lunes, 20 de junio de 2005

LA ENFERMEDAD DE MI AMIGO LAUREANO MÁRQUEZ

Hace unos días me enviaron un artículo escrito por Laureano Márquez que me dejó muy preocupada. Lo tituló: “El sacrificio de un líder”. Dos días antes yo había conversado telefónicamente con él, justo en el momento en que estaba llegando a su casa, después de un viaje a España. En ese viaje está el punto clave de mi preocupación pues uno se preocupa por los amigos y más después de leer las barbaridades que él escribió en ese artículo. Para los que no lo conocen les cuento: Laureano se la pasa en una viajadera para España y prácticamente vive entre aquí y allá. El pobre está tan enloquecido con eso que es inútil preguntarle la hora porque olvida cambiarla cuando llega a Venezuela. Dígame usted, ¿qué persona que lleve esa vida puede ser normal? ¡Ninguna! En esa viajadera Laureano va dejando sus neuronas en las nubes y cada vez que el avión aterriza tiene miles de neuronas menos. Él ni se entera y por eso es que escribe así ya que lo suyo no es genialidad sino producto de una pérdida sustanciosa, no una minucia de las que puede perder el que viaja una vez al año a Margarita.
Eso de que el que viaja mucho en avión deja parte de sus neuronas en las nubes no es un invento producto de la fantasía del diputado oficialista Pedro Carreño. Se trata de un hecho científicamente comprobado en los Estados Unidos y calificado ya de enfermedad, aunque todavía no tiene nombre. Afecta muy particularmente a los habladores de estupideces. El presidente Bush no quiere que se sepa mucho al respecto para que su homólogo Chávez no deje de viajar ¡Qué tío tan maluco! Eso sí es un magni atentado porque puede dejar a nuestro presidente en estado vegetal. Laureano, ¿ves que todo se sabe? ¡Lero lero! como diría mi amigo Juanito.
Pero sigamos con el artículo. Ahí Laureano se refería irónicamente a aquel honesto y bonito comentario que hizo Chávez al decir -de todo corazón- que a él le gustaría vivir en un rancho. Pero lo que es la mala fe de Laureano que no le creyó nadita y se lanzó en una burla contra ese y otros sacrificios con los que nuestro presidente sueña todos los días. Si Laureano se dedicara a ver y a escuchar durante tres horas a Chávez, sin bostezar, entonces podría observar en el lenguaje corporal y en las dulces palabras de Chávez las buenas intenciones y la sinceridad de lo que dice. Además, hay mucha mentira y habladera de tonterías en su artículo. No me voy a parar a detallar cada una de las mentiras de ese texto, pero por el bien de la patria, no crean lo que escribió en ese digno ejemplar de la más perversa envidia. Para que tengan una idea de la verdad les voy a mencionar algunos puntos. Las corbatas que usa Chávez sí son de suave seda italiana carísima, no lo niego, pero esas se las compró Doña Elena, hace muchos años, a un turco que vendía por cuotas en Sabaneta de Barinas y como la moda regresa se las dio a su hijo para que luciera bonitico cuando se reuniera con esos emperifollaos mandatarios extranjeros. En cuanto a las yuntas de oro, ¡qué mentira más grande! Esas yuntas son una baratija de lata dorada que se compró Chávez cuando era un adolescente para impresionar a las chicas de su pueblo. La mamá de una amiga de un amigo de un primo de un amigo de Chávez asegura que hay testigos de esa compra porque, en plena plaza, Hugo rompió el cochinito para pagar esas yuntas y una colonia baratísima para ver si alguna niña le daba el sí ya que en esos días era tan feito y tan pobre que ninguna le paraba. Como esa noche una, por fin, lo acepto él las guardó de recuerdo y ahora las tiene como amuleto de la buena suerte y no se las quita nunca. Las de oro se las regala a la servidumbre del Palacio de Miraflores con esa generosidad que lo caracteriza.
Ah, pero eso si no lo dice Laureano. ¡Qué lo va a decir si con tanta viajadera confunde lo que dice ZP (Zapatero) con lo que dice Chávez! Ahora, yo no lo culpo -¡aunque me da una rabia!- ni le voy a retirar mi amistad porque compartí con él en abril del 2002 la angustia de no saber de nuestro presidente después que renunció y después no renunció, cosas muy normales que nos pasan a todos los humanos cuando firmamos asustados y sin leer y, luego, nos arrepentimos. Menos mal que el trisoleado Lucas Rincón fue muy $olidario: enmudeció y nunca más volvió a hablar de la famosa renuncia, como debe $er.
Respecto a la enfermedad de Laureano yo culparía a las líneas aéreas. Ellos sí están al tanto del problema de la pérdida de neuronas en las nubes y no se lo dicen a los clientes para seguirlos desplumando pues entre menos cantidad de neuronas tengan más necesitan viajar ya que la adicción a los viajes forma parte de esa patología. Personalmente me inclino por condenar al culpable de moda: el presidente Bush, y con él a la CIA, al FBI, a Mickey Mouse y a todo lo que huela a gringo. Me pregunto si esa enfermedad también afecta a los mandatarios porque, de ser así, Chávez estaría corriendo un grave peligro.
Presidente Chávez, ¡no vuelva a viajar! Hágalo por su pueblo al que
usted ama tanto, y cuide su salud no sea que vaya a sufrir una pérdida
de neuronas. Después de todo, ¿qué es un sacrificio más?


Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com