qué Félix no me llamo la atención ese día en que, despistada, lo paré cerca de los Jardines de Méndez Núñez. Vestía todo de jean con un chubasquero rojo. No tenía idea de que me estaba dirigiendo a un caminante incansable, deportista de toda la vida, hasta el punto de que un periódico lo llamó `el atleta peregrino´. Quienes le conocen dicen que es una auténtica máquina de andar. Lo cierto es que Félix no pasa desapercibido por su particular estilo de vida, su cabello muy largo y rubio, y su ropa de jean, en perfecta armonía con el azul de sus ojos que parecen haberse tragado todo el mar de Galicia.
Definitivamente fue una casualidad la que se encargó de presentarnos porque esa mañana de primavera yo no tenía pensado caminar por ese lugar donde conocí a este coruñés que sobresale entre tanto peregrino anónimo por haber realizado a pie un recorrido de 2400 kilómetros, el más largo de los certificados hasta el momento en el Camino de Santiago, al menos en solitario y sin una brújula, como él mismo lo dice.
Decidí contarles esta anécdota tan personal para que cuando escriba extensamente sobre Félix sepan cómo llegué a él.
Félix Piñeiro Rey es poseedor de una historia indudablemente atractiva que merece ser contada y ampliamente difundida. Considero que merece la pena que otras personas tengan acceso a él a través de su libro y de un website anexo al mismo. En los próximos días tendré la oportunidad de empaparme más de esa historia para contárselas a todos ustedes, pero muy especialmente a aquellos que sueñan con hacer -o repetir- el Camino de Santiago y lograr tener en sus manos la ansiada compostela.
Carmen Guédez
ESCRITORA
Copyright©Carmen Guédez 2005
tintaindeleble@gmail.com

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ANDREAS, taberna griega: UNA CENA INOLVIDABLE
El jueves 08 de este mes estuve en ANDREAS cenando con unos amigos y con Luis De Ornelas, el encantador dueño de esa taberna griega. Era una despedida por mi próximo viaje y una manera de agradecer el apoyo de unos amigos muy queridos.
Luis De Ornelas se esmeró con una cantidad de platos exquisitos que sirvió en pequeñas porciones antes del plato fuerte de esa cena: cordero con papas salteadas en mantequilla y romero. La cena finalizó con una bandeja que tenía toda la variedad de los sabrosos postres de ANDREAS. ¡Todo un festín!
Ninoska Rojas -mi querida amiga del Festival Atempo- calificó esa noche como mágica y si alguien sabe de buena cocina es ella que ha logrado que la rueda de prensa del Festival Atempo sea inolvidable por las delicias que ella misma prepara para la prensa, delicias que aprendió en Francia.
Definitivamente, deliciosa y muy fina la comida que degustamos esa noche. Mis amigos estaban encantados.
Por la calidad de cada plato y por las atenciones de Luis De Ornelas es que ANDREAS es mi restaurant preferido.
Ya saben: a los que vayan de parte de TINTA INDELEBLE les obsequiarán un rico postre. Aclaro: uno por mesa, pero será algo sensacional.
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Aquellos que se identifiquen como lectores de TINTA INDELEBLE tendrán un descuento del 15%. Con lo caro que están los libros vale la pena ir hasta allá para obtener el descuento. Usted puede encargar aquellos libros que no estén en la librería.
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martes, 6 de septiembre de 2005

