martes, 9 de agosto de 2005

LA NOCHE DE LA ENTREGA DEL PREMIO RÓMULO GALLEGOS

Antes de comenzar a escribir sobre esa noche quiero agradecer a las páginas web que reprodujeron mi anterior artículo publicado en este blog. También quiero agradecer al Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) el haberle entregado a Isaac Rosa, a su padre y a la esposa de éste mi artículo con esa Guía tan particular que escribí especialmente para el ganador del Premio Rómulo Gallegos 2005.
En esta oportunidad me limitaré a narrar lo más llamativo, para mí, de la noche de la entrega del polémico premio. Relato lo que vi y escuché en el Celarg ese 02 de agosto, no lo que otros me contaron. Esa es la ventaja de haber estado ahí, ventaja que otorga la tolerancia.
Sin duda alguna que al acto de la entrega del Premio Rómulo Gallegos asistieron sólo los chavistas. Seguidores y altas autoridades del oficialismo llenaron esa noche los espacios del Celarg. La ausencia de los intelectuales y no intelectuales de la oposición era demasiado obvia. Tan evidente fue que hasta el padre de Isaac Rosa se percató de ello a pesar de ser español y estar de visita en Venezuela por primera vez. Esas ausencias pusieron en evidencia la división tan grande que hay en este país y las diferencias irreconciliables quedaron a la vista de los españoles.
Ellos ignoran que cuando hay un evento organizado por la oposición los que estaban esa noche en el Celarg no asisten. Ese día me quedó más claro que nunca que Venezuela ahora NO es de todos, al contrario de lo que dice el slogan chavista. Los representantes del gobierno sólo hacen acto de presencia en aquellos eventos de los que considera sus seguidores, independientemente de que lo sean o no, restándole importancia a los eventos de los que considera oposición: Festival Internacional de Teatro de Caracas, por sólo poner un ejemplo. Por otro lado, la oposición no da un paso para demostrar que, a diferencia del gobierno, ellos desean el fin de la intolerancia. Muy pocos de los que no comulgamos con este gobierno asistimos a ese acto al que consideramos como lo que era: un evento sobre literatura y no un evento político.
Sin embargo, tan chavista fue aquello que era asombroso ver en aquel recinto cultural gente con camisas rojas como si estuvieran en un acto presidido por Chávez Frías quien, por cierto, no asistió.
Isaac Rosa leyó un discurso que se capta mejor cuando se lee que cuando se escucha. Un discurso que pone en evidencia su posición izquierdista, que no critico. En ningún momento de su alocución se manifestó a favor del presidente venezolano, lo que no quiere decir que no le agrade Chávez. Aún no lo sé. Yo lo consideré como un discurso muy intelectual y tengo la certeza de que sólo un porcentaje muy pequeño de los asistentes lo entendió. Aquellos que esperaban un manifiesto chavista deben haber quedado decepcionados. Ahora, ese discurso tampoco agradó a la oposición por lo que Rosa se fue del país sin complacer a nadie y muchos lo consideraron como un escritor evasivo. No dudo que su situación era difícil.
Finalmente, Rosa se lo tomó como un incidente más dentro de la tradición de ese premio al que consideró polémico desde siempre. Esto no lo expresó esa noche sino en una mesa redonda en la Embajada de España, dos días después de la entrega del premio. Ahí, Rafael Arráiz Lucca hizo un interesante recuento del Premio Rómulo Gallegos y dejó muy claro que todas las instituciones culturales que hay en Venezuela fueron creadas en gobiernos anteriores. Todos sabemos que Chávez no ha creado nada, pero tiene el `mérito´ de habernos quitado espacios culturales como el Teatro teresa Carreño que ahora no es de todos sino de él. Apelo a mi tolerancia para hacer creíble ante Rosa lo que afirmo.
Pocas veces asisto a este tipo de premiaciones a las que más bien le huyo, pero debido a la polémica que generó la crítica de Gustavo Guerrero decidí asistir. Ante mis ojos desfilaron, entre otros: José Vicente Rangel, su hijo (el alcalde), el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, el Fiscal General y el ministro de la cultura. Para mí fue increíble verlos en un acto donde se homenajeaba a un escritor pues ese no es su hábitat natural. Sí lo es para Roberto Hernández Montoya -el solidario presidente del Celarg- y para Carlos Noguera -presidente de Monte Ávila Editores- quien, con esa humildad que lo caracteriza, se sentó en la última fila de la sala hasta que alguien lo llamó y entonces fue a sentarse junto a los invitados especiales de esa noche. Lamenté no haberlo visto cuando finalizó el acto.
Durante el brindis Isaac Rosa se mostró muy accesible a pesar de esa apariencia de hombre tímido. Charló muy a gusto con los jóvenes que se le acercaron y hasta les dio su correo. Conmigo fue muy amable. Su padre había leído mi artículo y se lo había comentado. Me da la impresión de que Rosa ha investigado sobre la literatura venezolana ya que recordaba a mi primo Juan Carlos Méndez Guédez, me hizo varias preguntas sobre Adriano González León, conocía la excelente página web letralia.com y hasta me preguntó por Jorge Gómez Jiménez -editor de Letralia- que esa noche no pudo asistir por el hueco que mantiene aislada a Caracas de la región centro occidental del país.
José Vicente Rangel tomó la palabra para cerrar el acto. Asistió -según sus propias palabras- “en representación del estado venezolano y del jefe de ese estado”, pero en lugar de asumir un papel acorde al de vicepresidente y coherente con la solemnidad del evento se dedicó a empañar esa noche con un discurso político repetitivo y fastidioso que estaba muy bien para un `Alo presidente´, mas no para una entrega de un premio literario importante. Empezó diciendo: “Este premio es otorgado en un acre olor de tempestad” y en lugar de ignorar todo lo que se refería a las críticas que recibió el veredicto de ese premio lo que hizo fue exponer la molestia que éstas causaron en el oficialismo. Eso fue un supremo acto de intolerancia y ante los oídos de la gente inteligente demostró que el gobierno de Chávez no acepta los cuestionamientos de quienes lo adversan. Fue un triste papel político el que desempeñó en ese acto.
Escuchar tan necias palabras fue, en mi caso, un ejercicio de paciencia extraordinario. Luego, conversé con chavistas amigos sin inmutarme ante su posición pues respeto ideologías, pero en lo que no hago concesiones -a pesar de lo mucho que aprecio a Carlos Noguera- es en mi férrea negativa de leer `El vano ayer´ en la edición de Monte Ávila en abierta protesta contra ese slogan de `Venezuela ahora es de todos´ porque es inaceptable que una editorial coloque propaganda oficialista en un libro como lo hacen en las bolsas de comida de eso que el oficialismo llama Mercal (mercados populares). Deseo leer la novela ganadora y sólo lo haré si me la envían de España en la publicación de Seix Barral, o si Isaac Rosa tiene la gentileza de mandarme el texto que debe estar en su ordenador. Sólo así la leeré porque la tolerancia tiene un límite.
Isaac Rosa le hizo caso a una parte de mi guía y fue a Sabana Grande junto con su padre y Lourdes, la esposa del padre. Él mismo me lo contó. Para mi asombro ellos vieron una Sabana Grande que no es la que vemos nosotros. Cosas de turistas, digo yo. Tanta es la diferencia de criterios que el escritor creyó que la descripción que yo hago en mi artículo era un tremendismo de mi parte y hasta comparó a Sabana Grande con los mercados de España (¡nada qué ver!) Su padre vio unos puestos de venta muy organizados que no le causaron ninguna mala impresión.
Sabana Grande, en mejores tiempos, fue un bello paseo peatonal y albergó a muchos intelectuales venezolanos en aquellas inolvidables noches del Piccolo, el Gran Café, La Vesubiana y todo lo que fue la llamada República del Este. De esos buenos tiempos apenas quedan algunos escritores de la República del Este que se niegan a perder su territorio ya que, ante la delincuencia desatada en la zona, la mayoría huimos del lugar.
Conozco muy bien El Rastro, en Madrid, y es un mercado que se realiza sólo el domingo, mientras el boulevard de Sabana Grande acoge todos los días a miles de desempleados. Ellos son los desfavorecidos, los olvidados, los personajes de relleno que no suelen estar en el campo de atención de los novelistas, como tan acertadamente diría Isaac Rosa en su discurso.
Vuelvo a recordar que Chávez dice: “Ser rico es malo”. ¿Será por eso que el hombre que dice gobernar para los pobres no les da otro trabajo?
Estoy por creer que dentro de dos años el ganador del Premio Rómulo Gallegos no recibirá 100.000 dólares pues así se le impide el crimen de tener dinero, y menos aún esos odiados dólares con acre olor a imperialismo.
Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com

