lunes, 24 de enero de 2005

Cuál Ley Mordaza ¿la de ahora o la de siempre?

Aprobada la Ley de Contenidos los medios de comunicación venezolanos se rasgan las vestiduras ante semejante atropello a la libertad de expresión, pero esos medios no dicen la cantidad de veces que ellos censuran a periodistas, articulistas y cuidado si a los fotógrafos y camarógrafos también.

Para el consumidor normal que compra el periódico, ve la televisión o escucha la radio mi testimonio puede sonarle extraño y hasta chavista, pero no es así ya que ni pertenecí ni pertenezco al oficialismo. Lo que sucede es que los que hemos transitado honestamente por los medios de comunicación venezolanos sabemos que éstos sacan sólo lo que les conviene y es mucha la información que se queda engavetada y son muchas las líneas tachadas lesionando los intereses de los venezolanos al cercenarles el derecho de leer, ver o escuchar lo que ellos desean.

Muchos de los censurados se callan con tal de conseguir un espacio en otro medio. A esos que no denuncian el atropello no los entiendo. Yo sí denuncié y sigo denunciando la censura de la que fui objeto en el periódico El Universal el 16 de septiembre del 2004 porque ya no tengo el más mínimo interés en volver a escribir en ningún medio de comunicación venezolano donde, tarde o temprano, volveré a ser censurada pues no acepto, ni aceptaré, que me irrespeten y me impongan normas que me obliguen a no decir la verdad o lo que yo pienso.

Con esa censura aprendí una lección: estar en un medio de comunicación es trabajar en una atmósfera altamente contaminada y no nos damos cuenta hasta que llega el momento en el que nos despiden por expresar aquello que no le conviene a los intereses de ese medio. Lamentablemente es así.

El Universal me excluyó como articulista por atreverme a cuestionar la actitud acomodaticia de Albis Muñoz (presidenta de Fedecámaras) después del Referéndum Revocatorio del 15-A, pero nunca me censuraron cuando muchas veces cuestioné al gobierno, y esa desigualdad es inaceptable. Tengo un profundo respeto por los lectores y, por lo tanto, no puedo admitir una posición parcializada descaradamente. La obligación de quien escribe en un periódico es decir la verdad, le duela a quien le duela. En los medios de comunicación de Venezuela se perdió la objetividad y con esto todos pierden: opositores y oficialismo porque en estos momentos es muy difícil saber cuándo se manipula una información. Cuando los medios de comunicación venezolanos mienten lo hacen con una desfachatez imperdonable y sin derecho a replica de la parte afectada.

Es necesario que los lectores sepan que la censura dentro de los medios no es nueva, todo lo contrario. Años atrás, cuando los bancos y compañías de seguros de Orlando Castro estaban a punto de cerrar sus puertas, le entregué personalmente a Miguel Henrique Otero todas las pruebas de la debacle de las empresas del conocido cubano. Miguel Henrique se quedó “asombrado” y mandó a la periodista Marlene Ritz para que me hiciera una entrevista donde lo conté todo, pero al parecer mis declaraciones les parecieron tan fuertes e inconvenientes que El Nacional nunca las publicó perjudicando así a miles de venezolanos que tenían dinero en esos bancos o habían contratado pólizas de seguros. Censuraron esa entrevista porque, para ese momento, el banquero cubano aún tenía poder y los medios de comunicación no tocan a los poderosos (a menos que el amarillismo venda) por lo tanto la información que yo manejaba, con pruebas contundentes, no convenía sacarla sin importar las personas que saldrían afectadas. Poco después Orlando Castro fue detenido en Estados Unidos y eso sí fue ampliamente reseñado ya que, para entonces, había perdido el poder.

Ahora, ya libre y de nuevo poderoso, Castro ha hablado en el canal 8 y, según sus declaraciones, algunas personas de los medios recibieron de él dinero o viviendas. No me consta, pero no me extrañaría que fuera cierto ya que por alguna oscura razón no publicaron mi denuncia.

Yo pregunto: ¿El papel de un medio de comunicación es ocultar información? ¿Es un acto decente que existan personas intocables en los medios? Pues para mí eso es inaceptable y por eso no le convengo a estos editores millonarios. Esa actitud mía, desafiante, fue lo que le molestó a Taisa Medina (Jefe de Información de El Universal) y al editor Andrés Mata porque en mi artículo censurado se vio reflejado él y tantos otros que, poco o nada, les duele Venezuela y viven vigilando para que la información salga ajustada siempre a su conveniencia.

Mientras tanto, Miguel Maita (Jefe de Opinión de El Universal) se lavó las manos como Pilatos, eso sí: conservó su cargo después del problema en que se metió por haber aceptado y publicado mi polémico artículo pues él fue el responsable de semejante “equivocación”. Siempre hay un informante que cuenta la verdad sobre las razones, nunca dadas, de una censura.

También quiero que se sepa que los dueños de los medios, a pesar de la gran cantidad de dinero que ganan, muchas veces no les pagan a los articulistas y muchos periodistas y articulistas reciben como pago montos miserables mientras esos dueños disfrutan de enormes fortunas a costa del riesgo de muchos reporteros y escritores. Esta verdad la niegan o no lo cuentan quienes la padecen, pero es así a pesar de que todo trabajo intelectual merece un pago justo y más cuando esas firmas atraen lectores que hacen que se generen ganancias pues por algo existe la publicidad en los medios.

No todo el que trabaja en un medio de comunicación recibe el trato que se merece y el problema radica en que la mayoría de los periodistas y articulistas se han hecho cómplices de los dueños de los medios con tal de no perder sus espacios y la cuota de poder que un medio de comunicación otorga, por eso no existe la solidaridad en el caso de los expulsados (entiéndase censurados). En mi caso sólo conocí la solidaridad de Patricia Poleo y de Ramón Echeverría, de YVKE Mundial. Ellos me entrevistaron a raíz de mi censura mientras los demás medios guardaron silencio y pocos compañeros se solidarizaron conmigo, pero en privado, sin hacer ningún ruido, es decir: con comodidad y cobardía. Esos complacientes siguen en los medios y jamás tendrán el valor de atreverse a decir lo que estoy diciendo, mucho menos a cuestionar públicamente el atropello de los dueños de medios, sin embargo saben que tengo razón y supongo que cuando se miran al espejo sienten vergüenza de sí mismos, esto en caso de que conozcan la vergüenza, que lo dudo. No me extrañaría que envidien mi temple y la libertad que ahora tengo para derramar la verdad sin censura.

La Ley Mordaza ha imperado siempre y si la juntamos con la de ahora, es decir, la oficial, Venezuela es el país más mal informado del planeta.
¡Ya basta de hipocresía mediática!

Carmen Guédez
ESCRITORA
tintaindeleble@gmail.com


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