NO PASÓ NADA, SÓLO FALTÓ OXÍGENO

Hugo Chávez asumió el poder en febrero de 1999, por lo tanto tiene seis años y siete meses gobernando, tiempo suficiente como para haber hecho algo por el bienestar de los venezolanos. Además, este hombre gobierna con mayoría en la Asamblea Nacional (Congreso) y con el petróleo a un precio tan alto como nunca se vio en otro gobierno. Eso le podría permitir a Chávez hacer de Venezuela uno de los países más prósperos del planeta, pero no ha sido así, mientras los afectos al régimen se hacen millonarios de la noche a la mañana sin poderlo ya ocultar.
Con tanta riqueza proveniente del petróleo mis lectores del exterior no podrán creer que en ese país sucedan hechos propios de países muy pobres. Les cuento una de esas cosas que en Venezuela no se justifican: el 23 de agosto de este año el suministro de oxígeno a los servicios de urgencia y de terapia intensiva de adultos y neonatal falló en un hospital público durante la noche causando el fallecimiento de cuatro personas.
Los médicos tratantes desconocían que estaban trabajando con las reservas de oxígeno. No tenían ellos porque saberlo pues debe existir algún ente que le garantice a los médicos lo elemental para tratar de salvar vidas, y entre lo elemental, que yo sepa, está el oxígeno, pero en Venezuela no es así ya que en nuestros hospitales falta todo y ¡por Dios! que no diga el oficialismo que esto es un invento de nosotros, los de la oposición, porque con sólo acercarse a un hospital público se puede comprobar esta triste verdad que está a la vista de quien la quiera ver.
El pueblo venezolano -sin distinciones políticas- está en el derecho de hacerle una pregunta a sus gobernantes: ¿qué se hace con tanto dinero que entra por el petróleo? Ya el venezolano está cansado de que Chávez y el resto del oficialismo culpen de todos sus errores a los gobiernos del pasado, lo que ellos llaman la IV República. ¿Tiene sentido que después de seis años y siete meses gobernando se siga culpando a los gobiernos anteriores? Entonces, ¿para qué ha servido este gobierno tan largo de Hugo Chávez?
El gobierno debe responder por la dotación de los hospitales ya que la salud es un derecho consagrado en la constitución, pero en Venezuela -país donde reina la corrupción- no hay una sola persona del llamado `gobierno de los pobres´ que dé una respuesta medianamente coherente a lo ocurrido esa trágica noche del 23 de agosto del 2005 en un hospital donde acuden aquellos que no pueden pagar. Irónicamente al lujoso avión de Hugo Chávez nunca le falta gasolina, mientras los pacientes, cuando van a un hospital público, deben llevar los guantes quirúrgicos, las inyectadoras y hasta los medicamentos, algo que en otros países resulta increíble e impensable. Pregunto yo, ¿es así como se gobierna para los pobres? ¡Vaya manera de gobernar para los desposeídos!
El Alcalde Mayor de Caracas, Juan Barreto, respecto a lo sucedido con el oxígeno en el hospital donde fallecieron los cuatro pacientes, culpó a medio mundo -por supuesto que, entre otros, al alcalde que lo antecedió- en lugar de asumir su propia responsabilidad y la que le corresponde al gobierno de su amigo Hugo Chávez quien, a su vez, terminó culpando -como de costumbre- a un saboteo de la oposición. ¿Será que este hombre no madura lo suficiente como para hacerse responsable de sus éxitos, pero también de sus fracasos?
Las disculpas de Chávez son tan insólitas que es capaz de decir que Pérez Jiménez, aquel dictador que fue derrocado en 1958, es el causante de la falta de oxígeno en ese hospital. El teniente coronel y sus empleadillos mediocres (ministros, alcaldes, etc.) no tienen dignidad para reconocer la ineficacia de un gobierno que en seis años y siete meses no ha hecho nada, sino empobrecer, como nunca, a un país que produce petróleo sólo para llenar las cuentas bancarias de los chavistas corruptos y de los nuevos ricos que hacen grandes negocios con el chavismo porque para ellos no vale aquello que dijo Chávez: “Ser rico es malo”. ¡Qué burla!
No quiero imaginar cómo fue esa noche del 23 de agosto para los médicos que, impotentes, veían que no había oxígeno suficiente para los pacientes. Debe haber sido una noche infernal, tan infernal como serán los próximos días y meses en los que se verán envueltos en una `investigación´ que buscará, a como dé lugar, a un culpable entre los tantos inocentes de esa tragedia. Para evadir su responsabilidad es muy probable que la `mala praxis´ sea el argumento perfecto del gobierno para encontrar un responsable.
Todos sabemos el odio tan grande que Chávez le tiene a los médicos venezolanos y ya es hora de que sus colegas del mundo entero se solidaricen con ellos pues en Venezuela ser médico o ser periodista es una profesión de alto riesgo.
Es bueno recordar que, durante el gobierno de Chávez, en un cuartel militar ocho soldados fueron quemados en una celda de castigo. En medio de su tragedia, y desde su cama de enfermo, Ángel Ciro Pedreáñez declaró que el incendio fue producido desde afuera. Esas declaraciones fueran grabadas y todos las escuchamos. Poco después ese soldado murió ya que su estado era muy grave. Con él fueron dos los fallecidos a causa de las quemaduras sufridas. Las declaraciones de Pedreáñez no fueron tomadas en cuenta y se culpó a los médicos de su muerte.
Con este antecedente no sería extraño que, por el fallecimiento de estos cuatro pacientes, de nuevo se acuse a los médicos que tuvieron la mala suerte de trabajar esa noche en uno de los hospitales más críticos de la ciudad de Caracas, como lo es el Hospital de Los Magallanes de Catia, donde se trabaja con las uñas.
Muchos médicos -entre ellos mi hija- decidieron no ejercer en Venezuela y partieron a otros países donde pueden trabajar sin el riesgo de convertirse en `victimarios´ sólo por tratar de ejercer dignamente una carrera tan dura y noble como es la medicina.
Indignada ante la muerte de cuatro compatriotas volveré, en los próximos días, a visitar el hospital PÚBLICO de Santiago de Compostela, en España, para comprobar que no alucinaba cuando el pasado marzo vi un hospital que supera en lujo a la mejor clínica privada de Caracas y donde a los pacientes se les atiende como a seres humanos.
Mientras los hospitales venezolanos están en el abandono Chávez regala nuestro dinero (no el suyo) a manos llenas, dinero que hace falta para dotar a los hospitales, para generar empleos, para tratar de hacer algo ante tanta miseria o para reconstruir a Vargas después de la tragedia que arrasó a nuestro litoral en diciembre de 1999, porque es justo aclarar que para Vargas nunca se destinó el dinero suficiente que permitiera su total reconstrucción y, a más de cinco años de la tragedia, aún no es un lugar habitable. Les aseguro que New Orleans se reconstruirá en menos tiempo.
Imagino que el alcalde Juan Barreto ya olvidó lo sucedido en el hospital de Los Magallanes de Catia y Hugo Chávez -pendiente sólo de figurar a nivel internacional- ya no recuerda que cuatro venezolanos fallecieron por falta de oxígeno. Si acaso alguien osa hablar del tema, el alcalde Barreto, adulante, repetirá:
- Fue una `guarimba hospitalaria´ para tratar de desprestigiar a nuestro amado Presidente.
Y Chávez, sin remordiendo alguno, añadirá:
- Pero si no pasó nada, sólo faltó oxígeno.