PATROCINANTES de TINTA INDELEBLE:
• ANDREAS, taberna griega
Un lugar muy agradable donde se come el mejor cordero de Caracas. A mí me encanta la comida de este restaurant. Su dueño, el encantador Luis De Ornelas, es un hombre que conoce de carnes. De ahí la calidad de su cordero.
ANDREAS recibe con la misma amabilidad a chavistas y opositores.
A los que vayan de parte de TINTA INDELEBLE les obsequiarán un rico postre. Aclaro: uno por mesa, pero será súper especial. Puedo asegurarles que tienen postres exquisitos.
2º transversal de Campo Alegre. Frente a la Clínica Sanatrix
• LIBRERÍA AGO
La atiende su dueña, María Esther Nahmens Larrazábal (sobrina de Wolfgang Larrazábal) excelente librera a quien conozco desde hace muchos años.
Aquellos que se identifiquen como lectores de TINTA INDELEBLE tendrán un descuento del 15%. Nada despreciable. Además, puede encargarle aquellos libros que no estén en la librería.
Av. Newton. Edif. Cubagua. Local A. Colinas de Bello Monte. A 20 metros de la Alcaldía de Baruta
• ¿Quién más se anima a patrocinar este espacio que cada día gana más lectores por derramar la verdad sin censura?



2 comentarios:

LEO MARES dijo...

excelente cróncia de la velada. No paro de leer buenas críticas sobre esta novela de Isaac Rosa, pero aún no la he leído. Tendré que hacerlo próximamente porque me gusta leer a escritores jóvenes.

Ya puedes entrar en mi blog desde el tuyo? espero que sí.

un abrazo muy fuerte

LEO MARES dijo...

excelente "crónica" quería decir, claro(y no "cróncia")... que se me fue el dedo...
:-)