Carmen Guédez
ESCRITORA
©Carmen Guédez 2005
tintaindeleble@gmail.com

PATROCINANTES de TINTA INDELEBLE:
• ANDREAS, taberna griega
Un lugar muy agradable donde se come el mejor cordero de Caracas y se toma una bebida a base de yogurt que es una delicia. Como entrada recomiendo las excelentes ensaladas.
Esta semana iré a ANDREAS a comer con unos amigos y con Luis De Ornelas -el encantador dueño de ANDREAS- para despedirme de ellos pues dentro de pocos días me voy a España para hacer el Camino de Santiago con un guía de lujo del que ya escribiré un artículo pues es todo un personaje al que tuve la suerte de conocer en A Coruña en marzo de este año.
ANDREAS mantiene la oferta: a los que vayan de parte de TINTA INDELEBLE les obsequiarán un rico postre. Aclaro: uno por mesa, pero será súper especial. Tienen excelentes postres.
2º transversal de Campo Alegre. Frente a la Clínica Sanatrix
• LIBRERÍA AGO
La atiende su dueña, María Esther Nahmens Larrazábal (sobrina de Wolfgang Larrazábal) excelente librera que les puede contar anécdotas de su famoso tío.
Aquellos que se identifiquen como lectores de TINTA INDELEBLE tendrán un descuento del 15%. Con lo caro que están los libros vale la pena ir hasta allá para obtener el descuento. Usted puede, también, encargar aquellos libros que no estén en la librería.
Av. Newton. Edif. Cubagua. Local A. PB. Colinas de Bello Monte. A 20 metros de la Alcaldía de Baruta.
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